Defensora del lector

La Defensora

del lector

La figura del Defensor del Lector fue creada por la Dirección de EL PAIS para garantizar los derechos de los lectores, atender a sus dudas, quejas y sugerencias sobre los contenidos del periódico, así como para vigilar que el tratamiento de las informaciones es acorde con las reglas éticas y profesionales del periodismo. Puede intervenir a instancia de cualquier lector o por iniciativa propia.

últimos artículosVer todos

Puertas abiertas

Esta sección recoge las quejas, preguntas y sugerencias que la Defensora considera de interés general y que no han podido ser tratadas en su artículo dominical por falta de espacio.

Los lectores nos corrigen

En este espacio se exponen las correcciones que los lectores envían, tanto sobre los contenidos del diario como sobre el uso del lenguaje, con el objeto de hacer más efectiva su muy apreciada colaboración.

Debates de periodismo

En este blog, la Defensora someterá a debate entre los lectores cuestiones relativas a la ética y la práctica del periodismo, con el fin de propiciar una reflexión colectiva al respecto.

ENLACES DE INTERÉS

Contacto

Los lectores pueden contactar con la Defensora del Lector:

03 sep 2010

De la economía a la pobreza del lenguaje

Por: Milagros Pérez Oliva

La tendencia a la economía del lenguaje es una constante en el uso social de las lenguas, y el periodismo es seguramente el ámbito en el que está más arraigado, por la crónica falta de espacio y la necesidad de comprimir las ideas y los datos en el menor número de palabras posible. A veces, esta tendencia a la economía del lenguaje lleva a sustituir palabras largas por sinónimos más cortos, con el fin de que lo que se quiere expresar quepa en un titular, en un sumario o en una entradilla. La palabra "cae" es más corta que "desciende" o "disminuye". Pero entre la economía y la pobreza del lenguaje hay una gran diferencia que deberíamos tener en cuenta. Severiano Delgado Cruz, de Salamanca, escribe a la Defensora para criticar, no la economía del lenguaje, sino la pobreza derivada de utilizar siempre las mismas palabras a modo de comodín para expresar distintos significados.

“Desde hace algún tiempo los periódicos (o por lo menos EL PAÍS, que es el que leo) sustituyen verbos de uso común por otros que son de significado similar, pero no sinónimos: arrancar en lugar de comenzar o empezar, culminar en lugar de terminar, caer en lugar de bajar, y así unos cuantos más. Sé que lo mío es una frivolidad, en medio de la tormenta política y económica, pero ¿sería mucho pedir que las cosas volvieran a comenzar y terminar, como han hecho siempre? Gracias”.

Una regla del buen periodismo es la precisión. Si existe un término mejor, ¿por qué conformarse con el primero que viene a la mente? La pobreza del lenguaje se traduce a veces en el uso de expresiones coloquiales que poco o nada aportan al relato, como señala Juan Chicote, otro lector preocupado por los estándares del lenguaje periodístico:

“Después de pasar 25 años fuera de España, me he encontrado con un uso peculiar, por decirlo de una manera suave, del idioma castellano, y no solo en el lenguaje de la calle, sino en el que plasman los periodistas en los periódicos. Soy lector diario de EL PAÍS y esporádico de otros diarios, y ninguno se salva. Por ejemplo, la desafortunada frase visto lo visto, que no es siquiera eufónica pero que, por lo visto, ha aterrizado con fortuna en todas las redacciones. Otro ejemplo es la confusión entre pedir excusas y ofrecer excusas. Siempre se redacta la noticia de forma que el ofensor pide excusas al ofendido, con lo que éste resulta doblemente ofendido. Tengo muchos ejemplos más, pero temo excederme en la longitud de este correo, aunque me gustaría que se cuidara un poco más el uso del lenguaje. Así ayudarán a que todos nos expresemos con más propiedad”.

 

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal