¿Qué es hoy lo auténtico?

Por: | 03 de agosto de 2015

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FOTO: Jordi Socías / El País

El director del Museo del diseño de Londres, Deyan Sudjic opina que hoy lo auténtico es una combinación de sinceridad y autoridad.

Para William Morris lo fueron las formas menos drásticas de restauración. “En lugar de hacer que los edificios nuevos parezcan viejos menoscabando así la importancia de lo auténticamente antiguo”. Es decir, Morris atacó la confusión entre restauración y cirugía plástica y dijo sí a la curación y no a la falsificación. Utilizó una lógica que, partiendo de tratar de pertenecer a la época en que se construye materialmente, invita a no querer parecer nuevo si eres viejo ni viejo si eres nuevo.

En la voz Auténtico que abre su recomendable diccionario biográfico B de Bauhaus (Turner 2015), Sudjic le da vueltas a lo auténtico. Y apunta algunas de las ideas en torno lo que puede ser hoy. La económica ofrece una de las claves: “Lo auténtico nos hace sentir seguros sobre el precio”.

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Un jardín vivo del XVIII

Por: | 30 de julio de 2015

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Del castillo de Schwetzingen, al Noroeste de Alemania, parte una memorable avenida arbolada (allée) flanqueada por tilos y moreras que conduce hasta la cercana ciudad de Heidelberg. Ese paseo de 10 kilómetros es posible también darlo recorriendo un jardín. El que rodea este castillo, levantado en el siglo XVIII como residencia de verano de los príncipes electores del Palatinado (el condado del Rin) es, sobre todo, un libro abierto de la historia de los jardines es decir: un vergel vivo en el que diversos estilos conviven en lugar de haberse ido sustituyendo. Así, aquí los miradores cohabitan con los parterres, las falsas ruinas -como un acueducto con cascada incluida- remiten al pasado romano del lugar y un templo de Apolo representa el triunfo de la cultura sobre la ignorancia. Eso demuestra también esta sucesión de jardines históricos en un único lugar. La convivencia frente a la sustitución, la historia a capas frente a la tabula rasa.

Por eso este ingente vergel de 72 hectáreas, restaurado en 1990, es varios jardines a la vez. De entrada es el jardín formal, barroco, recogido por un gran parterre circular de inspiración francesa, que fue en su origen. Sigue siendo el jardín que nació para competir con Versalles ideado por el arquitecto Nicolas de Pigage y el jardinero Johan Ludwig Petri-. Pero es también su reconversión en jardín inglés, menos formal y más falsamente natural, firmada por Freidrich Ludwig von Sckell, varios lustros después. De la misma manera que Versalles fue construido en un antiguo coto de caza de los monarcas franceses, Schwetzingen era el refugio de pesca aristocrático de los príncipes germanos.

El claroscuro de las sombras y las luces entre las explanadas, junto a los tilos y bajo las pérgolas curvas de entramados -que ideó el jardinero Petri para acompañar a los pabellones que Pigage sembraba por el jardín- recuerda al visitante la necesidad de buscar la luz, el conocimiento, frente a las tinieblas, la ignorancia y la confusión. En esa búsqueda encuentran lugar un gran número de follies levantadas por el jardín. La famosa mezquita (falsa, erigida únicamente como objeto ornamental) se refleja en un gran lago por capricho del príncipe. Pero también hay un teatro rococó (recientemente restaurado) donde se dice que tocó Mozart con solo siete años. Una casa de baños, una orangerie o un arboretum salpican el recorrido por este jardín conciliador capaz de hablar de varias épocas a la vez y de tú a tú al presente.

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No necesitamos genios, la lección de Coderch

Por: | 27 de julio de 2015

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José Antonio Coderch (1913-1984) publicó su famoso texto No son genios lo que necesitamos ahora (aquí ligeramente extractado) en la revista Domus de noviembre de 1961. Por entonces, llevaba veinte años trabajando y, lejos de querer teorizar sobre su profesión, quiso dejar constancia de su punto de vista sobre ella en un momento en el que, como hoy, el trabajo del arquitecto se estaba redefiniendo.

Por eso, tras aconsejar abrir bien los ojos, comenzó su discurso recordando que “detrás de cada edificio que ves hay un hombre que no ves”. Dijo “un hombre”; no “un arquitecto”. Luego denostó a las clases dirigentes, “que han perdido el sentido de su misión”, y llamó a diferenciar entre “el derecho a equivocarse, la voluntaria ligereza y el cálculo inmoral del trepador”.  Por eso hoy, cuando algunos simposios sobre crítica arquitectónica se plantean cuál es el papel de la nueva crítica, qué indicará, de dónde surgirá o, incluso, si es posible su mera existencia, la herencia de Coderch es, además de arquitectónica -en forma de plantas que rompen su geometría para adaptarse a la vida de las personas- también filosófica y hasta médica. Este escrito, una especie de oda a la clase media educada, apela a la tradición constructiva y moral, al oficio de arquitecto por encima de su fama y anima a desprenderse de las “falsas ideas claras” y de las palabras huecas. Es difícil encontrar mejor antídoto contra la pedantería y el egocentrismo. Y hoy, 54 años después de publicarse, hace pensar doblemente por el tiempo transcurrido.

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Un jardín pintado

Por: | 23 de julio de 2015

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En Normandía al noroeste de París, Giverny es un jardín pintado con los ojos. Su autor, el pintor impresionista Claude Monet, lo hizo crecer alrededor de su casa y frente a esta, al otro la de la calle, donde se encuentra el famoso estanque con nenúfares que no se cansó de retratar.

Monet vivió allí 37 años, con sus ocho hijos, los dos de su matrimonio con Camille y los seis que Alice Hoschedé aportó al matrimonio cuando ambos viudos decidieron casarse. El pintor descubrió el lugar mirando por la ventanilla del tren, cuando viajaba de Vernon a Gasny. Cuando compró la casa en la que crecería su nueva familia su mujer hizo talar un pinar que la rodeaba y plantaron frutales como los que hoy la rodean. La idea de sembrar tulipanes alrededor de la vivienda fue del pintor. Una de sus hijas cuidó la casa desde la muerte del pintor en 1926 hasta la segunda Guerra Mundial. Luego, a finales de los años setenta, la casa fue completamente restaurada: dentro del estudio de Monet habían crecido los árboles. Y el estanque había desaparecido. Así, el jardín que hoy puede visitarse es el lugar cambiante que él pintó. Con amapolas y margaritas al llegar la primavera y con rosas en los arcos que rodean el camino de acceso cuando llega el verano.

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¿Cómo vivir juntos?

Por: | 20 de julio de 2015

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El filósofo Michel Foucault organizó, en el Collège de France y en los años setenta del siglo pasado, una serie de cursos para debatir sobre la naturaleza de la sociedad moderna. En 1977, y hasta que murió cuatro años después, el semiólogo francés Roland Barthes impartió clases allí. En la primera (los 26 miércoles de la primera parte de 1977) habló de convivencia. ¿Cómo vivir juntos? fue el título de ese curso. Con la (difícil) transcripción de las charlas y notas de Barthes, Editions du Seuil publicó en 2002 un cuaderno con el mismo título que fue traducido, y ligeramente alterado, por Siglo XXI editores en 2003. El texto, como el curso, es de  lectura exigente pero de inmensa inspiración. En él Barthes observa lo cotidiano y busca en la literatura de muchos otros autores, de Golding a Zola, de Proust Kafka, “simulaciones novelescas de algunos espacios”.

Se entiende que la idea de fantasma para alguien como él, que vivió con su madre hasta casi el final de sus días, sea “ser huérfano y encontrarse un padre vulgar, una familia fea”. Pero al valor de implicarse personalmente se une, en este escrito, el esfuerzo por rebuscar esa huella de verdad en los escritos de otros. 

La convivencia de la que habla Barthes no es solo espacial. También se da en el tiempo y es esa suma de relaciones la que permite al lector deducir el carácter fragmentario de la realidad y a Barthes el carácter imaginario de la contemporaneidad, como él dice. En este cuaderno, el semiólogo habla de lámparas y de camas, de Robinson Crusoe (mucho) y de anacoretas, de los veraneantes “intelectuales que viven en una dacha durante el verano” y de la cabaña primitiva de Rykwert: “la casa no puede comprenderse sin relación con lo sagrado”, escribió, recuerden, en 1977.

Para Barthes, su curso no fue una lección sino una investigación. A continuación, algunas de las cuestiones domésticas cotidianas, grandes y pequeñas, habladas, propuestas o señaladas en el curso que todavía dan mucho que pensar.

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Del tirador a la ciudad

Sobre el blog

Del tirador a la ciudad. Ése era para Mies van der Rohe el ámbito de su oficio. La arquitectura, como la sanidad o la educación, nos afecta a todos. Puede también fascinarnos. Como todo informador, me valdré de lo que creo saber. Trataré de no enmascarar lo que ignoro.

Sobre el autor

Anatxu Zabalbeascoa

La periodista e historiadora escribe sobre todas las escalas de la arquitectura y el diseño en El País y en libros como The New Spanish Architecture, Las casas del siglo, Minimalismos o Vidas construidas, biografías de arquitectos.

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