El día que probé el caballo

Por: | 26 de febrero de 2013

Carne de caballo

Corre corre caballito. / EL COMIDISTA

 

¿A qué sabrá el caballo? ¿Será tan duro como lo pintan? ¿Me dará asco si lo pruebo? Estas y otras preguntas trascendentales han rondado por mi cabeza desde que estalló el escándalo de la carne equina, que tantos y tan buenos titulares nos está dando en este glorioso 2013.

El asunto lleva coleando más de un mes. Primero se detectó ADN de caballo en hamburguesas de vacuno en Irlanda y el Reino Unido. Después vino un estudio de la OCU que denunciaba la presencia equina en las vendidas en España por Alipende y Eroski. Nestlé se sumó a la fiesta retirando ravioli, tortellini y boloñesas de Buitoni con posibles trazas de corcel, mientras los británicos ponían la imprescindible nota tóxico-policial al detener a tres personas por distribuir carne de caballo aliñada con  fenilbutazona, un analgésico con nombre de colocón chungo.

Con el panorama así de calentito, un reportaje sobre el maltrato que sufren estos animales antes de ser sacrificados en Estados Unidos, Canadá, Argentina o México llevó la semana pasada a seis supermercados suizos a suspender la venta de productos caballares procedentes de esos países. Para terminar, el día de ayer no escatimó en sorpresas: los trillones de albóndigas 'suecas' que vende Ikea también relincharon y desaparecieron de las megatiendas, y Nestlé anunció la ruptura sentimental con su proveedor de carne español Servocar por colarle un 1% de mi pequeño pony en el vacuno.

Parafraseando a Lloyd Bridges en Aterriza como puedas, podría decirse que elegí un mal momento para probar el caballo. Pero ante la avalancha de información negativa contra esta carne, se me despertaron tanto la curiosidad como las ganas de ir a la contra. Es verdad que las autoridades se han hartado de decir que las trazas equinas en el vacuno no suponen ningún riesgo para la salud, y que estamos más ante un fraude de denominación que ante una crisis sanitaria. Sin embargo, pocos ámbitos de la vida son tan dados a la paranoia, los bulos y la desinformación como la comida, y creo que tanta mala prensa puede acabar castigando a un alimento en sí mismo inocente. O al menos tan inocente como las vacas, los cerdos o los pollos ricos en hormonas y antibióticos que nos comemos sin pensarlo dos veces.

Así que este fin de semana, en plan justiciero, me lancé a la aventura de comprar carne de caballo para cocinar. Me dirigí a una carnicería caballar emblemática de Barcelona, Carnes Serrano, pegada al Mercado de la Boquería. En el local se vende potro y caballo desde hace décadas, pero cuando lo adquirieron sus actuales propietarios abrieron los mostradores a otras carnes con mayor demanda popular. Su responsable actual, Yolanda Serrano, negó que la crisis de la carne picada estuviera afectando a las ventas, más que nada porque ya eran pequeñas antes.

"Los españoles no tenemos educación de comerla", me explicó. "Se habla más de ella que lo que se consume". Los clientes que llegan a la tienda en busca de este género son sobre todo italianos, "que tienen más costumbre" (otros países aficionados son Francia, Holanda o Polonia). Por ser más suave, y quizá por haber contado con cierta promoción en los circuitos gastronómicos, el potro triunfa algo más, "aunque tampoco mucho". El formato favorito de los compradores es, ejem, la hamburguesa, seguida por el filete o el entrecot para hacer a la plancha.

Carne de caballo 1
Carne de caballo 2
Filetes carne caballo
Menos unicornio, tenemos de todo. / EL COMIDISTA

 

¿Y por qué tenemos prejuicios contra esta carne? "¡Es que es los caballos son muy guapos! A la gente le da penica", respondió Yolanda, para sufrir acto seguido un ataque de sinceridad. "Yo soy como la gente, ¿eh? No me he comido un filete de estos en mi vida, y eso que los vendo. Donde esté la ternera...".

No demasiado estimulado por el márketing de la dueña, me dispuse a comprar tres tipos diferentes de carne de caballo para experimentar: un trocito de muslo para guisar, un filete y carne picada de potro para hamburguesas. A la hora de pagar, me congratulé de que los precios fueran más asequibles que los de la ternera. De hecho, la motivación del fraude con el vacuno puede ser ésta, porque criar un caballo es más barato que una vaca y muchos ejemplares destinados al ocio acaban en los mataderos a un coste muy bajo.

Mi primer encontronazo culinario con el caballo no fue demasiado exitoso. Usé el muslo troceado para una sopa y quedó más o menos como la suela de zapato que se come Charles Chaplin en La quimera del oro. Seguramente fue culpa mía por no aplicar el modo de cocción correcto, pero aquello se comía con tanta dificultad que tuve que elegir entre dejarme las mandíbulas o tirarlo a la basura.

El bistec quedó algo mejor, aunque también me pareció un poco correoso y desde luego no apto para personas con dentadura postiza. La hamburguesa fue lo mejor con diferencia, poderosa pero más fácil que las piezas anteriores. Dicen que la carne de caballo es más dulce: yo no sé si tengo el paladar atrofiado pero sólo la sentí un pelín más caramelizada. Posee un aroma y un sabor particulares, y quizá al tener menos grasa resulte menos untuosa y algo más tiesa que la ternera o el cerdo. Ahora bien, en ningún caso supone un gran salto respecto a otros mamíferos de consumo habitual.

No negaré que me dió un poco de cosica: soy sensible a la nobleza de este animal y llevo en el corazón a unos cuantos ejemplares célebres de la especie, como Rocinante, Jolly Jumper o el Caballo Homosexual de la Montaña. Pero por puros criterios gastronómicos o nutricionales, creo que podríamos comer más de lo que comemos si nos quitáramos de encima los prejuicios culturales. Sus defensores dicen que es una carne muy sana, rica en minerales y vitaminas y beneficiosa para el colesterol o los triglicéridos. Sinceramente, no sé si todas estas virtudes me empujarán a comprarla con regularidad, pero una hamburguesa de potro de vez en cuando, ¿por qué no?

 

 

La noticia en otros medios

Encuentran rastros de carne de caballo en la cara de Alicia Sánchez-Camacho (El Jueves)

Hallan carne de becario en las albóndigas de Ikea (El Mundo Today)

Hay 192 Comentarios

María Victoria Sarriés Martínez, en su tesis doctoral defendida en la Universidad Pública de Navarra afirma que:
"La carne de potro es más saludable que la de vacuno porque contiene un mayor porcentaje de ácidos grasos Omega 3 que son esenciales para nuestra salud, su grasa intramuscular presenta menores índices de aterogeneicidad y trombogeneicidad que la carne de vacuno o la de ovino. Asimismo, es muy rica en vitamina B y muy tierna, lo que la hace muy apropiada en dietas dirigidas a niños, deportistas, mayores y personas con anemia".
Soy consumidor habitual de la carne de potro, es una de las carnes más sanas y tiernas. Tiene un sabor dulzón y no contiene grasa.
Además, conozco de primera mano a ganaderos de cría de potros, y os puedo asegurar que se pasan estrictos controles de calidad e inspección. Cada potro o caballo tiene un microchip y su correspondiente guía además de la guía de transporte...en los mataderos toda la carne es analizada rigurosamente.
La alimentacion del caballo es totalmente natural. Es uno de los pocos animales, que no se le pueden meter hormonas para su engorde, ya que debido a su delicadeza, el caballo se MUERE.
Al contrario de lo que se comenta en el texto, el caballo es mucho más delicado para poder engordarlo,y necesita bastante más cuidado que otro animal.

Vivo en Francia desde hace 10 años, nunca había probado carne de caballo pero como es lo que el carnicero del barrio vende, un día nos animamos. Es una carne deliciosa, lo mejor la carne picada pero también se presta para guisos como el "bourguignon".La verdad que no me da más cosilla que comer ternera, pollo o cerdo. Es más, el produtor es de un pueblo de al lado y los animales reciben un tratamiento correcto, ¿podemos decir lo mismo cuando compramos carne de ternera o cerdo en un hipermercado? Y eso no le da cosilla a casi nadie...

te ha quedado un título muy ochentero. mira que eres moderno

...Ningun animal se salva

El escándalo de la carne de caballo se origina por las reticencias culturales que tienen en los países anglosajones con respecto a comer ese animal (de manera similar a comer un conejo, que para ellos es simplemente impensable). Sinceramente, me parece mucho más grave que en las hamburguesas se haya detectado carne de cerdo, que los musulmanes no pueden comer por motivos religiosos (y de ello no se habla). El problema es que el consumidor solo tiene la etiqueta para saber qué está comiendo y si se equivocan en el etiquetado, pues el consumidor se queda totalmente desprotegido, en mano de la industria (mucho más de lo que sea actualmente).

Por otro lado, siento que se haya criticado tanto la carne de caballo. Yo a veces la he consumido, sobre todo hace unos años cuando tenía anemia. Siento que haya pasado este escándalo por los que tienen carnicerías de caballo, porque inevitablemente notarán un descenso de la venta aún mayor que el que que ya tienen.

Faltaba la carne de caballo para abrir un nuevo escándalo alimentario en el mundo cárnico. Primero la vaca loca, luego la gripe porcina (que, aunque fuera una enfermedad, se asociaba con el animal e, inevitablemente, con su consumo...), luego la gripe aviar...

Yo soy una gran defensora del potro y cuando puedo compro uno a medias con mis suegros. La carne guisada requiere cocciones largas, estilo carrillera, dejarla que se haga. Si no va a quedar como tú dices, dura como una piedra.


Con el filete ocurre algo parecido. Como le des un golpe de calor muy fuerte queda dura. Mejor a temperatura media un ratito más.


Donde yo lo compro me sale a unos 3.5€/kg matado y despiezado. Un precio más que aceptable aunque sea un animal "adorable".

Sherezada, a la López Ibor

Querido comidista, dices que el precio del caballo es inferior al de la ternera. ¿¿??
Los comentarios de carniceros y ganaderos de caballos de Zaragoza, indican lo contrario. Sobre todo por que el caballo/potro necesita más pienso que una ternera/vaca, para producir el mismo peso de carne. Sacrificandose a los 18 meses.
Quizás compraste carne de algún ejemplar viejuno.

A no, no y no: Dices "Como gallega como vacuno, pollo y cerdo." Vaya, pues qué canibalismo. ¿Y las gallegas saben bien?????

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Ofertón donde seguro que nos os darán caballo por liebre, buscas vuestro favorito y a disfrutar. http://cort.as/3ZSE

¡Gracias!

Me sangran los oídos, pero gracias...

¡Caballo homosexual de la montañaaaa!

PUES QUÉ PENA QUE SEAS TAN PLUMOFÍLICO Y TE GUSTE MÁS EL AMANERAMIENTO DEL PEQUEÑO CABALLO HOMOSEXUAL QUE POR EJEMPLO, EL MÁS FEMINISTOIDE PEQUEÑO TÍO DE LA GRAN PIPI CALZASLARGAS…

© No se preocupen que el Róbalo que venden en los restaurantes es serpiente del amazonas~!ESTÁ DEMOSTRADO COMER CARNE DE CUALQUIER ANIMAL ES COMER CADÁVER QUE SE CONVIERTE EN CÁNCER~!

Desde que tenia 6 años, y ahora tengo 47, he comido carne de caballo, incluso recomendada por medicos. Es mas sana, tiene menos elementos antinaturales y proporciona mucha energia. Entiendo el factor pena por el animal pero, no da pena el cerdo, la ternera, el pollo... que hipocrias somos...Si te dan pena los animales, no comas carne animal de ningun tipo.

Jamás probare la carne de caballo, demasiado para mi, aunque en Mexico mejor no quiera saber lo que comemos, mas info en http://www.mexicomola.com/

¡¡ Otra vez te me has adelantado Mikel !!. Pero esta vez ya tenía la entrada de blog escrita y algo distinta. Asi que si alguien quiere saber algo más sobre el tema, puede pasarse.

Creo que yo también voy a animarme a probar la carne de potro y como veo que hay mucho aficionado entre los seguidores, aconsejadme sobre lugares de confianza en Madrid y cómo debo prepararla. Quiero que mi primera vez al menos no sea un desastre (uyuyuy cómo suena esto).

http://conocerlaagricultura.blogspot.com.es/2013/02/al-rico-potrito-troton.html

La carne de caballo estará mal vista... pero bien cocinada es exquisita... Te recomiendo un pequeño restaurante (es el bar del pueblo) en León, en un pueblo perdido de la montaña que se llama Torrestío. Pide un asado de potro... no hay carne más suave y más tierna en el mundo. Ellos mismos crían los potros y te puedo asegurar que merece más de una visita.

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a mi me gustó, y si lo vendieran nuevamente lo volvería a comprar http://wikisabios.blogspot.com/2013/02/tips-para-conquistar-una-chica-mientras.html

Comí carne de caballo y potro durante toda mi infancia. En casa de mis padres nunca entró un filete de vaca y la primera vez que yo probé la ternera, en casa de unos parientes, me resultó rarísimo porque era una carne sin sabor. Con esto no quiero decir que lo sea, sólo que la alimentación es un fenómeno totalmente cultural.
He intentado un millón de veces hacer las albóndigas como las hacía mi madre y no ha habido forma, hasta que caí en la cuenta de que eran de carne de potro, os juro que eran deliciosas, y yo compro ternera porque en mi ciudad hay carnicerías equinas, pero me pillan lejos y mi pareja no está acostumbrada a esa carne.
Por otro lado, yo tengo pocos prejuicios para la comida, me gusta el conejo, los caracoles, el potro, incluso las crestas de gallo (en Toro, Zamora, las hacen deliciosas) y nunca digo que algo no me gusta antes de haberlo probado. Siempre he dicho que lo primero que hay que enseñarle a un niño sobre comida es que nunca se dice 'que asco' y mucho menos si no se ha probado, porque lo que para ti es un asco para otros puede ser una delicia o lo único que se puedan llevar a la boca.

A principios de los noventa a mi madre le dio por darnos carne de caballo y no recuerdo que fuera nada traumático. Al contrario, el día que tocaba era algo como guay. Un día nos dejó de dar no sé muy bien por qué. Se lo preguntaré...

Yo como caballo desde pequeño y ahora la tengo como un caballo. Mikel, cuando quieras quedamos y... te la presento ;-)

Mi opinión es que hay que comer de todo: conejo, almeja, rabo, huevos... TODO. HMMMMM qué rico!!

Por una cuestión cultural, no me gusta comer carne de caballo. Si embargo, la he comido y como -eso sí- un fiambre que en el Río de La Plata llamamos "mortadela", hecho en base a carne equina. Lo que no me cierra -y considérese que quien esto escribe, vive en el paraíso de la res- la carne de caballo es muchísimo más cara que la vacuna. El tipo de "alimentos" en los que se la ha encontrado, están compuestos, en su mayor porcentaje, por "texturado de soja" y los aditivos que se les ocurra. Tal vez habría que buscar en oto lado los "restos" del ADN de "Equs".

Lo siento, pero hay ciertos animales que no pienso comer. No como perro por mucho que lo coman los chinos, no como gato por mucho que los coman en Thailandia, no como caballo aunque le alucine a los italianos, no como grillos aunque los adoren los mexicanos, no como caracoles aunque para los franceses y otras comunidades autonomas sean un manjar, no como cabras ni ovejas, no como conejos, etc.

Como gallega como vacuno, pollo y cerdo. Punto.

El caballo es un animal de trabajo y una mascota, no alimento.

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El Comidista

Sobre el blog

El Comidista trata todos los aspectos de la realidad relacionados con la comida. No sólo da recetas fáciles de hacer, habla de restaurantes accesibles o descubre los últimos avances en trastos de cocina, sino que comenta cualquier conexión de lo comestible con la actualidad o la cultura pop. Todo con humor y sin ínfulas de alta gastronomía.

Sobre los autores

Mikel López Iturriaga

es periodista y bloguero, y lo más decente que ha hecho en su vida es crear El Comidista en 2009. Escribe en EL PAÍS y habla en el programa 'Hoy por hoy' de la Cadena Ser, después de haber pasado por Canal +, El País de las Tentaciones, Ya.com o ADN. Aprendió a guisar con su madre y, después, en la Escuela Hofmann, pero sigue siendo cocinillas antes que cocinero.

Mónica Escudero

es DJ, madre, escribe, cocina y pone la mesa para El País Semanal, ejerce de Comidista adjunta, y no necesariamente en ese orden. Dirigió las revistas Barcelonés y Madriz, y colaboró en medios como Marie Claire, SModa, Vanidad, Yo Dona o La Luna. Ha escrito A vueltas con la tartera, y lo que más le gusta es cocinar, la michelada y los gatos (pero no para comérselos).

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