Una de las cosas que más me gusta cuando viajo a una competición es leer los periódicos locales para encontrar otro punto de vista del que acostumbras y de paso intentar saber qué es lo que ocurre o preocupa, sobre qué discuten o que personajes admiran. Alguien puede pensar que esto lo podría hacer por Internet cualquier día desde la cocina de mi casa, pero no es lo mismo. El periódico en papel, artículo para algunos en vías de extinción, tiene otra lectura, otro ritmo y te ubica mejor. Me refiero a que en este mundo hipercomunicado, donde puedes estar en el Parque de Yellowstone a punto de encontrarte con Yogui, y recibir una llamada del taller de coches para decirte que ya tienen la pieza que pidieron a la central (lo que corta bastante el rollo) algunas necesarias sensaciones del viajero, como la de lejanía, corren peligro. Por eso, comprar un periódico local y sentarte a leerlo mientras te tomas un horrible café, a mí me coloca en el aquí y el ahora, en el inequívoco papel del nómada pasajero.
Pero no siempre es fácil si te tocan países como Lituania, Turquía o Polonia, por poner las últimas sedes de torneos baloncestísticos. Ante la imposibilidad de entender ni una sola palabra pues no te queda otro medio que "ver los santos" que se decía hace mucho tiempo para referirte a las fotos o dibujos de los libros. Pero esta vez es Londres, y hay que seguir rentabilizando el dinero que se gastaron mis padres enviándome a edad temprana a Irlanda e Inglaterra durante varios veranos. El temazo de ayer fue el de las entradas, un lío en el que se metió Sebastian Coe hace un tiempo al asegurar que “prácticamente” las entradas se habían vendido a mansalva y que había deportes, como por ejemplo la natación, donde resultaba ya imposible conseguir una sola. Entonces comenzó la competición y todos pudimos observar que de lleno hasta la bandera, nada de nada. Y apareció la foto de los militares tapando hueco en una grada prácticamente desierta, y claro, los periodistas, que menudos son, le preguntaron a Lord Sebastian Coe: ¿Y esto? Y Lord Sebastian (¿qué es más, Lord o Sir?) echó la culpa a las federaciones (y veladamente a los patrocinadores, que con estos hay que tener mucho cuidado no vaya a ser que se enfaden) de que mucho invitado al final hacía mutis por el foro (han dado la cifra de 12.000 ausencias en la segunda jornada, igual se les ha ido la mano un poco) y la gente se ha mosqueado porque entre periodistas, invitados, federativos, patrocinadores, vips y demás, las zonas de venta no accesible para el público ocupan a su entender, demasiado espacio. Y encima muchos no van. Total, que quieren reducir espacios protegidos, a poner más entradas para la venta e incluso hay propuesta de que aquel que tenga una entrada y no la use (curiosamente esto solo ocurre cuando la entrada es de gañote) sea arrojado al Támesis para darle un buen susto. Se propuso también que fuese Beckham y su lancha el que luego les recogiese, pero se desestimó pues lo mismo aumentaba el número de incomparecencias.
El lío de las entradas promete nuevos capítulos, y mientras tanto se busca explicación para la presencia de una espontánea al lado del abanderado de la India durante el desfile inaugural (en la foto nadie parece sorprendido salvo el de detrás del abanderado, el único que se está preguntando, ¿quien y qué coño hace esta tía aquí?) la perdida de las llaves del estadio de Wembley o las críticas hacia el apagado del pebetero para su traslado del centro del estadio olímpico a uno de sus fondos. Por ahora y como no podía ser de otra forma, los ingleses y sus medios no han sido muy feroces (ni siquiera poco) con estos problemas, y algunos prefieren seguir contando interioridades de la ceremonia de apertura, como que Paul, Sir Paul, y los demás artistas que participaron, cobraran una libra por su actuación. O que en el último ensayo, al mítico Beatle le dieron 10 minutos de prueba de sonido, el hombre se vino arriba y terminó tocando durante más de una hora ante unos pocos y privilegiados operarios. !Suertudos!
Mientras Inglaterra exhibe remeros (perdón, Gran Bretania, o yi-bi que así se pronuncia) que hay que ver lo que les pone este deporte, y se emociona con sus gimnastas, medalla de bronce masculina ayer, España sigue esperando darse un alegrón, que no hay forma. Tiene su lógica cuando nuestros buques insignias son sobre todo deportes de equipo, de largo recorrido competitivo, que se inician en los primeros días de Juegos y se terminan poco antes de echar el cierre, cuando el 80% de la Villa Olimpica está de cachondeo e intentando dar salida a los miles de condones que les han regalado, lo que no deja de ser duro para el que sigue currando. Mira que siempre hemos tenido fama de ir cada uno por nuestro lado, el famoso Quijote como símbolo nacional y la envidia como pecado capital más desarrollado, y ahora resulta que como mejor funcionamos es juntitos, en equipo, ayudándonos, compartiendo, sufriendo y riendo en compañía. Ahora que hay maravillas del mundo antiguas y han elegido otras nuevas, quizás habría que hacer una revisión de los estereotipos. Pero esto es otra historia.
A falta de grandes celebraciones, pues no nos queda otra que celebrar cualquier noticia positiva. Por ejemplo, ayer hicimos historia dos veces. Una, con Pablo Abián, que ha sido el el primer español que ha ganado un partido de bádminton en unos juegos. Me encanta el bádmiton, sobre todo el de parejas, que recomiendo fervientemente. Otra con las chicas del waterpolo femenino, debutantes en citas olímpicas y que ganaron a China 11-6. No me digáis por qué, pero me interesé por ellas antes y me contaron que son chicas muy jóvenes cuya meta estaba más en Rio de Janerio 2016, y esta cita era más de rodaje. Pero llegó el preolímpico, y ganaron a Italia, Grecia y Hungría, que para quien no esté muy al tanto del waterpolo femenino, os diré que son equipos ilustres. Total, que se han colado en el grupo de “igual aquí cae una medalla”, de lo que nos alegramos mucho. Seguimiento mediático van a tener seguro. Ayer, mientras estaba en el centro de prensa, la frase “me voy a ver el waterpolo” fue trendic topic. Olfato periodístico se llama eso. Hablando de periodistas con olfato, también pude departir unos minutos con el ya mítico Walter Openheimer, observador a observar siempre y al que no voy a hacer otra vez publicidad de su blog Fuera de Juegos pues se declaró seguidor de mi hermano el Comidista y no dijo nada del Palomero. Tremendo error Walter.
Pues nada, que ya estoy de vuelta en Madrid, donde sigue haciendo un calor que en cuanto he llegado me ha hecho añorar Londres, su agradable temperatura y lluvias refrescantes. Me voy a poner cómodo y con protector bucal que a las 11.15 jugamos contra Australia en baloncesto, y los aussies reparten leña que es un gusto. No juega Navarro, lo que nunca es una buena noticia, pero no hay motivo para la alarma. Y si hay que volver a Londres a echar una mano, aquí la tienes Scariolo.
Postdata. Corre el rumor que la Federación Española de baloncesto planea invitar a los finalistas olímpicos de Los Angeles a ver la final, en caso que España se clasifique. Desde aquí apoyo la moción y en mi caso que no se preocupen por el gasto, que el mini bar de la habitación del hotel me lo pago yo.