Hacer arquitectura hoy

Por: | 28 de noviembre de 2014

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 FOTO: Iker López

Hacer arquitectura hoy no es solo trabajar con la coyuntura actual (de pocos y pequeños encargos con bajos presupuestos) también es darle la vuelta a esa situación para que un nuevo ingenio se adueñe de la obra y devuelva la ilusión a una profesión desorientada en sus cimientos pero receptiva y abierta en su futuro.

Así, también es una oportunidad para reparar errores (no solo edificios) en la propia profesión y, como tal, establecer otra relación con los usuarios, los clientes y los vecinos. Eso hace este pequeño taller de tatuajes madrileño, el primer proyecto que firman los arquitectos Alejandro Londoño y Gonzalo del Val.

El encargo consistió en convertir un almacén a pie de calle en un estudio de tatuajes y los arquitectos persiguieron singularizar el local con los medios de la construcción cotidiana. El resultado es un comercio que trata los tatuajes con naturalidad, como algo más elaborado que postizo, como algo más habitual que aterrizado. Esta sensación de ofrecer novedad y familiaridad a la vez se obtiene de la voluntad de cada una de las partes del proyecto de querer ser otra y, sin embargo, remitir al barrio de siempre. Los arquitectos lo explican así: ”una fachada que quiere ser el proyecto, un mostrador que quiere ser calle y una cabina que busca ser fachada”. Todo iluminado por una lámpara que quiere ser rótulo y que concentra la mayor creatividad de un proyecto basado en ordenar, reciclar y repensar tanto como en diseñar.

La fachada original estaba alicatada con baldosas verdes y tenía una puerta metálica en el centro. “Había pertenecido lo suficiente a la calle como para mostrar sus marcas”, describen del Val y Londoño. Una mampara de vidrio lleva luz al interior. La nueva carpintería, por su parte, añade cierta extrañeza. El resto se aprovecha en un trabajo de patchwork que consigue sumar expresividad, normalidad y pertenencia al lugar.

En el interior entra la calle. Se mete con un quiebro del murete de ladrillo. El mostrador de pino es el único recurso al tacto y a la calidez en un local que elige ser duro, callejero, sin almíbares.

El mismo tubo de hierro que forma la mampara de la fachada construye dentro una cabina, un espacio para ser tatuado con privacidad. El tubo de hierro reaparece, finalmente, volando sobre la cabina y, atravesado por fluorescentes, se inclina con la misma pendiente que la escalera para funcionar como lámpara y reclamo. Aprovechar un pequeño encargo para cuidar cada centímetro habla de ilusión en la arquitectura. Hacerlo para ajustar, y no para aumentar el presupuesto, habla de responsabilidad.

Precio por metro cuadrado, según arquitectos: 400 euros.

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Hay 2 Comentarios

Lo siento, yo creo que lo unico que les ha faltado, ha sido rebuscar en mas contenedores de escombros, por otro lado aplaudible, pero creo que esa no era su meta.

Interesante labor de oficio en la composicion de la fachada. Tal vez, falto algo mas de investigacion en la utilizacion del material.http://2worldtree.blogspot.sg/2014/11/2wtree006-thomas-heatherwick-cuestion.html?m=1

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Del tirador a la ciudad

Sobre el blog

Del tirador a la ciudad. Ése era para Mies van der Rohe el ámbito de su oficio. La arquitectura, como la sanidad o la educación, nos afecta a todos. Puede también fascinarnos. Como todo informador, me valdré de lo que creo saber. Trataré de no enmascarar lo que ignoro.

Sobre el autor

Anatxu Zabalbeascoa

La periodista e historiadora escribe sobre todas las escalas de la arquitectura y el diseño en El País y en libros como The New Spanish Architecture, Las casas del siglo, Minimalismos o Vidas construidas, biografías de arquitectos.

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