Vivir sencillo salva vidas

Por: | 29 de agosto de 2014

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Eso es lo que pone en la fachada del estudio de arquitectos Al borde. Ellos explican que apuestan por la colaboración, los restos, los experimentos y las necesidades reales. Y su apuesta también es real: su currículo de obra construida lo corrobora.

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Tyin, arquitectura de reacción (Otros arquitectos, 8)

Por: | 28 de agosto de 2014

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FOTO: Pasi Aalto

La suya es una arquitectura de reacción y revuelta, pero también de conquista: de mejora para la humanidad y de progreso personal. El noruego Andreas G. Gjertsen (1981) y el iraní Yashar Hanstad (1982) se conocieron estudiando en Noruega. Y decidieron salir de esa zona de confort para reaccionar “frente al exceso de dinero, tiempo y pensamiento que la arquitectura había dedicado a asuntos que no eran realmente importantes”, ha declarado Gjertsen, que recuerda que, no hace tanto, en los años 50, Noruega era el país más pobre de Europa y que, de aquellos tiempos, les ha quedado un gran sentido de la economía de medios, el decoro, la prudencia y la responsabilidad.

Su primer trabajo fue en Tailandia. Corría el año 2008 cuando conocieron a Ola Jorgen Edna, que había fundado un orfanato para niños refugiados en Noh Bo, cerca de la frontera birmana pero se había quedado pequeño. Un equipo de arquitectos en el que, junto a Gjertsen y Hanstad estaban Pasi Aalto, Magnus Henricksen, Erlend Bauck y Line Ramstad duplicó el orfanato con 12.300 dólares. Pero, además de trabajar con los materiales y la mano de obra local, lo que allí sucedió fue un intercambio de conocimiento, toda la zona aprendió a construir de maneras más sólidas. Al año siguiente, y ya solos, Gjertsen y Hanstad trabajaron para otro orfanato, algo más al norte, en Ban Tha Song Ya. Hicieron unos baños para un centenar de niños. De nuevo emplearon materiales locales (piedras del terreno para la cimentación, bambú para asegurar ventilación, construcción rápida y control solar) y de nuevo obtuvieron un edificio por el precio de una moto: 4.650 dólares. De los baños pasaron a la biblioteca en ese mismo orfanato y así, poco a poco, han ido construyendo una carrera tan sólida como esperanzadora. “Es un error asumir que la cultura y la belleza pertenecen solo a quien puede acceder a una educación elitista. La belleza aparece con las cosas más sencillas. Y donde hay necesidad solo se puede pensar en simple”, aseguran.

Su cruzada frente a un consumo de usar y tirar los llevó a apostar por la autoconstrucción, por el trabajo comunitario y por los materiales locales. Ese es el estilo Tyin, el ADN de su arquitectura. El resto es organización: enseñar  arquitectura para extender el potencial de una vida mejor.

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Otros arquitectos: la fuerza de los 1.000 millones sin casa

Por: | 22 de agosto de 2014

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La arquitecta Joan MacDonald (Santiago de Chile, 1940) eligió el camino atípico de los clientes que no tienen con qué pagar. Fue una rara avis en la Escuela de Arquitectura donde estudió hasta que el profesor Fernando Castillo le dijo que quizá ella se estaba centrando en lo que debía ser. Y la apoyó. Desde joven ha combinado el trabajo en los tugurios con la teoría. Pero fue la fundación laica SELAVIP la que la llevó a viajar por el mundo para ayudar a mejorar las viviendas de los más pobres. De eso hace cerca de dos décadas.

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Una herramienta para mejorar vidas

Por: | 19 de agosto de 2014

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Escuela Meti en Rudrapur (Bangladesh) 

La alemana Anna Heringer (Rosenheim, 1977) está convencida de que eso es la arquitectura: un instrumento para cambiar. Lo piensa desde que, siendo estudiante en la escuela de arte y diseño de Linz, donde hoy es profesora, decidió levantar una casa de barro y se obsesionó con trabajar en países en desarrollo. Aquella casa fue su proyecto final de carrera (2004) y solo dos años después levantó la escuela Meti en Rudrapur (Bangladesh). Lo hizo con la ayuda de otra arquitecta experta en construir con barro, Eike Roswag, y lo consiguió reinventando el papel del arquitecto como, recaudador del dinero con el que empezar a trabajar, como motivador de la comunidad en la que iba a trabajar y, finalmente, como guía para la construcción del edificio.

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Entrevista a Kéré: arquitectura y comunidad

Por: | 15 de agosto de 2014

Architect Francis Kere

Díebédo Francis Keré 

Las escuelas y la biblioteca que Díebédo Francis Keré (Gando, Burkina Faso, 1965) ha levantado en su pueblo han sido construidas por toda la comunidad: los hombres hacían el barro y las mujeres alisaban el suelo. Pero antes, este arquitecto formado en Berlín se encargaba de reunir el dinero. Con proyectos en China y Ginebra, dice que con las ganancias que logre construirá más en África. ¿Por qué? Él fue el primero de su pueblo en aprender a leer y escribir. Lo consiguió con el esfuerzo de todos. Y quiere devolver el favor. Por Anatxu Zabalbeascoa 

Cuando Diébédo Francis Kéré (Gando, Burkina Faso, 1965) era pequeño, cada noche, los niños de su pueblo, se sentaban formando un círculo y alguien contaba un cuento. No había luz (todavía no la hay), “pero nos sujetábamos de las palabras: nos sentíamos seguros en la oscuridad”. También comían sentados en el suelo. Por eso a él, el suelo e incluso la oscuridad, lo llevan a sentirse seguro. De todos esos niños de Gando, Kéré, que era el hijo del jefe, fue el único que pudo estudiar. Al principio no le hizo gracia abandonar juegos y familia para irse a la ciudad a aprender a leer. Pero su padre lo convenció.  Terminados los estudios, una beca lo llevó hasta Alemania, donde se convirtió en carpintero. Luego quiso ser arquitecto, estaba obsesionado con levantar una escuela para que los niños de su pueblo pudieran ahora estudiar. A eso se ha dedicado. Hoy ha levantado dos escuelas y la biblioteca de Gando. Pero también ha reunido el dinero para hacerlo posible. Su ejemplo pasa por motivar a la gente y trabajar con lo que hay en cada lugar. Representa a un arquitecto sin precedentes en el pasado. Lo entrevistamos en Londres, donde participa en la muestra Sensing Spaces organizada por la Royal Academy de esa ciudad.

¿Eligió el tipo de arquitectura que quería hacer o no tenía otra opción? Sentí que era lo que tenía que hacer. Y lo hice.

Los arquitectos han trabajado siempre cerca del poder porque lo han necesitado para construir. ¿Cree que el profesional del siglo XXI cambiará ese papel? Somos ya tantos arquitectos… si queremos hacer nuestro trabajo deberemos encontrar otras maneras. Mi caso es especial, porque yo sentía un deber hacia mi comunidad. Pero los arquitectos no pueden esperar sentados esperando que les llegue un cliente con dinero.

¿Le gustaría trabajar para un cliente poderoso? Sí. Para ganar dinero. Con ese dinero podría hacer más escuelas, más parvularios, un hospital… Se me ocurren muchos usos para el dinero.

¿Y no la tentación de quedárselo? Hasta ahora no la he tenido. Pero soy una persona que cuestiona las ideas fijas… (carcajada).

Su trabajo funciona como un puente entre África y Occidente. ¿Cree que todo debe conectarse o deben respetarse diferencias? Cuando trabajo en África lo hago con barro porque es lo que tenemos allí: la tierra y el conocimiento para construir con ese material. Toda la comunidad participa y esa unión preserva los edificios. En Londres no tendría sentido una propuesta así. Pienso que el futuro de la arquitectura está en lo que se hacía antes: en trabajar con lo que hay en cada sitio.

 Muchos de los problemas que vive Occidente derivan de la era consumista que hemos vivido. Sin embargo ¿cómo decirle a la gente de su pueblo que no aspiren a tener televisiones y coches? Allí no hay ni agua ni electricidad. De modo que, de momento, nadie piensa en televisores. El problema con la cultura occidental es que resulta atractiva por poderosa y por extendida. Y, como resultado, devora todo tipo de culturas. Mi opinión es que cuando no saben qué tiene la gente en Europa en mi pueblo son felices. Pero cuando piensan que es mejor su vida empeora.

¿Nunca se desarrollarán? Sería un error hacerlo. La energía es limitada. Los recursos, también. Sólo llegaríamos al umbral del disfrute. La idea potente es creer o no creer en la comunidad. Esa es la clave.

 ¿Usted cree porque otros creyeron en usted? Yo soy un privilegiado. Todos creyeron en mí y contribuyeron a mi educación. Ahora tengo yo que mejorar su vida.

 ¿Qué hacer para que la arquitectura sea capaz de traer esperanza? Debe volver a las raíces, al papel social. Es una pena que no todos los arquitectos lo reconozcan, pero un edificio nos afecta a todos: a los usuarios y a quienes conviven con él en una ciudad. Para triunfar, la arquitectura debe involucrar a la gente.

 ¿Y abandonar el diseño? Abandonar el egocentrismo. Con la gente involucrada los diseños prosperan. Con la obsesión no. El mejor mantenimiento es el entusiasmo.

Muchos de sus colegas no piensan como usted. Viven en un mundo demasiado desarrollado. Demasiado racional y, sin embargo, demasiado irracional. El dinero empuja, los constructores empujan, pero puede que la crisis aclare una cosa: los recursos son limitados. Se ha de pensar antes de actuar. La arquitectura no es un capricho, es una gran responsabilidad.

Todavía podemos empeorar, destrozar un poco más…  No por mucho tiempo. Yo veo a mis trece hermanos en el pueblo y me doy cuenta de que ellos tienen algo que en Berlín no hay. Se ríen. Y no saben leer. Pero sus hijos ya saben, mi escuela ha sido un éxito. Llegan de otros pueblos. De uno que sabía leer, que era yo, hemos pasado a 1.000, un tercio de la población.

¿Vive su padre? Murió hace tres años. Pero pudo ver la escuela. Estaba muy orgulloso.

¿Qué tipo de vida tiene? Una vida móvil.

¿Está contento? A veces no. Dejé de dar clases en Harvard porque viajar a Boston rompía mi vida. He hecho algunos sacrificios. Tengo una hija de 14 años en Berlín a la que he visto poco. Pero ella ahora entiende por qué. Pero no quiere ser arquitecta, dice que los arquitectos no están nunca en casa. Sin embargo, en Burkina Faso, hace 15 años la gente no sabía lo que es la arquitectura, pero ahora la relacionan con el entusiasmo, con la posibilidad de progreso. Le sorprendería saber cuántos niños quieren ser arquitectos. No pasará mañana, las cosas requieren tiempo, pero será la gente motivada la que cambie la sociedad. Luchar por algo que se convierte en realidad te da energía ¿qué se puede conseguir en la vida mejor que eso?

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Escuela en Gando, Sierra Leona

 

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Del tirador a la ciudad

Sobre el blog

Del tirador a la ciudad. Ése era para Mies van der Rohe el ámbito de su oficio. La arquitectura, como la sanidad o la educación, nos afecta a todos. Puede también fascinarnos. Como todo informador, me valdré de lo que creo saber. Trataré de no enmascarar lo que ignoro.

Sobre el autor

Anatxu Zabalbeascoa

La periodista e historiadora escribe sobre todas las escalas de la arquitectura y el diseño en El País y en libros como The New Spanish Architecture, Las casas del siglo, Minimalismos o Vidas construidas, biografías de arquitectos.

El País

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