
Marisa, la abuela del fotógrafo, y sus raviolis de acelga. / GABRIELE GALIMBERTI
Los periodistas escribimos de cosas que a veces nos interesan, otras veces nos dan un poco de pereza, y otras nos entusiasman tanto que casi lo haríamos gratis (casi). El artículo que publiqué el domingo en El País Semanal pertenece a este último grupo. Trataba sobre un fotógrafo italiano, Gabriele Galimberti, que recorrió el mundo fotografiando a abuelas con sus platos estrella, y planteaba algunas reflexiones sobre el valor de la cocina abuelesca en general.
Además de ofreceros la versión completa en El Comidista, me gustaría hacer otra entrada con las recetas de vuestras abuelas. Sólo tenéis que enviarme los ingredientes, la preparación y una foto de la señora en cuestión a elcomidista@gmail.com. Si la imagen es de ella cocinando o con el plato, mejor que mejor, pero con que salga guapa es suficiente. Si estáis en Eskup, la red social de EL PAÍS, también podéis compartir texto y fotos en el canal Comida y bebida.
CON AMOR DE ABUELA
Abuela: dícese de la persona que hace la mejor sopa, las mejores croquetas o el mejor pollo guisado del mundo. El término también define a una clase de seres humanos dotados con el superpoder de transmitir descargas de afecto a través de la comida. Por último, se aplica a toda mujer convencida, muchas veces con razón, de que sus nietos jamás comen tan bien y tan sano como en su casa.
Empeñada en mantener el rigor, la Real Academia Española no ha aprobado aún estas acepciones. Pero al fotógrafo Gabriele Galimberti le podrían servir mejor que otras para hablar de su serie Delicatessen with love (Delicatessen con amor), en la que ha retratado a abuelas de todo el mundo con sus platos estrella. Las instantáneas del italiano siguen siempre la misma pauta: en la mitad de la imagen, la mujer posa con todos los ingredientes de la receta en la cocina o el lugar donde se come en su casa; en la otra, vemos el plato ya elaborado.
El reportaje es uno de los frutos de un viaje que comenzó hace dos años, cuando Galimberti decidió recorrer el mundo utilizando CouchSurfing. La red de intercambio de hospitalidad online permite dormir en sofás o habitaciones de casas particulares gratis o a cambio de una pequeña donación, y así hacer amigos o compartir experiencias con habitantes de todo el planeta. El fotógrafo aprovechó la vivencia para llevar acabo varias series fotográficas además de Delicatessen with love, como Toys (niños con sus juguetes favoritos), CouchSurfing (dedicada a otros coachsurfers) o Zompi (él saltando).
La idea de Delicatessen se la debe, en realidad, a su propia abuela. “¡Estaba preocupada porque pensaba que iba a comer mal en todos los sitios!”, exclama Galimberti. “Así que decidí recopilar recetas de abuelas de todas partes para demostrarle a la mía que tomaba cosas estupendas durante el viaje”. La inquietud de la nonna Marisa, vivida por buena parte de las mujeres mayores del sur de Europa en cuanto sus hijos o nietos salen por la puerta de casa, quedó aplacada tras ver las fotos. “Se sorprendió de ver que la comida de las demás abuelas tenía buen aspecto, y se alegró de que hubiera comido tan bien como en Italia”.
En las imágenes, berenjenas turcas, chiles indonesios, pescados suecos, frascos de sirope estadounidenses o larvas de mariposa de Malawi se disponen primero en figuras geométricas sobre las mesas, para después unirse una vez cocinados en deliciosas -o temibles- especialidades locales. “Me encanta el orden”, explica el autor. “Me gustaba la idea de que todo el mundo pudiera ver los ingredientes individuales y reconocerlos”. Galimberti pasó unas pocas horas con cada una de las abuelas, y en algunos casos, cocinó con ellas. “Las imágenes retratan su mejor plato y revelan algunos de sus secretos de cocina, pero no dicen mucho sobre su personalidad. Todas tienen una buena historia, pero la que recuerdo mejor es la de la filipina, porque fue la primera mujer que abrió un restaurante en su pequeño pueblo en El Nido, hace 40 años”.
Cuando Galimberti acudió al diario italiano La Repubblica para vender su proyecto de viaje fotográfico, se encontró allí con Arianna Rinaldo, en aquel entonces editora gráfica del suplemento D. A ella le gustó tanto la idea que le dieron un espacio fijo semanal para contar sus peripecias de surfeador de sofás. “Seguí paso paso sus movimientos, sus dudas, los momentos mejores, los peores... Vivió algunas situaciones peligrosas o muy incómodas. Algunos choques culturales han sido mas fuertes de lo que imaginaba. No todos los couches eran sofás de verdad”.
Rinaldo considera Delicatessen with love “una serie estupenda, porque además de interesante y útil si se quiere intentar alguna receta, es sobre todo emocional”. “Casi todos tenemos una abuela, una tía o una madre que nos ha mimado con la comida. Así que todos nos podemos acercar a la experiencia de estas fotos y lo que simbolizan. Fotográficamente son muy eficaces: siempre incluye detalles pequeñitos que nos conectan a la cultura de la abuela”.
Galimberti espera convertir su serie en un libro a finales de este año, para lo que está en conversaciones con varias editoriales estadounidenses. “La idea del díptico con retrato más bodegón crea una unidad perfecta para un catálogo o recetario”, apunta Rinaldo. “Para usarlo sólo nos faltarán algunos ingredientes... ¡que no creo se encuentren en todos lados!”.
Aparte de su valor documental, Delicatessen with love bien podría servir como reivindicación de una sabiduría que, por desgracia, se puede evaporar. De forma paradójica, en Occidente cada vez hablamos más de cocina y cada vez cocinamos menos. El trasvase generacional de conocimientos culinarios se ha roto bajo la presión de la vida laboral y familiar contemporánea, que deja poco tiempo para una de las necesidades vitales del ser humano: alimentarse bien.
“Me da mucha pena que se pierda toda esa cultura”, lamenta Marisa Sánchez, abuela, responsable del restaurante Echaurren en Ezcaray (La Rioja) y Premio Nacional de Gastronomía. “A mí me gusta la cocina de vanguardia, pero creo que antes hay que pasar por la tradición, por los principios. A veces vienen estudiantes de las escuelas de hostelería que te hablan con términos muy raros pero no saben hacer una bechamel. No se dan cuenta de que todos los grandes cocineros han aprendido de sus madres y abuelas, y por eso cada uno tiene su personalidad”.
Sánchez ha apoyado con su presencia la presentación de un proyecto editorial para salvaguardar la memoria gustativa de su comunidad. La librería Santos Ochoa pretende publicar en noviembre Recetas de las abuelas riojanas, con las aportaciones de todas las mujeres que lo deseen. “Me gustaría que no les presionaran, que les dejaran expresarse a su manera con sus pizcas y sus poquitos, sin exigirles medidas exactas”.
Si la precisión en las cantidades no es la mayor virtud de las abuelas -algo bastante lógico si pensamos en la receta como una guía, no como una fórmula química-, quizá lo sea el afecto que ponen en sus platos. Parecerá una ñoñería, pero el amor también tiene sus repercusiones gastronómicas. “Las tortas que le preparo a mi yerno no sabrían igual si no supiera que le gustan tanto. Por eso les presto más atención cuando las preparo”, explica Sánchez. “Para que salgan realmente bien, hay que hacer los platos con cariño y, sobre todo, con alegría”.
Las abuelas no sólo funcionan como catalizadores gastronómicos y emocionales en sus cocinas: hay quien destaca además su papel en la nutrición. “Su comida suele ser sana porque es muy natural, y aprovecha los productos locales y de temporada”, explica la nutricionista y colaboradora de la web Consumer.es Maite Zudaire. “Sin conocimientos de nutrición, han creado platos consistentes con una combinación acertada de alimentos, como los cocidos de sopa con garbanzos o las lentejas con arroz. También aciertan en el aprovechamiento de las sobras, que da lugar a platos sencillos, baratos y muy nutritivos como las croquetas, las sopas de ajo, las albóndigas o las torrijas”.
Zudaire, que recuerda con devoción el arroz con leche de su abuela, afirma que de las estas mujeres se aprende algo más que a alimentarse correctamente. “Es importante inculcar en los niños el agradecimiento por poder comer todos los días varias veces al día y el respeto por los platos preparados con cariño, y no permitir las quejas por la comida servida aunque no sea la de su gusto. El respeto hacia los demás comensales se refleja también en buenos modales como no hablar con la boca llena o no el elegir el mejor trozo de la bandeja. Las malas posturas en la mesa o la costumbre de jugar con los alimentos también son conductas a corregir en los niños. Son muchos 'noes', pero muy positivos porque redundan una buena educación”.
Además de sus muchas virtudes, la comida de las abuelas también cuenta con sus pequeños defectos, marcados por la reticencia a adaptarse a tiempos de cocina más ligera, menos recocida y no tan abundante. Para Zudaire, el mayor error suele ser la excesiva cantidad. “Acostumbradas a épocas de escasez y miseria alimentaria, en época de suficiencia no conciben servir cantidades más modestas de carne como ración o añadir menos tropiezos de embutidos y morcilla en los guisos de legumbres”, explica. Con ella coincide Marisa Sánchez, para la que se debe perder el miedo a actualizar la cocina de las abuelas: “Ya no hace falta comer con tanta grasa, y hay que reducirla en los platos tradicionales como los cocidos”.
Desde una óptica más internacional, el fotógrafo Gabriele Galimberti no tiene muchas pegas que poner a las comidas abueleras de su viaje. Aunque sí tuvo sus momentos difíciles. “El 90% de las recetas eran realmente buenas. Me encanta cocinar, e incluso he probado a hacer en casa la mayoría de ellas. Pero reconozco que no pude acabarme las larvas de Malawi ni el pollo vindaloo de la India. ¡Demasiado picante!”.
Arenque con patatas y queso 'cottage'
Inara Runtule, 68 años. Kekava, Letonia.
El objeto del que Inara está más orgullosa no está sobre la mesa, sino detrás de ella. Es un árbol genéalógico hecho por su nieta cuando tenía 14 años. “Es una de las cosas más bonitas que tengo en casa”, asegura. “Me encanta mirarlo y pensar en mis parientes, sobre todo en los que viven lejos y a los que no puedo invitar a comer o cenar”. Su plato estrella contiene ingredientes clásicos de la cocina báltica y escandinava: arenques, patatas, lácteos y eneldo. “A mí no me gustó mucho, pero sólo porque este tipo de pescado no es mi favorito”, reconoce el autor de la foto.
Dificultad: media-baja.
Tiempo: una hora y media, más otra hora y media de marinado del pescado.
Ingredientes para cuatro personas: 4 filetes de arenques en salazón, 300 gramos de queso 'cottage' fresco, patatas y cebollas; aceite, vinagre, sal y pimienta; eneldo, 500 mililitros de kéfir y 250 de crema agria.
Preparación: Antes de empezar a cocinar, hay que desalar el pescado en agua durante al menos una hora y media. Para darle un sabor más dulce, se puede usar leche en vez de agua. Lavar los filetes. Pelar las patatas, cortarlas y cocerlas en agua hasta que estén hechas. Cortar las cebollas muy finas y ponerlas en un bol con agua caliente y dos cucharadas de vinagre. Marinar unos 20 minutos. Quitar la piel y las espinas de los arenques. Cortarlos en trozos de unos tres centímetros y ponerlos en un plato. Cubrirlos con la cebolla. Mezclar la crema agria con la mitad del kéfir. Verterlo sobre el pescado con la cebolla y espolvorear con un poco de eneldo. Dejar marinar al menos una hora. Mezclar parte del queso con el resto del kéfir, más eneldo, sal y pimienta. Servir colocando los trozos de arenque con las patatas cubiertas con la mezcla de queso y kéfir.
Posible adaptación: usar arenques ya desalados, a la venta en tiendas de ahumados.
Bisonte bajo el sol de medianoche
Kathy Donovan, 64 años. Whitehorse, Canadá.
“Este plato es realmente bueno, y recuerdo que ella estaba muy orgullosa de decir que el bisonte que estábamos comiendo lo había cazado su hijo”, recuerda el fotógrafo. Kathy Donovan ha vivido toda la vida en el Yukón, una de las regiones del norte de Canadá. Tiene dos hijas y un hijo, que en sólo ocho años le han dado siete nietos. Cuando se los dejan en casa, le piden fritos, y ella se los cocina aunque sus hijos le han pedido que prepare comida sana. “Lo intento, pero total, tres de ellos ya están un poco regordetes”, se ríe.
Dificultad: media (muy alta si tienes que cazar el bisonte).
Tiempo: hora y media, más el marinado de la carne durante una noche.
Ingredientes para seis personas: unos dos kilos de muslo de bisonte troceado, lonchas de bacon, hojas de laurel, bayas de enebro, romero, ajo, una cebolla roja, seis champiñones, harina, sal y pimienta, aceite de oliva, tomate triturado, cerveza.
Preparación: Poner a marinar la carne la noche anterior con cerveza, sal, pimienta y las bayas de enebro. Sacar la carne de la marinada, secarla y cortarla en trozos de cuatro centímetros. Saltear la carne en una sartén grande con aceite de oliva unos tres minutos. En una fuente de horno, formar capas con la carne separándolas con lonchas de bacon y aderezando cada capa con ajo machacado, hojas de laurel, romero y bayas de enebro. Cubrir la última capa con cebolla roja cortada en grueso. Añadir cinco cucharadas de tomate triturado a la cerveza usada para marinar, y verterla sobre la carne. Asegurarse de que el líquido se filtra bien por las capas moviendo un poco las piezas con un tenedor. Tapar y guisar en el horno durante tres horas y media a 150-160 grados. Durante la cocción, vigilar que no se acabe el líquido: si ocurre, añadir uno o dos vasos de agua. 15 minutos antes de acabar, añadir los champiñones cortados en láminas y espolvorear dos cucharaditas de harina.
Posible adaptación: usar carnes de caza locales, o ternera reduciendo el tiempo de cocción a una hora y media o dos horas.
Tajín de pollo
Eija Bankach, 62 años. Massa, Marruecos.
Eija pertenece a una familia bereber del sur de Marruecos. Vive con su marido, su hija menor y su nieto de cuatro años, aficionado a ayudar en la cocina y “muy bueno cortando zanahorias”, según su abuela. Esta mujer no dispone de gas ni electricidad para cocinar, y todo lo hace en unas brasas en el exterior de su vivienda. El fotógrafo recuerda tomar este tajín con toda la familia “cogiendo la comida directamente de la cazuela con la mano”. “Al principio no me sentí muy cómodo, pero al final de la cena me alegré de haberlo hecho”.
Dificultad: baja.
Tiempo: una hora y media.
Ingredientes para cuatro personas: dos patatas grandes, dos cebollas rojas grandes, dos chiles dulces rojos y dos picantes verdes, dos ramitas de perejil, dos nabos, tres zanahorias, un cuarto de pollo, sal, pimienta y aceite.
Preparación: Poner la parte de abajo del tajín sobre las brasas. Freír en una cucharada de aceite el perejil, los chiles verdes y media cebolla, todo picado previamente. Mentras, limpiar y picar en grueso el resto de las verduras. Cuando las verduras fritas estén lista, colocar sobre ellas el pollo, y cubrir todo con el resto de las verduras. Salpimentar, cubrir el tajín con su tapa y dejar que se cocine durante una hora. Poner el tajín en mitad de la mesa y comer con las manos. Con cubiertos sabe igual, pero no tendrás el placer de chuparte los dedos al final.
Posible adaptación: usar una cazuela normal sobre gas o placa eléctrica.
Cerdo cocinado dos veces con verduras
Pan Guang Mei, 62 años. Chongqing, China.
Pan Guang Mei creció en una casa minúscula en la que la cocina era una especie de camping gas. Hoy vive en la 19 planta de un rascacielos en una ciudad de 30 millones de habitantes, y su cocina es tan grande como su casa anterior. El plato que mejor le sale es el hui guo rou, un cerdo con verduras que primero se hierve y después se cocina en el wok. “Era extremadamente picante y grasiento”, recuerda el autor de la foto, “pero me encantó”. Para no engordar comiendo estas cosas, Pan Guan Mei recomienda ir en bici todos los días a hacer la compra.
Tiempo: algo más de una hora.
Ingredientes para dos personas: unos 400 gramos de solomillo de cerdo, una raíz de jengibre, medio pimiento rojo y medio verde, una cebolla grande, salsa picante, dos manojos de spring onions (cebolla tierna), sal, pimienta, azúcar, aceite de girasol y salsa de soja.
Preparación: Cocer la carne en agua con el jengibre y una cebolla tierna picados unos 30 minutos. Cortar en rodajas finas. Picar el resto de la cebolla tierna, la cebolla y los pimientos en trozos de unos tres centímetros. Escurrir el jengibre y freírlo en un wok con una cucharada de aceite un minuto. Añadir el cerdo y saltearlo unos cinco minutos, removiendo con frecuencia. Poner todo en un plato. Devolver el wok al fuego y añadir dos cucharadas de aceite y dos de azúcar. Mantener el fuego lento y esperar a que el azúcar se disuelva y empiece a caramelizar. Añadir tres cucharadas de salsa picante y dos de soja. Un par de minutos después, añadir el cerdo con las verduras y cocer todo junto unos 5 minutos.
Posible adaptación: reducir la salsa picante a la mitad para no abrasarse.
Caracolas en salsa criolla
Serette Charles, 63 años. Saint-Jean du Sud, Haiti.
Para llegar a la casa de Serette Charles es necesaria una hora de 4x4 más 50 minutos andando. Su casa no tiene ni agua corriente ni electricidad, y cocina con el carbón que ella misma elabora. Tiene 10 hijos y 15 nietos, y su plato favorito son los lambi, unas caracolas caribeñas. “Cuando estuve en Haití la epidemia de cólera estaba en su punto más alto”, recuerda el fotógrafo. “Tenía mucho miedo de comer este plato, que ella había cocinado en la calle con agua no segura. Pero afortunadamente, no me puse enfermo”.
Dificultad: media.
Tiempo: una hora.
Ingredientes: 4 caracolas grandes, una cebolla, ajo, un puerro, dos chiles, una lima, una naranja amarga, un tomate, perejil, sal, pimienta, aceite de girasol, arroz, cuatro plátanos, un coco, setas, frijoles y gambas secas de mar y de agua dulce.
Preparación: Vaciar las caracolas y cortar las partes blandas en rodajas finas. Machacar el ajo, el puerro, el perejil, los chiles, el zumo de la naranja y de la lima, y sal. Añadir algo de tomate triturado y aceite. Mezclarlo todo con la caracola y calentarlo hasta que hierva, añadiendo agua y jugo hecho con coco rallado y agua. Lavar y freír los frijoles. Mezclar el perejil, el ajo, pimienta, chiles, las gambas, las setas, coco rallado y aceite. Lavar el arroz y sumarlo a la mezcla en una sartén con las judías. Mojar con agua, tapar y cocer hasta que el líquido se evapore. En otra sartén, calentar aceite y freír el plátano cortado en rodajas gruesas. Sacarlo, aplastarlo y freírlo otra vez. Servir las caracolas con el arroz y el plátano en el mismo plato, pero separados.
Posible adaptación: sustituir las caracolas por pescado y las gambas secas por unas cabezas frescas de este marisco.
Raviolis de acelga y ricota con salsa de carne
Marisa Batini, 80 años, Castiglion Fiorentino, Italia.
“Es mi abuela y es la mejor cocinera de todos los tiempos”, sentencia riéndose el fotógrafo Gabriele Galimberti. Después reconoce que “aunque nació y creció en el campo toscano y siempre trabajó como ama de casa, nunca ha sido una campeona en la cocina”. Eso sí, según él hay un plato que le sale bordado: los raviolis de acelga con salsa de carne. “No los cocina más que en raras ocasiones, pero cuando lo hace regala un viaje al pasado a toda la familia. Por desgracia, estos viajes sólo duran el tiempo de la comida”.
Dificultad: media.
Tiempo: tres horas (una y media si tienes preparada la salsa).
Ingredientes: para la salsa, un kilo de tomates maduros, una cebolla, una rama de apio, una rama de perejil, medio kilo de carne picada, aceite, sal y nuez moscada. Para los raviolis, un kilo de harina, 4 huevos, 300 gramos de ricota, medio kilo de acelgas, parmesano, cinco huevos, sal y pimienta.
Preparación: para la salsa, escaldar los tomates, pelarlos y triturarlos. Picar la cebolla, la zanahoria, el apio y el perejil y rehogarlo todo con aceite. Unos cinco minutos después, añadir la carne picada. Rehogar unos 10 minutos y añadir, si se quiere, un vaso de vino. Incorporar la salsa de tomate y cocer a fuego muy lento unas tres horas. Para los raviolis, hervir las acelgas media hora habiéndoles quitado las pencas. Formar un volcán con harina. Batir cuatro huevos y verterlos en el volcán de harina con suavidad. Mezclar con un tenedor hasta que los huevos absorban la harina. Cuando la masa se forme, amasar con las manos hasta que esté lo suficientemente dura como para dividirla en cuatro partes. Estirar cada una con un rodillo en una capa de 1 milímetro. Picar las acelgas con la ricota, el huevo restante, dos cucharadas de parmesano rallado, una pizca de sal y otra de nuez moscada. Cortar la pasta en rectángulos de 8x4 centímetros, poner una cucharada del relleno en el centro, doblarlos y cerrar los raviolis presionando los bordes con un tenedor. Cocerlos en agua hirviendo con sal unos 10 minutos. Comprobar que están hechos y servirlos con la salsa.
Sopa de carne con coco y vegetales
Eti Rumiati, 63 años. Yakarta, Indonesia.
Cocinar para seis puede es más fácil que para uno. Ésta es la teoría de Eti Rumiati, una mujer indonesia que pasa cuatro horas diarias en la cocina preparando comida y cena para su marido, su hija, su yerno y sus dos nietos adolescentes. Rumiati asegura que si algún día tuviera que guisar sólo para ella, no sabría que hacer. “Supongo que me iría al centro y compraría una hamburguesa americana”, le dijo al fotógrafo. Para luego aclararle: “Por supuesto, estoy de broma. Sería incapaz de comerme esa cosa”. Su plato se llama soto betawi, y es una sopa típica de su país.
Dificultad: media.
Tiempo: poco más de una hora.
Ingredientes para 6 personas: raíces de jengibre, tomates, cebollas tiernas rojas, lima, pepinos, hojas de lima, ajo, zanahorias, chiles rojos picantes, chiles dulces, nueces de la India, pimienta blanca, dos o tres litros de leche de coco, un kilo de ternera, sal, pimienta y aceite de girasol.
Preparación: Cocer la carne troceada en un poco de leche de coco con 10 hojas de lima y una raíz de jengibre triturada de 40 a 50 minutos. Mientras, freír 10 dientes de ajo, 200 gramos de cebolla tierna picada, cinco nueces de la India y una raíz de jengibre triturada en aceite de girasol. Triturar todo junto para obtener una salsa. Cocer en otra cazuela cinco chiles rojos picantes y 10 dulces durante 15 minutos. Triturarlos con una cucharada de granos de pimienta blanca y otra de sal. Mezclar las dos salsas en una cazuela, añadir una cucharada de aceite y rehogar 5 minutos. Esta salsa debe añadirse a la carne 15 minutos antes de que acabe la cocción. Aplastar en un mortero ocho dientes de ajo, 250 gramos de cebolla, 50 gramos de chiles dulces, dos chiles picantes, un trocito de jengibre y 5 nueces de la India. Esta pasta se sirve a parte para que los comensales se pongan más si quieren. Picar pepino, zanahoria y tomate para hacer una ensalada de acompañamiento.
Posible adaptación: Sustituir las nueces de la India con anacardos.
'Sadza' y hojas de calabaza en mantequilla de cacahuete
Flatar Ncube, 52 años. Victoria Falls, Zimbaue.
El sadza es una especie de polenta hecha con harina de maíz muy popular en Zimbaue. Es el plato estrella de Flatar, una mujer que vive al lado de las cataratas Victoria. Hace unos años empezó a dar de comer a turistas en el salón de su casa, sirviendo platos elaborados con verduras de su huerta. Fue abuela por primera vez con 46 años, y hoy trabaja en su restaurante desde el amanecer hasta bien entrada la noche. “En el pueblo es famosa como cocinera, y cada vez que alguien se casa, le llaman para que prepare la comida”, cuenta el fotógrafo. “Pero sinceramente, su comida no estaba muy buena”.
Dificultad: muy baja.
Tiempo: unos 40 minutos.
Ingredientes para una persona: cuatro hojas y una flor de calabaza, agua, sal, bicarbonato, mantequilla de cacahuete, harina blanca de maíz.
Preparación: hervir un poco de agua con una cucharada de bicarbonato. Quitar las hebras de las hojas de calabaza. Cortarlas en tiras pequeñas, tallo incluido. Hervirlas unos 5 minutos. Escurrirlas, dejar que se enfríen un poco y ponerlas en una cazuela con dos cucharadas de mantequilla de cacahuete y una pizca de sal. Rehogar unos tres minutos removiendo constantemente. Reservar. Poner a hervir dos vasos de agua en una cazuela pequeña. En otra, poner un vaso generoso de harina blanca de maíz y añadir el agua hervida de la otra cazuela. Cocer la mezcla a fuego lento unos pocos minutos sin parar de remover. Si espesa demasiado, añadir agua; si está demasiado líquida, harina. Servir los dos preparados en un mismo plato.
Posible adaptación: utilizar maizena y otra verdura de hoja.



Hay 73 Comentarios
A mi abuela paterna no la conocí, pero de la materna tuve la suerte de disfrutar durante muchos años y destacaría sin lugar a duda sus natillas, jamás he probado otras como aquellas. Tenía muy buena mano en la cocina, pero es que además, en su casa todo sabía mejor, hasta un simple trozo de queso. Que recuerdos...
Publicado por: Ana | 07/08/2012 22:12:57
Mi infancia siempre ha sido recordaba por la buena comida que hacía mi abue Tere. Todos los domingos la mayoría de la familia la visita, es el único día en que ella cocina en los últimos 9 meses.
Debido a la enfermedad que no la deja mover su brazo izquierdo adecuadamente. Pues comparto una bebida tipica de origen mexicano, llamada "atole". Una de sus tantas especialidades.
http://conelmandilpuesto.wordpress.com/2012/06/29/variedad-de-atoles/
¡Saludos desde la Ciudad de México Mikel!
Publicado por: Alejandra | 04/08/2012 21:45:53
Estas recetas de abuela me encantan. Mi abuela materna, gran cocinera es la principal responsable de mi pasión por la cocina. De ella tengo varias recetas en el blog, pero recuerdo con especial cordero su besugo asado http://bit.ly/OvOoQt y su cordero asado http://bit.ly/MgQwHn , dos recetas de las que se te saltan las lágrimas.
Abrazo
Publicado por: Pakus desde Lazy Blog | 03/08/2012 10:31:44
Qué bonito proyecto, qué buena pinta tiene todo! Hace poco probé en una fiesta sueca un plato como el de la señora de Letonia, me sorprendió la mezcla pero realmente estaba muy rico!
Publicado por: The Good Life Diary | 01/08/2012 22:00:38
Mi abuela materna era una excelente cocinera. Me acuerdo de su tortilla de patata, de las croquetas de langostinos (fritas una por una), de los huevo a la bandera (plato inventado por ella: cocía huevos duros, separaba la clara de la yema, mezclaba las claras fileteadas con bechamel y la cubría con tiras paralelas de tomate frito y de yema picada), ¡impresionante! Os recomiendo que los probéis.
Publicado por: Adriana | 01/08/2012 18:58:20
Mis abuelas ya no están, pero de ellas guardo recetas muy interesantes como: http://blog.utensilioscocina.es/2011/10/24/carne-de-ternera-empanada/
o la mejor....http://blog.utensilioscocina.es/2011/11/02/empanada-de-atun/
Publicado por: UTcocina | 01/08/2012 18:08:35
De mi amama paterna (las 2 son de Leon, pero yo soy de Bilbo, asi q siempre seran mis amamas) recordare siempre su pollo al ajillo: crujiente por fuera, sabroso por dentro...riquisisisimo. Mi amama materna ya no puede cocinar, pero siempre recordare una cena de Noxevieja que consisitió en patatas con costilla hechas en puchera de barro al amor de la lumbre...eso es lujo, y no la langosta!!!
Publicado por: Sue | 01/08/2012 16:37:47
Mi abuela no era especialmente una buena cocinera, además no le gustaba mucho cocinar. Lo que sí recuerdo es el aroma a pan recién hecho en verano ya que tenía una panadería en un pueblo, hoy desaparecido, de Cuenca. Y también la masa de magdalenas que mis primos y yo nos comíamos a cucharadas. Murió este enero pasado a la edad de 103 años. Un beso estés donde estés.
Publicado por: angeles | 01/08/2012 15:58:54
Preciosa entrada Mikel. Me ha encantado tu definición de abuela, aunque toda la entrada desprende una sensibilidad y un carinyo que ha conseguido emocionarme. Gracias.
Me parece una idea genial la de Gabriele Galimberti. No estoy cerca de mis abuelas como para hacerles una foto, pero si tengo que quedarme con un plato de cada una de ellas serían las patatas a la importancia por un lado, y la tortilla de patatas por el otro lado del árbol genealógico.
Lo dicho, gracias.
Publicado por: Odioaceitunil | 01/08/2012 13:44:12
La de mi abuela eran las migas, le quedaban super ricas!!! Qué recuerditos!!!
Publicado por: Sariqui | 01/08/2012 13:22:41
Ay mi abuela! Como la echo de menos desde que me fuí de España. Si que es cierto que para mi, como para el resto de sus nietos, nadie hace como ella la tortilla de patatas y las croquetas. Pero de su libro de cocina me llevo la sopa de almendras, plato típico de su pueblo que solo se cocina una vez al año, en navidades, y que representa el punto álgido de nuestra celebración en familia: al prepararse con un día de antelación, todas las mujeres (Y algún que otro hombre) se levantan en mitad de la noche para robar un poco de este postre tan espectacular!
Publicado por: Laura | 01/08/2012 11:36:19
Oh... tantas cosas... pero recuerdo particularmente un risotto con pollo al azafrán. Y los canelones, que no hacía con masa, sino con una especie de crêpe muy fina y salsa bolognesa... daría un brazo por poder cocinar la mitad de bien que ella.
http://elblogdelperegrinogris.blogspot.com.es/
Publicado por: El Peregrino Gris | 01/08/2012 9:59:06
Mi abuela paterna era buena cocinera, de ella conservo la receta secreta del pavo escabechado de Chillón (publicado en el blog), pero mi abuela materna, que aún vive, trabajó como cocinera en su juventud y nadie ha sabido ni sabremos el secreto de sus albóndigas, las más jugosas y sabrosas que he probado, ni el de sus patatas a la importancia (rebozadas y cocidas en salsa verde). Ahora ya es muy mayor para recordarlo pero ella siempre decía: pero si no le he echado nada más que lo que ves! Y es que a veces es la mano de la cocinera...
Un saludo, Mikel, y gracias por recordar a nuestras abuelas, tan queridas y que tanto nos quieren.
Publicado por: Alpargata O'Jara | 31/07/2012 21:36:00
Ay qué bonito el post de hoy!
De tanto leer y recordar se me hace la boca agua!
Pues de mi abuela paterna recuerdo la tortilla de patatas, que era diferente a todas las demás porque era finita, con las patatas crujientes y el huevo blandito.... mmmm. Cuando iba al instituto iba a comer a su casa dos veces por semana y la pobre no entendía que llegaba a las 15h y se ve que preparaba la comida como para las 13.30h o 14h y cuando llegaba estaba todo frío (alcachofas a la plancha que me encantan!) y aún así yo todo pa'dentro, con el amor que lo hacía lo encontraba delicioso!
Y la materna que por suerte aún está... uuuf! no sabría elegir pero en primer lugar del trono "arròs caldós", un arrocito caldoso con pimiento, alcachofas, judías y costillita de cerdo que te puedes morir. A mí cuando me sale bueno digo "casi casi como el de la iaia"! En el segundo lugar croquetas de cocido y en el bronce el flan! Y algo que ya no puede hacer son "cocas" saladas porque le duelen los brazos y no puede amasar, y cuando le pido la receta siempre dice "harina la que admita" y nuuuuunca me salen igual!
Pero lo mejor de esta abuelita es que siempre que ibamos a dormir a su casa nos sentábamos a la mesa y nos sacaba platitos pequeñitos con un montón de cosas: un platito con frutos secos, otro con mejillones, otro con papitas, otro con tomate en conserva para mojar pan... y mi hermana y yo felices como perdices! Tanto que hemos decidido plantar una noche a nuestras parejas e irnos a dormir a su casa!!
Publicado por: Marina | 31/07/2012 21:28:18
Mis dos abuelas eran excelentes cocineras. Mamelena, la venezolana, hacía un pastel de morrocoy (tipo de empanada de tortuga de tierra) delicioso y era una excelente repostera. Siempre nos preparaba el pastel de cumpleaños y mi favorito era el de caramelo. Leoncia, la canaria, tenía una sazón única. Un huevo frito o un simple filete preparado por ella eran antológicos. Sin embargo voy a rescatar el adobo (carne de cerdo guisada), el bacalao con mojos y papas arrugadas y, aunque ya no lo como, el conejo en Navidad. Pero la receta más sencilla y que me trae mejores recuerdos es bastante guarrindonga (es así?). Consiste en hacer un bocadillo con pan bimbo, un huevo frito, mayonesa y mermelada de melocotón. Hasta hoy sus nietos suspiramos por este invento. Vivan las abuelas!
Publicado por: Gaby | 31/07/2012 20:50:43
Mis abuelas no, por que a una no la conocí y la otra no era muy buena cocinera, pero de mi madre, que es abuela de cuatro nietos, tiene una mano para cocinar soberbia. Sobre todo me gustan los Gazpachos "Pinoseros" con conejo, que le salen de muerte. (Pinoseros, de "El Pinós" el pueblo de mi padre). Llevan la torta hecha sobre una plancha a las brasas y son menos caldosos que los manchegos. Cuenta una anécdota que Pío Baroja visitó a Azorín en su casa de Monovar, (que está al lado del Pinós y hacen los gazpachos igual) que al ver el plato en la mesa, le dió un poco de reparo (pues tiene una pinta poco apetecible a la vista) pero que se comió dos platos y le dijo a Azorín: "la bazofia esta que nos ha hecho tu madre está de lujo".
http://50maneras.blogspot.com.es/
Publicado por: alvarhillo | 31/07/2012 20:33:25
Qué dificil escoger sólo una receta! Y ahora que vivo en Canadá más difícil todavía. La tortilla de patatas y bonito en escabeche era todo un éxito, los filetes empanados, el cocido madrileño, las legumbres y la única paella que he probado con bonito en escabeche, pollo y aceitunas... Y sí, a mi abuelo le gustaba mucho el bonito en escabeche, así que creo que mi abuela adaptó algunas recetas. Todavía recuerco cuando me fui de Erasmus a Dinamarca y llamaba a mi abuela para pedirle la receta de judías con chorizo y otras recetas para combatir el frío. Coincido con muchos posteros que echo mucho de menos la cocina de mi abuela!
Publicado por: Arantza | 31/07/2012 19:49:33
Aysss!!! Me ha encantado leer esto, y sobre todo los comentarios, cuántos sentimientos :)
De mi abuela no sé elegir un solo plato... lo que sí adoro es su salsa de tomate...es INCREIBLE... y todo lo que la lleve, por ejemplo el pisto, sin palabras!!! hasta un simple arroz con tomate!!! Y por supuesto el guiso de semana santa, pero no el típico con espinacas y bacalao...si no otro que sólo he probado de ella que lleva patata, bacalao, y huevo cocido rebozado, y luego todo guisado con no se qué salsa y pimiento rojo mmmmmmm quiero que llegue semana santa!!! ;D
Un besazo a todos!!
Publicado por: Sarita | 31/07/2012 18:44:30
Guays las abuelas...y la idea del fotógrafo italiano, aunque la ejecución del proyecto deja mucho que desear: Los comentarios son eurocéntricos que te cagas. La comida de la señora de Zimbawe no le gusta, pero el bisonte (que es como su ragú de toda la vida) le gusta. Poca profundidad veo yo en el proyecto y mucha desinformación: Chongqing no es una ciudad de 30 millones de habitantes, para empezar; es el craso error de todas las guías que confunden una demarcación que engloba varios centros de población con el tamaño de una conurbación. Como si atribuyéramos los habitantes de la Comunidad de Madrid a la ciudad de Madrid. La importancia de este detalle está en la superficialidad de los comentarios. No se puede pretender marcarse un documento etnográfico echando mano de la wikipedia y pasando tres días en cada pueblo.
Publicado por: Piluca | 31/07/2012 18:35:39
Bellísimo, muchas gracias. Mi abuela hacia un pie de atún exquisito. Desgraciadamente se perdió la receta al ella morir y nadie habernos preocupado por anotarla. Ahora sólo nos llamamos unos a otros para ver si alguien de la familia la tiene, pero no.
Gracias por tus artículos son nutritivos para el cuerpo y el alma.
Publicado por: Yo sólo sé que no sé nada | 31/07/2012 18:28:45
El potaje de semana santa de mi abuelica conquense es la pasión y el arroz con cangrejos del Pisuerga de la palentina es telita fina. Tener dos abuelas es una gran suerte aunque me hace sentir demasiado delgada ;)
Me ha encantado la entrada de hoy!Ganitas de ver el siguiente!
Publicado por: Carrillera Perdida | 31/07/2012 18:26:53
Mira Mikel yo creo que con tu post hoy has hecho feliz a muchísima gente, el cariño y el recuerdo de sus familias les ha inspirado y eso tiene más valor que cualquier crónica posible, no sabes como me alegra esta corriente de recuerdos que hoy han llenado estas páginas. Un beso enorme a todos de nuevo.
Publicado por: Helena del Valle | 31/07/2012 17:47:20
¡Hola Mikel!
La receta que he atesorado de mi abuela es esta clásica manera de hacer el bizcocho con medidas de yogur y, cómo no, ¡con un toque de licor de anís!: http://www.merendolas.com/bizcocho-yaya/
¡Saludos!
Publicado por: Merendolas.com [Sarah] | 31/07/2012 17:39:31
Mi abuela hace la mejor tortilla de patatas que he probado jamas....!!!! lo sé muy sencillo pero si todos hacemos lo mismo por que la suya está de infarto??? tiene que ser el amor que le pone
Publicado por: Comparador electricidad | 31/07/2012 17:24:34
Otra abuela que lo bordaba todo es la mía. Ahora ya no puede cocinar.
Pero aparte de las croquetas (en lo que coincido con todos que son las mejores del mundo), el pisto, su salsa de tomate, un arroz en paella con pollo, el gazpacho, el pollo en pepitoria, la leche frita y un sin número más de platos. Especial de nuestra familia, las patatas con leche, y si puedo mando receta.
Tenemos un libro... que una tía mía se ha molestado en pasar a ordenador sobre sus notas de cocina y de las de mi bisabuela también, pero hasta para eso hace falta traductor.
Están escritas por ella y para ella y en dos líneas se ventila una receta de lo más complejo, pues eran eso "apuntes".
Aun así, el libro es un tesoro y poco a poco (y con mucha investigación y desarrollo) se pueden sacar algunas cositas.
Como dice ella, receta para rosquillas, azúcar al gusto, harina la que tengas y leche la que pidas. ¿Qué más se puede necesitar?
Un homenaje estupendo a todas las abuelas del mundo.
Publicado por: cortapicos | 31/07/2012 17:05:10