Rattle y Kozená: primavera en Praga

Por: | 02 de mayo de 2013

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Por JESÚS RUIZ MANTILLA

Si no fuera suficiente llegar en mayo a Praga para pasear por el monte Petrin y observar la ciudad entre la sábana de sus cerezos, si no resultara mayor aliciente cruzar el puente de Carlos y perderse por Mala Strana, o por los parques a escondidas donde gobiernan con altivez los pavos reales, si no se conforma usted con ponerse ciego a cerveza y dejar que pase el tiempo en los deliciosos cafés de techos altos y amplios ventanales por donde pasa la vida mientras la suya se detiene un rato, si no fuera ya eso el colmo para justificar un viaje a esta ciudad mágica, si necesitan más, entonces tengan en cuenta que estos días se celebra uno de los festivales musicales con más encanto de Europa: la primavera de Praga.

Y lo abrió ayer miércoles una pareja de mucho predicamento en la República Checa junto a la mejor orquesta que se puede escuchar hoy en el mundo: la Filarmónica de Berlín. Su director titular, Sir Simon Rattle y su esposa, la mezzosoprano Magdalena Kozená ofrecieron en matiné (por exigencias del guión, ya que fue retransmitido por televisión a varios países del mundo, entre ellos China y Japón) un soberbio concierto desde la sala española del Castillo de Praga.

Kozená quiso rendir homenaje a su compatriota Dvorak en su país e interpretó las ‘Canciones Biblicas’, todo un arrebato de sonido y sentido nostálgico compuesto por el autor de la ‘Sinfonía del Nuevo Mundo’ cuando trabajaba como director del conservatorio nacional en Nueva York. La voz densa y elegante de Kozená se elevaba entre las lámparas de la sala ganando el reto de una acústica que hacía temer algunas sombras en los días previos por parte del público.

Pero todas las dudas sobre el sonido quedaron en el olvido al comenzar el concierto con una obra de Ralph Vaughan Williams –Fantasía sobre un tema de Thomas Tallin-, que supo a gloria en las cuerdas de la Filarmónica de Berlín.

El gran momento llegó en la segunda parte. Tocaba repertorio propio. Tocaba Beethoven. Y nada mejor para una mañana de primavera en cualquier parte del mundo que una ‘Pastoral’. Pero sí encima, esa sinfonía compuesta como un homenaje a la explosión de la naturaleza suena en la estratosférica y poderosa genética germana de la Filarmónica de Berlín uno entiende y trasciende las abstracciones propias de un arte como la música.

Porque la rareza de la orquesta berlinesa junto a Rattle es que todo se concreta en sus manos. El genio del director británico no se limita a sugerir la música ni a conseguir –que ya es mucho- las ensoñaciones de un público que asiste a los conciertos en busca del poder de abstracción que los sonidos generan. Rattle y la Filarmónica de Berlín, con Beethoven, van más allá. Lo concretizan. Es una cosa muy rara. Relatan la música, la narran, se puede ver, leer, vivir con los cinco sentidos en sus magníficas versiones. A base de un tratamiento milagrosamente expresivo, de la partitura pastoral saltan a borbotones las imágenes del esplendor en los campos, de las fiestas populares y tiemblas ante la cercanía, la presencia y la lejanía de las tormentas.

El impulso que le ha dado este músico a la formación ha sido muy poderoso. Si los primeros años tuvo que bregar con mil y una conspiraciones, al poco tiempo tomó el mando y convenció con el estilo propio de su sensibilidad acerca de la ambición un tanto profética que predicaba.

Ya eran los números uno y habían quedado en la elite indiscutible digna de su energía histórica con el trabajo de Claudio Abbado, pero de la mano del inglés han ingresado en el siglo XXI con un entusiasmo que los convierte en algo muy singular. Su complicidad, la pasión contagiosa trasciende desde las filas de las violas y los violines a las traseras. Rattle ha formado un grupo compacto y tremendamente universal en el que pueden verse representados con orgullo los cinco continentes sin que la orquesta pierda su carácter original.

Verlos, sentirlos, escucharles representa hoy una de las experiencias más fascinantes que se puedan disfrutar dentro del arte presente en vivo. Lo podremos comprobar cuando aterricen el mes que viene por Madrid para interpretar la ‘Novena Sinfonía’ en el Teatro Real y varias joyas del repertorio, entre ellas el ‘Requiem’ de Fauré, junto al Orfeón Donostiarra y en el ciclo de Ibermúsica, para cerrar la temporada musical a lo grande.

Mientras, en Praga, la primavera seguirá su curso con las propuestas del actual director del festival, Roman Belor, que ha programado más de 60 espectáculos de la mano, entre otros, de Lorin Maazel al frente de la Filarmónica de Múnich, la Mahler Chamber junto a Leif Ove Andsnes, que deja esta vez el piano para dirigir, más pianistas como Murray Perahia o Andras Schiff y cantantes como Angela Denoke o Matthias Goerne en un intento de seguir el pulso y la trayectoria de un festival que desde 1946 –cuando fue creado por Rafael Kubelik para celebrar el fin de la Segunda Guerra y el 50 aniversario de la Filarmónica Checa- hasta el presente ha representado una palanca y una cita de referencia en Centroeuropa.

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El Concertino

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