Del tirador a la ciudad

Sobre el blog

Del tirador a la ciudad. Ése era para Mies van der Rohe el ámbito de su oficio. La arquitectura, como la sanidad o la educación, nos afecta a todos. Puede también fascinarnos. Como todo informador, me valdré de lo que creo saber. Trataré de no enmascarar lo que ignoro.

Sobre el autor

Anatxu Zabalbeascoa

La periodista e historiadora escribe sobre todas las escalas de la arquitectura y el diseño en El País y en libros como The New Spanish Architecture, Las casas del siglo, Minimalismos o Vidas construidas, biografías de arquitectos.

El jardín de un político

Por: | 27 de agosto de 2015

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Antes de convertirse en el primer presidente de Estados Unidos, George Washington diseñó, plantó y cultivó un jardín. Sembrado junto a la antigua granja de su padre en Mount Vernon (Virginia), –que él convirtió en la mansión palladiana de madera de 21 dormitorios que es hoy-, la finca fue, durante casi todo el siglo XVIII, una plantación junto al río Potomac.

De la misma manera que Washington supervisó todos los detalles de la ampliación de su casa, el jardín también fue ideado por el considerado en Estados Unidos “padre del país”. A partir del parque que rodeaba la mansión, el político comenzó a construir un micro-mundo. Hasta el punto de que la casa hoy combina la herencia de la grandiosidad barroca francesa del jardín que rodeaba la granja original con una renovación naturalista. Esta última apunta hacia cierto despertar del jardín inglés, más aparentemente cercano a la naturaleza real y menos ornamentado. Con una huerta productiva de la que comía la familia y los esclavos, la abolición tardaría en llegar -Martha Washington dijo que la verdura era lo mejor de vivir en el campo-, otro huerto aromático, campos sembrados de flores, campos de frutales y parterres decorativos, este es un jardín útil y contemplativo a la vez.

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Dieter Rams y el diseño a favor de la gente

Por: | 24 de agosto de 2015

Dieter rams 

Dieter Rams fue durante 25 años el alma de la empresa Braun. Logró hacer productos que escaparon el concepto de temporada y pasaron a definir la cara de muchas cocinas y cuartos de baño. Dejó también un referente ineludible en el diseño con el que empresas de hoy, como Apple, tienen una deuda. En 2008 recogió sus ideas en diez principios, un decálogo que sirve para hablar de algo más que de diseño.  

El buen diseño es innovador: Es difícil agotar las posibilidades de innovación en el diseño. La tecnología permite innovar constantemente.

El buen diseño es útil: El objetivo principal de un producto es su utilidad. Secundariamente se pueden atender razones psicológicas y estéticas.

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La enseñanza de un jardín zen

Por: | 20 de agosto de 2015

Tofukuji jardinero

 

Los jardines secos, de piedras rastrilladas en lugar de vegetación o con apenas vegetación, y capaces de evocar un paisaje lunar son lo que reconocemos como jardines zen. Son espacios para la meditación en los que la grava parece congelar el momento en que la piedra cae al agua y, por lo tanto, consigue una imagen inusitada. Tan imposible como el trabajo de un jardinero exquisito que, rastrillo en mano, trabaja descalzo para evitar dejar huellas. Con tanto cuidado que su labor se intuye sin hacer ruido. El jardín de meditación para los monjes alcanzó el kitsch cuando se empezaron a comercializar jardines zen en miniatura para los salones de los occidentales pudientes con supuestas ínfulas culturales, que eran, en realidad, la misma apuesta de siempre por la cultura del consumo para alcanzar la felicidad.

Entre los jardines zen de Kioto, Ryoan-ji es el más famoso. Tiene apenas 23x10 metros y data del siglo X. En él son legendarias sus 15 grandes rocas, en ocasiones rodeadas de musgo, de las que, se ponga uno donde se ponga, solo se pueden ver 14. El 15 se asocia, en el budismo, a la perfección de nuestro 10. Por eso en ese jardín, es complicado alcanzarla. No hay que mirar solo con los ojos para alcanzar la iluminación. Sin embargo, y también en Kyoto, en el templo de Tofuku-ji, un jardín, arraigado en el siglo XIII y ampliado en el XX agranda la lección del famoso templo.

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Kahn y el arquitecto que no copia

Por: | 17 de agosto de 2015

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En 1953 Louis Kahn debatía sobre algunos de los temas que han perseguido tanto a la formación de los arquitectos como a la idea que, durante muchos años, la mayoría de estos han tenido de sí mismos. A la posibilidad, o la manera de copiar se une la distinción entre las aspiraciones de los diversos profesionales, la importancia de la idea sobre la forma o el fracaso de la formación. Hoy que las aportaciones más creativas se han convertido en casi un sinónimo de arrogancia y falta de miras resulta relevante conocer lo que Kahn entendía por un artista.

Sobre la responsabilidad del arquitecto se llamó el artículo -aparecido en la revista Perspecta: The Yale Architecture Journal de 1953- de donde proviene el siguiente extracto. El escrito era, en realidad, la transcripción de un debate académico celebrado en Yale. La traducción proviene del volumen Louis I. Kahn, escritos, conferencias y entrevistas compilado por Alessandra Latour y traducido por Jorge Sainz (El Croquis Editorial).

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Un jardín ¿milagroso?

Por: | 13 de agosto de 2015

MIRACLE GARDEN DUBAI

A medio camino entre  Disneylandia y el paraíso soñado por Jef Koons –el autor del puppy florido frente al Guggenheim de Bilbao-, las pirámides, mariposas, arcos, molinos, barcos y hasta Ferraris cubiertos de flores del Miracle Garden de Dubai representan la cara opuesta a Ariant (el último jardín incluido en este blog).

A pesar de que sólo parece hablar de exceso, el mayor jardín floral del mundo es, sobre todo, una demostración de poder como lo fueron en su momento los grandes jardines palaciegos.

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Milton Glaser y la toallita humeante

Por: | 10 de agosto de 2015

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“Hace varios años, cuando volaba de Las Vegas a Dallas, una azafata entró en el pasillo del avión con una bandeja humeante de toallitas calientes. A medida que se aproximaba, me percaté de que el vapor procedía de un cuenco situado junto a las toallas. “¿Qué es eso?” le pregunté a la azafata (que era, luego averigüé, una antigua profesora de guardería y ya abuela).

-“Hielo seco y agua”, me respondió.

-“¿Es para hacer la cosa más espectacular?”, le pregunté.

-“Sí”, contestó.

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Una lección de paciencia y respeto

Por: | 06 de agosto de 2015

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FOTO cortesía de la editorial Phaidon perteneciente al libro The Gardner's Garden

Cerca de Pollença, al norte de la isla de Mallorca, Ariant es una finca de cuatro hectáreas, un frondoso jardín y una lección de paisajismo que demuestra cómo crear un paraíso verde con poco agua. El vergel contrasta con el monte rocoso de la sierra de Tramontana donde crece. Su autora, la botánica alemana Heidi Gildemeister, dedicó décadas de su vida a experimentar con el aguante de las plantas. Se instaló en Ariant con su marido en los años setenta y comenzó con lo que tenía a mano: roca desnuda, suelos de escaso sustrato y espino.

Mientras, su esposo Enrique se dedicó a criar ovejas y a plantar árboles autóctonos como los cipreses, las encinas o los olivos. La mayor contribución de Gildemeister consistió en saber observar y en saber esperar para, estación tras estación, y año tras año, dejar que fueran las plantas las que le indicaran dónde y cómo crecían mejor sin otro riego que el de la lluvia. Así, este es un jardín armónico que no fue diseñado sobre un plano sino plantado palmo a palmo. Su autora hizo crecer las plantas, los arbustos y las flores sin pesticidas y, entre ellos, dibujó senderos sinuosos que rodean las piedras o trepan por el monte. Además de plantar y recuperar la vegetación de la sierra, Gildemeister se convirtió en una experta en poda. Al contrario que el arte topiario –que convierte a los setos en material escultórico para construir con ellos escudos o animales de boj- la botánica alemana dejaba que fueran las propias plantas las que le indicaran por dónde debía cortar y por dónde iban a crecer.

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¿Qué es hoy lo auténtico?

Por: | 03 de agosto de 2015

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FOTO: Jordi Socías / El País

El director del Museo del diseño de Londres, Deyan Sudjic opina que hoy lo auténtico es una combinación de sinceridad y autoridad.

Para William Morris lo fueron las formas menos drásticas de restauración. “En lugar de hacer que los edificios nuevos parezcan viejos menoscabando así la importancia de lo auténticamente antiguo”. Es decir, Morris atacó la confusión entre restauración y cirugía plástica y dijo sí a la curación y no a la falsificación. Utilizó una lógica que, partiendo de tratar de pertenecer a la época en que se construye materialmente, invita a no querer parecer nuevo si eres viejo ni viejo si eres nuevo.

En la voz Auténtico que abre su recomendable diccionario biográfico B de Bauhaus (Turner 2015), Sudjic le da vueltas a lo auténtico. Y apunta algunas de las ideas en torno lo que puede ser hoy. La económica ofrece una de las claves: “Lo auténtico nos hace sentir seguros sobre el precio”.

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Un jardín vivo del XVIII

Por: | 30 de julio de 2015

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Del castillo de Schwetzingen, al Noroeste de Alemania, parte una memorable avenida arbolada (allée) flanqueada por tilos y moreras que conduce hasta la cercana ciudad de Heidelberg. Ese paseo de 10 kilómetros es posible también darlo recorriendo un jardín. El que rodea este castillo, levantado en el siglo XVIII como residencia de verano de los príncipes electores del Palatinado (el condado del Rin) es, sobre todo, un libro abierto de la historia de los jardines es decir: un vergel vivo en el que diversos estilos conviven en lugar de haberse ido sustituyendo. Así, aquí los miradores cohabitan con los parterres, las falsas ruinas -como un acueducto con cascada incluida- remiten al pasado romano del lugar y un templo de Apolo representa el triunfo de la cultura sobre la ignorancia. Eso demuestra también esta sucesión de jardines históricos en un único lugar. La convivencia frente a la sustitución, la historia a capas frente a la tabula rasa.

Por eso este ingente vergel de 72 hectáreas, restaurado en 1990, es varios jardines a la vez. De entrada es el jardín formal, barroco, recogido por un gran parterre circular de inspiración francesa, que fue en su origen. Sigue siendo el jardín que nació para competir con Versalles ideado por el arquitecto Nicolas de Pigage y el jardinero Johan Ludwig Petri-. Pero es también su reconversión en jardín inglés, menos formal y más falsamente natural, firmada por Freidrich Ludwig von Sckell, varios lustros después. De la misma manera que Versalles fue construido en un antiguo coto de caza de los monarcas franceses, Schwetzingen era el refugio de pesca aristocrático de los príncipes germanos.

El claroscuro de las sombras y las luces entre las explanadas, junto a los tilos y bajo las pérgolas curvas de entramados -que ideó el jardinero Petri para acompañar a los pabellones que Pigage sembraba por el jardín- recuerda al visitante la necesidad de buscar la luz, el conocimiento, frente a las tinieblas, la ignorancia y la confusión. En esa búsqueda encuentran lugar un gran número de follies levantadas por el jardín. La famosa mezquita (falsa, erigida únicamente como objeto ornamental) se refleja en un gran lago por capricho del príncipe. Pero también hay un teatro rococó (recientemente restaurado) donde se dice que tocó Mozart con solo siete años. Una casa de baños, una orangerie o un arboretum salpican el recorrido por este jardín conciliador capaz de hablar de varias épocas a la vez y de tú a tú al presente.

Schwetzingen paseo

 

Templo Apolo schwetzingen

Schwetzingen gazebo

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Schwetzingen gral

No necesitamos genios, la lección de Coderch

Por: | 27 de julio de 2015

Coderch

José Antonio Coderch (1913-1984) publicó su famoso texto No son genios lo que necesitamos ahora (aquí ligeramente extractado) en la revista Domus de noviembre de 1961. Por entonces, llevaba veinte años trabajando y, lejos de querer teorizar sobre su profesión, quiso dejar constancia de su punto de vista sobre ella en un momento en el que, como hoy, el trabajo del arquitecto se estaba redefiniendo.

Por eso, tras aconsejar abrir bien los ojos, comenzó su discurso recordando que “detrás de cada edificio que ves hay un hombre que no ves”. Dijo “un hombre”; no “un arquitecto”. Luego denostó a las clases dirigentes, “que han perdido el sentido de su misión”, y llamó a diferenciar entre “el derecho a equivocarse, la voluntaria ligereza y el cálculo inmoral del trepador”.  Por eso hoy, cuando algunos simposios sobre crítica arquitectónica se plantean cuál es el papel de la nueva crítica, qué indicará, de dónde surgirá o, incluso, si es posible su mera existencia, la herencia de Coderch es, además de arquitectónica -en forma de plantas que rompen su geometría para adaptarse a la vida de las personas- también filosófica y hasta médica. Este escrito, una especie de oda a la clase media educada, apela a la tradición constructiva y moral, al oficio de arquitecto por encima de su fama y anima a desprenderse de las “falsas ideas claras” y de las palabras huecas. Es difícil encontrar mejor antídoto contra la pedantería y el egocentrismo. Y hoy, 54 años después de publicarse, hace pensar doblemente por el tiempo transcurrido.

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El País

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