“Estrategia y no forma”. Así definen su proyecto en Olivenza (Badajoz) Daniel Jiménez y Jaime Olivera, de DJO Arquitectos. Los vecinos lo han bautizado como "el pedrusco", pero ya se acercan a jugar a su sombra. El barrio es residencial, pero no invita a vivir la calle. Y el edificio parece querer reparar ese urbanismo hecho con tiralíneas cediendo espacio y llevando el hormigón gris de sus fachadas hasta las alfombras pétreas, rayadas a mano, que tiende en el suelo para recibir a los visitantes.
Olivenza está levantada en una ladera de la sierra de Alor, una formación volcánica de piedra oscura y dura conocida como “mármol quemado” a la rinde tributo el inmueble. La villa ha vivido encerrada por una muralla y custodiada por un hacer de granito y cal. Solo intervenciones recientes han fragmentado ese orden invadiendo el paisaje con viviendas de baja densidad. Rodeado de ese magma residencial y acompañado de otras torres (la del Castillo o las de San Jorge y San Benito) el nuevo edificio habla con el paisaje, con su fondo de roca oscura, con los volúmenes de las torres, con las tapias y hasta con los campos labrados. Habla y calla. El inmueble resulta a la vez escultórico y arraigado, críptico y contundente.