El ayuntamiento de Trondheim, al norte de Noruega, quería un lugar para que los niños pudieran jugar en el exterior todo el año, un sitio en el que encerrarse a escuchar cuentos, un lugar para jugar en verano y para resguardarse o acercarse a la nieve en invierno. Por eso invitó a los arquitectos Marit Justine Haugen y Dan Zoha a que presentaran una propuesta y decidieron construirla.