
Los ojos no se comen necesariamente. / AINHOA GOMÀ
Las sardinas son una de las bendiciones del verano. Primero porque están en temporada, y segundo, porque la estación permite hacerlas al aire libre. Estos pequeños pescaditos azules son deliciosos, pero tienen una capacidad para apestar todo recinto en el que se cocinen que ni la salida de humos de una churrería.


