Sobre el autor

Pablo Guimón

. Nací en Bilbao en 1975 y soy madrileño desde los 24 años. Después de recorrer diferentes secciones del periódico ahora soy redactor jefe de la sección de Madrid.

Sobre el blog

La política tiene estas cosas. Uno mete un sobre en una urna para elegir presidente del Gobierno y acaba con un nuevo alcalde. O alcaldesa, en este caso. Nunca unas elecciones generales han significado tanto para la capital. No busque en este blog la actualidad de los cabezas de lista de Madrid, de los que saldrá el próximo presidente del gobierno. Busque los efectos secundarios del 20-N para una ciudad y una comunidad que puede vivir unos cambios políticos como hace tiempo que no vivían.

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Indignan a los indignados

Por: Pablo Guimón | 30 oct 2011

Foto_sol

Hay bastantes cosas tristes en la prohibición de manifestarse en Sol y otro centenar de plazas madrileñas durante la campaña. La primera es que no suele ser una buena noticia que se restrinja el derecho de manifestación, como advierten desde Toma la Plaza. Pero aquí quería detenerme en otra razón por la que me parece lamentable.

Me asquea porque a lo que estamos asistiendo es, una vez más, a la batalla electoral en su variedad más cutre, esa en la que se acaba perdiendo de vista a los ciudadanos. La cosa funciona así: la Ley Electoral, en su artículo 57.1, establece que los Ayuntamientos deben comunicar a la Junta Electoral los “locales oficiales y lugares públicos que se reservan para la realización gratuita de actos de Campaña Electoral”. La reserva de esos lugares implica que ahí no se pueden celebrar manifestaciones durante la campaña. Pues bien, para estas elecciones el Ayuntamiento de Madrid ha mandado reservar 110 lugares públicos, incluido Sol, 42 más que en las pasadas elecciones municipales y autonómicas y 45 más que en las generales de 2008. ¿Somos muchos más votantes, están en juego muchos más escaños, estamos mucho más repartidos geográficamente por la ciudad que en 2008? ¿Alguna explicación a los ciudadanos de ese aumento de más del 60% de los lugares en que se prohíbe manifestarse? No la ofrecieron cuando este periódico se lo preguntó el viernes.

De modo que el Ayuntamiento (PP) es quien reserva los espacios, pero es la Delegación del Gobierno (PSOE) la que debe velar por el cumplimiento de las restricciones. Supongo que comprenden la magnitud de la patata caliente. Y si no, ahí está el siempre sutil Francisco Granados, secretario general del PP madrileño, para arrojar un poco de luz. “Hay que esperar que la delegada del Gobierno deje de hacer oídos sordos a las resoluciones que se van tomando y haga lo que tiene que hacer, lo que es su obligación, cumplir y hacer cumplir la ley”, declaró a Efe.

Pues eso. Los indignados saldrán a la calle, por supuesto. Más indignados todavía. Y los artilleros de la derecha presionarán hasta la náusea a Interior para que cumpla con su obligación y envíe la policía a desalojar las plazas. Son unos blandos, dirán. Están ustedes desprotegidos, ciudadanos de bien. Y pobres los comerciantes. Ya saldrá Arturo Fernández a decir que no les dejan vender nada. Y si la policía sale se frotarán las manos frente a los televisores de sus despachos.

Y todo, ¿para qué? ¿Qué consiguen? ¿Que usted, ciudadano, esté más seguro? ¿Que le lleguen a usted mejor los mensajes de los políticos? Claro que no. ¿No sería mejor dejar que los indignados debatan en la calle? ¿Es que no han demostrado sobradamente que son pacíficos? Me temo que el único objetivo de todo esto son los votos. Y eso es precisamente lo que indigna a los indignados.

Han metido al 15-M en su campaña. Pero no para dejarles debatir, intercambiar ideas, ejercitar y compartir la ciudadanía en las plazas. Lo han metido como arma arrojadiza, como argumento-cachiporra para sus batallas estériles. Chapeau.

Palabra de Gallardón

Por: Pablo Guimón | 26 oct 2011

Gallardón, en la presentación de la Red Bull Music Academy (Luis Sevillano)

“No tengo prevista cosa distinta que terminar mi mandato como alcalde de Madrid". Piensen en esta frase. Lo sé, da un poco de rabia. Es todo espontaneidad. Puro Gallardón. La pronunció el pasado martes en el pleno municipal y el comentario, aquí en la redacción, no se hizo esperar: “Gallardón acaba de decir que se queda, ¿no?”. Pues no. Ha dicho exactamente lo contrario. O, más bien, lo que ha dicho es algo que le permitirá defender que nunca ha mentido a los madrileños cuando acepte un puesto en el próximo gobierno de Rajoy y abandone la alcaldía para la que fue elegido hace apenas seis meses.

En estos casos funciona muy bien la extrapolación a lo cotidiano. Vean:

-Cariño, ¿comemos el domingo en casa de mis padres?

-No tengo prevista cosa distinta.

¿No lo ven? ¡Es un no como una casa! Si vas a ir a comer, respondes “sí”. Si no vas a ir a comer y te da igual, dices “no”. Y si sabes que no vas a ir pero no quieres decirlo todavía, dices algo que parezca un sí pero que luego no te haga quedar como un mentiroso cuando no vayas.

Sitúense dentro de un mes y pico. Rajoy ofrece a Gallardón la cartera de, pongamos, Fomento. Gallardón la acepta y nosotros nos quedamos con Ana Botella de alcaldesa. El alcalde a la fuga (usted) atiende a los periodistas (su pareja):

-Pero usted dijo que terminaría su mandato como alcalde (dijiste que vendrías a comer a casa de mis padres)… ¿Ha mentido a los madrileños? (¿Me has mentido?).

-Disculpe, yo nunca he dicho eso. Lo que dije es que no tenía previsto cosa distinta que terminarlo (que ir a comer a casa de tus padres). Y le puedo asegurar que esto (no ir) no lo tenía previsto.

La clave, claro, está en las palabras. Y Gallardón las maneja bien. Terminar un mandato es algo objetivo. O se termina o no se termina. Tener previsto terminar un mandato, en cambio, pertenece al plano de lo no comprobable. ¿Quién puede demostrar lo que usted tenía o dejaba de tener previsto?

“Previsto”. No es la primera vez que el alcalde utiliza el concepto de previsión para salir de rositas con este tema. Ya en mayo de este año, pocos días antes de las (previsiblemente) últimas elecciones municipales de Gallardón, a la pregunta de Daniel Verdú y Elena G. Sevillano de si agotaría el mandato, el candidato, conocido entre los periodistas por su retórica barroca, respondía con esta joya: “Esa es absolutamente mi previsión”. Atención. Coloca un “absolutamente” para transmitir la sensación de que acaba de dar una respuesta categórica. Pero, muy al contrario, lo que acaba de hacer es irse por las ramas. Cariño, ¿vas a sacar la basura? Esa es absolutamente mi previsión.

Era más larga la respuesta a esa pregunta en aquella entrevista al entonces candidato a alcalde. Y terminaba con otra joya: “No creo que hubiese ningún puesto en el Gobierno de España que me produjese más satisfacción que este”. Suena a compromiso, ¿verdad? Suena a titular. Y sería uno magnífico… si no fuera por el “creo”. Cuatro letras que le evitan cualquier rectificación ulterior y que le permiten, de nuevo, salir ileso. Sus votantes bien intencionados lo entenderán como un compromiso. Pero, aunque solo sea por cuatro letras, no lo es.

Asúmanlo. Alberto Ruiz-Gallardón no se ha comprometido, ni durante la campaña de las municipales ni después, a terminar su mandato como alcalde. Aunque sabía que existían muchas posibilidades de que no lo terminara. Si Rajoy gana el 20-N y le ofrece a Gallardón un buen puesto en su Gobierno, nosotros nos quedaremos con Ana Botella de alcaldesa y Gallardón no tendrá nada que desmentir. Ya lo dijo el propio alcalde en el mismo pleno del pasado martes. “Yo he cumplido mi palabra absolutamente siempre, precisamente porque mido mis palabras”. Absolutamente. Palabra de Gallardón.

El País

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