Un quesito de 35 kilos. / AINHOA GOMÀ
Te pasas la vida creyendo que el gruyer está lleno de huecos. Lo has visto en cien películas, anuncios o tebeos, con los grandes trozos de queso acompañados de simpáticos ratoncitos. De repente un día, alguien con más conocimientos que tú te dice que no. Que de eso nada. Que el que tiene agujeros es el emmental. Y que de hecho, en el gruyer con denominación de origen están prohibidos. Entonces te das cuenta de que has vivido en uno de los malentendidos gastronómicos más extendidos de la historia, y que el mítico queso suizo no es lo que tú creías.


