El Concertino

Sobre el blog

Una visión de la música culta para el siglo XXI. Valores, desafíos, debates, tendencias y análisis de la mano de los periodistas de EL PAÍS. Un blog para vivir y disfrutar de la ópera y la clásica. Textos para saber más y, sobre todo, para acercarse hasta donde permiten las palabras a la emoción de la música.

Sobre los autores

Daniel Verdú. Periodista de la sección de Cultura.

Jesús Ruiz Mantilla.Periodista de El País Semanal.

Arrancar la música de cuajo

Por: | 25 de septiembre de 2012

Protesta musicos

Manifestación de profesores y alumnos de escuelas municipales de música de Madrid contra la subida de tasas. / SAMUEL SÁNCHEZ

Existe un debate sobre si la música, la clásica en particular, han vivido en España en los últimos años el efecto de otra de las compulsivas burbujas que se lo han cargado todo. Un auditorio en cada pueblo, más orquestas sinfónicas de las que se podían pagar o gestionar con un nivel de calidad aceptable, cachés desorbitados de artistas extranjeros a quienes se ha pagado en los últimos años lo que les ha dado la gana… Todo ello ha desembocado en un a dramática situación, ya reseñada en este periódico hace unos meses, que ha supuesto la cancelación de ciclos, festivales, impagos a músicos o despidos en teatros. Quizá el cruel ajuste al que nos vamos a someter en los próximos años sea merecido. Pero si algo no se podía tocar para terminar con aquello de que España nunca estará al nivel de las orquestas centroeuropeas era la educación musical. ¿Adivinan qué ha sucedido? También se la están cargando.

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Nostalgia de Zimerman

Por: | 18 de septiembre de 2012

Por Jesús Ruiz Mantilla

Krystian

Existen personajes a los que uno va conociendo a lo largo de la vida que merecen en su honor el ejercicio del periodismo al revés. Kristian Zimerman es uno de ellos. Pianista atípico, artista obsesivo, imprevisible conversador –si accede a ello-, este intérprete de piano merece una entrada en nuestro concertino por no venir a España.

Hace una semana, sus asistentes enviaban una nota escueta mediante la cual comunicaban que cancelaba todas sus fechas en Europa hasta fin de año. Entre ellas, las reservadas en España durante este mes. Aquel anuncio nos llevó a sus admiradores a sentir nostalgia y un fuerte deseo de volver a disfrutarle pronto sobre nuestros escenarios.

Perseguir a Zimerman para una entrevista es uno de los ejercicios más desconcertantes a los que uno puede entregarse. Y entrevistarle, igual. Al artista polaco le gusta citar un domingo a las 9 de la mañana o un día cualquiera, tras su recital, a las 12 de la noche. No tiene horario de oficina y detesta los aeropuertos. Su último altercado en Estados Unidos muy bien podría quedar explicado por los efectos del jet lag. El caso es que ante los atónitos californianos que le seguían en el Walt Disney Hall, se plantó Zimerman en mitad de su actuación para denostar la política estadounidense en Irak con otra advertencia: “Apartad vuestra manos de mi país”.

No demuestra interés en elevarse más allá de la música. Por Europa le resulta más fácil. Si vive en Suiza con su esposa y sus dos hijos, justo en el centro del continente, es porque se siente a media distancia de coche entre todas partes. Y así le resulta más fácil viajar de norte a sur con la carreta para caballos que lleva detrás del coche en la que transporta su piano Steinway especialmente afinado para cada programa.

Maniático de las grabaciones, cuenta con un estudio en su casa donde registra todo. Obliga a sus asistentes a grabar cada recital para comprobar en qué nota ha podido fallar, pero se pone histérico y se marcha si siente que alguien recoge el sonido sin su consentimiento en la sala. Con las entrevistas hace lo mismo. Si al periodista se le olvida la grabadora, él porta una a mano para dejar constancia de lo que se habla. Pero entre toda su parafernalia, sus salidas de tono, su carácter de mil demonios y su radicalidad política, destaca un alma hipersensible a la música, manos de poeta atormentado y perfeccionista al piano, ese instrumento que, dice, sueña con él.

Nostalgia de Zimerman es la que nos entra y recuerdo de sus recitales titánicos, hondos y generosos con sus soberbias versiones de Chopin, Beethoven, Debussy, Bach, Lutoslawsky… Exigente y metódico, fanático del arte, la fotografía, la pesca y las matemáticas, Zimerman vive entre el cielo de sus interpretaciones y el infierno del horror ante la imperfección. Contempla la música como un arma transversal, que lo mismo pueden disfrutar ciudades recónditas como grandes salas de concierto.

Anima a jóvenes intérpretes y ataca los concursos, donde ha renunciado a ser jurado por considerarlos un mal rasero del talento. En este mundo donde impera el marketing y el foco, el ejemplo de Zimerman asombra y envuelve los enigmas paradójicos de las grandes figuras. Cuenta que una vez visitó a Artur Rubinstein cuando este ya era anciano y estaba ciego. Lo encontró feliz. “No sabe lo que uno puede descubrir en el mundo a través del oído”, le comentó su compatriota pianista. Las ventajas de saber aprovechar al máximo las circunstancias le abrieron la mente. Hoy Zimerman anda azorado y esquivo, encerrado en su mundo sin ánimos para tocar. Ojalá podamos ver pronto a través de lo que nos entre por el oído escuchando su poderosa música en el aire.

Una fiesta planetaria para el centenario de Britten

Por: | 14 de septiembre de 2012

  Por MIGUEL PÉREZ MARTÍN

1959 - On Aldeburgh Beach - photo by Hans Wild Britten en la playa de Aldeburgh en 1959. / Hans Wild

Cada día vemos en revistas y periódicos noticias relacionadas con el bicentenario de Verdi y Wagner, que se celebrará en 2013. Pero hay una tercera celebración con epicentro en un pequeño pueblo de la costa oriental del Reino Unido, que no puede pasar desapercibida. El centenario del nacimiento de Benjamin Britten, uno de los músicos más importantes del siglo XX, aglutina más de 1.500 actos de conmemoración –en su mayor parte, musicales- en 30 países distintos. Una fiesta sinfónica y operística para uno de los estandartes culturales británicos.

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'Moisés y Aarón' o el drama de la escucha

Por: | 07 de septiembre de 2012

Por Mauricio Sotelo

Schoenberg“¡Oh, Palabra; tú Palabra, que me has abandonado!” es la frase que como una llama iluminase los ojos del poeta José Ángel Valente el día de nuestro último encuentro en Madrid, poco antes de su fallecimiento en la ciudad de Ginebra el 18 de julio de 2000. La frase, que repetía con insistencia, me daba noticia directa de la valentía y la entereza con la que nuestro gran Poeta, Ensayista y Crítico se enfrentaba a los que sabía con certeza serían ya los últimos días de su vida.

“Muero en posesión de la palabra poética”, me quiso decir con gran orgullo. Con frecuencia se ha adscrito su lírica a la denominada Poesía del Silencio, pero con su voz crítica frente al ejercicio del oficio del arte y de su responsabilidad como ciudadano frente a los hechos del presente y del pasado ganó en España no pocos enemigos. El recuerdo de Valente vibraba inevitablemente hace tres días en la Philharmonie de Berlín sobre la estremecedora resonancia de las últimas notas de la cuerda al final del Acto II del Moisés y Aarón de Arnold Schönberg . Valente me preguntó en aquel ya lejano encuentro si yo recordaba el final de esta Ópera. Del inconcluso monumento sonoro le fascinaba la singular relación que se establece entre el Desierto y la Palabra, quizás tanto como la firmeza y consecuencia con la que el compositor llevo a cabo su proyecto artístico. Como Gustav Mahler, Schönberg decía haber aprendido la lección de no sentirse un alemán, ni un europeo, ni casi ya un ser humano, sino un judío, como escribiera a su amigo Kandinsky en una carta fechada en abril de 1923.

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El efecto Kent Nagano

Por: | 04 de septiembre de 2012

Kent nagano
Cuando el director de orquesta californiano Kent Nagano fichó la semana pasada por la Sinfónica de Gotemburgo se cerró una incógnita que hizo respirar de alivio a algunos en España. Después de cinco años, Gustavo Dudamel se despide de la formación sueca, a la que ha hecho brillar después de los largos periodos de intermitencia que atravesó antes de su llegada. Dijo ya hace meses que se marchaba. Y las apuestas colocaban al joven alemán David Afkham (29 años), figura emergente de los podios europeos, como su sustituto. El mismo que llegó a estampar la firma en el contrato que le iba a unir con la Orquesta Nacional de España (ONE) en diciembre del año pasado para sustituir a Josep Pons y que la crisis pimero y un exceso de parsimonia administrativa después han alejado de Madrid.

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El País

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