La espera de los saharauis: unos refugiados eternos

Por: | 09 de octubre de 2015

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Refugiados saharauis frente al Muro de la Vergüenza

                                                      

Esta entrada ha sido escrita por la periodista Alba Villén.

Los refugiados saharauis huyeron de su tierra hace tantos años que la prensa internacional hace ya tiempo que los olvidó. Los saharauis no requieren de medidas urgentes porque los refugiados que no arriban a las costas europeas no son un problema. Sin la fotografía de un refugiado saharaui sobre la orilla de cualquier playa del viejo continente la agenda política y mediática no los considera una prioridad.

¿Quiénes son los refugiados saharauis?
Los saharauis entienden de espera. Esperaron unos meses, después unos años y así alcanzaron las cuatro décadas bajo la sombra de una jaima aparcada en uno de los desiertos más inhóspitos del mundo. ¿Qué esperan? volver a su tierra: el Sáhara Occidental.


El Sáhara fue colonia de España hasta 1975, cuando los militares españoles abandonaron el territorio. El por entonces rey de Marruecos, Hassan II, ordenó la conocida como Marcha Verde a través de la cual miles de colonos marroquíes invadieron el territorio en el que por entonces vivían los saharauis. Cuarenta años después nada ha cambiado.

La guerra entre Marruecos y el Frente Polisario, representante del pueblo saharaui, estalló y miles de personas se vieron obligadas a huir a través del desierto al país vecino, Argelia. Durante el éxodo la aviación marroquí bombardeó a los saharauis con fósforo y napalm. Perez Reverte cuenta en su obra El Médico de Ifni cómo las mujeres saharauis se enterraban bajo la arena para no ser vistas por la aviación alauí, no sin antes cubrirse la cabeza con sus melfas -vestidos- para no morir asfixiadas.

En 1991 la ONU declaró un alto al fuego en el enfrentamiento con la promesa de que se celebraría un referéndum en el que el pueblo saharaui pudiera decidir sobre su futuro. Pero 25 años después los saharauis siguen esperando. Marruecos no acepta más que absorber al Sáhara como una autonomía alauí y los refugiados sólo contemplan celebrar el prometido referéndum como garantía de recuperar su territorio.

Para los saharauis la valla más grande que ha levantado Occidente es no reconocer su nacionalidad, algo que les obliga a navegar a la deriva en su estatus de refugiado. Sin posibilidad de movimiento, sin capacidad de desarrollo. Prisioneros en una cárcel de arena.

Refugiados_02                            Mujer haciendo la colada en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, Argelia

¿Cómo es la vida de un refugiado?
Salka se ha levantado esta mañana temprano, como los últimos cuarenta años, para hacer las labores de casa antes de que el calor se torne insoportable y tenga que resguardarse a la sombra de la jaima. Cuando el carbón está listo para cobijar la tetera, Salka llama a sus cuatro hijos para desayunar. Sobre la mesa pan, dátiles y leche. El chasquido del vaso del té contra la bandeja donde lo prepara rompe el silencio y despierta a los aún adormilados pequeños.

Son las ocho y cuarto de la mañana y los niños se alejan con sus mochilas camino del colegio. Los pequeños aprenden árabe, español e incluso inglés y francés en secundaria. El sistema educativo saharaui se ha empeñado en ser un pilar fuerte en un desierto de arena. Mientras tanto las hermanas mayores recogen la sobria cocina, barren con una pequeña escoba la arena que entró a casa y reponen las cubetas de agua que utilizarán en el día. Luego se sientan a esperar. “Un día menos”, suspira Noetu, la mayor de ellas.

En los campamentos de refugiados de Tinduf hay tiempo. Mucho tiempo. Tanto que los saharauis intentan disiparlo, es cuando el té se convierte en el mejor aliado. El ritual se prolonga durante más de una hora: dicen que el primero de ellos es amargo como la vida, el segundo dulce como el amor y el tercero suave como la muerte. La diferencia la marca la cantidad de azúcar que utilizan en cada uno de ellos.

Las casas son de adobe, aunque la parte preferida de los saharauis es una tienda de campaña gigante conocida como “jaima”. Los hogares son simples: alfombras, mantas y cojines. El baño aloja solo una letrina y las familias se bañan con cazos de agua. Así durante 40 años.

El agua es un bien limitado que un camión se encarga de repartir cada mes. Como si se tratara de oro líquido hacen la colada con escasos tres litros de agua. En las casas se repiten una y otra vez los mismos almuerzos y cenas. Los juegos de mesa se dibujan sobre la arena y las piedras se convierten en fichas del fugaz tablero de juego.

El viento, testigo de la espera de los saharauis, sopla furioso y se convierte en el gran temido siroco, una tormenta de arena capaz de sentirse hasta en los huesos. El siroco, como el calor, dicta los tiempos de la vida sobre la arena y paraliza la actividad de los refugiados, que se ven obligados a cobijarse bajo un techo que no logra frenar el polvo.

Refugiados_03                                    Ayuda internacional que llega a los campamentos de refugiados saharauis

Vivir de la ayuda internacional, vivir condicionados
La precaria vida de los refugiados gira exclusivamente en torno a la ayuda internacional. Las pocas ocupaciones e irrisorios salarios de quienes trabajan se traducen en una dependencia total de la caridad. “Los productos que se distribuyen ahora son harina, azúcar, aceite y arroz, ya se puede uno imaginar qué dieta se puede hacer con esto, las familias tienen que hacer malabarismos”, explica el ministro de Cooperación saharaui, Brahim Mojtar.

El Programa Mundial de Alimentos (WFP por sus siglas en inglés) ha hecho un llamamiento a la comunidad internacional para advertir que los productos que hay en los almacenes de la Media Luna Roja, comité internacional que opera en los campamentos, no alcanza para cubrir los próximos dos meses.

El programa solidario Vacaciones en Paz intenta durante los dos meses estivales preservar a más de 4.000 niños de esta situación residiendo con familias de acogida en España. María, madre de acogida en la península, llamó anoche a su pequeña saharaui: “¿Sektu qué vas a cenar?” -le preguntó- “qué voy a cenar, arroz como siempre” -espetó la menor.

El ministro  saharaui asegura que la ayuda humanitaria procedente de España ha descendido un 60% en relación al año 2010. “El panorama general es bastante preocupante y las perspectivas no son alentadoras”, alerta Mojtar.

La integridad de los saharauis peligra cuando su vida tiene estatus de refugiado y depende por ello de otros. “Es muy difícil ser consciente de nuestra situación a nivel político y social porque entramos sin querer en la dinámica de la ayuda humanitaria para poder continuar y perdemos así la perspectiva de la defensa de nuestros derechos”, explica el presidente de la Comunidad Saharaui Residente en Asturias (Cosara), Aby Athman.

Refugiados_04                            Un anciano saharaui delante de su jaima en los campamentos saharauis de refugiados

Agotados de esperar
Durante los primeros años de exilio, convencidos de que volverían a casa muy pronto, los saharauis vivían sin terminar de acomodarse en una tierra prestada. La maleta se afincaba tras la puerta, muy a mano, para volver a casa en cualquier momento. Tras más de 14.600 días siendo refugiados la actitud se ha decolorado. Sentarse a esperar ha acongojado el ánimo de algunos y provocado la paciencia de otros.

Minetu, una refugiada de catorce años afincada en el campamento de Smara, en Tinduf, comenta sin tapujos que ella “no sabe cuál es su tierra, que su hogar es el lugar donde ha nacido”, un cruel campamento de refugiados. Sin embargo adultos y ancianos se esfuerzan en transmitir de generación en generación que viven de prestado y que su lucha pacífica logrará algún día su fin: abandonar la arena de Tinduf y abrazar las playas de un Sáhara Occidental libre.

Sin embargo sobre el aire de Tinduf se palpa el ambiente de tensión de los jóvenes refugiados, que hartos de esperar una solución que mane de Naciones Unidas reivindican, en los últimos años, una vuelta a las armas como única salida. El pueblo saharaui ha presumido siempre de mantener una lucha pacífica, pero la actitud indiferente de la comunidad internacional les agota. Representantes de derechos humanos de las asociaciones solidarias con el Sáhara en España opinan que la comunidad internacional no podrá hacer responsable a los refugiados saharauis si en los próximos años se ejecuta una vuelta a las armas ya que durante cuatro décadas se ha intentado dialogar.

Sin la utopía de dejar de ser un refugiado, Salka no podría levantarse cada mañana, desayunar pan y té, recoger la jaima y sentarse a esperar. A corto plazo los saharauis tienen pocas probabilidades de volver a su tierra, así que la vida debe continuar. Siguen naciendo nuevos refugiados y licenciándose jóvenes lejos de casa. Decenas de proyectos intentan hacer la vida menos agonizante: escuelas de cerámica para mujeres, escuela de cine, fábrica de pasta y un largo etcétera que demuestra el compromiso de algunos.

Hassanna, un anciano refugiado, posa su cabeza sobre su mano y fija la mirada siempre en la misma esquina de la jaima. Él sí vivió otra cosa más que despertar y acostarse entre arena. Hasta sus 30 años habitó en un trozo de España en África y hoy, a sus 70, es consciente de que no volverá al hogar del que creyó salir temporalmente hace 40 años. El refugiado sabe que descansará para siempre en un cementerio también prestado así que hoy solo sueña con que su nieta conozca la tierra que él abandonó huyendo de los bombardeos alauís.

Hay 2 Comentarios

un pueblo que envejece mientras espera que la comunidad internacional deje la hipocresía usual, y un ajuventud que intenta mirar hacia el futuro

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

Nueina Djil_Christine Spengler
Nueina Djil en 1976, por Christine Spengler

Esta entrada ha sido escrita por la periodista y escritora Conchi Moya.

Desde tiempos inmemoriales los poetas saharauis en hasania han desarrollado una curiosa forma de componer un poema. Se llama tetlaa al gaf y consiste en que un poeta escribe un verso corto, gaf, y reta a otros poetas a continuarlo, haciéndolo más bonito, lo que se conoce como “subirlo”. Acaba cuando llegan a la culminación o clímax poético, en lo que se conoce como agar al gaf, es decir, “esterilizar” el verso, ya que se entiende que nadie podrá componer un verso mejor para añadir al poema.

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El País

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