40 Aniversario

Del tirador a la ciudad

Sobre el blog

Del tirador a la ciudad. Ése era para Mies van der Rohe el ámbito de su oficio. La arquitectura, como la sanidad o la educación, nos afecta a todos. Puede también fascinarnos. Como todo informador, me valdré de lo que creo saber. Trataré de no enmascarar lo que ignoro.

Sobre el autor

Anatxu Zabalbeascoa

La periodista e historiadora escribe sobre todas las escalas de la arquitectura y el diseño en El País y en libros como The New Spanish Architecture, Las casas del siglo, Minimalismos o Vidas construidas, biografías de arquitectos.

Arquitectura de pastelería

Por: | 31 de diciembre de 2010

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El 25 de febrero del año que empieza mañana se estrenará la película Chico&Rita (ver trailer) en la que Mariscal y Fernando Trueba han tejido una espléndida historia de amor y destino para explicar la embriaguez del jazz y el despertar de los sueños.

El jazz es el protagonista magnífico de esta historia, con Bebo Valdés como homenajeado y como banda sonora junto a Estrella Morente, y con Cuba como esperanza. Pero más allá de la lucidez y la madurez de demostrar que el cine sirve para eso, para recuperar lo que añoras no haber conocido, la película es un viaje arquitectónico en el que uno se relame desde la butaca: un auténtico banquete para los sentidos. Los dibujos del Estudio Mariscal ilustran con generosidad cómo el mejor momento del jazz fue también el de la arquitectura moderna más sobresaliente.

Lezama Lima escribió: “El Malecón es la visión memorable de La Habana y sus barrios las infinitas variantes sinfónicas”. Fueron muchos los arquitectos cubanos que, lejos de copiar a los maestros internacionales digirieron la modernidad para redibujarla tropical, ecléctica, fresca, optimista y propia. En La Habana de los años cuarenta a los cincuenta fueron muchos los edificios que hablaron. Pero también lo hicieron las marquesinas de los hoteles y el muralismo de los bares más modestos. La arquitectura de galerías y porches mezclando espacios privados con la ciudad pública respira naturalidad y ofrece un modelo urbano que, con más realismo que nostalgia, deberíamos reconsiderar.

Una Nueva York fría y elegante, con el decó todavía reciente, con un colorido más de destellos que de tono urbano y con los barrios ya dibujados es la ciudad glamourosa, el escenario del triunfo, del poder y de las diferencias económicas. Pero también el viaje cubano es de ida y vuelta. Antes de la revolución, durante esta y tras años de gobierno comunista. La decrepitud del sistema coincide con la vejez de los personajes y con la decadencia de la arquitectura de la ciudad. Y Javier Mariscal lo cuenta sin decir nada. El diseñador ha escrutado la mejor Habana para narrarla con lápices de colores. Esta es una de las pocas ocasiones en las que la arquitectura no está aislada en el cine. Al contrario, participa de la película determinándola pero sin necesidad de protagonizarla. Por eso la arquitectura de Mariscal es narrativa, explica y emociona con dulzura pero sin empalagar. Más sensual que cerebral, evoca mucho de lo que esta podría tratar de recuperar.

 

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No habitamos ciudades, habitamos territorios

Por: | 29 de diciembre de 2010

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LLÁMAME JIM, 1976. FOTOCOLLAGE SOBRE MADERA DE THOMAS BAYRLE

¿Dónde acaba una ciudad y comienza otra? Hoy los límites son administrativos, artificiales, pero el filósofo, y exalcalde de Venecia, Massimo Cacciari sostiene que el doble deseo de la ciudad como “madre y regazo” y, a la vez, como “máquina e instrumento” marca la contradicción intrínseca que se da en las urbes. Llegar a ellas buscando paz y seguridad y solicitarles eficacia y movilidad es imposible. Por eso para él la ciudad, y su historia, es el experimento para dar forma a esa contradicción. Lo explica en un libro, La ciudad (Gustavo Gili, 2010), en el que Moisés Puente ha traducido un serie de ponencias en las que Cacciari viaja de la polis griega hasta el “antiespacio” -con casas como sensores- que describió William J. Mitchell en su libro City of bits.  Adelanto algunas de sus reflexiones:

-“No existe la ciudad, sino que existen diversas y diferenciadas formas de vida urbana. (…) La polis se refiere a la sede, morada y lugar donde tiene su raíz una gente. La civitas romana la forman un conjunto de personas que se reúnen para dar vida a una ciudad y se someten a las mismas leyes” (…) Las ciudades griegas no pueden absorber ni integrar lo distinto. En Roma, uno ostentaba el título de ciudadano cuando acordaba someterse a unas leyes. Lo que mantiene unidos a los ciudadanos es encontrarse bajo una misma idea, es más, bajo una misma estrategia.

-“La gran idea romana que ha entrado en el ADN de Occidente es hacer de la orbis una urbs a fin de que el círculo mágico que apresa los límites de la ciudad coincida con el del mundo en toda su dimensión espacial y temporal”.

-“El carácter fundamental de la civitas consiste en crecer. No hay civitas que no se dilate, que no de-lire (la huella es el surco que delimita la ciudad, delirio es ir más allá de los límites).

-“Los griegos fueron casi exclusivamente monolingües a lo largo de su historia, en cambio el Imperio romano es programáticamente bilingüe.”

-La iglesia es como la civitas. “San Agustín dice que en su peregrinaje la Iglesia acoge en su seno sin atender a las diferencias étnicas, de lengua o costumbres”.

-“Cuando la ciudad defrauda demasiado y se convierte únicamente en un negocio, entonces comienzan las huidas de la ciudad tan bien recogidas en nuestra literatura”.

-¿Qué le pedimos a una ciudad? ¿Espacios sin obstáculos para el movimiento y el intercambio o lugares de comunicación y simbolismo para el ocio? Ambas cosas. Nuestra postura parece cada vez más esquizofrénica. “Se trata de una contradicción tan fuerte que podría ser la premisa de cualquier nueva creación. Así ocurrió también en la disolución de la forma urbana del mundo antiguo”. (…) “Es mejor hacer proyectos de arquitectura y urbanismo que evidencien ante el público el carácter contradictorio de la pregunta”.

-“Kioto, Shanghai y Pekín fueron megalópolis en tiempos en los que París y Londres eran aldeas. Pero han permanecido relativamente estables durante siglos”. (…) “En su momento, las formas de la ciudad eran diferentes. Ahora solo hay un único proceso de disolución de toda identidad urbana”.

-“En el centro histórico la memoria se convierte en museo, dejando así de ser memoria, porque ésta tiene sentido cuando es imaginativa, de lo contrario se convierte en una clínica donde llevamos nuestros recuerdos. Hemos “hospitalizado” nuestra memoria, así como nuestras ciudades históricas, haciendo de ellas museos”.

-“El habitar no se produce donde se duerme y de vez en cuando se come, donde se mira la televisión y se juega con el ordenador. El lugar de habitar no es alojamiento. Sólo una ciudad puede ser habitada”. “No es posible habitar una ciudad si ésta no proporciona lugares. La música no se produce sin el silencio”.

-“¡El espacio se venga de nuestro deseo de ubicuidad! Ya no nos movemos por las ciudades a causa de problemas de tráfico”.

-“La ciudad se encuentra por todas partes, luego ya no hay ciudad. Ya no habitamos ciudades sino territorios (entran ganas de utilizar una etimología errónea. Territorio, de terreo, tener miedo, mostrar terror).

-“Es imposible construir lugares con valor simbólico en un espacio posmetropolitano. Se necesita quizá comenzar a proyectar en voz baja, modestamente, ‘yendo de paisano’”.

 

 

 

 

 

El farol del barrio

Por: | 27 de diciembre de 2010

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FOTOS: EVA SERRATS

¿Cómo poner al día una institución emblemática de principios del siglo XX? El Molino es un establecimiento imposible, un pequeño café-concierto-teatro de varietés ligado a la historia sentimental y cultural de Barcelona. El local fue, y quiere ser, luz del Paralelo, el barrio donde se ubica, y debe su nombre a la traducción al castellano –forzada por el franquismo-  del legendario music hall parisino Le Moulin Rouge.

Con ese pasado, y con 99 años de historia, el 14 de noviembre de 1997 esta institución quebró y cerró sus puertas. Aunque el edificio, que acumulaba varias intervenciones y unas aspas que habían dejado de girar, es patrimonio histórico-artístico de la ciudad, los antiguos dueños trataron de remodelarlo dañando la decoración original.  Por eso cuando la empresaria Elvira Vázquez compró el local y contactó con Bopbaa, el estudio barcelonés de Josep Bohigas, Francesc Plá e Iñaki Baquero, ese mismo 1997 estos arquitectos jóvenes  desarrollaron hasta 19 proyectos con propuestas para intervenir en ese emblema urbano.
Este otoño, trece años después de comenzar a hacer propuestas, el mítico escenario de El Molino ha levantado de nuevo el telón abrigado por un muro de fondo salpicado de leds y arropado por un interior de Fernando Salas que ha exprimido color y metros. En el nuevo teatro hay por fin camerinos para que las vedettes no tengan que vestirse en la finca de al lado y eviten esperar para entrar en escena en la acera del Paralelo.

El nuevo local es el mismo, pero puesto al día. Ha doblado su tamaño y ha multiplicado sus instalaciones con una nueva sala de ensayos, una coctelería, una terraza, una sala técnica de dos pisos y  una gran cocina subterránea. La noticia para el barrio es que las astas han vuelto a girar. Pero en realidad el edificio se ha convertido en una gran pantalla, una barriga discreta que, en segundo plano –tras las aspas- ha crecido en todas las direcciones para acoger las nuevas instalaciones. Así, la cocina, ha cavado en el espacio subterráneo;  la única escalera cuelga, en voladizo, sobre la fachada lateral. En la planta baja del edificio vecino, ha encontrado hueco el bar -con el esfuerzo estructural que implica hacer desaparecer dos fachadas laterales-.  El resto de las nuevas instalaciones queda tras el nuevo telón de fondo que le cubre las espaldas al nuevo-viejo edificio.

¿Quién le iba a decir a unos arquitectos rompedores como los de Bopbaa que su mayor logro podría ser enmarcar una fachada y recuperar el movimiento de las aspas iluminadas de un viejo molino falso? La arquitectura exige entender un lugar y su historia  y, en este barrio,  urgía comunicar con ella un nuevo vigor para una institución legendaria. La puesta al día necesaria de mítico café-concierto pasa por respetar el pasado, pero respetar no es congelar: hacerlo implica asumir grandes decisiones. Se trata de entender hasta qué punto un edificio hace un barrio, y cómo puede ese farol vecinal ganar una plaza y sumarse, en una nueva etapa, a la historia del lugar y a la que está por llegar.

El del El Molino de Barcelona es un trabajo de orfebre. No tanto por el cuidado milimétrico que los arquitectos y el interiorista han puesto en los acabados como por la operación quirúrgica que han conjugado para resolver los accesos, satisfacer a los bomberos y disponer, para los actores, de suficiente juego de telones, tramoyas y camerinos. Ese encaje de bolillos no sólo no resulta en un espacio torturado. Se percibe, con la ayuda de todos, como limpio y glamuroso. Con la fachada enmarcada ahora por un telón de lamas metálicas y leds, con luz natural alcanzando el estómago del teatro, -gracias a una garganta roja de 27 metros que atraviesa longitudinalmente el edificio trasero de instalaciones y vela por la acústica- el Molino se renueva y renueva su papel en un barrio que, como el propio establecimiento, quiere actualizarse sin perderse.

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Molino exterior b y n 

 

 

 

 

 

Una mano libre durante las fiestas

Por: | 24 de diciembre de 2010


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El estudio de diseño Nadadora firma estos platos, llamados Bocados, capaces de echar una mano durante las fiestas y ayudar mucho con un solo agujerito. Con sede en Valencia, Nadadora son los proyectistas Isaac Piñeiro (Pontevedra, 1976) y Cristina Alonso (Yecla, 1984), que llevan cinco años exponiendo en museos y ferias y diseñando productos (mayoritariamente cerámicos). Ni Alonso ni Piñeiro se han cansado de defender una idea del diseño que les lleva a mezclar industria con artesanía y sentimientos con función.
Sus trabajos demuestran que el diseño más sencillo puede ser también el más evocador. Tras pasar por la Escuela Politécnica de Milán y el estudio de Matali Crasset, o tras graduarse en Velencia y trabajar con Luzifer Lamps, respectivamente, ambos llevan dos años detrás de la muestra Zoco, convertida ya en la alternativa joven a lo expuesto en la feria del mueble Habitat de Valencia. Desde esa posición, este año han dado el salto a las palabras mayores y han producido su primer conjunto de asientos para la empresa Sancal. El juego de pufs Chat explica que el tuteo y la falta de espacio no deben estar reñidos con el confort.

Con Nadadora, y con su Bocados, les deseo unas fiestas llevaderas.

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Intimidad en espacios abiertos

Por: | 22 de diciembre de 2010

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CITIZEN OFFICE DE VITRA CON LOS ASIENTOS ALCOVE DE LOS BOUROULLEC


Entrar con la piqueta en un piso para transformarlo en un loft y dejarlo diáfano puede ser una decisión radical. Pero las consecuencias positivas (ganancia de espacio y de luz) y negativas (pérdida de intimidad y de filtros acústicos) se quedan en casa. En una oficina las implicaciones son más escurridizas. ¿Quién se beneficia o se perjudica con los espacios laborales abiertos?

Al premio de facilitar la comunicación y la circulación, al logro de fomentar el trabajo en equipo, a la posibilidad de distribuir mejor la luz y a la opción de construir una imagen de empresa dinámica y actual, en las oficinas abiertas se une una secuela mucho menos publicitada: la de facilitar el control de los trabajadores. Un trabajador en medio de un mar de oficinistas pierde individualidad para sumarse a un equipo. En ese espacio, además de ser fácilmente controlable se convierte, él mismo, consciente o inconscientemente, en un elemento de control de su propio entorno. Así, con las oficinas abiertas ha llegado la era de los trabajadores controlados y controladores a un mismo tiempo.

Hace ya años que los fabricantes de muebles y luminarias para despachos han detectado la necesidad de recuperar, al menos parcialmente, el terreno privado en medio de tantos escenarios abiertos. En el caso de la oficina,  hablan de una urgencia por reconquistar el aislamiento, el silencio y cierta intimidad en los despachos. Por eso, ante la falta de decisiones arquitectónicas, han sido los propios mueblistas quienes han tratado de solucionar el tema con lo que ellos conocen: el diseño de muebles.

En el lugar paradójico que es hoy una oficina, la concentración y el aislamiento de los empleados es posible gracias a decisiones de empresas productoras de muebles que, en los últimos años han visto cómo el respaldo de muchos sofás crecía hasta convertirse en respaldo-pared, para recoger a sus usuarios y separar visualmente a quienes allí se reúnen. La cabina telefónica también ha regresado a las oficinas, paradójicamente, vacía, sin cables e incluso sin teléfono. Vuelve como habitáculo temporal, para concentrarse en una lectura o para hablar con intimidad desde un móvil.
La doble altura de los respaldos de los sofás de Antonio Citterio o los hermanos Bouroullec habla más de habitación cerrada que de ergonomía extrema. Pero contrasta con las nuevas cocinas para oficinas que los franceses han ideado para la empresa Vitra, con paredes que no llegan al techo. Tras años luchando por los espacios de trabajo abiertos, sin jerarquías, ergonómicos y bien comunicados, parece que no todo lo cerrado es visto ahora como negativo. En los nuevas despachos, hay vida detrás de los muros.

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 PROPUESTAS DE LA FERIA ORGATEC 2010

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Una arquitectura del sitio

Por: | 20 de diciembre de 2010

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La arquitecta Claudia Uccelli (Lima, 1965) quiso que su edifico para el Museo Cao, cerca de Trujillo, en Perú, demostrara una comprensión de las culturas indígenas asentadas en la costa norte de ese país. Así, aunque la arquitectura como paisaje y la volumetría de una construcción como topografía son dos cuestiones claves en la arquitectura actual, Uccelli quiso además que su edificio manejara la dualidad del claroscuro y de los llenos y vacíos en un intento de acercamiento a la estética de esas culturas.

¿Por qué no se pierde el edificio en la nada o el todo que es ese paisaje sin fin azotado por el viento? El inmueble, de hormigón -“un elemento compositivo sin distracciones”, explica Uccelli- y levantado con un presupuesto de 250 dólares el metro cuadrado, es una arquitectura orgánica.  Tras erigir una estructura tensionada en el sitio arqueológico “El Brujo”, donde hoy se encuentra el museo, Uccelli ganó el concurso para levantar este edificio en el que los espacios se suceden en una planta que ella define como “Moche doméstica” –los antiguos habitantes de la zona-, a pesar de que el área construida es poco doméstica: ronda los 1.500 metros cuadrados.
El recorrido interior, las fugas visuales  hacia el mar cercano, la dirección del viento, su azote, y la ausencia de límites emulan, desde el propio museo, la naturaleza del lugar. El nuevo edificio del complejo arqueológico busca difundir los hallazgos, señalar en el mapa turístico la Ruta Moche y crear un vínculo con las poblaciones “urbano-marginales” de los alrededores, como el pueblo de Magdalena de Cao, Santiago de Cao o Chocope, que ven en ese nuevo espacio un lugar donde reconocer sus orígenes.

La disposición de tres de los cinco volúmenes que forman el museo genera una plaza en su interior protegida del clima sumamente erosivo del lugar, que une al fuerte viento la arena. Esa plaza es el nexo que une y define la relación entre los volúmenes del museo. Sin embargo, ese espacio abierto, y sin embargo protegido, es también la paradoja de un lugar que se entiende mejor como paisaje que como arquitectura, pero que para poder vivirse precisa de la protección sutil, pero firme, de la arquitectura.

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Compañía para Alvar Aalto

Por: | 17 de diciembre de 2010

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Ilmari Tapiovaara (1919-1999) admiraba a Alvar Aalto. Le parecía que la arquitectura y el diseño de su paisano representaban la ideología igualitaria y funcionalista que él quería para sus muebles e interiores. Tapiovaara trabajó con Le Corbusier en París durante poco menos de un año. Luego se convirtió en director de producto, y comercial, de la empresa de muebles Asko Oy. Con su mujer, Annikki Tapiovaara, proyectó las sillas apilables más célebres del diseño finlandés. Las Domus de madera nacieron para amueblar una residencia de estudiantes de Helsinki que llevaba ese nombre. Se hicieron famosas y los finlandeses se abrazaron a esa revisión de su tradición. Tapiovaara traducía la idea sobria que tienen de la casa los nórdicos. Así, tras firmar todo tipo de establecimientos -de hoteles y oficinas a comercios y restaurantes-, Tapiovaara, un graduado como interiorista, fue invitado a dar clases en el Illinois Institute of Technology de Chicago que había ideado Mies van der Rohe. En Chicago trabajó para Mies, pero luego algo cambió.
Las últimas décadas de su vida las pasó trabajando en Paraguay, en Isla Mauricio o en Yugoslavia en proyectos para la ONU en los que el diseño se veía como una herramienta de futuro.
A Tapiovaara no le hacían falta más medallas que la vigencia de cada uno de sus muebles. Aun así, consiguió seis de la Trienal de Milán. Y una retahíla más de premios finlandeses e internacionales.

La noticia, sobre los muebles de Tapiovaara, la ha dado estos días Artek, la empresa que fundó Maire Gullichsen para producir y comercializar los muebles de Alvar Aalto. Será esta firma la que, a partir de ahora, comercialice el legado Tapiovaara. Coincidiendo con su 75º aniversario, la noticia es que Artek ha tomado un nuevo rumbo tras ensayar varias posibilidades, y tal vez marearse en el intento, durante los últimos años. Una empresa como Artek, nacida barajando arte y técnica, ha tenido serios problemas en las últimas décadas, en las que el diseño ha pasado a entenderse como “renovarse o morir”. En esa diatriba, trató de sumar otros diseñadores a su elenco de estrellas, centrado en Alvar Aalto, quiso más tarde reproducir el espíritu del arquitecto, dar con la esencia de la sobriedad finlandesa y, entendiendo desde la prudencia que algo debía cambiar para que todo continuara igual, llegó a tratar de capear el temporal con la ayuda de profesionales tan brillantes como escasamente nórdicos, con Tom Dixon a la cabeza. Todo eso pasó y hoy parece que el puzle del legado Aalto finalmente encaja. Ahora la colección que Tapiovaara diseñó por el mundo pensando en la gente, la que para los finlandeses mejor representa las tradiciones de su país, la venderá Artek, la marca que en el mundo es sinónimo de Aalto. Y una celebra, por los dos diseñadores, una unión que los hubiera enorgullecido a ambos.

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El arte de apilar listones de madera

Por: | 15 de diciembre de 2010

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FOTOS: FERNANDO ALDA
Madera maciza de roble sin tratar para evocar una serrería.  Listones de madera apilados organizan el espacio, el almacenaje y el mobiliario de las nuevas tiendas Carhartt que el interiorista Francesc Rifé ha diseñado en Barcelona y Madrid. Todo es madera. Los montones desajustados dejan espacio para los expositores. Hornacinas ganadas a las acumulaciones de tableros sirven para mostrar los complementos, los propios tableros apilados ocultan los cajones donde se almacena la ropa. Rifé ha diseñado incluso un fresado para poder colgar chaquetas.

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Cerámica e innovación

Por: | 13 de diciembre de 2010

 

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FOTO: JOSÉ HEVIA


¿Cómo deben ser las fachadas de un edificio entre medianeras que quiera hablarle al siglo XXI y respetar la historia de su barrio?
El premio Ascer lleva nueve años tratando de demostrar cuán novedoso puede resultar un material tan antiguo como la cerámica. Para subrayar esa idea concede galardones, retribuidos con 20.000 o 10.000 euros, a edificios, interiores y proyectos de final de carrera.
Paredes y Pedrosa con su Auditorio de Peñíscola, EMBT por el Mercado de Santa Caterina en Barcelona o Patxi Mangado, por el Pabellón de España en la Expo de Zaragoza, ya recibieron el premio, que este año ha recaído en un proyecto mucho más discreto que sus predecesores: un elegante edificio de viviendas en el Ensanche barcelonés firmado por Jaume y Eugeni Bach.

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Arquitectura y color: cómo y cuándo

Por: | 10 de diciembre de 2010

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PABELLÓN DE JEAN NOUVEL PARA LA SERPENTINE GALLERY DE LONDRES

“No nos interesa el color. En sí mismo resulta un tema intrascendente, meramente adjetivo. Pertenece a la delgada y frágil lámina de la apariencia. Podría prescindirse de él o intercambiarse y apenas variaría lo esencial de un proyecto. Como mucho, cabría reconocerle su capacidad de emoción, el poder de transformar la percepción del espacio, la influencia en los estados de ánimo, la relación consecuente con la salud o la productividad, con el rendimiento, el bienestar y la creatividad. En cualquier caso, tareas para psicólogos o decoradores. Nada que ver con la arquitectura seria, la de verdad”. Jesús Marina y Elena Morón prologan con este humor las opiniones que han reunido en Tras el muro blanco (Lampreave), una selección de ideas, hechos y consejos sobre el uso del color en la arquitectura.

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El País

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