Algo así parecen pensar muchos de los diseñadores y productores actuales que se empeñan, año tras año, en presentar en Milán su idea de la silla definitiva. Ha vuelto a ocurrir este año. La empresa norteamericana Emeco que ya lanzó hace dos temporadas su famosa silla Navy fabricada íntegramente con botellas de cola recicladas, ha puesto en el escaparate la silla Broom de Philippe Starck. Como una escoba (broom), este nuevo diseño recoge las sobras de aserraderos y de plantas de tratamiento de plásticos para, combinando ambos deshechos, obtener un material sólido y resistente.
Starck, que lleva décadas produciendo catálogos enteros de sillas de plástico con todo tipo de ideas (a veces) y de retóricas (otras veces), se lanza ahora a convertirse en el máximo representante del diseño sostenible, reciclable y, por lo tanto, ecológico. ¿Podemos creerle?