"La economía latinoamericana mejorará en 2014"

Por: | 20 de octubre de 2013

Falta solo una semana para que en Argentina se celebren elecciones legislativas, que serán clave para determinar si el kirchnerismo mantiene el control parlamentario en los dos últimos años del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. En este blog comenzaremos a partir de hoy con una serie de entrevistas con economistas que se candidatean en los comicios. La idea es conversar sobre la economía argentina, las medidas económicas que requiere y el panorama del resto de Latinoamérica. Hoy empezamos la saga con una economista kirchnerista. Ya en las primarias del pasado agosto entrevistamos al banquero y candidato a diputado por el gubernamental Frente para la Victoria (FpV) en Buenos Aires, Carlos Heller. También le propusimos hacerle una entrevista a la economista y candidata a senadora por el kirchnerismo en ese distrito, Paula Español, pero se negó a participar. En cambio, sí lo ha hecho otra colega suya que anhela integrar el Poder Legislativo de la capital en nombre de la kirchnerista Alternativa Popular, Fernanda Vallejos. Ella es graduada de la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde da clases desde hace 15 años, y asesora al Ministerio de Economía desde 2010. Además, Vallejos milita en el colectivo de economistas kirchneristas llamado la graN maKro, cuyo nombre destaca las iniciales del expresidente argentino Néstor Kirchner (2003-2007).

 

Pregunta. ¿Cómo está la economía argentina?

Respuesta. La economía argentina está bien en términos absolutos y en términos relativos, cuando uno mira lo que está pasando en el resto del mundo. Argentina ha crecido más que el promedio de Latinoamérica. Durante el primer semestre tenemos un crecimiento acumulado de 5,8% y la proyección de crecimiento es de 5,1% para este año y por encima del 6% para el que viene. Es un crecimiento que viene ya consolidado. Se ha recuperado la industria, que venía muy golpeada. El año pasado tuvimos desaceleración, la economía argentina creció apenas el 1,9%. El contraste con este año es muy importante. Tenemos un consumo consolidado, creciente, que es fundamental. Permanentemente se alienta la demanda con políticas activas del Gobierno nacional. La consolidación del crecimiento de la economía no es casualidad sino que tiene que ver con una voluntad explicitada a través de medidas de políticas específicas que han apuntado a fortalecerlo. Afortunadamente, a los argentinos nos va bien, ¿no? Miramos con atención lo que pasa en el resto del mundo porque el año pasado y en el primer trimestre de 2013 la caída de las exportaciones ha tenido un impacto muy importante sobre nuestra economía. Más allá de que nos está yendo bien, no somos ajenos a lo que sucede en el resto del mundo. Afortunadamente, el conjunto de América Latina se ha recuperado durante 2013 y la proyección es que esa mejora tenga continuidad durante 2014. Esto es una herramienta más porque nosotros, durante los últimos años, y especialmente durante la última década, hemos dado un giro en nuestra política de comercio exterior hacia la región. La Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) y Mercosur tienen hoy un peso muy importante para la economía argentina, y en particular para este modelo económico que tiene como eje medular la reindustrialización. La región latinoamericana, como destino privilegiado de nuestras exportaciones industriales, es sumamente importante. Y en ese contexto Brasil está a la cabeza, como la economía más importante de la región.

P. ¿Tanto está creciendo Argentina?

R. Hubo correcciones al alza de las proyecciones de los organismos internacionales, que todos los años tienden a tener proyecciones más moderadas y que quedan por detrás de lo que la economía argentina termina creciendo. El Banco Mundial tiene una proyección corregida para este año del 4%. Seguramente se volverá a ajustar para arriba.

Vallejos

P. Pero esos son pronósticos sobre los resultados que arrojarán las estadísticas oficiales, que están cuestionadas tanto por el Fondo Monetario Internacional (FMI) como por los propios trabajadores del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC)... Se dice que el INDEC subestima la inflación y sobreestima el crecimiento del PIB.

R. Por supuesto que el IPC (índice de precios al consumidor) del Gran Buenos Aires que mide el INDEC es un índice cuestionado. Sería para hablar largo y tendido sobre ese tema. La realidad es que hay un déficit en materia estadística. Faltan un indicador a nivel nacional y una canasta de consumo más actualizada porque la economía y el consumo de los argentinos se han modificado de manera sustantiva en los últimos años. Por ejemplo, Argentina es un país que ha duplicado su clase media, ¿no? Eso genera alteraciones en las pautas de consumo de las personas. Entonces el IPC es una discusión que se va a saldar cuando esté pronto en funcionamiento, con el visto bueno del propio FMI, el nuevo índice de precios nacional urbano, que incorporará una nueva medición actualizada del consumo de los argentinos. Además va a contar con la legitimación que le de la participación de un enorme número de universidades nacionales de todo el país. Es un índice muy necesario para el sistema estadístico nacional. Con respecto al PIB, la realidad es que, más allá del IPC, uno tiende a pensar que hay una importante utilización política del cuestionamiento del sistema estadístico. El PIB no se deflacta por el IPC sino que se usa un índice de precios implícito, que está bastante distante del IPC y que no ha sufrido modificaciones metodológicas, como con el IPC.

P. ¿Cuáles son los problemas y desafíos de la economía argentina y cómo se resuelven?

R. El gran tema de la economía argentina en términos estructurales es el mismo que ha tenido a lo largo de su historia y tiene que ver con la restricción externa (escasez de divisas), que es propia de nuestra estructura productiva desequilibrada. La restricción externa aparece cuando la economía crece mucho, como sucedió en los últimos diez años de crecimiento promedio anual del 7,8%. Esto fue un número histórico para nuestra economía. Para un modelo económico que tiene a la reindustrialización como eje medular, al tener una industria muy demandante de insumos de bienes intermedios y de capital importados y como los eslabones de la cadena productiva se habían destruido en las décadas anteriores y todavía no los hemos terminado de reconstituir, si bien hemos avanzado en la sustitución de importaciones en estos últimos años, hay una enorme tarea pendiente en este sentido. Lo mismo sucede con la cuestión energética. Hubo una pésima política de la empresa privatizada (en referencia a YPF en manos de Repsol). Afortunadamente YPF ha sido recuperada para los argentinos por el Estado nacional. Volvemos a tener una política estratégica en materia energética, que busca recuperar el autoabastecimiento, gasífero específicamente. Pero estamos empezando a recorrer un camino que es largo y complejo. Estamos hablando de un sector que requiere de inversiones muy importantes. YPF las está empezando a concretar. Requiere de tecnologías específicas y avanzadas que no están disponibles en cualquier lado (en alusión al fracking o fractura hidráulica). Como otro desafío está la necesidad y la vocación de sostener niveles importantes de crecimiento porque es objetivo prioritario de este gobierno la inclusión plena de los 40 millones de argentinos y argentinas a través del empleo. Para eso, sabemos que es fundamental seguir estimulando la demanda. Eso garantiza el estímulo fundamental para la inversión y permite que la economía argentina se siga expandiendo a tasas importantes, como a lo largo de estos años. Así se puede seguir generando empleo. Hemos recorrido un camino enorme. Cuando este ciclo económico y político empezó (2003) había un 25% de desempleo. Hoy estamos en 7,2%. Teníamos un 55% de informalidad laboral. Hoy estamos en un 32%. Aquí tenemos otro tema de la agenda del futuro inmediato: la informalidad laboral, porque el 32% es un número que, por supuesto, no nos satisface. Sobre esto se viene trabajando, se han generado leyes muy importantes, como las que regulan el trabajo rural y el trabajo doméstico. Pero hay que seguir trabajando con mucha fuerza sobre esto. Estamos en un momento de crisis internacional en el que la merma de la demanda externa tiene un impacto en las economías de la región, incluida la argentina, pero hay que avanzar en el cumplimiento del objetivo de inclusión, por un lado, creando empleo y, por otro, con políticas específicas para los que están fuera del mercado de trabajo. Por eso se creó la asignación universal por hijo y la política previsional (de pensiones). Esta semana se conocieron las estadísticas latinoamericanas y estamos primeros en materia de cobertura previsional (porcentaje de mayores de 65 años con jubilación). Además tenemos la ley de movilidad previsional, que permite el ajuste de las jubilaciones dos veces por año.

P. Hablando de ajuste, usted no ha mencionado la inflación como problema. ¿No le parece que lo es?

R. Sí, por supuesto, es uno de los temas. Lo iba a mencionar.

 

P. ¿Hay que bajar la inflación, que las agencias provinciales de estadística calculan en un 24% anual?¿Cómo se hace?

R. Inflación hay y es la manifestación económica de un conflicto social latente en la sociedad argentina. En el primer gobierno de la presidenta (2007-2011), una de sus primeras medidas estructurales, que finalmente no pudo concretarse en el Congreso, fue la famosa resolución 125 (de aumento inicial de los impuestos a las exportaciones agrícolas y su posterior ajuste de acuerdo con los precios de las materias primas, lo que se llamaron retenciones móviles). La causa primaria de la inflación tuvo que ver con la explosión de los precios internacionales de los productos primarios que Argentina exporta y el traslado de esos precios al mercado doméstico. Buscábamos desacoplar esos precios con la herramienta más eficiente, que eran las retenciones móviles. Las actuales retenciones fijas no permiten esa variabilidad con respecto de los precios internacionales. Una vez que se importa la inflación internacional en la economía doméstica, hay otros factores: se crearon 5 millones de puestos de trabajo, se recuperaron las paritarias (negociaciones salariales entre sindicatos y patronales) y el Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil (comisión integrada por funcionarios, empresarios y sindicalistas que definen ese nivel salarial), es decir, se abolieron todos los mecanismos para disciplinar a los trabajadores. Afortunadamente, todo esto permite que los trabajadores disputen cuál es la participación de los salarios en el proceso de apropiación del excedente que la economía genera en un periodo en el que ha crecido de manera exponencial. Este proceso redistributivo está dominando el proceso inflacionario en Argentina. Si no se entiende esto, no se entiende por qué el Gobierno toma determinadas medidas y por qué no toma otras que se proponen desde la oposición. El ajuste fiscal y monetario como solución a la inflación es una teoría que carece de evidencia empírica que la sustente y que ha sido sobradamente refutada por diversas escuelas (de economía). No se aplica ni acá ni en ninguna parte del mundo con lo que realmente sucede con la economía. Decir que la emisión monetaria o el gasto público generan inflación tiene una fuerte carga ideológica que busca horadar el poder político de los estados nacionales. Esas recetas de ajuste pueden tener algún efecto antiinflacionario, no por los mecanismos monetarios que plantean esas teorías, sino porque al recortar el gasto público se deja de atender a determinados sectores más vulnerables. Cuando uno restringe la emisión monetaria en una economía en la que los precios están subiendo, se reprime la puja distributiva y eso es un proceso que lleva a la recesión y, en última instancia, a la destrucción de empleo. Si sube el desempleo, los salarios pueden recortarse. Por ahí puede venir el impacto antiinflacionario de ete tipo de recetas, con un costo enorme. Es un diagnóstico de política económica que no compartimos ni compartiremos. Este es un gobierno que nunca va a ir por ese sendero. Creemos que es saludable que exista puja distributiva. Cuando no existió, los que perdieron fueron los trabajadores. ¿Cómo se resuelve la cuestión de la inflación? El Gobierno tiene las retenciones, que colaboran a desacoplar en parte el aumento de los precios internacionales de las materias primas, y debe avanzar en la solución política: hay una mesa de diálogo (social) a la que ha convocado la presidenta. Tenemos una economía en los que segmentos estratégicos presentan altos grados de concentración empresarial y, por tanto, con alto poder de formación de precios. Es importante llegar a un acuerdo con los actores que tienen un peso específico en la determinación de los precios clave de la economía. Los salarios son otro precio importante de la economía y por eso hay que dialogar con los trabajadores. Hay que buscar un acuerdo entre todos. Es posible bajar los precios siempre que se haga de manera armónica. Si planteáramos una bajada del incremento de los salarios, pero no ocurriera paralelamente lo mismo con los otros precios de los bienes y servicios que comercializan los empresarios, no tendría sentido e iríamos a contramano del proceso que buscamos favorecer y que tiene que ver con la mejora de la distribución del ingreso. El 10% más rico de la sociedad concentraba hace diez años aproximadamente el 40% del total del ingreso nacional y este porcentaje se redujo al orden del 30%. Diez puntos porcentuales en materia redistributiva es mucho, difícil de construir. Esos diez puntos se redistribuyeron de manera pareja entre el 80% menos rico de la población.

P. Pero en otros países latinoamericanos también mejoraron la distribución del ingreso y el salario y redujeron la pobreza sin una inflación tan alta como la de Argentina…

R. Yo no digo que sea necesaria la inflación. Lo que digo es que la inflación es una consecuencia de la puja distributiva. Hay un sector del poder económico que no está dispuesto a ceder parte de su participación en la distribución del ingreso nacional. Por tanto, ante la mejora del poder adquisitivo de los salarios, inmediatamente busca capturar una parte de esa mejora a través del aumento de precios.

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P. ¿Pero en el resto de Latinoamérica no hay también elites que concentran buena parte de la economía? ¿Por qué allí no se genera esa puja distributiva que provoca mayor inflación?

R. Hay dos elementos importantes para diferenciar. Una es que Argentina es eminentemente exportadora de bienes salario, que son diferentes de las materias primas, sobre todo minerales, que exportan otros países de Latinoamérica. Por tanto, es diferente el impacto de la inflación importada en los precios domésticos. En segundo término, la intensidad del proceso de puja distributiva en Argentina es muy diferente del que se da en cualquier otro país de Latinoamérica. Esto se debe al peso específico que históricamente ha tenido el movimiento sindical en Argentina. En muchos países de América Latina en los que hay mayor control de la inflación, operan mecanismos que tienen que ver con metas de inflación de los bancos centrales. Son los casos de Chile o Brasil. Esto por un lado ha hecho que la inflación se mantuviera más contenida, pero ha tenido un costo que nosotros hemos decidido no pagar: el menor crecimiento. Argentina creció prácticamente el doble que Brasil en los últimos años. En Brasil y otros países la redistribución del ingreso ha sido muchísimo más lenta. Si uno compara el poder adquisitivo del salario en Argentina con el de cualquier otro país de América Latina, es mucho más alto el argentino. El salario mínimo de Argentina es mucho más alto en términos de dólares. Esas mejoras que están muy por encima en materia distributiva, esas mejoras en las condiciones de vida de los sectores más vulnerables y de las clases medias, han despertado una discusión. Los sectores empresarios tienen su lugar en esta puja. Es una discusión que la sociedad argentina está dando. No nos tenemos que asustar. Es una discusión que hay que dar seriamente: cuál es la participación de las ganancias y del salario en la distribución de un ingreso nacional que ha crecido mucho. La mejora de los salarios y del conjunto de los ingresos de los sectores populares y medios, que incluyen la asignación universal por hijo y las jubilaciones, siempre han ido por encima de la inflación, sea cual sea el índice que se tomen, como el de las consultoras privadas que recopila la oposición en el Congreso.

P. ¿Cómo ve al resto de la economía latinoamericana?

R. Cuando uno pone a la economía latinoamericana en su conjunto y la contextualiza en relación a lo que sucede en el resto del mundo, donde hay una crisis de dimensiones históricas, la veo bien. La veo consolidada, más allá de los matices que hay entre los países y las políticas. El haber tomado algunas decisiones importantes como fortalecer el comercio intrarregional y otras medidas políticas de integración coloca a la región latinoamericana en una posición diferente. Hoy los países emergentes, los latinoamericanos incluidos, están dando tracción en la última década al crecimiento global. Se ha revertido la tendencia de las décadas previas, cuando el mayor peso estaba puesto en los países desarrollados, que hoy corren atrás. Esto se ve también se ve en cada uno de los foros internacionales: América Latina y sus países tienen más participación. Están empezándose a escuchar otras voces. Hoy están haciéndose planteos impensables una década atrás. Esto es producto de la consolidación política de la región como bloque. Ése es el norte que hay que seguir fortaleciendo.

Hay 6 Comentarios

Es muy bonito hablar de crecimiento y recuperación, pero para hablar en serio hay que tener datos concretos de paro e inflacción, esta es un dato que los gobiernos siempre quieren manejar.

LOS FELICITO POR LA NOTA Y DIO SEÑALES CLARAS LO DIGO COMO TRABAJADOR QUE ES ASI

... por fin escuchamos en este diario otra campana diferente al tañido de las de Clarín y La Nación, patrañeros ruidos a las que nos tiene acostumbrados los oídos.

Son mayoría quienes opinan que la Presidente CFK está muy mal asesorada en materia económica , y las declaraciones de Vallejos nos lo confirman plenamente. Por empezar el Mercosur no funciona .Brasil y Argentina no tienen coincidencias de criterio en cuanto a su balanza comercial. Argentina tiene un conflicto con Urugüay a causa de unas fábricas de pasta de papel. Argentina ha perdido importantes mercados compradores de sus carnes y a la vez se encuentra- algo histórico! - en vias de tener que comprar trigo principal materia prima para la industria del pan. Los precios al consumidor han sufrido alzas muy importantes, mas allá del hecho estacional por la inflación que, al no existir precios reales registrados por el INDEC, las subidas de precios oscilan entre el 25 y 30%. El mercado inmobiliario está paralizado a causa de la imposibilidad de operar con dólares. Lo único que se mantiene en movimiento es el mercado automotor que ha sido uno de los pocos refugios que los argentinos han tenido a mano para invertir sus escasos ahorros. A pesar de sus postulados, el actual gobierno ha tenido que avenirse a las directivas del Banco Mundial , hacer las paces oblando alrededor de +500 millones de dólares , gracias a lo cual le ha sido concedido un crédito de 3 mil millones de dólares.

Curioso que las lecciones de la Hiperinflación sean opuestas en Argentina y en Alemania. En Alemania han dieron lugar a un control estricto de la inflación por el Bundesbank,,,mientras que en Argentina se sigue diciendo que la inflación es algo secundario.

Que bellos que somos los argentinos.

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Sobre el blog

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Sobre el autor

Alejandro Rebossio es periodista. Su especialidad es la economía y trabaja en la corresponsalía de El País en Buenos Aires. Coautor del libro Estoy verde. Dólar, una pasión argentina (Aguilar) junto con Alejandro Bercovich.

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