La semana de la Asamblea General de la ONU (entre los pasados días 19 y 24 de septiembre) fue un maratón diplomático, en el que los ministros de Asuntos Exteriores aprovecharon la presencia en Nueva York de sus colegas de todo el mundo para mantener encuentros que habitualmente les obligarían a viajar miles de kilómetros. En cuestión de minutos y en alguna de las pequeñas salas habilitadas en la sede de Naciones Unidas, la titular de la diplomacia española, Trinidad Jiménez, mantuvo encuentros bilaterales con sus homólogos de Israel, Palestina, México, Rusia, Afganistán y así hasta una quincena.
Hubo una cita, sin embargo, que se frustró a última hora: la que tenía con el canciller iraní Ali Akbar Salehi. El propósito de la ministra de verse con el responsable iraní no gustó nada a algunos países, como Israel, pero Jiménez decidió mantener el encuentro convencida de que España debe tener un canal de comunicación directo con el régimen de los ayatolás, tanto para recibir información de primera mano como para mejor defender los intereses españoles en dicho país, y que la cita anual de la ONU brindaba la mejor ocasión para ello.
Sin embargo, el mismo día en que Jiménez tenía previsto verse con Ali Akbar Salehi, el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad protagonizó una escandalosa intervención ante la Asamblea General, en la que cuestionó el Holocausto e incluso el 11-S. Los representantes de EE UU y de los países europeos, incluido el español, se levantaron y abandonaron la sala en mitad del discurso del mandatario iraní. Tras este desplante, no se habría entendido que la ministra española se hiciera una foto con el subordinado de Ahmadineyad y se canceló un encuentro que, por otra parte, nunca había figurado en la agenda oficial.
Trinidad Jiménez, con el canciller cubano, Bruno Rodríguez, en Nueva York. / EFE
Con quien sí se vio Jiménez es con el canciller cubano, Bruno Rodríguez. La entrevista se prolongó por espacio de más de dos horas y, a lo largo de la misma, la ministra planteó dos casos sensibles para España: el del corresponsal de EL PAÍS y la Cadena SER en La Habana, Mauricio Vicent, al que le ha sido retirada la credencial para trabajar; y el del español Sebastián Martínez Ferraté, condenado a siete años de cárcel por un presunto delito de corrupción de menores.
Según fuentes diplomáticas, las palabras que tuvo Rodríguez hacia Vicent fueron menos que amables, por lo que nada hace pensar que el régimen cubano esté dispuesto a devolverle la acreditación necesaria para continuar el trabajo periodístico que viene desarrollando desde hace 20 años. Más receptivo se mostró el canciller cubano respecto a Martínez Ferraté, aunque dejó claro que el asunto está judicializado, por lo que cualquier medida (indulto y expulsión, traslado a España para el cumplimiento de la condena, etc) deberá esperar hasta que la sentencia sea firme.
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Publicado por: Aprende a ligar | 30/09/2011 12:11:57
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