JONÁS FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, director del Servicio de Estudios de Solchaga Recio & Asociados
JOSÉ RAMÓN GUTIÉRREZ, Director Asociado del Executive MBA del IESE
Con este tercer artículo cerramos la trilogía sobre el presente y futuro del sector industrial en Europa, que responde a los retos comentados en el artículo previo.
En primer lugar, el crecimiento del tamaño de mercado producido por la globalización está conduciendo a una revisión de las especializaciones productivas geográficas. Como resultado, aquellas actividades intensivas en mano de obra menos cualificada se moverán de manera indefectible a territorios con costes reducidos. Ante esta realidad es importante reconocer con honestidad que los instrumentos públicos de intervención tendrían una respuesta limitada. En este caso, las herramientas públicas deberían centrarse en el diseño de políticas activas de empleo dirigidas a mejorar la formación y empleabilidad de los mismos.
En segundo lugar, una parte sustancial del tejido industrial europeo se encuentra ahora en una posición cíclica muy difícil, ante la caída de la demanda interna en nuestro continente. Esta recesión de la economía real, bajo una profunda crisis financiera, está cuestionando la supervivencia a corto plazo de empresas perfectamente sostenibles a medio. Si los mercados financieros fueran eficientes, estas empresas podrían financiar el actual periodo coyuntural a la espera de la recuperación. Sin embargo, esta crisis nos está mostrando que los mercados financieros están lejos de ser eficientes. De este modo, en ausencia de algún tipo de apoyo, estaremos asistiendo a la desaparición del tejido industrial europeo, renunciando a un importante stock de capital humano, tecnológico, físico, etc.
En tercer lugar, el sector público tiene un papel relevante a la hora de incentivar aquellas actividades con mayores riesgos para la inversión privada pero con notables externalidades positivas para la comunidad. La competencia per se incentiva aquellas innovaciones cuya rentabilidad puede extraerse a corto plazo y donde la estructura de propiedad es nítida. Sin embargo, existe otro tipo de innovaciones con rendimientos a más largo plazo, que el sector financiero no puede asegurar, o donde existen incertidumbres sobre la capacidad para explotar de manera exclusiva tales ventajas. Así pues, es ahí donde el sector público tiene un papel indiscutible. Es importante, pues, la delimitación de las actividades empresariales sujetas a tal respaldo.
Por consiguiente, el sector público tiene un papel que jugar en el diseño del patrón de crecimiento. Las autoridades cumplen una labor como agentes que interactúan en el mercado, pero su misión central se sustenta en su poder para delimitar el campo de juego del resto de participantes en el mercado. Queremos decir con esto que una parte de la destrucción del tejido industrial en nuestro país en la última fase alcista, se debió a un marco de incentivos que dirigía el capital y el trabajo hacia las actividades inmobiliarias.
Así pues, una importante lección, nos previene de un exceso de confianza en uno u otro sector y nos recomienda centrar los apoyos e incentivos públicos para un nuevo sector industrial en aquellas compañías sostenibles, mediante modelos de autoselección, y en aquellas actividades con externalidades positivas de difícil apropiación por parte de inversores privados.
- Una nueva política industrial (I): Desmontando los mitos sobre la industria
- Una nueva política industrial (II)
© Jonás Fernández Álvarez. Director del Servicio de Estudios de Solchaga Recio & Asociados. Es licenciado en Economía por la Universidad de Oviedo y máster en Economía y Finanzas por el CEMFI-Banco de España. Ha ampliado estudios con un programa de econometría avanzada en la LSE y es Executive MBA por el IESE Business School.
© José Ramón Gutiérrez. Licenciado en Economía por la UCM, doctor en Economía por la Universidad Nebrija y Executive MBA del IESE. Tiene una experiencia de más de 10 años en consultoría y dirección de proyectos de Tecnologías de Información, en España y en Italia, en Telefónica, Indra y Deloitte. Desde hace 3 años es director de programas en el IESE.