
Platillo volante. / EL COMIDISTA
Durante muchos años, los guisantes me parecieron el máximo ejemplo de aburrimiento vegetal. No eran para mí más que las bolitas verde parduzco de lata que te soportabas a duras penas en la ensaladilla rusa o los perdigones verde eléctrico congelados y después cocidos que te tocaban de castigo en el arroz a la cazuela o en el tres delicias de los chinos.


