La energía que necesita España para generar un millón de euros

Por: | 29 de noviembre de 2010

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Para generar un millón de euros en 2008 España necesitaba 180 toneladas equivalentes de petróleo (tep), 28 toneladas más que la media de los países de nuestro entorno, los de la UE de los 15.

A pesar de la mejora de algunos indicadores en el gasto energético en los últimos años, los españoles siguen atrás en eficiencia energética con respecto a otros europeos. Así lo muestra un estudio presentado hoy por ‘Economics for Energy’, un nuevo centro de investigación privado especializado en el análisis económico de las cuestiones de la energía, dirigido por Xavier Labandeira, catedrático de Economía de la Universidad de Vigo, y Pedro Linares, profesor y subdirector de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería ICAI de la Universidad Pontificia Comillas, además de colaborador del blog Eco Lab. Por comparar, para producir un millón de euros en el año 2008 Dinamarca requería 115 tep, Italia 145 y Alemania 150. Y, al revés, los países con más necesidad de energía eran Bélgica, con 194 tep, y Finlandia, con 234.

En macroeconomía, la eficiencia energética se mide de forma habitual con lo que se denomina intensidad energética. Este indicador refleja la relación entre consumo energético y el volumen de actividad económica. Se calcula como el cociente entre el consumo energético y el producto interior bruto (PIB). El que un país reduzca su intensidad energética no tiene por qué significar que consuma menos energía, pero sí que la energía que use va a ser mejor aprovechada. En el caso de España, la intensidad energética aumentó sin parar hasta el año 2005 y, aunque ha bajado desde entonces, todavía es un 19% superior a la de la UE de los 15.

¿Por qué se necesita más energía para generar un millón de euros en España que en otros países como Dinamarca, Italia o Alemania? Lo interesante del trabajo 'Análisis de la evolución de la intensidad energética en España', presentado hoy por ‘Economics for Energy’, es que estudia en profundidad la intensidad energética a partir de todos los sectores de la economía española: no sólo de la industria, sino también del transporte, del sector eléctrico o de los hogares.

La situación en España tiene mucho que ver con la estructura de la economía, centrada hasta ahora en sectores muy intensivos en energía y con poco valor añadido, como el de la construcción o el turismo. La eficiencia energética ha mejorado entre 2005 y 2008, en gran medida por la desaceleración del sector de la construcción, pero aún así se sigue estando por detrás de otros países europeos que se han especializado en actividades de mayor valor añadido. 

Como explica la autora del estudio, María Mendiluce, gerente de Energía y Cambio Climático en el World Business Council for Sustainable Development de Ginebra (Suiza), uno de los sectores que más energía consumen en España es el eléctrico, que tiene una eficiencia del 40-45%: Esto significa que para producir 40 gigavatios (GW) de electricidad se necesitan 100 GW de energía primaria. Sin embargo, este ha sido también el sector que más ha mejorado en eficiencia por el aumento en el país de las plantas de ciclo combinado (con una eficiencia del 60%) y de las energías renovables (a las que se le atribuyen por convención una eficiencia del 100%). Esta mejora ha permitido aumentar un 87% la electricidad generada entre 1995 y 2008, consumiendo menos energía primaria (los insumos tan sólo crecen un 25%).

Aunque por lo general se suele incidir en el consumo de energía de la industria, como subraya el trabajo de ‘Economics for Energy’, en los últimos años este sector también ha mejorado su eficiencia (aunque no tanto como Europa). Y en algunos casos, su avance positivo se debe simplemente a la utilización de electricidad.

No ocurre lo mismo con otro sector al que se tiene menos en cuenta: el residencial. A menudo se deja de lado al consumidor, ya que apenas usa directamente energía primaria. Sin embargo, si se suman los consumos indirectos de energía de los hogares y del transporte privado, el sector residencial se convierte de pronto en el mayor consumidor del país (con un 34% del total). Los peores datos en intensidad energética se dan en este sector, cuando en la UE de los 15 se están logrando notables avances. No es que se conduzcan coches menos eficientes que en otros países, pero aquí sigue aumentando cada vez más el uso del automóvil.

La clave de la eficiencia está en el sector residencial y el transporte, que es donde hay que trabajar más”, subraya Linares, que propone también dirigir la economía hacia actividades menos intensivas en energía y con mayor valor añadido, además de seguir apostando por las plantas de ciclo combinado y las energías renovables, frente al carbón.

Aparte de la climatología, que también ha tenido un papel importante en la evolución del consumo energético de los últimos años (a partir de 2006 los datos indican una estabilización o reducción de las temperaturas extremas), los investigadores también inciden en otro factor que consideran esencial: los precios. De hecho, consideran que el aumento de los precios debería utilizarse para mejorar la eficiencia en el sector residencial.

Hay 7 Comentarios

El sector residencial, vale. ¿Pero qué hay de los negocios y oficinas? Sospecho que son de lejos los mayores consumidores de energía eléctrica y eso que mayormente trabajan de día pero siempre tienen las luces encendidas, dejan los ordenadores y sus pantallas conectados, consumen aire acondicionado.
Ahí hay enormes ahorros posibles, además en hipermercados con su excesiva iluminación.
Una solución es el Conducto de Luz Solar, Sonnenröhr, tecnología en la que Alemania es puntera -Alemania, un país bastante poco luminoso- y en la España del despilfarro se desconoce.
Apagar las pantallas del ordenador al irse los trabajadores, esa simple medida ahorra millones al cabo del año.

Esta claro somos de los países del mundo que más ha apostado por el transporte privado motorizado con una de las redes de autovías y autopistas mayores de Europa sino la mayor. El deficit en transporte público que es mucho más eficiente energeticamente es brutal en nuestro país. Las inversiones además van en la línea del monocultivo AVE que no soluciona el transporte cotidiano.
Mientras no tengamos una red de transportes de tren de cercanías y de media distancia en condiciones seremos un país con un derroche energético en transporte demencial.

Sobre el articulo de X. Labandeira y P. Linares, y siguiendo el hilo de los comentarios, coincido con Jorge Z. Hay que abordar el problema de la construcción. Pero porque no se abordo? El problema es que Kyoto evalúa las emisiones de la producción de los sectores afectados no de los difusos/ transporte y edificación) ni del consumo. Como las economías occidentales se globalizaron mas y mas, nuestros bienes y servicios se producen fuera externalizando su contabilidad, ambiental y energética. Si queremos medir la intensidad energética real de los bienes que consumos tenemos que utilizar un indicador como huella ecológica que mide el consumo independientemente de donde se fabrique. Quien consume la electricidad? La vivienda y el transporte para producir bienes que reencontramos en el hogar. Por esto en huella ecológica se esta convergiendo hacia la medición de la intensidad energética o huella de carbono de los hogares el destino final de los bienes y servicios . La huella del modelo urbano de un consumidor, catalán en 2009, su "life styles", fue de por lo menos 6,3TC02 el 55% del carbono nacional sin externalizaciones ( media estadística de 420 encuestas). El problema de la intensidad del modelo urbano español, tiene varios componentes; sistemas constructivos pesados intensivos y no descontruibles, poca eficiencia energética en edificación, modelos urbanos mas difusos con incremento de movilidad obligada, privatización del transporte e incremento del ocio con modelos urbanos de usabilidad reducida... El modelo podría ser mucho eficiente pero la clave del problema es de modelo económico. Nuestro modelo urbano es una parte del sistema de acumulación de capital y se hipertrofio. La historia comienza en 1985 en: EEUU, Inglaterra, Irlanda y el mediterráneo..Las causas son la transformación del modelo welfare state ( Keynes), por otro neoliberal ( Hayek), que reduce las rentas del trabajo, y desplaza el ahorro al sistema financiero primero, e inmobiliario después creando burbujas de acumulación de activos financieros e inmobiliarios ( Reich, Harvey, Schiller, Cassidy, Sachs...). El problema actual es que el CO2 de la burbuja esta desapareciendo de la contabilidad ( no de la atmósfera ) pero nos quedara el CO2 estructural, el de un modelo urbano, ineficiente. Como afrontar la descarbonizacion ?. Invirtiendo dinero en eficiencia urbana y renovable distribuida, desintesificaremos la economía para hacerla converger con la de nuestros socios de la UE. De acuerdo .Pero, donde esta el ahorro necesario? Se evaporo del balance con la burbuja inmobiliaria, dejando deuda e intereses crecientes asociados al riego-país de los bonos soberanos. La trampa se ha cerrado, no hay salida a corto plazo y dudo que Alemania decida volver a prestar. Quien se equivoco?. Un planeamiento político ciego y sordo, directores de banco que daban crédito y un sector inmobiliario-promotor-constructor al que invertir en eficiencia le restaba plusvalía (en €) y le sonaba a chiste. Repasando el libro de Hayek de 1944, estoy seguro que coincidirían en que no niega la necesaria regulación por el estado de los bienes libres ( capitulo 4), cuando habla de contaminación substitúyanlo por CO2. La codicia desplazo el problema a la generación futura. Y ahora que? Que podemos exigir a una generación con un 20% de paro y formación obsoleta, las generaciones que no pudimos convencer a las elites del inevitable colapso. No se ustedes pero a mi la nueva economía post-burbuja, me parece que viene con un cielo muy muy oscuro.

Soy de la opinión que en el ámbito energetico, es donde mas se investiga en cuestiones de sostenibilidad. En este sentido, los últimos logros en autoproduccion de energía y almacenamiento de la misma mediante el hidrogeno y pilas de combustible, pueden hacer vencer la balanza en los sistemas entrópicos locales y globales. Además, la tecnología de nanotubos de carbono unido a los descubrimientos del grafeno pueden ser inicio de nuevas soluciones de macro almacenamiento en pequeñas dimensiones.
Quizás en breves años, las smart grids o redes inteligentes hagan que alcancemos un stock energético que hará volcar toda la investigación en el uso de recursos. No hay que olvidar que recurso, es aquello que es capaz de resurgir.

Como ocurre con cualquier trabajo de X. Labandeira y P. Linares, habrá que leerlo detenidamente, pues siempre son interesantes.
Al respecto del artículo quiero comentar algunas cosas. Por un lado no sé si es correcto decir que la eficiencia energética en España, en el periodo 2005 – 2008 ha mejorado debido al efecto del estancamiento del sector de la construcción. Desde mi punto de vista un parón en el nivel de producción y una caída del PIB como la acontecida en España no es una muestra de eficiencia, es una caída del denominador (PIB) que arrastra a la caída del consumo energético, pero no implica aprovechar mejor la energía necesaria para producir un millón de euros en España, lo que sí sería una medida de eficiencia. Este hecho sería similar a lo que ocurriría con las emisiones de CO2 y los objetivos de Kioto, la crisis, debida a la caída de la demanda, y al estancamiento del sector de la construcción, hará que España cumpla con esos objetivos. El problema es que el cumplimiento de esos objetivos no reposará en sobre la renovación de la estructura productiva del país, ni sobre la mejora de la eficiencia energética de las ramas principales emisoras de CO2. En este sentido la crisis puede enmascarar la supuesta mejora en términos de eficiencia y emisiones.
En esta línea tan importante es identificar a los sectores directamente responsables del uso intensivo de energía y de sus emisiones relativas, de un país (sectores energéticos, con la electricidad a la cabeza), pero es igualmente útil identificar a los sectores responsables en términos directos e indirectos (totales), es decir, los sectores que demandan intensivamente esos bienes energéticos altamente contaminantes. La metodología Input-Output nos permitiría hacerlo. Con ello podríamos identificar, por ejemplo, al sector de la Construcción como uno de los principales responsables en términos totales de la demanda de energía y por tanto de las emisiones generadas en España. Esta nueva identificación de sectores clave podría ayudarnos en términos de implementación políticas de control y de búsqueda de eficiencia.
Al respecto de los datos presentados sobre los hogares, sólo decir que es un acierto incluirlos en dicho estudio. Cada vez son más los estudios que los consideran.

Mejorar la eficiencia del sector residencial y del transporte, optimizacion de esos consumos pasa desgraciadamente por subir el precio de la energia, y pagarla a su precio real. Nadie se hace ni idea como de rapido reacciona la sociedad, ya veriamos como no necesitariamos obligarla (a instalar paneles solares) o incentivarla (regalo de bombillas bajo consumo). Seria interesante cruzar esos datos con el valor de la energia en los paises que citas.

Creo que es muy intuitiva la medida de intensidad energética pero un poco "bruta". Lo digo porque tal vez en Finlandia, por condiciones climáticas, necesiten un mayor consumo de calefacción por ejemplo, y esto los haga ser "más intensivos energéticamente". Supongo que una mejor medida sería filtrar el cociente como consumo energético de en una actividad concreta dividido por valor añadido. Ahora, desconozco si esto es posible... Un saludo y felicidades nuevamente por el blog!

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Ecolaboratorio

Sobre el blog

Como si mirásemos por el ocular de un microscopio, Ecolaboratorio es un blog ambiental que trata de ver más de cerca todo aquello que nos rodea. En este particular laboratorio se buscan respuestas a las cuestiones más enrevesadas que nos asaltan de forma cotidiana.

Sobre el autor

Clemente Álvarez

(Madrid, 1973) es un periodista especializado en medio ambiente y ciencia. Colaborador de El País desde 2004, le entusiasma mezclar elementos de la ecología con reactivos de la energía y la economía, aunque la fórmula pueda resultar inflamable.

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