
Lo que tapa el flan es el careto de la Reina Madre. / AINHOA GOMÀ
Chile tiene muchas virtudes y una desventaja fundamental para el viajero español: está en el quinto pino. Sin embargo, las 13 horazas de vuelo (más dos o tres si viajas desde Barcelona y haces escala en Madrid) no me han impedido visitar un par de veces este alucinante país. La última fue el mes pasado, cuando llevé a cabo una mini-tournée que me llevó a Santiago, la región de los lagos y Patagonia. El objetivo real del viaje era ver a mi amiga Claudia Larraguíbel, pero como no podía ser de otra forma, aproveché la ocasión para ponerme como La Moñoño a comer. Y también a beber, dada la abundante presencia en la zona de esa perdición hecha cóctel llamada pisco-sour.


