FOTOS: Duccio Malagamba
La mejor obra de Alvaro Siza Vieira en Barcelona no forma parte del escaparate más visitado de la ciudad. Está escondida. Le sirve a la gente, pero no figura en las guías. Sorprende al que va a nadar con un espacio que conjuga todos los placeres del baño: del descanso a la vigorización, del ejercicio a la contemplación. Se trata de dos piscinas, una cubierta y otra descubierta que se unen sin tocarse. La interior tiene luz cenital que se cuela por los tragaluces que salpican la cúpula del techo, pero también luz natural, que le llega desde el cristal que la separa -o la aproxima- a la piscina exterior. Las piscinas públicas Ribera-Serrallo que Siza levantó hace algo más de un lustro en Cornellá (Barcelona) combinan un ejercicio de responsabilidad pública con una demostración de amor a la humanidad.