Ramos de tempestad

Por: | 29 de julio de 2016

Vacaciones_en_paz_Alba_Villén
Niño saharaui, que participa en el programa de Vacaciones en Paz, junto a su familia de acogida

El niño ofrece
con sus ojos,
con el triste brillo
de su rostro,
lo único que tiene.

El niño no tiene nada,
y en medio de la nada
hay un árbol de duna,
el Dios del viento estornuda
y el niño ofrece
a su amigo
de otra cultura
un ramo de tempestad,
lo único que tiene
en esta vida dura.

Poema de Limam Boicha. Fotografía de Alba Villén.

* El programa Vacaciones en Paz permite que miles de niños y niñas saharauis procedentes de los campamentos de población refugiada de Tinduf pasen los meses de verano en España. Desde finales de junio han ido llegando a las distintas Comunidades Autónomas. Este año han viajado 5000 niños y niñas saharauis, con edades comprendidas entre los 8 y 13 años. Las Vacaciones en Paz, les permiten alejarse de las altas temperaturas de la hammada argelina, acceder a las revisiones médicas que necesiten, enriquecer su alimentación con productos frescos y convivir con sus familias de acogida. Estas, a su vez, pueden disfrutar de la vitalidad de estos niños y de una experiencia de intercambio cultural única, convirtiéndose en uno de los soportes principales del pueblo saharaui.

Este programa se desarrolla desde finales de los años 70, y se gestiona de manera local gracias al trabajo coordinado de las Delegaciones Saharauis y la red de Asociaciones de CEAS-Sáhara.

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Es increíble lo que algunas personas pueden hacer por estos niños, cuánto amor son capaces de darles, creo que están hechos de una materia distinta, por lo tanto el programa me parece maravilloso, porque permite la convivencia , el que los niños sean cuidados si tienen alguna enferrmedad o incapacidad, sin embargo me preocupa el retorno, cuando vuelven a su lugar de origen y piensan en lo que han dejado atrás, en lo que otros niños tienen y a ellos les falta; no deja de ser problemático, creo que se debería luchar más para que esos campamentos no estuvieran aislados en pleno desierto a expensas de que les lleven agua y víveres, creo que habría que centrarse a que se los llevaran a lugares menos inhóspitos y más agradables, donde ellos pudieran ser autónomos para alimentarse y comerciar, en fin eso es lo que pienso, a lo mejor estoy diciendo una barbaridad muy grande o estoy pegadísima del problema en sí.

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Y… ¿dónde queda el Sáhara?

Sobre el blog

Intentar mostrar la riqueza de la cultura saharaui. Ese es el objetivo de este espacio. Una cultura nacida de la narración oral, de los bellos paisajes del desierto, de las vidas nómadas y el apego a la tierra, de su origen árabe, bereber y musulmán, de sus costumbres únicas y de la relación con España que se remonta a más de un siglo. Una cultura vitalista, condicionada por una historia en pelea por la supervivencia desde 1975. Coordina Sukeina Aali Taleb

Sobre los autores

Sukina Aali-Taleb Hija del exilio, Sukina Aali-Taleb nació en Madrid por casualidad, de padre saharaui y madre gallega. Es miembro del grupo de escritores La Generación de la Amistad Saharaui y coautora del libro "La primavera saharaui, los escritores saharauis con Gdeim Izik", tras los acontecimientos de El Aaiún, en 2010. Periodista y profesora de Lengua Castellana y Literatura en institutos públicos de Madrid. Como no puede ser de otra manera, apoya al Frente POLISARIO en proyectos de ayuda a su pueblo, refugiado y abandonado a su suerte en Tinduf (Argelia), desde hace cuatro décadas.

Roberto MajánRoberto Maján, ilustrador. Le gusta decir que fue el último humano nacido en su pueblo; piensa que eso lo hace especial. Y que su abuela se empeñó en llamarle Roberto en memoria de Robert Kennedy asesinado cuatro días antes. En la época en que nació y se bautizó, el Sahara era español, en el mal sentido de la palabra. El lo sabía por las cartas que recibía de su tío Ramón, destinado allí en su servicio militar. Los sellos que las franqueaban prefiguraron el universo imaginario que tratará de recrear en las imágenes de este blog.

Bahia Mahmud Awah Bahia Mahmud Awah. Escritor, poeta y profesor honorario de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid, natural de la República del Sahara Occidental. Nacido en los sesenta en la región sur del Sahara, Tiris, la patria del verso y los eruditos. Cursó estudios superiores entre La Habana y Madrid, donde reside. Pertenece al grupo de Escritores Saharauis en lengua castellana.

Willy Veleta Willy Veleta. Willy Veleta consiguió su licenciatura de periodismo de una universidad estadounidense (ahí queda eso) y ha trabajado en todos los canales privados de TV en España… de los que huyó cuando se dio cuenta de que querían becarios guapos. Ahora es profesor de periodismo en inglés y prepara su tercer libro, una novela sobre los medios.

Liman Boicha Liman Boicha. Se licenció en Periodismo en la Universidad de Oriente en Cuba. Después de una larga ausencia regresó a los campamentos de refugiados saharauis y durante cuatro años trabajó en la Radio Nacional Saharaui. Actualmente reside en Madrid. Ha publicado Los versos de la madera y ha participado en varias antologías de poesía saharaui: Añoranza, Um Draiga, Aaiún, gritando lo que se siente, entre otras. Forma parte del grupo poético Generación de la Amistad Saharaui y es miembro de la Asociación de Escritores por el Sahara-Bubisher.

Larosi Haidar Larosi Haidar. Tras el alto el fuego, se instaló en Granada, donde se licenció y doctoró en Traducción e Interpretación. Actualmente es profesor de esta misma disciplina en la Universidad de Granada y ha publicado varios trabajos relacionados con la cultura saharaui. También ha participado en varias antologías de poesía saharaui.

1000 voces para un poema

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Texto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista saharaui desde su exilio en los campos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

En comparación con otros vientos, el siroco [1] (el proceso de lucha saharaui)  cubre el rostro tanto de día como de noche en un acelerado encuentro con el litoral atlántico, en el que pierde la euforia devastadora que traía del desierto. Asegura la leyenda que no pasaría inadvertidamente sin que sus brazos de gravilla dejaran máculas sobre paredes, pedregales, hombres y matorrales. En su viaje frenético agrieta la costra y levanta el remolino a soplo de efecto sarguia [2] (reaccionario mundo árabe) que se granjea en el pulso de la pobre vegetación del desierto.

En efecto, es el fenómeno natural omnipresente en la vida de los hombres de las nubes y de los vientos. Es la sucesión del tiempo en su propio efecto. Los pobres habitáculos y jaimas del Sahara se levantan en contratiempo para poder seguir erguidas, con el temor a ser atragantadas por la fina arena en un proceso de recesión a causa del embate de los caprichos de los colores del viento. Sin desmesura, caravanas y ciudades del desierto fueron llevadas por el espejismo de la arena, la soledad y el silencio de este gran imperio (la dictadura de la monarquía marroquí) donde no cabe la duda, la traición ni la mentira.

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El País

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