Subiendo la calle está el otro lugar que solíamos frecuentar, Casa Patas...una especie de tablao de calidad por el que ha pasado la flor y nata del arte gitano.
La cuestión es que probabelmente por adicción química a las rutinas, me acostumbre a que el perfil de mis lugares de entretenimiento nocturno tuviese unas determinadas caraterísticas. Por eso años después, una vez superada esta etapa de mili flamenca, (como dice el maestro "cuando deja de haber sorpresa y sabes lo que va a ocurrir en el segundo siguiente, la vida social nocturna pierde toda la gracia"), siempre que viajaba a una ciudad de otro país buscaba un lugar similar y lo encontraba...
Y así de tablao en tablao, de club en club o de casa de fado en casa do fado, me di cuenta de lo increíblemente similares que son estos sitios. Ya sea en un restaurante caboverdiano de Lisboa o en un local típico de Lima es siempre la misma historia. Un músico cincuentón bien vestido que pudo llegar a más pero que no lo consiguió y que domina casi bien su arte, un par de chicas jovencitas con ganas de triunfar que se ven como la próxima diva en el estilo en cuestión, una señora profunda y de voz rasgada pasada de vueltas y que maneja el cotarro, un camarero veloz y simpático que controla todo tipo de situaciones, un dueño o maitre con malas maneras que ejerce de tirano frente a los artistas y de Judas adulador frente a los clientes, unos guitarristas y percusionistas a su bola que tocan bien pero dando la sensación de que no les interesa nada el bienestar del público... En fin, los mismos personajes con diferente vestimenta, música y comida... Ideal.
Os recomiendo que si estáis de viaje en alguna ciudad potente y tenéis una noche de esas tontamente vacías y solitarias, antes de ir a la clásica discoteca guiri de hotel o bareto de moda con lluvia de música anglosajona impersonal, os vayáis a estos lugares tan cojonudos y con tanto sabor, si no os emocionáis con la música por lo menos os aseguráis unas risas y alguna anécdota... Y a lo mejor hasta ligáis.
Hay 1 Comentarios
Una de las cosas más interesantes que recuerdo de esos garitos, (porque ahora por motivos que no vienen a cuento no frecuento) era la espesa bruma que se formaba como un coloide en esos “antros”. De la gente recuerdo su espontaneidad, su facilidad para bajarse del pequeño escenario y departir contigo de muchas cosas, de la familia y de los amigos sobre todo. He estado en tablaos, pero mis antros favoritos eran aquellos donde había pequeñas formaciones de Jazz Club, con algunos metales que le daban un sabor al gin tonic que me tomaba un poco ácido.
Recuerdo el barullo, la cacofonía, los latidos de mi corazón empujados con un poco de adrenalina que era catalizada por esas bandas con ciertos decibelios de más. Pero también he disfrutado de tangos arrabaleros y de fados nostálgicos.
Y estoy de acuerdo con que hay que vivirlo, dejar reposar los sentimientos y fundirse con el ambiente.
Publicado por: Juan Luis Mañanas | 20/04/2012 19:20:54