¿Qué cambia a la economía latinoamericana que gane Obama o Romney?

Por: | 05 de noviembre de 2012

Cada vez que EE UU vota su presidente, están los que dicen que por más que gane uno u otro da lo mismo para Latinoamérica, y están también los que consideran que algunos pocos matices pueden cambiar. En este blog vamos dedicarnos a analizar qué puede ocurrir con la relación económica entre la superpotencia y lo que algunos han llamado el patio trasero. Para ello, una buena fuente puede ser el Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA), organismo que nuclea a 28 países y que pretende impulsar la integración regional y coordinar estrategias comunes.

 

En un informe, el SELA opina que “independientemente de que el electorado” reelija este martes al actual presidente de EE UU, el demócrata Barack Obama, o lo sustituya por el republicano Mitt Romney “hay razones para pensar que los temas comerciales serán prioritarios para los formuladores de políticas luego de las elecciones, más de lo que fueron después de las de 2008”. En el Gobierno de Obama la prioridad fue la lucha contra la Gran Recesión 2008/2009 y por la recuperación económica. Solo en 2011 el Congreso (el Senado está dominado por los demócratas y la Cámara de Representantes, por los republicanos) abordó cuestiones pendientes desde hace años, como la aprobación de los tratados de libre comercio (TLC) con Colombia y Panamá. Los demócratas ponían reparos a su aprobación por el temor a que llegaran a su terrotorio bienes que se habían producido en condiciones que no respetaran los derechos laborales y medioambientales.

En general los presidentes norteamericanos suelen ser más proclives a la apertura comercial en sus segundos mandatos, tal vez porque ya no tienen otra posibilidad de reelección. Eso sucedió con el republicano Ronald Reagan (1981-1989), el demócrata Bill Clinton (1993-2001) y el republicano George W. Bush (2001-2009). Y eso le puede ocurrir a Obama, que había prometido en enero pasado que el asunto iba a ocupar más espacio en su agenda en 2012, algo que finalmente no ha sucedido, tal vez porque nunca un año electoral resulta el indicado para plantearle al pueblo ni al Congreso una liberalización que siempre supone ganadores y perdedores en términos de sectores económicos y empleo. EL SELA recuerda que existen “dudas” sobre la “capacidad” de Obama para reducir barreras al comercio. En su partido, donde se agrupan los sindicatos, prevalece la resistencia de muchos, aunque no de todos. Los republicanos, que suelen contar con el apoyo de las grandes empresas, son por ideología más liberales en lo económico. La pregunta que también deben hacerse los gobiernos latinoamericanos es si les conviene o no abrirse al intercambio con EE UU, con los consiguientes beneficios para los exportadores y perjuicios para los que sustituyen importaciones.

“El presidente Obama se ha mostrado más interesado en la promoción y aplicación de los acuerdos comerciales existentes que en la negociación o aprobación de nuevos acuerdos”, comenta el SELA. El jefe de Estado ha pedido en enero que se le otorgue una nueva autoridad para la promoción comercial (TPA, según sus siglas en inglés), que es una vía rápida para negociar TLC sin que el Congreso pueda después enmendarlos (solo puede aprobarlos o rechazarlos). El gran obstáculo para una nueva TPA (la última rigió entre 2002 y 2007) son los congresistas demócratas.

Obama también quiere rubricar la Asociación Transpacífica (TPP, según sus siglas en inglés), una gran zona de libre comercio que consolide algunas existentes y se extienda a nuevas latitudes, y que abarcaría a EE UU, Brunei, Chile, Singapur, Nueva Zelanda, Australia, Perú, Vietnam, Malasia, México y Canadá. Japón es candidato a sumarse al proyecto. El presidente de EE UU además ha abogado por un TLC con la Unión Europea, de difícil concreción por la reticencia de Bruselas a abrir su mercado agrícola y que, de materializarse, supondrían un varapalo para los exportadores latinoamericanos que deberían competir con los europeos en la superpotencia, según advierte el SELA.

Nada ha dicho Obama sobre alguna intención de reflotar el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), proyecto que abarcaba a 34 países del continente, todos excepto Cuba. Ante el fracaso del ALCA en 2005, EE UU ha tejido una red de TLC con buena parte de la región: México, Centroamérica, República Dominicana, Colombia, Perú y Chile. Solo le faltan tratados con Cuba, con la que prácticamente no comercia por el embargo que le ha impuesto desde 1960; Ecuador, Bolivia y Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela).

 

Pero este desinterés de Obama por forzar nuevos TLC con los países latinoamericanos puede contraponerse con el proselitismo liberalizador que planea emprender Romney si gana este martes las elecciones. “Sus declaraciones y su posición documentada revelan que él percibe el tema no sólo como un asunto comercial, sino también como una herramienta clave en una política exterior que haga frente a los adversarios y asegure aliados”, observa el SELA. “Por lo tanto, la función de los TLC en su administración podría ser similar a la que estos acuerdos tuvieron durante el Gobierno de George W. Bush. Durante 2001-2008, la mayor parte de la energía de los negociadores comerciales de EE UU se orientó hacia la consecución de acuerdos bilaterales y regionales con países que destacaban más por su relevancia para la política exterior de EE UU que por su tamaño comercial”, añadió el SELA.

“Décadas de notables progresos en América Latina en materia de seguridad, democracia y mayores vínculos económicos con EE UU están bajo amenaza actualmente”, dice un informe oficial de la campaña de Romney. El candidato republicano lanza otros reproches a Obama: “(Por) dilapidar un tiempo valioso para promover los principios del libre mercado en toda la región al esperar tres años para presentar al Congreso acuerdos de libre comercio con nuestros aliados Colombia y Panamá para su ratificación”. Además lo cuestiona por flexibilizar “las sanciones contra Cuba sin exigir reformas a cambio que ofrecieran al pueblo cubano la libertad que le ha sido negada por tanto tiempo”.

“En sus primeros 100 días en el cargo, Romney pondrá en marcha un vigoroso esfuerzo de promoción de la diplomacia pública y el comercio en la región, la Campaña de Oportunidad Económica en América Latina (CEOLA), a fin de exaltar las virtudes de la democracia y el libre comercio y consolidar los beneficios de los tratados de libre comercio alcanzados”, dice la propuesta electoral del exgobernador de Massachusetts. “A través de los medios de comunicación, tradicionales y nuevos, y mediante numerosos actos públicos que realizaremos en coordinación con nuestros socios regionales, la CEOLA pondrá de manifiesto un claro contraste entre la libre empresa y los males del modelo socialista autoritario ofrecidos por Cuba y Venezuela. La campaña también tratará de involucrar a los sectores privados de EE UU y América Latina en los esfuerzos por expandir el comercio en toda la región con iniciativas que no sólo ayuden a las compañías estadounidenses a hacer negocios en América Latina, sino que también ayuden a las empresas latinoamericanas a invertir y crear puestos de trabajo en el mercado estadounidense. El objetivo de la CEOLA será preparar el escenario para la eventual adhesión de naciones de toda América Latina a la Zona Económica Reagan”, propone Romney. Ésta sería una gran zona de libre comercio que abarque a buena parte del mundo.

En lo que coinciden Obama y su rival es en plantear mayores restricciones a las importaciones provenientes de China, con el argumento de que su competencia resulta desleal en términos laborales y medioambientales. Romney plantea incluso la posibilidad de excluirla de su Zona Económica Reagan.

El SELA da cuenta de que Latinoamérica ha quedado partida en cinco en su relación económica con EE UU. Por un lado, están los que tienen TLC vigentes con Washington; por otro, Ecuador, país que tiene preferencias arancelarias especiales, casi tan amplias como las de un TLC, pero que son concedidas de manera unilateral por EE UU y por un plazo determinado de tiempo, que vence en julio de 2013 y que difícilmente se renueve por las críticas de las empresas norteamericanas a la reticencia de Quito de someterse a los designios del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI); los incluidos en el Sistema General de Preferencias (SGP), por el que Washington liberaliza de manera unilateral el ingreso de ciertos productos (entre los beneficiarios están Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela); el excluido del SGP, Argentina, que en marzo pasado fue retiradada por el Gobierno de Obama como represalia porque Buenos Aires no paga las sentencias en su contra y a favor de dos empresas norteamericanas en el CIADI; y el país sometido al bloqueo económico, Cuba. Otros regímenes políticos similares al de La Habana no han recibido el mismo trato de  parte de EE UU, y por eso el bloque es rechazado por toda la comunidad de países latinomericanos.

 

En la primera mitad de 2012, las exportaciones de la región a EE UU crecieron el 8,6%. Los que tienen TLC elevaron sus ventas el 9,7% (Colombia, 25,7%; Costa Rica, 29,1%; Guatemala, 19,3%; Panamá, 11,8%; México, 8,6% y Perú, 3%, en contraste con Chile, que envió un 3,7% menos, por el impacto del deterioro del precio de los metales). Ecuador exportó 13,8% más. Los del SGP, 3,9% más (Bolivia, 43,7%;  Brasil, 23,9%; Paraguay, 96,7% y Uruguay, 23,9%, a diferencia de Venezuela, que vendió 10,8% menos, por el efecto de la caída del valor del petróleo). La Argentina le envió un 5,4% menos.

En el marco del TLC de EE UU con Centroamérica y República Dominicana, Washington continúa evaluando la presunta violación de derechos laborales en Guatemala y Honduras. El caso guatemalteco comenzó con la introducción de una demanda por parte de un sindicato estadounidense y seis grupos de derechos de trabajadores del país centroamericano. Guatemala podría tener que pagar sanciones por un monto máximo de 15 millones de dólares. El Gobierno de Guatemala firmó un acuerdo para mejorar las condiciones laborales y contrató a 100 inspectores para controlarlas, pero estos agentes carecen de autoridad para imponer sanciones a las empresas que violen las leyes, a pesar de que así lo había solicitado EE UU. En el caso de Honduras, todo comenzó con una queja de un sindicato estadounidense y de varias organizaciones de aquel país sobre la presunta falta de derechos a la libre asociación, organización y negociación colectiva, el trabajo infantil y las condiciones inaceptables de trabajo de los empleados de fábricas de prendas de vestir y repuestos de coches, la agricultura y los puertos.

Mientras Bolivia ha dado de baja en junio pasado su tratado bilateral de protección de inversiones con EE UU, Ecuador aún no lo ha hecho. Chile, mientras tanto, negocia con Washington un convenio para evitar la doble imposición tributaria.

Hasta aquí la coyuntura de la relación con el gran vecino del Norte. En cuanto a una mirada más histórica, también el SELA aporta datos de interés. La inversión de empresas norteamericanas en el exterior se destinaba en 1985 en un 31,9% a Latinoamérica. La importancia de esta región para las compañías de EE UU se ha ido reduciendo en forma paulatina hasta alcanzar en 2010 el 13,8%. Latinoamérica perdió atractivo en beneficio de Europa y Asia-Pacífico.

En 2000, el principal destino de la inversión norteamericana en América Latina y Caribe era México (39.400 millones de dólares en capitales acumulados), seguido por Brasil (36.700 millones), Panamá (30.800 millones, sobre todo por el canal que antes EE UU gestionaba), Argentina (17.500 millones), Venezuela (10.500 millones) y Chile (10.100 millones). En 2010, la prioridad continuó siendo México (90.300 millones), escoltado por Brasil (66.000 millones), Chile (26.300 millones), Argentina (13.700 millones) y Venezuela (12.100 millones). La inversión de EE UU siempre ha sido la líder en Latinoamérica, pero desde los 90 la de España comenzó a competirle por el primer lugar y en los últimos años ha aparecido la de China, aunque con cifras mucho más moderadas aún.

 

En el periodo 2005-2010, tiempos de Bush, Obama y la Gran Recesión, la inversión norteamericana en Latinoamérica subió 54,6%, lo que demuestra que la región perdió preponderancia en relación a otras, pero no es que haya sido desestimada como destino del capital de la primera potencia mundial. Los países latinoamericanos con TLC con EE UU (en ese periodo no había acuerdo con Colombia y Panamá, que mantenían preferencias comerciales) captaron un 40,5% más de capitales estadounidenses (México, 22,6% más; Chile, 136%; Perú, 42,7%, El Salvador, 294,3%; Costa Rica, 3,3%; República Dominicana, 64,9%; Guatemala, 180,6%; Honduras, 25,1% y Nicaragua, 84%). Los de preferencias comerciales recibieron un aumento del 37,1% (Colombia, 53,2%). Los TLC suelen promocionarse como beneficiosos no solo para la ampliación del comercio sino también para la de la inversión. Sin embargo, los beneficiarios del SGP (incluida Argentina en aquel tiempo) lograron un alza de la inversión norteamericana del 84,5% (Brasil, 113,8%; Venezuela, 53,3%, pese a las disputas entre su presidente, Hugo Chávez, y los Gobiernos y empresas de EE UU, y Argentina, 19,9%).

Entre 2007 y 2011, las exportaciones latinoamericanas y caribeñas a EE UU se incrementaron 25,8%. Las de los países con TLC, también el 25,9% (México, 25%; Costa Rica, 158,2%; Perú, 18,2%; Guatemala, 36,4%; Nicaragua, 62,1%; Honduras, 13% y El Salvador, 21,4%; en contraste con el 2,2% de Chile y la caída del 1,4% de República Dominicana). A los países con preferencias comerciales les fue mejor que a los con TLC, pues elevaron sus ventas a la superpotencia un 63,8% (Colombia, 142%). En cambio, los que solo estaban en el SGP enviaron un 11,2% más (Venezuela, 3,6%; Brasil, 21,4% y Argentina, 6,3%).

Lo que se notó en ese periodo fue una mayor primarización de las exportaciones latinoamericanas. Los envíos de materias primas y afines se elevaron 32,5%, mientras que los de productos menos procesados (desde químicos a textiles) crecieron 28,4% y los de bienes avanzados, el 22,1% (desde coches hasta ordenadores y maquinarias). No obstante, el SELA plantea la duda de si existe un proceso de desindustrialización o si los productos básicos crecieron solo por el efecto de su subida de precios. A diferencia de lo que sucede con la exportación latinoamericana a China, dominada por las materias primas, las ventas a EE UU están compuestas en un 28,4% por éstas, en un 28,6% por los bienes menos procesados y en un 40,6% por los más avanzados.

EE UU, mientras tanto, ha aprovechado a Latinoamérica para exportarle lo que en su mercado le costaba vender. Así que fue sus exportaciones crecieron el 43,9% hacia aquí entre 2007 y 2011. Los envíos a los países con TLC se elevaron 38,3% (33,9% a México, 90,5% a Chile y 96,9% a Perú), mientras que hacia los de preferencias comerciales se incrementaron 61,7% (Colombia, 62,7%) y hacia los del SGP 56,8% (71,9% a Brasil, 14,6% a Venezuela y 69% a Argentina). Queda claro que los exportadores norteamericanos crecieron más en mercados en expansión, más allá de que allí les cobraran o no aranceles de ingreso.

Las exportaciones de servicios (desde profesionales, financieros e informáticos hasta turismo y transporte) de EE UU a Latinoamérica también se expandieron, un 35%, entre 2007 y 2011. Sobre todo crecieron los servicios a Brasil (108,7%), Argentina (98,1%) y Venezuela (38,7%). El déficit de servicios de los países del SELA con EE UU creció el 66,2% (32.932 millones), mientras que el superávit de bienes bajaba el 1,3% (119.471 millones). Brasil le exportó más servicios (76,1%). Argentina, un 32,5% más y Venezuela, 11%.

 

Por último, pero no menos importante para sus beneficiarios, la cooperación. EE UU destinará en 2012 unos 1.811 millones a Latinoamérica y el Caribe. Haití, Colombia (383 millones) y México (330 millones) son los principales receptores. La propuesta de Obama para 2013 implica una rebaja de la cooperación del 11% respecto de 2011, sobre todo a Colombia (-26,8%), Perú (-23,7%), Bolivia (-47%), Ecuador (-12,1%), Cuba (-25%), Brasil (-73,4%), Venezuela (-40%), Chile (-18,2%) y Argentina (-9,3%). En cambio crecerá 51,3% con México.

Hay 4 Comentarios

El pueblo ha hablado y el presidente Obama tendrá la oportunidad de seguir cuatro años presidiendo los Estados Unidos. La pregunta es: ¿Habrá cambios en los próximos 4 años en la Economía Americana? - http://www.miguelangeldiez.com/2012/11/08/usa-elecciones

OK, Alejandro...mas entre tantas cifras (que me ha mareado leer) CUAL ES TU OPINION?

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hace años y años que con america latina es lo mismo

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Sobre el blog

Novedades, tendencias y debates sobre el devenir de la economía y el desarrollo de Latinoamérica y los latinoamericanos.

Sobre el autor

Alejandro Rebossio

es periodista. Su especialidad es la economía y trabaja en la corresponsalía de El País en Buenos Aires. Coautor del libro Estoy verde. Dólar, una pasión argentina (Aguilar) junto con Alejandro Bercovich.

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