Es el Día del Trabajador y en Latinoamérica se puede encontrar motivos para festejar como para seguir lamentándose. Desde que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) mide el desempleo en la región, en 1990, nunca estuvo tan bajo como en 2012, el 6,8%. Cuando se habla de la popularidad de muchos gobiernos latinoamericanos se buscan motivos de distinta índole. Cuando se rebuscan los económicos, muchas veces se habla del impacto de las políticas sociales de los actuales gobiernos, pero eso no sería siempre suficiente para explicar la mejoría social ni la popularidad de los gobernantes si no se hubiese creado más trabajo. En los 90 y principios de los 2000, diversos gobiernos de pensamiento neoliberal consideraban que los ajustes fiscales, las privatizaciones o la apertura comercial traían paro pero eran buenos y que con subvenciones se calmaría a los desempleados, pero eso no sucedió. La mayoría de la gente quiere trabajar.