Experimentos con el CO2 en un supermercado australiano

Por: | 10 de junio de 2011

Producto de la marca Casino con huella de carbono Cada vez son más los países en los que se pueden encontrar en los supermercados productos que llevan una etiqueta con las emisiones de CO2 generadas a lo largo de su ciclo de vida. Sin embargo, son muy pocos los estudios que han analizado la respuesta de los consumidores. Para analizar el efecto de este indicador conocido como huella de carbono, investigadores australianos llevaron a cabo un experimento de tres meses en un supermercado de East Ballina, en Nueva Gales del Sur.

Existen iniciativas con este tipo de etiquetado para luchar contra el cambio climático en Reino Unido, Francia, Suiza, Suecia, Corea, Japón... Y también ha habido ya alguna propuesta para introducir el uso de este indicador ambiental en España. Uno de los países más activos para llevar las emisiones de CO2 a las etiquetas de los productos es Francia, siendo una de las compañías pioneras el Grupo Casino, que vende cerca de medio millar de artículos con su huella de carbono (como la pasta para crêpes de la imagen, que tiene su sello con el índice de carbono en la esquina inferior izquierda de la caja). Este indicador contabiliza las emisiones de CO2 equivalente generadas en su fabricación, por su embalaje, en su distribución o en su futura gestión como residuo. Aunque uno de los mayores problemas para la propagación de este etiquetado es justamente la falta de una única metodología de cálculo.

Si bien son pocos los estudios que han evaluado la respuesta de los consumidores cuando se incluye el CO2 en los productos, pueden resultar útiles las investigaciones de otro tipo de etiquetas. Algunos trabajos han constatado, por ejemplo, la escasa atención que suelen prestar los consumidores a la información nutricional, sobre todo, si resulta complicada (Cowburn & Stockley, 2005; Grunet & Wills, 2007; Rex & Baumann, 2007). Igualmente, son bastantes los estudios que sugieren que los mensajes ambientales tienen una influencia reducida sobre el comprador (Erskine & Collins, 1997; Valor, 2008), aunque también hay investigaciones que encuentran que cada vez hay una mayor disposición de los consumidores a pagar más por un producto verde (Young, 2010).

¿Qué efecto tienen sobre el comprador estas nuevas etiquetas con la huella de carbono del producto? Para responder a esta pregunta, investigadores de la Universidad Southern Cross utilizaron como laboratorio un supermercado FoodWorks, ubicado en un pequeño centro comercial de East Ballina, abierto siete días a la semana. Allí, etiquetaron 37 productos de uso muy común, con tres colores diferentes en función de su huella de carbono con respecto a la media: verde (con menos CO2 que la media), amarillo (con tanto CO2 como la media) o negro (con más CO2 que la media).

“Es cierto que hay demasiadas etiquetas y esto es un problema, los consumidores se encuentran ya con demasiada información en las tiendas”, cuenta por medio del correo electrónico Jerry Vanclay, el investigador responsable de este estudio publicado en Journal of Consumer Policy. “Es por esto que usamos etiquetas simples con sólo tres colores y nos centramos en productos con grandes ventas en las que se pudieran constatar realmente diferencias”, detalla el australiano, que considera que sus conclusiones son extrapolables a un supermercado europeo.

Los 37 productos etiquetados con su huella de carbono pertenecían todos a cinco grandes categorías: leche, mantequilla, tomate en lata, agua embotellada y comida para mascotas no perecedera. En cada uno de estos grupos, los clientes podían encontrar en las estanterías de la tienda artículos con una etiqueta verde y otros similares con el color amarillo o negro. Los investigadores registraron todas las ventas de estos productos durante las cuatro semanas anteriores a la colocación de las etiquetas y durante las ocho semanas posteriores, para comparar los datos y analizar cómo había influido en los consumidores la señalización de colores en el supermercado.

Fueron 2.890 los productos seleccionados que pasaron por caja en ese tiempo y los investigadores sí que constataron un cambio después de colocar las etiquetas con la huella de carbono: las ventas de los artículos señalados con el color negro habían descendido un 6%, mientras que las de los marcados con el verde subieron un 4%.

Esta diferencia tampoco es enorme. Ahora bien, el estudio australiano encontró un cambio aún más significativo: los productos que además de llevar el color verde eran también los más baratos aumentaron sus ventas un 20% después de ser etiquetados. El precio no había cambiado, pero sí la percepción del cliente.

A este respecto, resulta llamativo el caso de uno de los productos vendidos en el supermercado australiano: el agua. Como explica Vanclay, “uno de los artículos de nuestro estudio era el agua embotellada, pero en la tienda había otra opción: se podía comprar agua a granel de un dispensador”. El producto de este dispensador era a la vez más barato y tenía una huella de carbono mucho menor, pues algunas de las botellas eran traídas en camiones de otros puntos del país o incluso de lugares más lejanos como Indonesia, Nueva Zelanda o islas Fiyi. Paradójicamente, la mayoría de los clientes pagaban más por llevarse el agua embotellada. “La gente está en este caso mucho más influida por la publicidad o la imagen que por el precio”, destaca el profesor australiano, que insiste en que “lo más verde no es siempre lo más caro”.

Cuando el producto más barato era a la vez señalado como la mejor opción para el medio ambiente, esto se traducía en un aumento significativo de las ventas. Sin embargo, cuando el precio era más alto, el colocar una etiqueta de color verde tenía un efecto muy limitado. Así pues, según los investigadores, la respuesta más fuerte del consumidor se conseguiría combinando la señal del precio y de la huella de carbono.

Por otro lado, el estudio también constató como había algunos productos en los que resultaba muy difícil cambiar los hábitos del consumidor. Esto ocurría, por ejemplo, con la leche. El color de la etiqueta no servía para convencer al cliente de que metiese en su bolsa de la compra un formato distinto al habitual.

“Es difícil generalizar sobre si al consumidor está preocupado realmente por la cuestión ambiental, algunos lo están más y otros menos”, comenta Vanclay. “Yo creo que hay mucha gente que está demasiado ocupada y que no se fija en esto, pero si esta información se muestra de una forma clara, la mayoría de la gente quiere lo mejor para el medio ambiente”. 

Hay 7 Comentarios

Esto es una bueno iniciativa. En este momento, cuando empresas miden su huella de carbono, muchas veces solamente tienen una reducción de su gasto energético como objetivo.
En este momento, no miren las emisiones de CO2 generadas a lo largo de su ciclo de vida de los equipos que utilizan. Así que la idea que tienen en Australia es muy recomendable. Hay algunas empresas como http://www.durabilit.es que han desarrollado una calculadora de CO2 que mide las emisiones de CO2 generadas a lo largo del ciclo de vida de equipos de red , pero esta calculadora en única en el mundo, ya que los fabricantes de hardware no publican estos tipos de datos. Seria una idea si el gobierno exige a todo los fabricantes de hardware (y de otros tipos de productos) que estos datos tienen que ser publicados. Solamente así podemos tener en cuenta el impacto de nuestro comportamiento sobre el medio ambiente.

Qué curioso que sea CiU quien haya propuesto eso. Supongo que el quid de la cuestión tiene que estar en el método de cálculo. No estoy familiarizado con el tema, pero supongo que desde la suniversidades se podrían ir hacienddo estudios sobre productos o sectores.
Y sobre los que se quejan de demasiada información. Vale, no la leais, pero no negueis a los que queremos más que podamos obtenerla.

A mi también me gusta mucho este periodista.
Muy buen trabajo

talmente como angel, yo al final estoy medio desengañada, pues sé que miles de productos mienten acerca de sus propiedades (pej, excelente fuente de omega 3, luego con las cantidades que tiene es imposible que sea una excelente fuente de nada), sobre su carácter light o sano (bajo en azúcares, pero atiborrado de edulcorantes o de grasas saturadas), así como ecológico. Le ponen a un producto la etiqueta verde o bio, o algo así y se cubren de gloria.

fantastico, pero agradeceria mucho que si se puede informe que marcas, como da...ne, mienten en toda regla, y con total descaro desinformando y sin ningun riguroso estudio, como decir, elegido el de mejor sabor, cosas asi para concientizar a los consumidores. se debe crear una cultura en la cual, la basura bien envazada no deba vender. gracias

me gusta este periodista
Muy interesante
buen trabajo de informar de cosas importantes!

Demasiadas pegatinas, indicadores a los que estar atentos. Sobra información, sobra alerta. vivamos sin tanta preocupación:

http://www.ingenioconsaboralaca.com/2011/05/el-zumito-de-naranja.html

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Sobre el blog

Como si mirásemos por el ocular de un microscopio, Ecolaboratorio es un blog ambiental que trata de ver más de cerca todo aquello que nos rodea. En este particular laboratorio se buscan respuestas a las cuestiones más enrevesadas que nos asaltan de forma cotidiana.

Sobre el autor

Clemente Álvarez

(Madrid, 1973) es un periodista especializado en medio ambiente y ciencia. Colaborador de El País desde 2004, le entusiasma mezclar elementos de la ecología con reactivos de la energía y la economía, aunque la fórmula pueda resultar inflamable.

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