¿Sirven de verdad los pequeños gestos para ahorrar energía?

Por: | 15 de septiembre de 2011

Bombilla de bajo consumo_iStockphoto Se suele decir que en medio ambiente cualquier gesto cuenta, por pequeño que sea. Pero, al margen de buenas intenciones, la pregunta es: ¿merece de verdad la pena preocuparse por acciones que suponen consumos de energía muy reducidos? En los comentarios de uno de los últimos posts, algunos lectores consideraban exagerado un estudio llevado a cabo en Francia para medir el impacto de enviar un correo electrónico, realizar una búsqueda en Internet o utilizar un pendrive. ¿Estamos perdiendo el tiempo con lo superficial mientras se nos escapa lo realmente importante?

Para responder a esta cuestión empiezo por llamar a la institución francesa que encargó la investigación sobre el correo electrónico. “Parece que todo contamina, que todo tiene un impacto… Pues sí, es cierto. Vivimos en una sociedad que consume energía para todo, por eso hay que prestar atención a nuestros gestos”, asegura Pierre Galio, uno de los responsables de la Agencia del Medio Ambiente y Control de la Energía (Ademe) de Francia. Una de las conclusiones de aquel estudio era que enviar un email desde un ordenador en Francia(1) a un único destinatario y 1 mega de peso implica emitir unos 19 gramos de CO2. ¿Una cantidad muy pequeña? Por comparar, un coche moderno vendido en el año 2010 en Europa emite de media unos 140,3 gramos de CO2 en un solo kilómetro. Es decir, que para que saliesen por el tubo de escape 19 gramos bastaría que sus ruedas recorriesen 135 metros.

En el libro 'Energía sostenible - Sin palabrería' ('Sustainable Energy-Without the Hot Air'), el profesor de la Universidad de Cambridge David MacKay analiza el gasto de dejarse enchufado un cargador de móvil un día entero. Según ironiza el autor, esta conducta se considera a menudo como delictiva (pues una vez completa la batería del teléfono o cuando no hay teléfono, el cargador enchufado sigue consumiendo electricidad de forma inútil). Sin embargo, asegura que la realidad es que uno de estos aparatos gasta solo 0,01 kilovatios hora (kWh) al día, tanto “como la energía que se consume al conducir un coche normal durante un segundo”. MacKay no pretende que la gente deje de desenchufar los cargadores, pero cree que los pequeños gestos no sirven de mucho. “Obsesionarse con desenchufar el cargador es como achicar el Titanic con una cucharilla”.

Volvamos al estudio del correo electrónico: Para Galio, “aunque el impacto unitario de enviar un e-mail puede parecer ridículo, cuando se multiplica por decenas de correos todos los días el gasto de energía o las emisiones son ya muy superiores”. En concreto, como explica este ingeniero,  el estudio estima que todos los correos enviados por un empleado francés(2) al cabo de un año suponen unos 137 kilos de CO2, una cantidad que no está ya tan lejos de los cerca de 190 kilos que emitiría el coche de antes si se condujese de Madrid a París para conocer en persona a Galio. Y todavía aumenta mucho más si se multiplica por todos los empleados de una oficina. El propósito no es, desde luego, que se dejen de enviar emails, pero el ingeniero francés incide en que el estudio realizado demuestra que sí se puede reducir el impacto prestando atención al peso de los correos, limitando el número de destinatarios o borrando de forma regular los mensajes. “No hay que volver a las cavernas, con el fuego, pero podemos actuar en nuestra vida cotidiana de forma responsable sin que suponga un fastidio enorme”.

¿Cuál de los dos expertos tiene razón? Aunque sea con una cucharilla, es cierto que se pueden conseguir ahorros significativos cuando el gesto se repite miles o millones de veces (así lo cree un directivo de Nokia sobre los cargadores de móvil que se dejan enchufados). Pero, también hay que ser conscientes de dónde se producen los mayores consumos de energía. “Resulta evidente que no tiene nada que ver el ahorro de poner una bombilla de bajo consumo con lo que gasta el coger un avión a las Bahamas”, incide el representante de Ademe. “Es importante empezar con los pequeños gestos, pero sin olvidar que las verdaderas claves son el transporte (el coche y el avión), el aislamiento de las viviendas y, en tercer puesto, los equipos de la casa: el frigorífico, la televisión, el ordenador…”.

Otro ejemplo llamativo: Una lavadora eficiente puede gastar 1 kWh en cada ciclo de lavado, bastante menos que otra que no lo sea. Sin embargo, ese ahorro se queda en nada cuando se compara con la energía que hizo falta para construir la vivienda donde va a enchufarse el electrodoméstico. Como ha estimado Alfonso Aranda, del Centro de Investigación de Recursos y Consumos Energéticos (CIRCE) de la Universidad de Zaragoza, mientras que el consumo anual de la lavadora puede ser de unos 150 kWh, para construir el simple metro cuadrado de vivienda donde se ponga el electrodoméstico se habrá utilizado el equivalente a gastar 192 kWh anuales en cada uno de los 50 años que se estima que puede durar la vida del edificio. “La mejora en eficiencia de la lavadora se queda en muy poco cuando se compara con los consumos grandes de energía, hay que replantearse el sistema”, incide Aranda, que no por ello cree que haya que dejar de intentar reducir el gasto de los electrodomésticos.

Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), las familias españolas suponen cerca del 30% del consumo energético total del país, un 18% se va en la vivienda (en calefacción y equipamiento) y un 12% en el coche privado. Parece claro que una forma de conseguir ahorros realmente importantes es dejar el automóvil en casa y utilizar otros medios de transporte. Ahora bien, ¿acaso este no es también un pequeño gesto si se compara con todos los automóviles del país, de China o de todo el mundo?

“Para interpretar bien cada cosa hay que dar con la escala adecuada”, incide el socioecólogo Ramón Folch, que habla del síndrome de la insignificancia: “Ninguno de nosotros por más que se esfuerce puede el solo condicionar nada, pero el todo es la suma de todas estas nadas”. Como explica, esta es una cuestión curiosa que proporciona "una coartada para no actuar”, pues ya sea desenchufando un cargador, cambiando bombillas o incluso dejando de usar el coche, una persona sola no va a cambiar la realidad. Sin embargo, la realidad final será la suma de todos los gestos de cada uno.

Según Folch, resulta relativamente fácil actuar sobre las emisiones de dióxido de carbono de la gran industria cementera. En cambio, la contaminación difusa que generamos todos y cada uno de nosotros es muy difícil de controlar. Eso sí, convenientemente integrada la contaminación de las personas da un sumatorio mucho mayor que el de las cementeras. El socioecólogo catalán considera que hacen falta grandes gestos en forma de políticas que hagan actuar a todo el mundo en una misma dirección, pero luego hay que traducir esto a escala de una persona. “El gran gesto sin su implementación en forma de pequeños gestos se queda como una consigna vacía”, incide. “Me resultan incómodas esas posiciones que sólo pretenden encontrar las soluciones a una única escala: hay que buscar la transversalidad entre las distintas escalas, colocando cada cosa al nivel que le corresponde”.

¿Y no son estos pequeños gestos un incordio que nos amarga la vida? “Se considera que la menor limitación es una privación de libertad. Es como si se dijera que las leyes son una limitación que nos impide vivir con libertad, en lugar de un sistema de valores que nos permite vivir juntos”, incide el representante de la agencia de estado francesa Ademe. “El problema es que en nuestra sociedad no hay límites de consumo, no hay límites de comportamiento. Los cambios de hábitos son difíciles, pero cuando se convierten en una costumbre se vuelven algo natural. Los pequeños gestos son un comienzo”.


(1) Para realizar los cálculos, el estudio tiene en cuenta el mix energético de Francia (con más de un 80% de energía nuclear) para el gasto del ordenador y una media del mix energético mundial para el gasto de los centros de datos que intervienen en el proceso. Esta estimación no vale para otros países con un mix energético diferente. En el caso de España, se supone que la cantidad de CO2 sería mayor.

(2) El estudio de Ademe estima que cada empleado francés envía al día una media de 33 correos de 1 mega de peso. Esto al cabo de un año (en 220 días de trabajo) supondría 137 kilos de CO2. Y multiplicado por cien empleados de una oficina implicaría más de 13 toneladas de CO2.

Hay 68 Comentarios

Pues mira según he visto en la web del efecto ecovidrio (obligatorio verla, es una pasada) reciclando vidrio ahorras energía Pues solamente con el pequeño detalle de reciclar 10 botellas puedes mantener encendida una bombilla durante 40 horas http://www.efectoecovidrio.es/

Creo que esos pequenos gestos solo logran entretenernos y hacernos sentir mejor, es mas bien algo psicologico que practico. No creo en pequenos gestos, ni en pequenas soluciones para grandes problemas, muchos de los cuales son manipulados, basta de vivir enganados.

Creo que equivacan el norte. Debemos preocuparnos por desarrollar mejores, mas eficientes, mas limpias y mas poderosas fuentes de energia y no andar apagando ampolletas. De todas maneras 3/4 de la humanidad , estan fuera de Europa y Estados unidos y estos tios no consumen energia casi. Ah, y por favor al que creo el blog, que escriba como eliminar politicos corruptos pero en grandes cantidades y en forma eficiente. Si volaran estos tios, pasaria nublado.

Estupendo blog y enhorabuena por vuestra clasificación preliminar en los premios Bitácoras. Seguiremos de cerca vuestro blog, os deseamos mucha suerte. Un saludo.

Lic. Pedro García Palazuelos. | 19/09/2011 8:32:45, lo que no sirve de nada, o incluso es peor que nada, es defender tu "derecho" a no mover un dedo en aquellos aspectos que caen directamente bajo tu control, con la impresentable excusa de los muchos otros aspectos que no dependen directamente de ti.


Tu mensaje bien podría ser "¿y de qué me sirve no tirar el aceite del cárter al río, cuando ese mismo río está siendo contaminado más y peor por industrias de blablablá?"


O eres parte de la solución, o lo eres del problema. El resto es palabrería y ganas de escurrir el bulto.


Nadie (en su sano juicio) te dirá jamás que los pequeños gestos salvarán el planeta, pero sí es cierto que si ni siquiera somos capaces de hacer los pequeños, no hay esperanza ni para los grandes ni para el planeta.


Así que, en términos matemáticos o lógicos, considera los pequeños gestos como algo necesario aunque no suficiente. ¿Más claro así? Me alegro.

Y, una gran DUDA que nos asalta… ¿Qué importancia tienen los gestos de ahorro de energía del ciudadano para evitar emisiones de Co2 al medio ambiente, FRENTE a la GRAN escala de emisiones de Co2 por el empleo constante de las potencias mundiales: De sus MILES de grandes tanques de guerra; del disparo incesante de MILES de Misiles y demás MILLONES de Armas bélicas tanto en sus guerras como en sus constantes simulacros bélico-militares; del empleo constante de MILES de Aviones de Combate tanto en ataques como en entrenamientos; y de las MILES de pruebas nucleares?

FRENTE a todos ellos, para conservar la SALUD del Planeta… ¿Sirven REALMENTE los gestos de ahorro de energía de los ciudadanos?

¿En qué proporción o porcentaje simétrico con el SACRIFICIO que se le exige al ciudadano, ésas grandes potencias político-económicas-militares están REDUCIENDO sus anteriores actos emisores del contaminante?
Lic. Palazuelos. (México.)

Lo que nos ayudaría a ahorrar es no pagar subvenciones a Sindicatos politizados y corruptos que no representan los intereses de los trabajadores ni de los parados; ni a los cineastas golfos y vividores.
De mi dinero al cine y al sindicato CERO

Lo curioso es que nos viven bombardeando con aquello de que cumplamos un decálogo de pequeños gestos, y que en contraste haya tan poco compromiso por parte del sector industrial y los gobiernos. Hay que presionar a los políticos y a las compañías para que detengan la destrucción del medio ambiente. Debemos convertirnos en un dolor de cabeza para aquellos que contaminen. Con todo creo en la importancia de algunos pequeños gestos:
1. Reducir el consumo de carne, pues los cultivos intensivos de soja transgénica, fumigados con glifosato, están destruyendo las selvas, las fuentes de agua y envenenando a las poblaciones rurales de Suramérica. Ademas, traer en barco la soja a Europa supone un gasto enorme de combustible, la ganadería genera muchas emisiones de CO2 y el tratamiento que se le da a las vacas (hacinadas, maltratadas, inyectadas con hormonas y antibióticos) es inaceptable.
2. Reducir el consumo de pescado, especialmente de aquellas especies amenazadas.
3. Comprar en la medida de lo posible alimentos bio, por salud pero también para promover métodos agrícolas que no contaminen el medio ambiente.
4. Evitar el plástico: bolsas, empaques de comida, botellas de agua, porque genera desconfianza saber que un producto derivado del petróleo, que contiene elementos tóxicos, entre en contacto con los alimentos, sobre todo si están calientes. También porque la fabricación y el reciclaje del plástico contamina y genera CO2. En todo caso hay que separar las basuras.
5. Utilizar de preferencia la bici y el transporte público. Caminar. Para viajes largos compartir el coche.
6. A sabiendas de que el minero es uno de los sectores mas contaminantes y que mas violaciones de derechos humanos comete alrededor del mundo, no comprar oro ni plata, evitar los gadgets, el aluminio (recordar la marea roja en Hungría), etc.
7. Comprar papel con sellos ecológicos según leí en este blog. Jabones y cosméticos que no contaminen el agua, etc.

Manolo G. suena convincente lo que escribes. Solo te voy a dar un ejemplo tonto: si tu tienes un modem al lado tuyo y no tienes actividad el modem no enciende mas que tres o cuatro luces, mientras que si tienes actividad en la red enciende mas de tres o cuatro luces y además a mayor velocidad, si lo multiplicas por el número de emails, entonces ya estamos hablando de algo no?

Muy buen post. Ya es hora de madurar en cuanto al cuidado de nuestro hábitat y no ser seguidores de corrientes. Hace tiempo leí en tu blog que cambiar un coche era peor que mantener el viejo (aunque más contaminante). Creo que lo peor que podemos hacer es cabalgar en la continua actualización de todo (solo falta que actualicen las manzanas y nos sintamos out por comer las antiguas). Por otro lado no podemos pugnar por quien tiene la razón; que es muy humano, pero que no ayuda en nada. Los gestos micro son tan importantes como los gestos macro

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Ecolaboratorio

Sobre el blog

Como si mirásemos por el ocular de un microscopio, Ecolaboratorio es un blog ambiental que trata de ver más de cerca todo aquello que nos rodea. En este particular laboratorio se buscan respuestas a las cuestiones más enrevesadas que nos asaltan de forma cotidiana.

Sobre el autor

Clemente Álvarez

(Madrid, 1973) es un periodista especializado en medio ambiente y ciencia. Colaborador de El País desde 2004, le entusiasma mezclar elementos de la ecología con reactivos de la energía y la economía, aunque la fórmula pueda resultar inflamable.

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