40 Aniversario

¿Cuándo tienen las ciudades cualidades humanas?

Por: | 14 de noviembre de 2016

High line previo

El arquitecto Deyan Sudjic, que hoy dirige el Design Museum de Londres y que durante lustros fue crítico de arquitectura del Observer- explica en su impagable biografía B de Bauhaus que tendemos a comparar cualquier ciudad que conocemos con la ciudad de la que provenimos. Es una actitud tan comprensible como infantil porque, en realidad, querer tratar de entender algo nuevo a partir de las referencias que uno maneja es tener pocas ganas de novedades, poca capacidad de verlas y menos aún de disfrutarlas.

Sin embargo, lo que la observación del autor de, los también impagables, La arquitectura del poder o El lenguaje de las formas también revela es que la identidad –no la monumentalidad- es lo que permite distinguir las ciudades y, me atrevería a decir, lo que les confiere cualidades humanas. Es lo distinto, antes que lo perfecto, lo que tendemos a recordar. Esa diferencia puede ser tan sutil como el carácter de los comerciantes. Las tocineras que regalaban lonchas de jamón se colaron en el último pregón de la Mercé del escritor Javier Pérez Andújar. Esos comerciantes pertenecen al mismo grupo que los panaderos que obsequiaban a los niños con una rosquilla. Y conforman la identidad de un lugar tanto como una plaza con una fuente y un árbol o una fiesta popular.

La identidad de un barrio en una ciudad puede ser tan planificada como la organización de las calles o tan improvisado como los juegos de los niños en esas calles. ¿En qué piensa usted cuando piensa en su ciudad? Contestar a esa pregunta le dará una idea sobre la identidad –en general plural- de las urbes. En esto post sirve para enumerar la IDENTIDAD como el primer atributo capaz de dotar de calidad humana a una urbe. Pero hay más.

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El edificio-experiencia

Por: | 10 de noviembre de 2016

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FOTO: Pedro Pegenaute

Lyndon Neri y Rossana Hu -Neri & Hu-  son uno de los estudios de arquitectura chinos con mayor proyección internacional. Formados en Berkeley, Princeton y Harvard, trabajaron para Michael Graves antes de abrir su propio estudio en Shanghai. Aunque tienen proyectos por todo el mundo y cuentan con una sede en Londres, decidieron regresar a China para tratar de cuajar allí una manera de trabajar que reivindicara el hacer artesano en un país que se está transformando más a golpe de industria que de creatividad. Este proyecto en Seul para la sede de una empresa dedicada a fabricar tratamientos de belleza ilustra su ideario.  

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La monumentalidad oculta de las ciudades

Por: | 07 de noviembre de 2016

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FOTO: Simón García

Marc Augé, el antropólogo francés que acuñó el término No lugar, escribió que la mayoría de la población de París veía con mucha más frecuencia el intercambiador de Châtelet que el centro de su ciudad. Tenía claro que la gran masa de parisinos atraviesa a diario la ciudad sin verla, sin sacar la cabeza al exterior. Su recorrido urbano es, pues, el de los túneles, los andenes y las escaleras del metro.

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 Prestar atención a lo que no se ve es un atributo escaso en arquitectura. Oscar Tusquets lo alertó titulando uno de sus libros, Dios lo ve -la histórica reivindicación del arquitecto británico Edwin Lutyens para justificar el cuidado de los detalles que se escapan a la vista-. Sin embargo, considerar que el metro, y sus instalaciones subterráneas pueden formar parte de lo que no se ve es una falta de respeto. Y de visión.

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 Son muchos los metros del mundo más famosos por el espectáculo que ofrecen que por su capacidad para democratizar el transporte y descongestionar las ciudades. De los andenes y túneles decorados de manera palaciega en los metros de Moscú o San Petersburgo al ingenio de las coloridas cavernas que salpican las estaciones de Estocolmo, son muchos los arquitectos que se han parado a pensar en los ciudadanos a los que se refería Augé. Tal vez por eso, aunque muchos ferrocarriles siguen apostando por la sorpresa y el espectáculo (el propio Tusquets firmó una escenográfica estación en el metro de Nápoles), las propuestas más rompedoras de los últimos años son las que tratan de deshacer la cualidad subterránea de ese medio de transporte. En eso consistió la reciente remodelación del metro de Copenhague: en llevar luz hasta el subsuelo. Desnudar los andenes, hacerlos eficaces e iluminarlos con luz natural es una apuesta que prima la monumentalidad –el espacio- por encima de su decoración. Una opción que da más valor a lo esencial que a lo circunstancial, más importancia a la verdad que a la comodidad.

De algo así habla la nueva línea de metro que une Barcelona con su aeropuerto. Y seguramente por eso, las estaciones más emblemáticas sean las que diseñó el equipo del arquitecto Jordi Garcés (Garcés, De la Seta y Bonet) apostando por el brutalismo y la crudeza que caracterizan algunas de sus intervenciones más radicales. La fuerza espacial está lograda, la monumentalidad oculta. La vida bajo el asfalto queda ampliada con estaciones como las de Mercabarna, Fira o Parc Logistic que este año se hicieron con el Premio Fad de interiorismo. Sin embargo, más allá de ese logro y de la reivindicación de una ruina moderna, este trabajo conduce a nuevas preguntas. ¿Por qué la mayoría de usuarios del metro lo consideran inacabado? ¿Por qué hay tantos usuarios del metro que no valoran esa monumentalidad por encima de los acabados? ¿Quién o qué gana con este trabajo radical?

 

 

¿Esto también es arquitectura?

Por: | 03 de noviembre de 2016

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Pantalla de papel desplegable para lograr intimidad. Ideada por el estudio Gaia para la Istambul Design Week.

¿La arquitectura tiene un límite físico? ¿Un tamaño mínimo? ¿Es más fácil diseñar para la pequeña que para la gran escala? La respuesta a esta última pregunta es doble: es más fácil controlar lo pequeño y tiene consecuencias más asumibles errar en un proyecto de escasas dimensiones. De ahí que lo menudo se asocie al riesgo, a la experimentación. Más allá de esa lógica, existe un mito sobre la modestia y la intimidad asociable a la pequeña escala que no siempre se cumple. Sin embargo, son muchos los trabajos que demuestran que en lo menudo se pueden hallar grandes soluciones constructivas. También que es distinto diseñar para la gran y la pequeña escala. Y también, finalmente, que muchos de los pabellones, follies y cabañas sirven no sólo para experimentar formalmente, sino, sobre todo, para poner a prueba nuevos materiales y soluciones constructivas. Dicho esto, podría pensarse que el problema de la Nanoarquitectura está más en la definición que en su realización. ¿Es arquitectura una bolsa metalizada de poliéster como la que el diseñador Martín Azúa empleó en su basic house?¿Es arquitectura lo que cobija, aunque no llegue al suelo? ¿Es arquitectura lo que podría hacer un niño? –como el proyecto Play Land firmado por Like Architects en Paredes de Coura (Portugal)?

¿Es arquitectura lo que no precisa a un arquitecto para ser ideado y construido? O ¿arquitectura es lo que hacen los arquitectos? Estas son las cuestiones que plantea el libro Nanotecture que Rececca Roke ha compilado para la editorial Phaidon. Apliquen las preguntas a los siguientes ejemplos y decidan lo que es y lo que no es arquitectura. También si, en estos casos, esa etiqueta importa o no.

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Construcción elaborada por Like Architets con cámaras de rueda para el festival O Mundo ao Contrário en Paredes de Coura (Portugal).

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Blasfemar con hormigón, construir para la eternidad

Por: | 31 de octubre de 2016

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Grand Central Water Tower, Midrand, Sud África, 1996 de GAPP Architects & Urban Designers.

FOTO:GAPP Architects

El brutalizo es un estilo sin tiempo. Eso parece pensar Peter Chadwick, que ha analizado sus atributos y ha juntado cientos de ejemplos de diversas épocas en el libro This Brutal World (Phaidon). Chadwick es diseñador gráfico. Creció en el Nordeste del Reino Unido, un paisaje sembrado de la arquitectura que genera la industria pesada. Allí, en la Planta Química ICI de Wilton, filmó Ridley Scott –que también era de la zona- su película Blade Runner. Por eso, mucho antes de que en 1966 el desaparecido crítico británico Reyner Banham acuñara el término brutalismo para preguntarse si era ético o estético -The New Brutalism: Ethic or Aesthetic? fue el nombre de su ensayo-, y antes de que, convertido en estética, se popularizara como estilo en Brasil, EEUU, Canadá, Alemania, Australia o Europa del Este –seguramente donde más triunfó-, la brutalista ya era la arquitectura favorita de Chadwick y su hermano Simon.

 

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Biblioteca Geisel, University of California, San Diego, California, 1970 de William Pereira & Associates.

FOTO: University of California, San Diego

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Arquitectura sin arquitectos, referencia para los arquitectos

Por: | 27 de octubre de 2016

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 Fotografías: Luis Díaz Díaz

“Lo inacabado, lo crudo, no se entiende aquí como una estrategia a priori, sino como una respuesta a dos cuestiones, una económica y otra cultural”, explica el arquitecto Moisés Puente.

La razón económica: un modesto presupuesto obligaba a trabajar con materiales de bajo coste y con procesos ejecutados por manos no excesivamente diestras.

Moisés Puente fachada

El argumento cultural pasa por valorar la imperfección como una singularidad. También por apreciar la riqueza de las texturas de los acabados como expresión. Los dueños de esta vivienda lo hicieron. Eso facilitó el trabajo de Puente y Javier Ramos que pudieron, además, recurrir a los juegos formales de las tipologías rurales. Así, los dinteles que rodean la vivienda son, en realidad, vigas de zuncho sobredimensionadas. Además de singularizar la casa cumplen una función: están colgadas del forjado para evitar que haya dinteles individuales en cada ventana. Otro de los dinteles, el vuelo trasero, sirve de soporte al cañizo que cubre la parte del garaje. Los vuelos hacia delante en la fachada a la calle son viseras para limitar la entrada del sol en las zonas de estar. Así, una simple viga acaba convirtiéndose en una cinta que recoge el volumen de la casa y que sirve un poco para todo.

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Hacer ciudad con los ciudadanos

Por: | 24 de octubre de 2016

CENTRO HISTÓRICO ABIERTO1

Proyecto Centro histórico abierto de Ecosistema Urbano

¿Cómo hacer ciudad con los ciudadanos? ¿Podemos los ciudadanos cambiar el lugar donde vivimos? ¿Cuándo y cómo definimos la ciudad en la que habitamos? ¿Son suficientes las invitaciones de Ayuntamientos y Colegios de arquitectos para que la población se active y participe en la decisión de la forma y el uso de su ciudad? Tres arquitectas responden a estas preguntas.

Aurora Adalid del colectivo Zuloark: “Los ciudadanos hacemos ciudad con nuestros hábitos de transporte, de consumo, de relacionarnos o de producción. Ser conscientes de que esto es conmutativo y de que las determinaciones del espacio y su organización condicionan nuestro estilo de vida empieza a hacer emerger una figura, como un nuevo derecho civil, que lleva a participar en el diseño de nuestro entorno, el próximo y el que se relaciona con él. 
Desde esta perspectiva los cómos son muy diversos, pues el grupo de personas con el que tienes que pactar ese diseño va de lo micro a lo macro: desde cómo se organiza tu cocina a cómo se trata el territorio en el lugar que te provee de trigo o los océanos que reciben nuestro plástico”.

Adalid pone como ejemplo al colectivo Colaborabora, que está trabajando con mucha seriedad en un proyecto en la Plaza La Cantera en el barrio San Francisco de Bilbao.

Con su estudio Zuloark trabaja en cómo redactar unos pliegos para el concurso de redacción de un PGO (Plan General de Ordenación) de Llanes en Asturias. Se trata de planificar de forma colaborativa y teniendo en cuenta gran diversidad de agentes, necesidades y valores. “Cambiar las fórmulas de contratación pública integrando la participación activa y la corresponsabilidad dentro del marco de la ley y la transparencia es un proyecto valiente y audaz que puede cambiar la forma de planificar y construir que generaron profundos olvidos y perjuicios”.

CENTRO HISTÓRICO ABIERTO2

Belinda Tato del estudio Ecosistema Urbano: “En el mundo conectado de hoy, en el que los ciudadanos están empoderados y con una enorme capacidad para crear, mediar y actuar, la ciudad es, y debe ser, resultado de una red abierta que permita que el diálogo y la transformación tengan lugar. La ciudad debe ser una plataforma para la experimentación en la que todos tomemos parte.

Este contexto requiere de la definición de nuevas herramientas que permitan una comunicación fluida, creativa y eficaz entre creadores, gestores, ciudadanos o diseñadores. Las herramientas deberían facilitar la incorporación del ciudadano como un agente activo, evitando el paradigma convencional del ciudadano como consumidor-espectador-receptor de un producto finalizado para convertirse en un ciudadano pro-activo.

Los diseñadores y urbanistas estamos testando soluciones y metodologías, pero aún existe un inmenso campo abierto a la exploración”.

Tato cree que la invitación que lanzan algunas ciudades a participar, a través de formularios sobre soluciones concretas, es interesante pero insuficiente, “porque se concreta demasiado, simplificando el discurso y la capacidad de imaginar o soñar nuevos escenarios urbanos”.

En su estudio, Ecosistema Urbano, creen que la implicación debe estar directamente relacionada con el proceso de diseño y el desarrollo técnico. Definen esa participación a partir de cinco objetivos: activación, creatividad, educación, comunicación y consulta. “La participación debe ir acompañada de un proceso de acción y transformación es decir, de proveer de ‘experiencias’ que permitan a la ciudadanía tener una opinión más informada e imaginar otros escenarios posibles. Sería coherente que, ante la transformación de un espacio público que conlleva una inversión económica muy elevada, se realizase un primer testeo de soluciones a través de herramientas sencillas y de bajo coste, que permitieran experimentar el espacio y sus posibilidades”: Habla de cortes de tráfico, de instalar prototipos de mobiliario urbano o de probar nuevos usos temporales.

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Su proyecto Encarnación Más, para la ciudad paraguaya de Encarnación ha incluido más de 40 encuentros específicos, implicando a más de 4000 personas para imaginar el futuro de la ciudad. En la ciudad noruega de Hamar realizaron una app, sesiones y talleres temáticos tanto online como in situ y acciones urbanas de transformación “que permitieron a la comunidad ver y experimentar las posibilidades de un espacio que había sido aparcamiento los últimos 50 años”. “Estos prototipos y experiencias facilitan el diálogo, y mejoran la predisposición de los ciudadanos para discutir soluciones. Lo interesante de estos proyectos, más allá de las soluciones urbanas adoptadas, es su componente social: la comunidad que se construye alrededor del proceso y que perdura más allá del mismo, fortaleciendo su identidad urbana y la capacidad de diálogo y co-creación.

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Eva Lanxmeer

Margarita Jover (de AldayJover): “Si hacer ciudad significa construir materialmente a la manera de una cooperativa hay un ejemplo fantástico en el barrio sostenible EVA lanxmeer de Culemborg (Holanda) iniciado por una ciudadana: Marleen Kaptein cundo buscaba una manera más sostenible de construir . Si hacer ciudad significa inducir o fomentar el sentimiento de ciudadanía, con derechos y obligaciones, hay muchas maneras, desde la educación hasta la construcción de centros cívicos o espacios públicos, o la puesta en marcha de incentivos culturales y monetarios para la implicación en el dominio publico.

El estudio AldayJover ha trabajado con la ciudadanía de diferentes maneras: preservando el territorio o indagando en su historia y sus usos “y siempre la hemos entendido como  'guardiana del bien publico'.”.

 

 

Un proyecto 15 años después

Por: | 20 de octubre de 2016

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FOTO: Simón García 

Esta es una arquitectura que no quiere entrar por los ojos. Su objetivo es desaparecer. El estadio de Atletismo que Carme Pigem, Rafael Aranda y Ramón Vilalta (RCR) levantaron, casi sembraron, a las afueras de Olot hace 15 años es un ejercicio de paisajismo y arquitectura en el que uno no sabría decir quién ha ganado el pulso entre la naturaleza y la construcción o quién lleva la voz cantante en el diálogo que se establece entre ambos. En eso reside su valor. Este es un proyecto atípico en la trayectoria de estos proyectistas, un estudio que durante lustros construyó fundamentalmente en Olot. Que logró fama internacional con esos trabajos locales y que hoy vive dedicado a trabajar en el mundo con la misma ambición de atender y potenciar lo distintivo en lo local.

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Sobre el huerto de Michelle Obama

Por: | 17 de octubre de 2016

Michelle obama

Sin duda los 100 metros cuadrados del huerto (Kitchen Garden) que Michelle Obama hizo sembrar en los jardines de la Casa Blanca en 2009 conforman uno de los huertos urbanos más publicitados de la historia. Se trata también del mayor cultivo que jamás se plantó en la residencia de los presidentes de EEUU. Sin embargo, la Casa Blanca siempre tuvo huerto. Incluso durante la época en la que una posible futura presidente, Hillary Clinton, ejercía como primera dama. El huerto de Michelle no es ni siquiera la primera plantación reivindicativa que busca transformar los hábitos de conducta y la alimentación de los ciudadanos. Durante la Segunda Guerra Mundial Eleanor Roosevelt –que tuvo un papel clave en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y hoy es considerada una activista- cultivó un huerto con el mismo objetivo ejemplarizante. Por entonces se llamó Victory Garden como todos los huertos que comenzaron a sembrarse en los jardines –privados y públicos- de Canadá, Estados Unidos, Reino Unido y Alemania durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial –cuando Australia se sumó a la iniciativa-.

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San Francisco

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Entrar en un colegio como quien entra en una iglesia

Por: | 13 de octubre de 2016

Lucía Berlin

Lucia Berlin

“Yo enseñaba español en el nuevo módulo de secundaria, que parecía un juguete de colores plantado en la otra punta del patio. Cada mañana, antes de clase, pasaba por la escuela de primaria a oír las oraciones, pero también simplemente para entrar en el edificio, como quien entra en una iglesia. El colegio era una antigua misión, construida en el siglo XVIII por los españoles, construida para seguir en pie mucho tiempo en el desierto. Era diferente de otros colegios antiguos, cuya quietud y solidez es un mero cascarón para los niños que pasan por ellos. Había conservado la paz de una misión, de un santuario.

En la escuela primaria las monjas reían, y los niños reían. Eran todas monjas muy mayores, pero no como las ancianas agotadas que se aferran al bolso en la parada del autobús, sino orgullosas, queridas por su Dios y por sus niños. Respondían al cariño con ternura, con risas dulces que quedaban contenidas, cuestionadas, tras las macizas puertas de madera.

Varias de las monjas de la escuela secundaria se paseaban por el patio vigilando que nadie fumara. Estas eran monjas jóvenes y nerviosas. Daban clase a ‘chicos desfavorecidos’, ‘con un pie en la delincuencia’ y en sus caras demacradas se delataba el cansancio, el hartazgo ante tanta mirada impasible. No podían recurrir al respeto o el cariño, como las monjas de la escuela primaria. Optaban por la impenetrabilidad, la indiferencia hacia los estudiantes a los que dedicaban sus esfuerzos y su vida”.

La desaparecida Lucia Berlin (1936-2004) escribió su Manual para mujeres de la limpieza en 1977. Recuperado en 2015, ha sido traducido al castellano este año por Eugenia Vázquez Nacarino para la editorial Alfaguara. En este compendio de sus mejores cuentos, la escritora norteamericana, que trabajó de enfermera, profesora o mujer de la limpieza para mantener a sus hijos mientras lidiaba con el alcoholismo que heredó de su madre y su abuelo, también se fija en la arquitectura.

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Del tirador a la ciudad

Sobre el blog

Del tirador a la ciudad. Ése era para Mies van der Rohe el ámbito de su oficio. La arquitectura, como la sanidad o la educación, nos afecta a todos. Puede también fascinarnos. Como todo informador, me valdré de lo que creo saber. Trataré de no enmascarar lo que ignoro.

Sobre el autor

Anatxu Zabalbeascoa

La periodista e historiadora escribe sobre todas las escalas de la arquitectura y el diseño en El País y en libros como The New Spanish Architecture, Las casas del siglo, Minimalismos o Vidas construidas, biografías de arquitectos.

El País

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