
Un poco de pasta basta. / AINHOA GOMÀ
La cecina es un producto fantástico no demasiado utilizado en cocina. No me extraña, primero porque estaba semiolvidado hasta hace unos años, y segundo porque su sabor ahumado es bastante peculiar y un tanto complicado de combinar. A mí me encanta tomarla casi a palo seco, con un poco de aceite de oliva y unas gotas de limón. Eso sí, siempre que no esté curada en exceso, que entonces parece que te estás comiendo el chaleco de un pastor cuando baja del monte sin haberse cambiado en todo el invierno.


