40 Aniversario

Economismo

Sobre el blog

Economismo es, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, “la doctrina que concede a los factores económicos primacía sobre los hechos históricos de otra índole”. Este foro pretende abrir una línea interactiva de debate, de alta calidad y diversidad, sobre economía nacional e internacional. Para ello, contamos con la colaboración de destacados expertos que aportarán sus opiniones a lo largo de toda la semana.

Sobre los autores

En este espacio tendrán cabida los debates de nuestros expertos sobre cuestiones de máxima actualidad y todos aquellos temas que pensemos que puedan ser interesantes para nuestros lectores, cuya participación será fundamental para todos nosotros. Coordinado por Alicia González.

Metodología

El autor elaborará semanalmente un artículo de tema económico, cuyo titular será una afirmación y que estará razonado y documentado. La extensión no deberá superar los tres folios. La idea es que el artículo sea debatido por un grupo de expertos económicos, que deberán estar registrados en el foro para poder participar. Se accede al registro o por invitación del autor, o por solicitud del interesado. El artículo será enviado a los expertos registrados los viernes a última hora de la tarde. Posteriormente, será colgado en elpais.com el sábado y publicado en el suplemento de Negocios de El País el domingo. El debate estará abierto hasta el jueves de la semana siguiente, en que el autor elaborará unas breves conclusiones, que se colgarán en la web y se publicarán en Negocios, junto al siguiente tema de debate.

El debate

Más inflación, por favor

Por: | 28 de junio de 2012

Las dificultades por las que atraviesa la eurozona han llevado a algunos economistas a plantear la necesidad de ser más flexibles con el objetivo de inflación en la región, como vía para aliviar la carga de la deuda de los países miembros y facilitar el ajuste a las economías que han perdido competitividad en los últimos años. Lo cierto es que el mandato del Banco Central Europeo (BCE) explícita muy claramente que la autoridad monetaria debe velar en exclusiva por el control y la estabilidad de precios a medio plazo en la región, fijado el objetivo en el 2%. Sin embargo, el simple planteamiento de una mayor laxitud con la inflación desata la furia de los halcones del BCE y esgrimen los problemas que podría provocar una escalada inflacionista en la región.


Los expertos de Economismo, sin embargo, creen que un poco de inflación, en las actuales circunstancias no solo no sería perjudicial para las perspectivas económicas sino que sería un elemento que facilitaría la recuperación de la economía europea y de la española en particular. Como en todo, en la medida estaría el éxito de esta apuesta.


Mauro Guillén, director del Lauder Institute en la Wharton School, apuesta por “un poco más de inflación y una suave devaluación del euro para que la periferia pueda volver a crecer”. Entre otras cosas, explica el profesor Guillén porque “no se puede realizar un ajuste fiscal simultáneo en un bloque comercial en el que los principales clientes y proveedores de todos los estados miembro son otros estados miembro”. Dicho esto, en su opinión, en el caso de España son necesarias más medidas. “Necesitamos un gran pacto de Estado entre partidos, sindicatos y asociaciones empresariales para recuperar la competitividad. sin una mayor competitividad no podremos aprovechar el eventual tirón de las economías europeas”.


También Rafael Myro, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid, es partidario de una mayor inflación en los países del norte de Europa para “facilitar el proceso de devaluación interna que necesita la periferia europea, acelerando el aumento de su competitividad”. Para ello, asegura Myro, “el BCE debería reducir aún más los tipos de interés, no solo los de corto plazo sino también los de medio plazo”, como hizo la Reserva Federal en 2011. Sin embargo, el profesor no ve fácil que Alemania acepte tasas de inflación superiores al 2,5% que registró en 2011. De ahí la importancia que otorga al proceso de ajuste de costes y precios en España y otros países de la eurozona. “Es desalentador que los salarios pactados por los sindicatos en los convenios revisados en España durante 2012 estén aumentando un 2%, algo más que los precios. Así es difícil que estos desaceleren su crecimiento”. Asimismo, persisten en su opinión barreras a la competencia en las fases de producción y distribución, unas rigideces que obligan a basar el ajuste “en aumentos de la productividad del trabajo derivados de la desaparición de las empresas menos eficientes”.
José García Solanes, de la Universidad de Murcia, sostiene que “si el BCE elevara un poco su meta de inflación (hasta un 2,5% o un 3%), los efectos benéficos superarían incluso a los que se esperan de los 130.000 millones de euros planeados para infraestructuras”. García Solanes cree que esa medida favorecería a España, “no solo porque reduciría el valor real de la deuda soberana, sino porque estimularía notablemente nuestras exportaciones”. A su juicio, “falta nos hace porque nuestra competitividad se ha deteriorado mucho desde a entrada en el euro y confiarlo todo a los ajustes internos es muy dificultoso y doloroso”.


José Luis Martínez, estratega de Citigroup para España, se muestra sorprendido por el debate que afecta a una zona con más del 40% de las economías que lo componen amenazando con una depresión. “Naturalmente, la inflación es una de las 'medidas' para resolver el problema de exceso de deuda a medio y largo plazo. El resto es el paso del tiempo, sacrificios, liquidez y reestructuración de la deuda en algunos casos”. Martínez recuerda que “la inflación es un impuesto más que permite la recuperación de los ingresos públicos y minimiza el stock de deuda al compararse con el producto nominal”. No obstante, “lo veo complicado” en un entorno de bancos centrales independientes y con el BCE forzado a enfocarse en luchar contra la inestabilidad financiera, no de precios. “Me temo que lo hará de cualquier forma: no hay mucha alternativa si queremos que el euro tal como lo conocemos sobreviva”.


El director del servicio de estudios de Repsol, Antonio Merino, reconoce que “la inflación realmente no es hoy un problema y especialmente en los países de la OCDE donde el paro y la capacidad ociosa del sistema productivo es la norma”, pero su pronóstico es que “la inflación en la zona euro debería evolucionar a la baja y llevar a nuevas bajadas de tipos de interés”. Eso sí, admite que el ajuste de competitividad sería más fácil con algo más de inflación y crecimiento en los países que no tienen problemas de credibilidad en sus cuentas fiscales. Merino apunta lo sucedido con los procesos inflacionistas en procesos emergentes, como vía para ajustar la competitividad frente a países OCDE y ahí enmarca la apreciación del tipo de cambio efectivo real de China en un 24% en los últimos seis años.
Para Santiago Carbó, profesor de la Universidad de Granada y asesor de la Reserva Federal de Chicago, “en unas circunstancias como las actuales la primacía de la estabilidad de precios sobre otros objetivos genera algunos problemas”, sobre todo porque no contribuye a otros objetivos igualmente importantes como el crecimiento o la estabilidad financiera. A su juicio, “una relajación aún mayor de la ya realizada en los objetivos de inflación no puede ser dañina y siempre podría corregirse a medio plazo”, algo que parece difícil dada la obsesión alemana por el control de la inflación, como reconoce Carbó. Aunque en su opinión, “al margen de estas discusiones de más corto plazo, también está abierto el debate sobre si debe ampliarse o no el mandato del Banco Central Europeo más allá del control de los precios”, al estilo del mandato dual —precios y crecimiento— que tiene la Reserva Federal de Estados Unidos.

El debate

No es realista una Europa sin euro

Por: | 22 de junio de 2012

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La posible ruptura del euro ha dejado de ser un tema tabú. / Thomas Coex (Afp)

Los acontecimientos de las últimas semanas han abierto el debate sobre la posibilidad de una ruptura del euro. A la falta de liderazgo demostrado por los responsables políticos europeos en la gestión de la crisis se ha sumado la incertidumbre en torno a la situación financiera en España y la situación política en Grecia. Las autoridades comunitarias han desarrollado planes de contingencia, que incluyen, incluso, una posible imposición de controles de capital en este último país si su permanencia dentro de la unión monetaria se viera cuestionada, un factor que acabaría con el carácter de irreversibilidad del euro. Y los bancos centrales pero también las grandes empresas y los principales bufetes de la eurozona ya han analizado las consecuencias que tendría la posibilidad de que la unión monetaria llegara a su fin y se procediera a la instauración.

Lo cierto es que, como recuerda uno de los expertos de Economismo, ese y otros temas han dejado de ser tabú dentro de la unión. Lo cual no quiere decir que se perfile como una posibilidad con visos de convertirse en una realidad, en opinión de la mayoría de los economistas que han participado en el debate. Afortunadamente, dadas las consecuencias que se perfilan si se produjera el fin del euro, mejor que por ahora no parezca una posibilidad realista.

El profesor José García Solanes, de la Universidad de Murcia, parafrasea a su colega de la Universidad de California, Barry Eichengreen, al augurar “la madre de todas las crisis financieras” si se llegara a producir el fin del euro. En su opinión, esta posibilidad “sería más traumática que el abandono de un sistema de tipo de cambio fijo o la ruptura de una caja de cambios, como la del peso argentino frente al dólar” dado que afecta a muchos más actores e interrelaciones. Sería, en su opinión, la quiebra de un proceso de integración económica y políticas europeas de más de sesenta años, con efectos devastadores en todo el mundo ya que la eurozona es uno de los motores económicos mundiales. “Las autoridades europeas no pueden permitir este desenlace”, sentencia. De producirse, García Solanes augura “elevadas retiradas de depósitos en las economías propensas al abandono acompañadas de fuertes salidas de capitales desde las economías amenazadas hacia las economías fuertes”, algo que como él mismo reconoce “ya se está observando”. El escenario es poco alentador: quiebras bancarias generalizadas, parálisis en los sectores productivos, depreciaciones de entre el 40% y el 60% en las monedas más débiles, espirales inflacionistas y caídas del PIB entre el 30% y 50% en los países periféricos.

Pese a esas perspectivas, mejor meditar por adelantado sobre los costes de una mala gestión de la crisis del euro. Es la tesis del estratega jefe para España de Citigroup, José Luis Martínez, bajo el principio de que “las crisis ocurren porque no se anticipan” y recuerda que en esta crisis “ya se han roto los tabúes al hablar del euro” y ahora se plantean distintos debates: salida de un país del euro, el default de un Estado miembro, la asistencia europea a la banca sin que pase por el riesgo soberano, un euro a dos velocidades... José Luis Martínez apela a los argumentos de la canciller alemana, Angela Merkel, para asegurar que, dado que el euro se empezó por el techo como integración monetaria, el objetivo final del euro deberá ser la integración política. Pero si el euro se rompe “todos tenemos un problema”, asegura, tanto fuera como dentro de la unión monetaria. “Tendríamos costes enormes que se superarían a largo plazo, muy largo plazo”. Mientras, el escenario ya descrito: desajustes de balances, quiebras en el sector público, en bancos y empresas. “Probablemente, una vuelta atrás en la globalización e integración financiera mundial y tensiones sociales y geopolíticas. Sí, mejor pensar en las consecuencias de las crisis para anticiparlas”, concluye.

Para Guillermo de la Dehesa, presidente del Center for Economic Policy Research (CEPR) de Londres, la ruptura del euro simplemente no es una opción. “El euro no se romperá porque sería el fin de la unión monetaria y, por tanto, del mercado único, de la unión aduanera y de la unión europea”, un proceso en el que “todos salimos perdiendo y nadie sale ganando”. Sus consecuencias serían inmediatas: Europa dejaría de tener peso alguno en la economía y la política mundiales. Guillermo de la Dehesa es tajante: “No creo en los suicidios colectivos y menos aún si lo cometen 500 millones de personas”.

También el profesor de la Universidad de Granada, Santiago Carbó, se muestra firme: “La ruptura del euro no es un escenario real ni realista de modo inmediato, pero sí una cierta amenaza remota cuyo solo rumor se debe evitar”. Según él, el comportamiento de los líderes europeos ante las elecciones griegas es un buen ejemplo de cómo estos reaccionan más contundentemente ante el pánico que produce un episodio de menor tamaño pero que podría hacer mucho daño en función de reputación y contagio a la eurozona. “El único camino para evitar la ruptura del euro es avanzar hacia una unión fiscal, económica y bancaria y, en definitiva, política”, asegura Carbó, el también asesor de la Reserva Federal de Chicago también apuesta por decidir una nueva combinación de consolidación fiscal y políticas de crecimiento, incluyendo cambios en plazos y condiciones para los objetivos de déficit sería la más conveniente “para abandonar esta histriónica situación de ajustes que llevan a menos crecimiento y este menor crecimiento lleva a más incertidumbre y la nueva incertidumbre solo lleva a más ajustes..., y vuelta a empezar”.

El debate

Al borde del precipicio

Por: | 15 de junio de 2012

La actividad global se desacelera a gran velocidad. Los últimos datos relacionados con el comercio mundial, publicados por la Organización Mundial del Comercio (OMC), revelan que, si se elimina el efecto de la revalorización del dólar, el comercio mundial permaneció estancado en el primer trimestre del año, después de una fuerte desaceleración en la segunda mitad de 2011, lo que da idea del estado actual de la economía global.

Sin embargo, los expertos de Economismo que han participado en el debate de esta semana opinan que la recesión global no está en el horizonte actual. Que solo una ruptura del euro o un acontecimiento brusco en la unión monetaria podría desatar la recesión. Porque, aunque a menor ritmo, las economías asiáticas y latinoamericanas mantienen un elevado ritmo de crecimiento. En todo caso, sí parece que la crisis europea puede llevar a la economía global al borde del precipicio.

Mauro Guillén, director del Lauder Institute en la Wharton School, reconoce que la economía global no va bien y en varios frentes: la eurozona, Estados Unidos, los BRIC... “La atonía global es una realidad. No tenemos en estos momentos ninguna economía o región que pueda actuar de locomotora. Es una situación delicada”, añade con preocupación. Según Guillén, deberían ser los países con una posición fiscal y de cuenta corriente más desahogada los que deberían activar su crecimiento para tirar de los demás. “El problema es que falta liderazgo y capacidad de coordinación a nivel global”, admite.

Guillermo de la Dehesa, presidente del Centre for Economic Policy Research (CEPR) de Londres, insiste en que “hoy no se atisba una recesión global” y apela a los últimos datos publicados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en las perspectivas de abril para avalar su tesis. La economía global ha pasado de crecer el 5,3% en 2010, al 3,9% en 2011 y al 3,5% en 2012, pero recuerda que, según el FMI, el crecimiento global “puede recuperarse algo en 2013, alcanzando el 4,1%. Pese a ese aparente optimismo, De la Dehesa apunta los riesgos: “Una recesión mundial solo podría ocurrir si el euro se rompe, ya que el peso relativo del área euro en el PIB mundial es el 20%, y sus importaciones alcanzan el 40% del total mundial”. Eso explicaría, en su opinión, las advertencias que los líderes mundiales están lanzando a los responsables europeos para que se avance hacia la unión fiscal y política, o establecer una hoja de ruta muy clara y convincente, ya que “pueden acabar con 55 años de unión europea y provocar una recesión global, lo que sería imperdonable. Espero que en el G-20 anuncien algún paso para calmar a los mercados”, concluye.

El profesor José García Solanes, de la Universidad de Murcia, explica que la amenaza de recesión mundial tiene su principal foco en la zona euro y que, dadas sus dimensiones, la recesión en la región provoca un frenazo en los intercambios mundiales y debilita otras zonas del mundo, “empezando por Norteamérica y terminando en los países emergentes y en el conjunto de Latinoamérica”. Eso explicaría, a su vez, dice García Solanes, por qué en todas esas economías “se viene observando una desaceleración económica y un notable debilitamiento en la creación de empleo. Incluso, China, gran paradigma del crecimiento de la última década, está viendo las orejas al lobo”, subraya. En su opinión, la Eurozona es una economía demasiado grande para dejarla caer, y de ahí los quebraderos de cabeza que esta situación provoca en EE UU. García Solanes confía en que en la reunión del G-20 se adopten “medidas de estímulo coordinadas” y que los líderes europeos salgan convencidos “de acelerar su unión fiscal y económica y de estimular el crecimiento”.

José Luis Martínez, estratega de Citigroup para España, ofrece un interesante análisis sobre otra importante fuente de inestabilidad: los mercados, “cuyo tamaño supera con creces el PIB mundial y en un proceso de persistente contracción desde hace cinco años”. Martínez apunta que ese movimiento se ha visto acelerado por las medidas adoptadas por las autoridades mundiales (restricción de capital, de liquidez, valoración de activos...) que dificultan que se asuman riesgos de inversión en esas circunstancias. “El deterioro del empleo es una de sus consecuencias”. Son pocas las alternativas, a su juicio, para recuperar el empleo perdido —”salvo el paso del tiempo, medidas monetarias para evitar amagos de nuevas crisis y reformas estructurales”— y, en ningún caso, no de la forma rápida en que nos gustaría. Entre los emergentes, solo un apunte: “inquieta y mucho la posible desaceleración económica en China”. Aviso a navegantes.

Rafael Myro, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, abre otro frente: “el potencial desestabilizador que posee en los países desarrollados la crispación social” provocada tanto por los efectos de la crisis (desempleo y desigualdad) como por la gestión que de ella se está haciendo (reestructuración y saneamiento de los bancos, recortes en los programas sociales y excesos de austeridad). Estos factores, a su juicio, tenderán a favorecer la desaceleración de la economía mundial a corto plazo. “La vuelta a un crecimiento sostenido de la economía mundial no parece fácil sin un rearme moral, social y político de alcance universal. En mi opinión, los efectos de la crisis son más devastadores desde esta perspectiva de lo que imaginamos”.

Santiago Carbó, de la Universidad de Granada y asesor de la Reserva Federal de Chicago, confía en que “la cumbre [europea] de finales de mes ha generado expectativas que deben colmarse en buena medida para evitar un colapso económico a escala europea y mundial”. En todo caso, Carbó no ve sencillo hablar de recesión global porque las economías asiáticas y latinoamericanas, entre otras, siguen avanzando a ritmos apreciables aunque menores que en años anteriores. En su opinión, no obstante, sí considera un síntoma de expectativas negativas la salida de capital de la eurozona. “Se impone ahora la teoría del precipicio por la que las autoridades europeas tendrán que confirmar las expectativas dando un paso adelante significativo en la unión bancaria y fiscal si no se quiere perder el control de la situación de forma definitiva”. De nuevo, al borde del precipicio. J

El debate

Lejos de la solución definitiva

Por: | 08 de junio de 2012

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Un cliente hace uso de un cajero automático de Bankia en Madrid. / Pedro Armestre (Afp)

La actualidad económica y financiera sigue girando en torno a España. El rescate  por parte de las autoridades europeas ya ha dejado de cuestionarse y solo cuándo se producirá y qué forma adoptará finalmente esa ayuda. Desde el Gobierno y el partido que lo sustenta se insiste en que en todo caso no se trataría de un rescate, mucho menos equiparable al de Grecia, Irlanda o Portugal y, ciertamente, no se plantea un programa en términos similares al de estos países ni el estado de la economía española es equiparable al de aquellas. Pero sí es cierto que, hoy por hoy, la duda está en si los fondos se inyectarán directamente en el sector financiero o si la ayuda, o rescate, se canalizará a través del soberano. El mercado espera una operación de forma inminente.

Para los expertos de Economismo, el rescate a la banca sería la solución ideal —un “sueño” dicen incluso— pero dudan que los cambios legales que esta posibilidad exige, junto a la no menos importante resistencia de algunos países como Alemania a la medida, permitan que sea una opción muy realista para el caso español. En todo caso, coinciden, es un instrumento que debe ser implementado pero que queda lejos de ser la solución definitiva a la crisis de deuda europea.

Así lo piensa Santiago Carbó, profesor de Economía de la Universidad de Granada, que admite que es “muy probable” que haya algún tipo de apoyo financiero europeo al sector bancario español (“y probablemente otros”). “El truco está, precisamente, en qué calificativo se le da a ese apoyo”, matiza. El profesor granadino advierte que las negociaciones van a ser fundamentales en fondo y forma. “En el fondo, porque lo que se está discutiendo es la viabilidad y confianza de la economía española; y, en forma, porque la condicionalidad puede ser explícita o implítica”, apunta. Pero, a su juicio, no basta un instrumento para el rescate del sector bancario, español o no, para garantizar que sea la solución a la crisis. “Quedan muchos problemas con los que lidsiar en Europa y, por ejemplo, Italia tiene aún muchos problemas que plantear con soluciones aún más difíciles que en España”. El también asesor de la Reserva Federal de Chicago considera que el sector bancario es la parte más urgente y quizás la más importante de la crisis europea “pero no la única”. “Si la solución pasa por Europa, los problemas serán europeos y, por lo tanto, se precisará una solución para todos”, que servirá para afrontar problemas en otros sectores bancarios débiles en Europa de los que ahora no se habla. “Tiempo al tiempo”, subraya.

Rafael Myro, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, defiende que la operación de refinanciación bancaria se realice a nivel europeo y que la ayuda se diriga exclusivamente a los bancos. A nivel europeo porque, de lo contrario, España vería aumentar su nivel de deuda pública a cerca del 90% del PIB, un nivel que como él mismo recuerda ya han alcanzado y superado otras economías europeas. “Sin embargo, cuando se anñade el alto nivel de deuda privada [española], puede pensarse que las nuevas emisiones, que debería realizar el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), podrían incrementar aún más la prima de riesgo y la ya elevada desconfianza actual en la economía española”. Myro subraya que deben ser, asimismo, las entidades a las que se les imponga la condicionalidad de la ayuda por parte de las autoridades europeas y no “las administraciones públicas, ya suficientemente comprometidas y condicionadas”. Y de nuevo el recordatorio de que no será un mecanismo específico para España sino que “lo ideal es que se ofrezca de forma general a todos los países de la zona euro, en el marco de un avance en su integración financiera y fiscal, es decir, a cambio de cesiones en la soberanía nacional en la en las vertientes fiscal y de supervisión bancaria”. Una solución así, remata Myro, detendría la pérdida de confianza en el euro, que impide la atracción de capital extranjero.

José Luis Martínez, estratega para España de Citigroup, insiste en que es muy diferente que el rescate sea al soberano o al sector financiero. “En el primer caso, es una intervención con pérdida de soberanía en política económica. en el segundo, es la reestructuración de una entidad o entidades financieras con dinero europeo. Y la gestión, que debe ser definida a nivel europeo”. Eso sí, Martínez lo deja claro: “no hay regalos, se pone dineo para salvar una situación que de otra forma tendría un coste mucho mayor”. Pero la posibilidad de que el rescate se limite al sector financiero le parece al analista del Citi “un sueño”, que solo la política puede lograr. Pero de forma realista admite que “me parece improbable si no hay supervisión y garantía de depósitos única del sistema financiero”, algo que ya considera más que un sueño, “una utopía”. En el fondo, lo importante —dice Martínez— es crear las condiciones para que el mercado ponga la financiación y se mejoren las perspectivas de los mercados, algo que en su opinión solo pueden crear el Banco Central Europeo (BCE) o el Mecanismo Europeo de Estabilidad (Mede). “Por cierto, sea el ESM o los gobiernos, las entidades financieras con problemas deben reestructurarse y venderse. Nada de banca pública”, remata.

José García Solanes, de la Universidad de Murcia, no es muy optimista respecto a la posibilidad de que se instrumente el mecanismo apropiado para llevar a cabo un rescate solo bancario. Por una sencilla razón. “Es muy poco probable que el Mede disponga de un fondo específico de recapitalización antes la cumbre europea” de finales de junio. García Solanes incide en el factor político de cara a las futuras reformas para avanzar en la unión económica. Cree que la canciller alemana, Angela Merkel, entiende la unión bancaria como algo muy restringido: “una mera supervisión supranacional, por parte de la Autoridad Bancaria Europea”, apunta, “el fondo de garantías de depósitos europeo y el fondo común de recapitalización de la banca”. a su juicio, sólo se puede confiar en el BCE que “tendría que inyectar liquidez y anunciar una tercera operación de préstamos a largo plazo”, una opinión muy extendida entre los analistas del mercado. “Las cantidades que realmente necesita la banca española siguen en una nebulosa. Esperemos que las auditorías externas arrojen un poco de luz, para bien de la banca y de la prima de riesgo”, concluye. Lo que no sabemos es si habrá margen para tanto.

El debate

Grecia como síntoma

Por: | 01 de junio de 2012

La salida de Grecia del euro ha dejado de ser un tema tabú. Si hace unos meses la mera posibilidad de que algún miembro pudiera abandonar la unión monetaria no se podía ni siquiera debatir, ahora son las autoridades europeas las que piden planes de contingencia nacionales para prevenir en la medida de lo posible los catastróficos efectos de esa posibilidad. La fecha del 17 de junio, cuando se celebran las nuevas elecciones en Grecia, aparece marcada en rojo en el calendario de todos los analistas de mercado por la posibilidad de que el resultado electoral desate un pánico bancario que termine en última instancia con la salida de Grecia del euro.

 

Los expertos de Economismo advierten que ese proceso no beneficia a nadie, no hay ningún ganador con el abandono de Grecia de la moneda única, pero admiten que la posibilidad cobra peso día a día y que el futuro más inmediato se presenta incierto. Una espiral de incierto final que solo mayores avances hacia la unión fiscal y bancaria podrían compensar. La salida de Grecia del euro aparece así como un síntoma de las fuertes tensiones que atraviesa la unión monetaria y de las deficiencias de diseño y concepción de esta, que ahora afloran con más intensidad.

Es la teoría que defiende el profesor de la Universidad de Granada, Santiago Carbó, que admite que la salida del euro de Grecia “no es un escenario descartable” y que ahora hasta la propia Grecia puede adoptar, con consecuencias muy duras para el resto de la eurozona. Si los peores augurios se cumplen, Carbó defiende que “lo importante será si en la Unión Europea se han establecido ya de una vez los mecanismos adecuados para que el resto de socios actúen de forma más coordinada y solidaria”. Es decir, que si Grecia sale del euro o entrara en una espiral desastrosa “podría tener efectos muy duros en el resto de economías y acelerar la huida de capitales de Europa”. El alcance de esa reacción, subraya el también asesor de la Reserva Federal de Chicago, dependerá de que se haya avanzado en temas como un verdadero cortafuegos para la deuda soberana, una mayor unión bancaria con mecanismos de resolución de crisis financieras y una estrategia de consolidación fiscal en plazos razonables. Pero Carbó es muy crítico con la respuesta de las autoridades europeas. “Si a Grecia no se le deja abandonar finalmente el euro será por el problema de reputación que supone para la eurozona no haber podido solventar los problemas de una economía de representatividad reducida”.

José Luis Martínez, estratega jefe para España de Citigroup, llama a una cierta tranquilidad. “Un resultado en las elecciones del 17 de junio incapaz de formar Gobierno o con un Gobierno que no quiera cumplir los compromisos de ajuste acordados con la troika dejaría al país sin recursos, en quiebra al sector público y a las entidades financieras pero no implicaría una salida automática del euro”. Incluso sugiere que podría haber escenarios alternativos a la salida, aunque en todo caso complicados. Para Martínez, lo peor es que “el euro no está preparado en este momento para la salida de un país”. En su opinión, “no hay la suficiente coordinación financiera, ni fiscal, menos política para amortiguar el efecto”. De hecho, hoy en día, solo el Banco Central Europeo (BCE) tendría capacidad suficiente —dice— para asumir el papel de barrera mientras se aceleran los procesos para lograr “la deseada integración financiera y fiscal”. El analista del Citi considera, en todo caso, que “es importante tener planes de contingencia, que precisamente nos sirven para valorar lo costoso y doloroso que puede ser un escenario límite que cuestione la supervivencia de la moneda única”.

Una de las consecuencias más importantes de una posible salida del euro la apunta Santiago Fernández de Lis, economista jefe de Sistemas Financieros y Regulación de BBVA Research. “La salida del euro no interesa a nadie, ni a Grecia ni al resto de sus socios. En el diseño de la unión monetaria la irreversibilidad era una condición necesaria para la credibilidad”, condición que tendría su fin con la salida de Grecia. Fernández de Lis admite que los costes de permanecer en el euro para las economías periféricas han ido aumentando a medida que las autoridades europeas se han mostrado incapaces de resolver los problemas derivados de la ausencia de unión fiscal y unión bancaria. Si nada cambia, “el euro quedaría limitado a un régimen de tipos de cambio fijo, similar al patrón oro, al cual los países deciden ligarse o desligarse”. El economista del BBVA advierte que “si ahora se abre la puerta de la salida del euro, la expectativa de devaluación se incorporará al riesgo-país de los Estados miembros, consolidándose la incipiente ruptura del mercado financiero único de estos últimos años”. Una prueba evidente de esos problemas de funcionamiento son los diferenciales actuales “incompatibles con un mercado financiero integrado”. En su opinión, “independientemente de si se termina produciendo la salida de Grecia, Europa debe dar pasos decididos para detener la fragmentación del mercado financiero de la eurozona, lo que exige poner en común aspectos importantes de soberanía fiscal y avanzar hacia una unión bancaria”.

El profesor José García Solanes, de la Universidad de Murcia, recuerda que el abandono de la moneda única supondría para los ciudadanos griegos unas pérdidas de riqueza y unos costes sociales “difícilmente soportables”. En su opinión, el contagio a otros países sería inmediato, afectaría especialmente a España y pondría al euro en gravísimo peligro. “Estamos ante una situación excepcional que requiere medidas contundentes y urgentes. Sin demora, el BCE debería comprar deuda y crear liquidez para salvar la situación momentáneamente”. A la vez, insiste García Solanes, las autoridades europeas tendrían que avanzar hacia la integración política, con el objetivo de “ mutualizar los costes de la crisis y crear una unión bancaria europea para que situaciones como la actual no vuelvan a producirse”.

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