Para curarnos: ¡La flauta mágica!

Por: | 14 de agosto de 2012

POR JESÚS RUIZ MANTILLA

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Foto: Quincena Musical de San Sebastián

Mozart nos muestra en la Quincena Musical donostiarra el camino para recuperar Europa de las enfermedades que la afligen

Si me necesitas silba, que diría aquel. Cuanto más requerimos en Europa de una regeneración idealista que nos ayude a salir del hoyo, restaurar principios morales y no creer que todo se dicta a gusto y con paso firme por medio de ese ente abstracto y tiñoso que se llama mercado, no deberíamos tardar más de la cuenta en soplar La flauta mágica.

Si existe una ópera necesaria para estos tiempos en todo el repertorio es este musical creado por Mozart y Emanuel Schikaneder al final de la vida del compositor para mostrar el camino de la luz frente a las ambiguas y siempre travestidas tinieblas. El pasado sábado y hoy martes se puede disfrutar en San Sebastián de esta propuesta sencilla y coherente en la Quincena Musical, que ya pasó por San Lorenzo de El Escorial en julio.

La flauta mágica es una ópera para todas las edades. Y no quiere esto decir que sea para niños. Sus infinitos niveles de interpretación y lectura cambian a medida que uno crece y adquieren complejidades y enigmas propios que se multiplican sin fin. Pero no todo vale. En el caso de esta propuesta escénica firmada por Alfonso Romero gravita esa necesidad de salvación urgente requerida por el arte, aunque deje bastante que desear el desarrollo iniciático –basado en principios masónicos- que muestra la obra o se desaproveche sin tensión el perpetuo combate entre la luz y las sombras de la noche.

Aun así, Romero acierta en la coherencia idealista que los tiempos requieren. Nada más empezar y a lo largo de todo el desarrollo, un enfermo en cama, herido de guerra, contempla paralelamente la acción. Resulta una metáfora sugerente, que apela a la escalofriante salud moral de un continente en crisis de identidad y valores.

Es la medicina de La flauta mágica la que acaba curándole. Es esa receta de humanismo y lucha de la luz contra la noche, el triunfo del amor y la audacia para encontrar la propia divinidad en nuestro interior la que restablece su fuerza. Existen evangelios laicos, tratados de fuerza moral e idealista tan efectivos como cualquier categoría religiosa, creaciones capaces de regenerar cuerpos y almas con el vigor perdido de los postulados de la Ilustración. Ese es el caso de la obra mozartiana, un compendio aparentemente sencillo pero contundente, que nos puede ayudar a comprender lo que con el tiempo hemos ido perdiendo o rechazando por acomodamiento, por cinismo o sencillamente porque sí.

Propuestas como estas –aunque incomprensiblemente rematadas- quedan a años luz de la prostitución nihilista a la que La flauta mágica se ha visto sometida en otras lecturas tremendamente conservadoras en su intención –aunque despiste la forma- como la que hizo La Fura dels Baus hace años para echar carnaza a los tiburones.

Aquello era la negación del espíritu que impregna la obra y la aceptación sin salida de una derrota que parecía a punto de llegar. Quizás acertaron en su diagnóstico, pero no en la medicina a aplicar, que debe ser la insobornable entrega al idealismo intrínseco de la obra y no la muerte del mismo por asesinato filosófico, como fue el caso.

En lo musical destacaron ante todo la refrescante pureza de Auxiliadora Toledano como Pamina, el vigoroso y cálido timbre de Kenneth Tarver, como Tamino, y la brillante compenetración a la que llegaron Leigh Melrose y Marifé Nogales en su recreación de los Papagenos. Jaime Martín realizó un prometedor debut en la dirección musical de esta ópera frente a la Orquesta Sinfónica de Euskadi, que dejó fluir con colores, tempos y matices acertados. No podía ser de otra forma en quien, como flautista, ha sido aclamado a nivel mundial. 

Hay 2 Comentarios

Hola, amigos. Estoy perfectamente de acuerdo con el bloguero mayor en recomendar como medicina La flauta mágica. El mensaje puede vernir de quien sea, pero es un mensaje válido: fraternidad. Y si es la fraternidad masónica, si es auténtica, pues también. Y claro, las cosas importantes se pueden decir de muchas maneras, pero cuando es con el encanto y la inspiración, con la frescura y desparpajo mozartianos, pues ni se diga. Es una manera de buscar nuevos caminos, que siempre se hacen nuevos por el arte, hacia esa "wesere Land" que canta Sarastro.

La flauta mágica o http://www.theadwar.com que también intenta ser algo mágico ;)

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El Concertino

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