
Premio Nobel para el que inventó esto. / VICENS GIMÉNEZ
Desde que probé por primera vez la michelada hace unos 300 años, profeso una devoción sin límites por ella. Este jariguay mexicano integra tres elementos que me apasionan: el frescor de la cerveza helada, la acidez de la lima, el picante del tabasco. Es imposible no sentirte redivivo después de tomarte una michelada en un día de calor, supongo que por el efecto subidón del líquido, el chile y la sal.


