Contra la música en los restaurantes

Por: | 31 de enero de 2012

Oreja04
Mujer con oreja en restaurante. / AINHOA GOMÀ

 

La revista británica Waitrose Kitchen plantea en su último número un debate apasionante: ¿se debería prohibir la música en los restaurantes? La publicación enfrenta dos artículos en los que la presidenta del London Restaurant Festival y el dueño de la cadena de restaurantes Boisdale defienden opiniones encontradas, una a favor de la eliminación, y el otro, en contra.

Fay Maschler argumenta que si no comemos en las salas de conciertos, no necesitamos la música en los restaurantes. "La mayor parte de lo que suena es tan agradable como los ambientadores que cuelgan en los taxis", escribe. Ranald Macdonald, por su parte, cuenta cómo pasó horas montando recopilaciones de jazz clásico, blues y soul para que sonaran en su primer local, y asegura que si la música es omnipresente en bares y restaurantes es porque a la mayoría de la gente le gusta. "Quítala y acabarás con la ocasión de pasar un buen rato".

Como no puede ser de otra forma, entiendo y respeto la posición de las personas a las que les gusta oír música mientras comen. Incluso estoy dispuesto a admitir que los sonidos de los que habla Macdonald, a un volumen suave, pueden ayudar a crear cierto ambiente siempre que estén bien elegidos y estén en consonancia con el espíritu del local.

El problema es que la realidad es otra: al menos en España, los restaurantes y los bares de tapas con música no la suelen seleccionar en absoluto. Lo que suena puede ser un CD que ha traído el cocinero, el iPod del camarero en modo aleatorio, o directamente cualquier radiofórmula infecta. Y siempre a buen volumen, claro. Es decir, que la comida te la puede amargar el último disco de Bisbal, los peores éxitos de los ochenta o, en el caso más grave, las obras completas de David Guetta, independientemente del tipo de local en el que estés.

Con la música pasa un poco como con el aire acondicionado, que el personal de servicio se vuelve insensible a ella. Si estás mucho tiempo con un runrún de fondo, llega un momento en el que no lo oyes o lo oyes bajo. Entonces, o no te molesta o, si la música en cuestión te gusta, tiendes a subirla, sin caer en que puedes estar obligando a vociferar a tu clientela. Súmese al efecto anestesia la tendencia a hablar a voces que nos gastamos en España y la pésima sonoridad de muchos locales, y ya tenemos una torturante bulla montada.

¿Qué pasa cuando te quejas de lo alta que está la música en un lugar al que vas a comer? El camarero suele reaccionar o bien con sorpresa, o bien con cara de disgusto reprimido, en la que se puede leer la frase "ya está el pesado de turno dando la caca". En cualquiera de los dos casos, lo normal es que te digan que sí, que ahora la bajan. Y en un 99,9% de las ocasiones, la música continúa estando a la misma potencia hasta que te vas. Juraría que más de un establecimiento utiliza los altavoces como elementos disuasorios para que los clientes no se apalanquen demasiado en las mesas, y aumentar así la rotación.

La moda del chunda chunda restaurantil, que quiero creer en cierta decadencia, es relativamente reciente por estos lares. Hunde sus raíces en un invento atribuible a Satán (el hilo musical), tomó fuerza en los ochenta y, en ciertos círculos, alcanzó el clímax en los noventa, en plena efervescencia de la música electrónica. Entonces apareció el horror de los horrores: el disc-jockey de restaurante. Esta figura, por fortuna en declive, torturaba a los clientes con abrasadoras sesiones de chill-out ibicenco o de techno de este que parece la misma canción todo el tiempo. Rectifico: torturaba a algunos clientes, porque otros parecían encantados sintiéndose de lo más cool, cuando no eran más que palurdos apuntándose a una moda ridícula.

Creo que el boom de la música en los restaurantes fue un caso claro de modernidad mal entendida, emparentada con la entronización de "lo juvenil" que padecemos. Llegado un momento, decidimos que mola meter un poco de marchuqui en los comedores. Que comer sin ruido, disfrutando de la conversación, era propio de anticuados vejestorios. También pienso que el mal de la música sin ton ni son no sólo afecta a los restaurantes, sino a gran parte de los espacios públicos: tiendas, hoteles, estaciones, transportes, oficinas... parece que la paz signifique aburrimiento, y que necesitemos el ruido para aturdirnos y no pensar demasiado.

De esta forma, el silencio se ha convertido en el mayor de los lujos, sólo al alcance de los monjes o de los terratenientes con hectáreas de terreno disponibles para marcar distancias con el jaleo permanente. Mi esperanza radica en que existen otras personas sensibles a este problema: en el Reino Unido hay webs como Pipedown o Quiet Corners (Rincones Silenciosos), en las que se combate el llamado 'muzak' y se recomiendan lugares libres de la plaga del hilo musical.

Digo todo esto siendo un gran fan de la música, y habiendo dedicado buena parte de mi vida profesional al periodismo relacionado con ella. Me encanta oír canciones cuando cocino, cuando trabajo -con auriculares para no molestar al prójimo-, cuando estoy tirado en el sofá, cuando bebo, cuando bailo... pero no cuando como. En ese contexto, necesito tranquilidad, no agitación. Y la música alta me parece superflua, una molestia que lo único que consigue es alterar la digestión y emborronar la comunicación.

¿Te gusta la música en los restaurantes? ¿O te molesta? Cuéntalo en los comentarios.

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Hay 171 Comentarios

La música en el restaurante (Lo digo yo como restaurantero) es ocasionada porque buscamos ofrecer a nuestros clientes e invitados un escenario de un festín ó una fiesta.....(Es por eso los conceptos es por eso también la música, y es por eso que ofrecemos un tipo de fiesta (concepto) diferente para captar clientes que convivan con ese escenario y música) comprendo la posición de que algunas personas no les guste tomar alimentos cuando haya un festín o celebración y no les guste inclusive asistir a un evento, por eso considero muy importante punto de vista y como restaurantero pienso que podría ser un buen mercado, habrá que saber que tan buen negocio son! ¡todo se basa en economía y tendencia si tienen buen poder adquisitivo y no les gusta un concepto muy elaborado si son mayoría pues muchos negocios lo van a implementar.

No sólo nos molesta la música alta y estridente, también nos molestan mucho las televisiones que hay en numerosos bares con el volúmen altísimo. Y aunque no tenga mucho que ver, odiamos las máquinas tragaperras... Uff

www.masqueunafaltaderespeto.blogspot.com


La siguiente fase de estupidización colectiva, después de la estimulación acústica obligatoria, será la estimulacación visual obligatoria. La de tener que tragar pantallitas en todas partes...

www.nomaspantallitas.blogspot.com

A mí, que haya gente que quiera oir música mientras come me parece similar a que haya gente que quiera jugar a las cartas mientras come, o hacer la declaración de la renta mientras come. Algo que no guarda ninguna relación con la comida. Particularmente me parece una estupidez. Pero cada uno es muy libre de escoger sus estupideces, siempre que no obliguen a los demás a cometerlas. Por tanto pienso que los restaurantes deben garantizar la opción de poder comer sin oir música. Y luego, si lo desean, poner un comedor distinto para que coman quienes quieran oir música mientras comen. Por mí, como si quieren poner un comedor con futbolines, para que la gente que lo desee pueda jugar al futbolín mientras come. Por poner uno de tantos ejemplos posibles. Pero sin molestar a la gente que quiera comer sin más. Lo que tiene que vender un restaurante es comida. Y para el resto de productos que quiera regalar como "valor añadido" , debe dar opción a su rechazo. No pueden someter a la persona al chantaje de tener que consumir un producto no relacionado para acceder al que están autorizados a comercializar. Y Y la música es un producto comercial. Por eso se pagan derechos por ella. Soportarla es un acto de consumo. Totalmente diferente al resto de sonidos dereivados de la actividad real en el entorno. Y si les parece que es lo mismo...entonces ¿para qué la quieren? ya tienen los sonidos del entorno para ambientar. Han creado en la gente la adcción sobrevenida a oir música para comer, un reflejo condicionado como el del perro de Pavlov. Y a veces te quieren perdonar la vida dicendo que está baja. Pues si les parece que es igual baja que apagada...que la apaguen...¿no dicen que es lo mismo? www.nomasmusicaimpuesta.com

hombre si es BUENA musica y a un volumen bajito a mi no me desagrada...

Y ahora la curiosidad: suele gustarme la decoración musical pero prefiero comer sin música. Interesante entrada.

Si en el restaurante hay aragoneses da igual lo que canten porque no se les podrá oir entre tanto vociferio :) No soporto los restaurantes con música, si tienen un pianista me dan ganas de cerrarle la tapa de golpe. A un restaurante se va con la música ya oida, que diría Pepe Rubianes.

Pues decís de los restaurantes pero ¿y en las tiendas de ropa? Eso sí que no hay quien lo aguante. Sales de allí sordo y estresado ¿qué pretenden? ¿Es que los dueños tienen un primo otorrinolaringólogo al que le va mal y buscan proporcionarle una buena lista de clientes?

en los restaurantes depende, en los aviones NO!!!!

Aquí en México, tenemos una problemática muy molesta: contaminación auditiva. Hoy en la mañana, estaba desayunando en un restaurante muy popular en Xalapa,Veracruz. Mi comida hubiera sido excelente, si no hubiera sido por el ruido espantoso, consecuencia de las campañas electorales. Al principio lo llegué a tolerar. Pero poco después, llegó un señor con una guitarra vieja y empezó a cantar (mas bien a gritar). Yo si estoy en total desacuerdo con la música en restaurantes... y si la hay, al menos que sea de acuerdo a la atmósfera del lugar.

Odio la música fuerte que te obliga a gritar en restaurant o bares a cualquier hora.
Creo que se debe a que en España la gente no tiene nada que decirse de interesante o que teme hacerlo, por eso se aturde para evitar la comunicación.
Estoy hablando de bares donde la gente se sienta con amigos o en parejas.
Los que son de copas es diferente.

Todo depende de la música que se escuche, y también del volumen de la misma; si es música suave y que te permite hablar sin tener que levantar la voz, perfecto. El problema es cuando ponen a todo volumen cualquier tipo de música, eso ya si que no es aceptable.

Coincido con que la música en la mayoría de los restaurantes es un problema, tanto por la calidad de lo que se escucha como el volúmen. Y peor aún cuando es música en vivo. Si es alguien tocando el piano, me dan ganas de llorar pues en general el repertorio es malísimo.

Todo tiene que ver con que te impongan las cosas. Yo prefiero comer sin musica (y por supuesto, sin TV). Paso mucho tiempo en el coche solo y no me gusta llevar siempre puesta la radio, aunque hay gente que no lo entiende ("pero como puedes ir sin musica?")
El el horror vacui, el miedo al vacio, al silencio que te obliga a conversar o pensar.
Prefiero los restaurantes sin musica

No me gusta la música en los restaurantes ara, de ahí a prohibir...

Siempre que me molesta pido que la bajen y, casi siempre, me escucha el camarero sin ningún problema y , casi siempre también, la baja.

Molesta infinitamente más la gente. Infinitamente más: nos han tenido que prohibir fumar para que dejemos de joder con los cigarrillos o el puro a la persona que tenemos al lado; nos tendrán que prohibir hablar por el móvil, hablar a gritos, acudir con niños a lugares públicos sin un certificado de buena conducta de los mismos, etc. ¿Que la música es molesta? A veces. Pero la puta peña, siempre.

pues a mi, en el restaurante adecuado con una buena musica suave de jazz, blues, bossa nova, electronica (si, que tambien hay buena electronica) o pop-rock, con gusto y nada estridente, no me desagrada...eso si, nada de clasica y ni mucho menos opera... pero claro, en esto de la musica, hay para todos los gustos: desde el que no quiere nada y prefiere oír la conversación de los vecinos de mesa hasta el que prefiere la música cuanto mas chabacana mejor..

Magnífico artículo.

Para los entrantes, Rock 'n' Roll, para sopas y caldos Reggae, para carnes Blues, para pescados Jazz, para postres Country, y para el café Clásica.
Eso si, muy suave.

Debe ser que se me está agriando el carácter pero hay dos cosas que no soporto en general y en un restaurante en particular: la gente que habla a gritos y da palmadas cuando se rie, deben creerse el ombligo del mundo, lo mío es lo más chanante, lo mío es de órdago y que todo el restaurante lo sepa... (ironic mode) y la música/televisión sea cual sea su volumen.

Acá en el sur de Alemania no hay música ni en los bares, son pocos la que la tienen y la verdad es que se echa de menos. Hace poco fuimos a un restaurante de lujo que sus dueños eran de Hamburgo, la música era alta y la verdad mientras nos permitiera hablar y fuera buena, la verdad es que me gusta.
Eso sí, Bisbal amarga cualquier cosa que tenga que ver con el placer y la digestión, qué horror.
Saludos

En privado cada uno que se relama como quiera, pero en público la música en los restaurantes se hace imposible de defender. En la mesa eliges con quién te sientas, lo que comes, de lo que hablas, .. y nos distingue en cada mesa. La música es un manto pegajoso, molesto y vulgar que iguala a todos. Personalmente lo detesto.

Totalmente de acuerdo con Kyk-ita: "Comer con música es tan paleto, hortera, innecesario y rompehuevos como follar con ella". Por fin alguien se atreve a llamarlo por su nombre. Suficiente motivo para hacer voto de castidad y de pobreza. Gracias a Dios no me he visto en tan penosa necesidad; sobre todo lo de follar con música, para ello hace falta ser vulgar, hortera, basto, chabacano, macarra, ordinario, soez, basto, burdo, cateto, grosero y zafio. No sé si me explico.

Cada cual tiene sus gustos musicales y es muy dueño de detestar determinados tipos de música o de amar otros, incluso de detestar la música en general. Por eso, lo mejor es no ponerla en los restaurantes. Lo más importante es la comida, el servicio (de servir, aunque el cuarto de baño también), y luego la compañía, que no la da el establecimiento, sino que la lleva ya uno de casa. La música bajita se convierte en un molesto murmullo (en mi opinión); la música hay que oirla a propósito sin hacer otra cosa, o bien realizando algún trabajo que no requiera excesiva concentración (o sí). La comida es un asunto demasiado serio para mezclarla con otras cosas. Mis gustos musicales son míos y no tengo ninguna necesidad de hacer apostolado y convencer a nadie de lo estupendas que son mis melodías favoritas. Los gustos, como todo entran dentro de la privacidad (incluso de la intimidad) de las personas, la cual sólo se comparte con gente de confianza.

Para Puré de Verduras: si sus padres les ignoran es que no saben de su existencia, luego ¿cómo van a hacer que se porten bien?

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Sobre el blog

El Comidista trata todos los aspectos de la realidad relacionados con la comida. No sólo da recetas fáciles de hacer, habla de restaurantes accesibles o descubre los últimos avances en trastos de cocina, sino que comenta cualquier conexión de lo comestible con la actualidad o la cultura pop. Todo con humor y sin ínfulas de alta gastronomía.

Sobre los autores

Mikel López Iturriaga

es periodista y bloguero, y lo más decente que ha hecho en su vida es crear El Comidista en 2009. Escribe en EL PAÍS y habla en el programa 'Hoy por hoy' de la Cadena Ser, después de haber pasado por Canal +, El País de las Tentaciones, Ya.com o ADN. Aprendió a guisar con su madre y, después, en la Escuela Hofmann, pero sigue siendo cocinillas antes que cocinero.

Mikel López Iturriaga

es DJ, madre, escribe, cocina y pone la mesa para El País Semanal, ejerce de Comidista adjunta, y no necesariamente en ese orden. Dirigió las revistas Barcelonés y Madriz, y colaboró en medios como Marie Claire, SModa, Vanidad, Yo Dona o La Luna. Ha escrito A vueltas con la tartera, y lo que más le gusta es cocinar, la michelada y los gatos (pero no para comérselos).

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