Por qué no consumo productos que dicen ser saludables

Por: | 08 de agosto de 2012

Alimentos funcionales

Poción mágica para tus defensas. / AINHOA GOMÀ

 

Te bajan la tensión, reducen tu colesterol, mejoran tu rendimiento deportivo, te ayudan a perder peso o desatascan tu congestionado intestino. Se conocen como "alimentos funcionales", los fabrican grandes empresas como Danone, Unilever, Pascual o Kaiku, y si los tomas con regularidad, tus problemas de salud remitirán o desaparecerán.

¿Te lo crees? Yo no. Pero parece que mi escepticismo no es compartido por buena parte de la población, que ha acogido estos milagrosos productos con entusiasmo y los ha convertido en superventas con cifras de facturación de 2.900 millones de euros al año. La crisis parece haber frenado un poco el crecimiento del sector, ya que los alimentos funcionales suelen ser más caros que los que no lo son. Sin embargo, las marcas siguen apostando por ellos, sabedoras de su atractivo para un público cada vez más preocupado (¿u obsesionado?) por la salud.

¿Y por qué no me creo las maravillas de los actimeles, danacoles, vitatens, proactivs, l.caseis, omega treses, activias y demás inventos con nombres futuristas? En líneas generales, porque existen escasas o nulas evidencias científicas que demuestren sus presuntas virtudes. Como dice el escritor y activista Michael Pollan, las afirmaciones que se leen en sus etiquetas o que se escuchan en sus anuncios "suelen estar basadas en datos incompletos e investigaciones deficientes".

En su ultrarrecomendable libro Saber comer, recién publicado en España, Pollan ofrece 64 reglas básicas para comer bien. La octava es bien clara: "Evita productos que afirmen ser saludables". Y la 42, también: "Sé escéptico ante los alimentos no tradicionales". El autor estadounidense emplea como ejemplo la margarina, uno de los primeros productos industriales que afirmó ser más beneficioso para la salud que el alimento que sustituía. Años después de su invención, se supo que sus grasas trans eran mucho más perjudiciales para el organismo que las de la mantequilla. "La comida más sana del súper (los productos frescos) no alardea de lo saludable que es", escribe Pollan. "Sólo los grandes productores disponen de medios para conseguir que las autoridades sanitarias les aprueben esos lemas con los que venden sus productos".

La gran pregunta es cómo lo consiguen. Por qué nuestras autoridades sanitarias o alimentarias se muestran incapaces de obligar a las marcas a no decir mentiras, o mejor dicho, a no vender medias verdades o a afirmar hechos no demostrados.

El profesor y experto en bioquímica de la Universidad de Murcia José Manuel López Nicolas ha escrito mucho y bueno sobre el tema en su blog Scientia. En sus largas y documentadas entradas, desentraña los trucos que utilizan productos como el VitaTEN de Kaiku, el Actimel de Danone o la leche fermentada con L. Casei de Hacendado para poder publicitarse como saludables. ¿Que la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) les impide publicitar las supuestas virtudes anti-tensión arterial y pro-defensas de los lactobacilus y demás bacterias-prodigio? Pues añaden a sus bebedizos potasio o vitamina B6, sustancias que sí están reconocidas legalmente como beneficiosas en esos terrenos, y santas pascuas.

Lo absurdo del boom funcional es que alimentos normales y corrientes poseen la misma o mayor cantidad de esas sustancias, y son mucho más baratos. López Nicolás pone dos ejemplos clarividentes: además de muchos otros nutrientes, un plátano aporta el triple de vitamina B6 que el Actimel o el L. Casei de Hacendado y cuesta tres veces menos. De igual forma, un aguacate contiene cuatro veces más potasio que un VitaTEN, y cuesta un 15% menos.

El profesor añade una reflexión a mi entender importantísima: "Según los últimos estudios nutricionales la deficiencia de potasio es muy rara en individuos que consuman una dieta equilibrada y no hay necesidad alguna de consumir suplementos en circunstancias normales". Lo mismo ocurre con el traído y llevado omega-3: con tomar pescado azul con cierta frecuencia, es más que suficiente. Yo aplicaría esta lección a todos los productos procesados enriquecidos con minerales, vitaminas o sustancias maravillosas: si tu dieta es variada y rica en alimentos frescos naturales, no necesitarás en absoluto de toda esa magia industrial.

Capítulo aparte merecen los productos de soja, la planta fetiche por excelencia del tinglado funcional-saludable. No tengo nada contra la salsa de soja, el tofu o cualquier alimento tradicional basado en ella. Pero cada vez que oigo palabras como "isoflavonas", "proteínas vegetales texturizadas", "lecitinas" y demás mandangas, me echo a temblar. Da igual que no existan estudios científicos serios que demuestren las bondades de la soja en la menopausia o contra el colesterol: los supermercados siguen llenos de sus esotéricos derivados. Por si alguno todavía no se ha enterado, vuelvo a recordar el libro de Pollan, que cita a un alto cargo de la FDA, el organismo controlador de los alimentos en EEUU: "La confianza en los derivados de la soja como alimentos seguros está claramente basada más en una creencia que en datos contrastables".

Las bebidas isotónicas, por su parte, acaban de recibir un buen varapalo científico. Un estudio de la revista médica British Medical Journal y la BBC pone en cuestión que líquidos como el Gatorade, el Lucozade o el Powerade mejoren el rendimiento físico o la recuperación tras el ejercicio. Lo que sí parece claro es que dichas bebidas son auténticas bombas de azúcar: entre 40 y 60 gramos por litro. El informe habla de una "sorprendente falta de pruebas" y aporta datos bastante tremendos: el 97,3% de los estudios en los que las empresas basaban sus afirmaciones carecían de rigor o directamente inaceptables.

La revista habla también del pasteleo entre la industria alimentaria y determinados científicos, que avalan virtudes no contrastadas de productos a cambio de una retribución económica. Algo que muchas personas relacionadas con este negocio saben, y que a mí, personalmente, me ha llevado a tomar la decisión de no dar bola a ninguno de los tropecientos estudios sobre las virtudes saludables de la cerveza, el vino, el queso, el café o el chocolate que se publican cada año. Ante la imposibilidad de saber de verdad quién los paga, me quedo sólo con los de instituciones de independencia y fiabilidad comprobada. Que son bien pocos, por cierto.

La misma sana desconfianza la aplico a todo producto que me venda sus propiedades beneficiosas para mi organismo. Entiendo los motivos de la industria para fabricarlos: la dificultad para hacer negocio con los alimentos de toda la vida les empuja a apostar por otros "de valor añadido" con los que pueden obtener un mayor margen. Al fin y al cabo, no hacen más que aprovecharse de la vagancia del consumidor, que prefiere confiar en ellos antes que esforzarse en mantener una dieta razonable. "Muy pocos ciudadanos leen la composición de la mercancía que adquieren y simplemente se dejan sugestionar por los reclamos de las etiquetas: 'con omega 3', 'reduce el colesterol', 'bajo en grasa'...", escriben el chef Andoni Aduriz y el filósofo Daniel Innerarity en Cocinar, comer, convivir. "Que los mensajes sean contradictorios, incompletos o que tengan fisuras informativas importa poco dentro del torbellino de datos en el que nos movemos actualmente".

A título personal, yo prefiero cuidar mi cuerpo ingiriendo la mayor variedad posible de verduras, frutas, pescados, lácteos, cereales, frutos secos y demás productos poco o nada procesados. Ellos me proporcionan toda la salud que necesito, están mucho más ricos y me cuestan menos dinero.

Más recetas en:

Supermercado El Corte Inglés

Hay 193 Comentarios

47 estudios clinicos

Creo que ademas de el mercado del consumo alimentario, están los alimentos que yo llamo 'anacrónicos' y que son aquellos que se acostumbraban en el medioevo como las carnes curadas, quesos y otra cantidad de inventos culinarios ideados para aguantar sin refrigeración. Es bien sabido que aunque saben bien no son lo mejor para la salud de quien lo consume. Pero la tradicion es la tradicion y hay quien ose ponerla en duda.

porque no me creo todo lo que dicen sobre los alimentos.

El artículo me parece alarmista y no muy riguroso, y no estoy de acuerdo con nada de las cosas que se dicen. Declarar que tu producto es funcional y tiene una o varias propiedades saludables determinadas no es una cosa de andar por casa, como se da a entender; la empresa tiene que avalarlo con estudios científicos, y aprobarlo un comité de expertos. Además, luego están las propias certificaciones de calidad que tenga la compañía (sea una ISO, BRC, IFS), que auditarán tu empresa durante 1 semana, lo mirarán todo con lupa, y no vacilarán en retirar tu producto del mercado si consideran que utilizas indebidamente una alegación nutricional (sucedió no hace muchos años con el Colacao Light). Así que, por norma general, si un producto declara que su consumo reduce tu colesterol, seguramente así será.
El autor me parece un poco prepotente cuando dice que las investigaciones “son deficientes”. Qué crack. ¿Es que se las ha leído todas? Pone como ejemplo la margarina y las grasas trans, pero es que eso forma parte de la Ciencia: hoy un producto es bueno por unas propiedades concretas, y mañana se estudian otras y resulta que ya no es tan bueno. Pero eso pasa con todos los productos, aunque sean 100% naturales. Pasa por ejemplo con el café, o el vino: hoy la Universidad de Michigan publica que son buenos para una cosa, y mañana la Universidad de Bremen concluye que son perjudiciales para otra. Pero luego va el autor se saca de la chistera que no existen estudios serios sobre la soja, cuando está más que demostrado que es una gran fuente de fitoestrógenos, y que lleva años recetándose con éxito a mujeres postmenopáusicas. No deja de ser un consumidor desinformado, como aquellos a los que critica.
Las grandes empresas alimentarias invierten recursos en investigación, generan patentes, colaboran con grupos de investigación (y en muchas ocasiones, los sufragan). Me parece injusto demonizarlas cuando son auténticos motores en avances en I+D y en Calidad, y el riesgo que asumen ante una alerta alimentaria que genere la retirada de un producto puede llevarlas a la ruina.
Otra cosa que es que la publicidad sea manipulada dentro de unos márgenes, o que la educación alimentaria del consumidor medio sea mediocre: si un plátano tiene el triple de vitamina B6 que un Actimel, no es culpa Danone.
Por otra parte, me sorprende la enorme fe que tiene en los que él llama “productos tradicionales”. Yo creo que el autor se imagina a un granjero saltando por el prado, recogiendo sus hortalizas, envasándolas y vendiéndolas sonriente en el mercadillo del pueblo. Todo ello, claro, sin utilizar pesticidas ni abonos enriquecidos (que te podrán producir cálculos renales) en el cultivo, ni conservantes artificiales en su tratamiento, ni nada de nada, y por supuesto, sin manipular fechas de caducidad ni locuras semejantes. Los mundos de Yupi, vaya.
No quiero decir con esto que sea contraria a la pequeña empresa alimentaria: al revés, creo que debemos apoyarla e impulsar los pequeños negocios locales. Pero al final se trata de no obsesionarse con una cosa ni con otra, porque ninguna es perfecta, y consumir de todo con moderación.

Un dia estallará la "burbuja alimentaria", y nos va a hacer aún menos gracia que el ladrillo. En mi botica, cuando alguien retira antibióticos, le digo que tome yogur, pero no "eso" que venden junto al yogur en los super, que busquen la palabra yogur en la etiqueta.
Nunca entenderé qué tiene la letra escrita en un anuncio para que la gente se la crea. ¡Por Dios, que no es más que un invento de un publicista para vender!
Yo estoy preparado profesionalmente para distinguir un artículo "científico" pagado/interesado. ¿Qué es lo que hace pensar a un ciudadano normal que está preparado para entender lo que dice un ensayo más o menos científico? Casi todos postulan que, como los esteroles influyen en los sofocos menopáusicos, esto que yo le vendo la va a dejar como con 30 tacos. ¡Y se lo creen!
Señoras, señores, sean más cautos con lo que se meten en el cuerpo, con suerte no hace nada, pero nadie sabe si les está matando.

Totalmente de acuerdo con lo que dices. Parece que ahora tenemos que añadir suplementos a todo: leches con calcio, con omega3, huevos con omega3, todo tiene que llevar bifidus y cosas que no sabemos ni que son, pero como van añadidas ya se supone que mejoran el producto. Lo mejor los alimentos de siempre y todavía más si los compramos en mercados y tiendas tradicionales. Cuanto menos procesados y envasados mucho mejor. Tanta higiene en ese proceso y de cada vez tienen menos nutrientes.

He leido todos los libros de Michel Pollan (en inglés y castellano) y en absoluto son contradictorios. Y claro que Food Rules está simplificado. Ya lo dice él en el prólogo. Es un compendio simplificado de las reglas para comprar comida, sacado de su libro anterior, "El detective en el supermercado". Y estoy de acuerdo con lo que dice Mikel. Si comes de todo, no te hacen falta extras ni suplemento.

Es evidente que muchos productos no son lo que prometen

Interesante. Yo personalmente no consumo ni productos que dicen ser saludables, ni nada bajo en grasas, ni nada edulcorado.
Los libros de Michel Pollan están bastante bien, pero "Food Rules" es contradictorio y demasiado simplificado, es mas bien un ejercicio de márketing que otra cosa.
Y @alpargata O'jara, entiendo que tienes el colesterol alto y que sigues una dieta "sana" haciendo lo que tu médico te dice. ¿Nunca te has planteado que si sigues con la misma dieta es IMPOSIBLE que obtengas resultados distintos? Que conste que con esto no pretendo atacarte, pero creo que deberías consultar con otro médico.

Precisamente hablábamos sobre esto en casa hace un par de semanas. Tengo sentimientos encontrados frente a este tipo de productos, ya que si son realmente inocuos, ¿por qué están contraindicados en ciertos casos? Es el ejemplo claro del Danacol, que tiene una etiqueta enorme en la parte trasera que desaconseja el consumo a embarazadas, personas con tratamientos médicos anti colesterol y todo un grupo poblacional de enfermos crónicos, menores de edad etcétera. Además, advierte de que más de uno al día puede hacer daño al organismo. Me preocupa que siendo tan "peligroso" como un medicamento, se dispense sin receta en los supermercados y que la gente lo adquiera y consuma atraída por el reclamo publicitario sin reparar en la letra pequeña que corre a toda leche en la parte inferior de la pantalla durante el anuncio. Por eso, no me importa tanto que engañen al consumidor diciendo que son beneficiosos como que no informen correctamente de sus riesgos potenciales. Al fin y al cabo, es comida y no pasa los mismos controles que los medicamentos. No debería aspirar a sustituirlos.

El único poder es el de los alimentos naturales, el resto son pura mentira, en la manipulación el alimento pierde de todo, incluso cuando lo cocinamos se transforma
¿por qué añadirle a la leche calcio? ¿no lo tiene ya?
el yogur hace muchos muchos años tenái fama de que alargaba la vida de algunso habitantes de algún país del este o incluso griegos, vease el anuncio del yogur griego de D, AH a esos yogures de la eterna juventud no les agregaban nada, pero lo que no cuentan es que esas personas se lo hacían ellas en casa, ellos mismos ordeñaban, así no se pierden vitaminas, ni sabor, y trabajaban sus huertas sin tener que ir al gimnasio para setar sanos, así que su longevidad no tenía porque ser debido sólo sólo al yogur, era su modo de vida.

Yo procuro no comprar excesivos alimentos procesado. Algo cae, qué remedio, pero procuro evitarlo. Siempre me leo las etiquetas, lo cual me provoca no pocas sorpresas ¡incluso en algunos productos ecológicos! y a partir de lo que leo genero mi dieta.
No creo que los alimentos prebióticos sean otra cosa más que una moda, como lo fue el aloe vera o el jabón de Marsella. La empresa alimentaria intenta que consumamos más y por eso nos ofrece más novedades. Pero como bien dice Mikel, todo eso que nos meten en esos alimentos supuestamente maravillosos, ya está en otros alimentos frescos, en los cereales, en las frutas y las verduras, en el pescado etc. Desgraciadamente, hacer una dieta saludable con productos tradicionales es más caro que comer mierda procesada y recauchutada, pero es una inversión. No os digo ya comer ecológico, pero yo lo puse en la balanza. A lo mejor tengo que renunciar a unas cuantas cañas o a tal o cual objeto que pueda desear, pero mis analíticas están limpias como una patena, y eso no tiene precio.

En cuanto a los disparates funcionales, para mi el más grave es el timo del calcio. Las marcas de leches y derivados tuvieron una carrera patétitca para ver quién ponía más calcio para prevenir la osteoporosis, llegando a decir especular si era mejor el calcio procedente de la leche de vaca. Los urólogos y nefrólogos están entre espantados y alegres pensando en todos los pacientes que les van a llegar con cálculos renales del tamaño de nueces...

Un endocrino me "recetó" un Danacol al día para bajar el colesterol, a pesar de que lo tengo prácticamente por los suelos. Cambié de endocrino, claro... Aparte, no sé qué anuncio hace mucho tiempo, en plena explosión de alimentos "funcionales" acababa de presentar las delicias de una galleta o bollo infantil con la frase "Con azúcar, la mejor fuente de energía" en un absurdo intento de colar alguna característica "funcional". Pero me hace gracia que alguien se dedique a desmontar con estudios científicos la falta de propiedades de los alimentos, porque en realidad las marcas no usan ciencia ni estudios para presentar la funcionalidad. Sólo usan márqueting. Danone anuncia yogures para hacer caca sin decir que son para hacer caca ni nada. Con decir "puede ayudar a..." nos cubrimos las espaldas. "Puede ayudar a bajar el colesterol". ¿Que baja? Ideal. ¿Que no baja? Ay, usted no miró la letra pequeña bajo el asterisco que dice "en el marco de una dieta equilibrada". Y ya está.

miguel | 10/08/2012 0:38:33

Tienes a mano un link de ese estudio? Porque déficit de vitamina E en uno de los mayores productores mundiales de aceite de oliva como es España, es difícil de creer, no por nada...

Un articulo muy interesante, pues la gente cree en las cosas mas peregrinas por ejemplo en dios, como no van a creer en actimel

Sobre la soja: sí está demostrado que es buena tras la menopausia...al menos en ratas! (soy investigadora). las isoflavonas (análogos vegetales de las hormonas sexuales) tienen efectos muy buenos tras la menopausia. Pero estoy de acuerdo en que no tiene mucho sentido los suplementos: es más fácil cocinar soja de verdad, u otros alimentos ricos naturalmente en isoflavonas, que comprarse el típico zumo caro, que sólo tiene un 0,03% (cantidad ridícula que no hace nada) . Además, también está bastante demostrado que el organismo absorve mejor los nutrientes naturalmente presentes en los alimentos, que los suplementos, pildoras, añadidos, etc...

Otro detalle curioso: el de los alimentos que te ponen en la etiqueta "Sin colesterol!!!!" , por ejemplo, en el pan. El colesterol sólo existe en los productos animales, por tanto, cualquier producto no animal no va a tener colesterol...pero claro, como mucha gente no lo sabe, a las compañías les sirve muy bien de reclamo publicitario.

Hace algun tiempo se publico una norma europea que regulaba esto... si quereis saber mas:

http://coctor.blogspot.fr/2012/05/sustancias-beneficiosas-y-enganos.html

Pues siento decirle al redactor del artículo que el Danacol por ejemplo, o el Benecol si son productos que reducen el colesterol. Entre otras cosas porque contienen complementos farmacéuticos que tienen esa misión. Es por eso por lo que si alguien está medicado contra el colesterol no puede tomar este tipo de lácteos. Creo que en parte tiene razón con el artículo, pero también creo que está muy desinformado. No obstante la alimentación es fundamental para la salud. Los productos saludables y naturales son beneficionsos para el cuerpo. Hay productos funcionales que también.

Estoy de acuerdo en casi todo lo que dices, sin embargo, no hay que meter a todos estos productos funcionales en el mismo saco. Trabajo en el sector de nutrición y debido a mi trabajo he tenido que leer muchísimos estudios clínicos y legislaciones de la EFSA (European Food Safety Authority), en cuanto a los esteroles, que es el ingrediente que llevan los lácteos y que dicen que reducen el colesterol, está más que comprobado que funcionan. Hay estudios clínicos desde los años 50 y tienen una Declaración Nutricional aprobada por la EFSA, quien no aprueba cualquier ingrediente, de hecho más bien al contrario, es muy complicado conseguir una Declaración Nutricional y muchísimos ingredientes que se añaden a otro tipo de lácteos como el Actimel han sido rechazados. A parte de esto, yo misma he comprobado como mi nivel de colesterol se ha disminudo al tomar lácteos con esteroles, eso sí, hay que seguir una dieta equilibrada, evitar grasas y hacer ejercicio, lo que se consigue es reducir el colesterol de manera más rápida.

Pues yo si estoy bastante de acuerdo con el articulo, nadie duda que los productos "saludables" sean positivos, algunos más otros menos, pero lo que esta claro es que se crearon para el consumo a los de Danone les importa un carajo que yo tenga mejores defensas o defeque con regularidad, lo que esta claro es que hoy día nos atosigan con cantidad de productos con mil chorradas que hace 30 años nadie tomaba y aqui seguimos. Mi padre, médico de profesion, viendo el anucio de tulipan que tenia fosforo y mil cosas, me comento que la mayor que parte de los nutrientes de los que alardeaba tulipan ni existian LOL. Estoy leyendo algunos comentarios sobre la leche: chorradas como panes, de toda la vida se ha tomado leche y nadie ha muerto, lo de la intolerancia y tal ha aumentado precisamente en los ultimos 10 - 5 años tontunas para vendernos el panfleto de kaikú y mil chorradas más.

Por una vez estoy de acuerdo en todo lo que Vd. dice, querido tocayo, con una sola excepción: menciona Vd. "lácteos" en su último párrafo como fuente de salud. Le invito a que busque informes científicos sobre los -destructivos- efectos de la leche de vaca en el organismo humano. Sorprendentemente los hay, y muy numerosos. NIngún problema con el queso, siempre que sea queso de verdad, ya que eso que se llama "queso fresco" desde el punto de vista biológico no es queso, es una leche cuajada. Salud y, obviamente, buenos alimentos.

Excelente artículo. No veo discusión posible en este asunto. Soy de los que repudian hasta la saciedad cualquier tipo de compuesto de este tipo y de los que creen que con una alimentación variada se consiguen mucho mejores resultados desde el punto de vista de la salud (además del enorme placer que sientes al practicarla). Hay gente que está comentando que a ellos les han funcionado bien, por ejemplo, reduciendo el nivel de colesterol. Estoy convencido de que en su afán por reducir ese nivel, además de tomar algún potaje milagroso de estos, sin darse cuenta midificaron en parte sus hábitos diarios y comenzaron a hacer algo de deporte o a comer de una forma diferentes y más saludable. Probablemente sea ésta la causa de sus logros y no la ingesta de un botellín diario de "poción mágica".
Em mi casa no entran productos de éstos y continuaremos con esta norma. Seguiremos disfrutando con la cocina, con los productos frescos, y seguiré intentado dar de comer a mi familia de la forma más saludable y a la vez más placentera posible.
Un saludo!

Estoy muy de acuerdo con el artículo. Sólo añadir que a mí, desde hace años, sin lugar a dudas, me funcionan los productos tipo Cuidacol, Benecol, etc., para reducir el colesterol. No porque lo diga la publicidad o tal o cual publicación, sino porque lo dicen mis análisis.

Totalmente de acuerdo. http://serendipity-fotografia.com/

Publicar un comentario

Si tienes una cuenta en TypePad o TypeKey, por favor Inicia sesión.

El Comidista

Sobre el blog

El Comidista trata todos los aspectos de la realidad relacionados con la comida. No sólo da recetas fáciles de hacer, habla de restaurantes accesibles o descubre los últimos avances en trastos de cocina, sino que comenta cualquier conexión de lo comestible con la actualidad o la cultura pop. Todo con humor y sin ínfulas de alta gastronomía.

Sobre el autor

Mikel López Iturriaga

es un periodista y bloguero con cierta afición por la comida, que escribe en EL PAÍS y habla en el programa 'Hoy por hoy' de la Cadena Ser. Antes trabajó en Canal +, El País de las Tentaciones, Ya.com y ADN. Aprendió algo de cocina en la Escuela Hofmann, pero se sigue considerando un advenedizo más que un experto.

¡Pregunta!

Pregúntale al comidista

Envía aquí tus dudas gastronómicas e inquietudes personales. Es como el teléfono del tarot, pero gratis.

Buscar receta

Nuevo libro

La cocina pop de El Comidista

La cocina pop de El Comidista

Una nueva entrega del cocinero más pop. Un libro en el que no sólo encontrarás recetas, sino todo el universo de El Comidista, el blog de cocina más completo y popular.

Eskup

Facebook

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal