31 jul 2015

La estabilidad soy yo y el resto es el caos

Por: Fernando Garea

Para que la gestión económica sea un activo electoral que resucite en las urnas a un partido hundido deben darse tres circunstancias: que haya recuperación económica, que los ciudadanos la perciban directamente y que se lo agradezcan al Gobierno. A eso se ha puesto Mariano Rajoy en los últimos meses, especialmente para intentar elaborar un relato de su legislatura que parta de una sucesión de datos como los que ha derrochado en la rueda de prensa.
Ya dijo una vez que habíamos cruzado el Cabo de Hornos de la crisis y cada día que interviene en público se esfuerza en explicar que la recuperación ha llegado y que atrás quedó la herencia recurrente que recibió y a la que tres años y medio después sigue refiriéndose y la etapa de los sacrificios. No hubo más remedio que hacer lo que hicimos, ha venido a repetir en su rueda de prensa de fin de curso.
La segunda parte de su discurso es la necesidad de hacer que los ciudadanos lo noten en sus bolsillos: "Queremos revertir poco a poco los esfuerzos que pedimos a los ciudadanos”. Para eso está el anuncio reciente de bajada del IRPF y ahora la subida de un punto a los funcionarios.
“Al final de la legislatura, los españoles pagarán menos IRPF que al inicio de la misma. Si se mantiene la recuperación, habrá nuevas rebajas”, ha resumido.
A la tercera condición, la del reconocimiento del Gobierno como responsable de esa mejora, llega Rajoy por otro camino menos directo: Sin el PP llegará el caos y la posibilidad de que “se pongan en riesgo los pilares de la recuperación”. A esa posición llega el presidente del Gobierno descalificando a “quienes prometen cosas imposibles”, a quienes se parecen al Gobierno de Grecia, a quienes dejaron altas cifras de paro y también a quienes con un proceso soberanista en Cataluña lanzan pésimos mensajes al exterior. Es decir, el PSOE, Podemos y Artur Mas, todos ellos peligrosos para la recuperación lograda.
“Que no se malogre la enorme tarea que hemos hecho todos los españoles y cuyos frutos se empiezan a recoger”, ha dicho como resumen de esa idea.
A falta de agradecimiento y de reconocimiento a nuestra labor, sean ustedes conscientes de que lo demás es mucho peor nporque yo soy fiable, previsible y doy estabilidad, ha venido a decir Rajoy.
Para eso, ha creado un contexto de apariencia de normalidad, de valorar la estabilidad y de búsqueda de fiabilidad, subrayada por el mensaje de continuidad de dejar aprobados los Presupuestos para que los gestione el próximo Gobierno, a costa de llevarlos al Parlamento en verano por primera vez en la historia democrática. “De puro sentido común” para subrayar esa condición de normalidad y de dirigente previsible, frente a los oponentes aventureros.
El siguiente asunto en el que se ha centrado es el de Cataluña, en el que no se ha salido tampoco de su apariencia de firmeza: “Daremos la batalla”. Ni en este asunto ni en el resto hay anuncio, propuesta o mensaje novedoso más allá de la descalificación de Mas y de quienes le acompañan en la lista única. No se mueve de la estrategia judicial y no contempla siquiera acordar algo con el líder del PSOE y, por supuesto, cualquier reforma de la Constitución la trata como una locura imposible. Todo lo demás es arriesgado y, desde su óptica previsible, es muy peligroso.
En ese relato los escándalos de corrupción no están en su balance de legislatura y solo en el momento de las preguntas, con cierta desgana, Rajoy los ha tratado casi como un mal inevitable y, en todo caso, ajeno y pasado: “Lo importante es que vamos a hacer cuanto esté en nuestras manos para que esto no vuelva a ocurrir en el futuro” y "miremos hacia adelante". Se ve que todavía cree que la corrupción no le afecta.

07 may 2015

Voto volátil e imprevisible

Por: Fernando Garea

Si todas las encuestas son por definición solo indicativas, la del CIS sobre elecciones autonómicas, municipales y generales lo es aún más. Del análisis de los datos más ocultos se deduce que la fragmentación del espectro político, que ahora es mayor que nunca en España, lleva a un voto extremadamente volátil.
Es decir, las posibilidades de cambio en el corto plazo en cada encuesta y, sobre todo, en las urnas es mayor que nunca. Es imprevisible.
La media de indecisos, es decir, los que tienen decidido votar pero aún no saben a quién está en un 35% como media en ayuntamientos y comunidades. Hay casos extremos como Barcelona, donde un 47% de los que tienen decidido votar aseguran que aún no saben a qué opción política apoyarán. Dado que la fragmentación reduce a escasos márgenes las distancias entre partidos, el resultado es muy incierto o, al menos, es imposible establecer pronósticos ciertos.
Siguendo con el ejemplo de Barcelona, la diferencia entre la opción más votada (la de Ada Colau) y la segunda es de solo 1,2 puntos. Si se tienen en cuenta ese porcentaje de indecisos y el 2% de margen de error, la conclusión es que es muy difícil de pronosticar qué partido será el más votado. Bastaría que un 10% de esos indecisos fueran a votar para poder modificar el resultado final.
En voto directo, la opción con mayor porcentaje en Barcelona es la de los que no han decidido, que llega al 29%, más del doble del 13% de voto directo al ganador.
La conclusión lógica es que cuantas más opciones hay para elegir y más formaciones nuevas se presentan el porcentaje de indecisos es mayor y, por tanto, es más complicada la predicción. Además de que la metodología demoscópica que se usaba para dos partidos hegemónicos es ahora incierta en su eficacia.
Esta situación es apreciable en otras comunidades y ayuntamientos donde las diferencias entre partidos y con respecto a los datos de mayoría absoluta son mínimos. Es decir, hay partidos que están a un paso en la línea entre éxito y el fracaso y si logran movilizar a un porcentaje mínimo de indecisos sacarán buen resultado. Es el caso del PP en algunas comunidades y ayuntamientos en las que su mayoría absoluta, es decir, el éxito depende de muy pocos votos, según el sondeo.
Los escaños y concejales dependen de muy pocos votos y, por tanto, es imposible calcular las sumas de pactos y alianzas.
En la parte referida a las elecciones generales, en el apartado de voto directo, la opción con mayor porcentaje es la de los que no tienen aún decidido el voto. Nada menos que un 19.8% está en este caso, frente al PSOE que tiene el 15,4%. También en generales, por tanto, el porcentaje de indecisos es determinante.
La conclusión política es que hay votantes del PP que no saben si castigar a este partido; votantes que dudan si lanzarse a las opciones emergentes o electores del PSOE que dudan si volver a la opción tradicional. En esa duda está la extrema volatilidad.Eso sin mencionar acontecimientos futuros que son por definición imprevisibles.
La prueba de esa volatilidad es que en poco espacio de tiempo los porcentajes de voto de generales según el CIS han cambiado tanto como que antes era Podemos el más votado y ahora sería el PSOE. El voto cambia cada mes.
La diferencia entre PSOE, PP y Podemos se absorbe con el margen de error y se desborda con el porcentaje de indecisos que, además, tienen seis meses para decidirse.
Otro factor de distorsión es el de reparto de escaños. Cuando el voto se fragmenta en hasta cuatro opciones con posibilidades de lograr escaño el primero y el segundo resultan beneficiados con respecto al tercero y cuarto. Por eso hay comunidades como castilla-La Mancha donde un partido gana en votos y no en escaño.
Y hay posibilidades de que en generales los dos partidos que queden tercero y cuarto (en este caso Podemos y Ciudadanos) obtengan un número de escaños no proporcional a la diferencia de votos que les saquen PSOE y PP. La Ley D´Hont penaliza la fragmentación y favorece a los dos primeros.
Un ejemplo: en Castilla-La Mancha el PP tiene 3,5 veces el porcentaje de voto de Podemos y, sin embargo, multiplica por siete su número de escaños.En esta comunidad, además, se aprecia el efecto favorable para el PP del cambio de ley electoral y reparto de escaños aprobado por Dolores de Cospedal.
Y para acabar de completar la volatilidad hay que tener en cuenta que Podemos y algo menos Ciudadanos arrastran a nuevos votantes, que antes estaban en la abstención y que, por tanto, no tienen recuerdo de voto.

22 mar 2015

Díaz vence la maldición

Por: Fernando Garea

Languidece pero no muere el bipartidismo, solo se atisba el supuesto nuevo ciclo político, Susana Díaz resiste la irrupción de nuevos partidos y ha roto la lógica habitual de que quien anticipa elecciones lo paga con pérdida de escaños.
En España no agotar las legislaturas es casi siempre un mal negocio: Le ocurrió con distinta intensidad a Felipe González (1989 y 1996), a José Luis Rodríguez Zapatero (2011), a Francisco Álvarez Cascos (2012), a Patxi López (2012), a Jordi Pujol (1995) y a Artur Mas (2012). Todos ellos perdieron votos y escaños y solo destacaba la excepción de Manuel Chaves en 1996.
Díaz gana porque ha roto esa tendencia, ha aguantado aunque pierda voto beneficiada por la fragmentación del nuevo Parlamento. El PSOE vuelve a ser el más votado y provoca la debacle del PP. Además, puede seguir gobernando porque no hay alternativas de Gobierno y ha pasado de estar en manos de IU a aumentar sus posibilidades al poder pactar puntualmente con Podemos y con Ciudadanos.
Susana Díaz ha hecho frente a esas circunstancias adversas con su apuesta por una campaña muy personal.
Con este resultado queda en el aire la posibilidad de que Susana Díaz pueda disputar el liderazgo del PSOE de cara a las generales. Pedro Sánchez solo podrá respirar hoy más tranquilo porque Susana Díaz bastante tendrá con gestionar en minoría el Gobierno andaluz, aunque el líder socialista puede ver con esperanza que el PSOE aguanta en Andalucía en generales, ya que esta comunidad es la que más peso en escaños tiene en el Congreso.
La insólita irrupción de estos dos partidos hace que por primera vez en unas elecciones en España todas las fuerzas con representación en un Parlamento pierdan voto.Nunca dos partidos nuevos se habían convertido a la vez en decisivos en un Parlamento y lo peor para ellos es que ninguno tienen el monopolio del pacto con el primer partido.
Podemos aseguraba estos días que se abstendrá para que Díaz pueda ser elegida con mayoría simple, sin mancharse en pacto alguno, y para que pueda gobernar en minoría a la espera del final de la yinkana electoral de este año, cuando tenga que aprobar los Presupuestos. Para entonces podrán asumir ya el riesgo de los pactos.
Íñigo Errejón situaba estos días en 20 escaños la línea que marcaba el gran éxito y se ha quedado en un buen resultado, lejos de la posibilidad remota de gobernar, aunque apunte futuros ascensos.Sustituye a IU, pero no al PSOE que era su objetivo.
Los 15 escaños en su primera cita electoral como partido no los había logrado nunca nadie en su estreno, aunque no llegue a su expectativa.Errejón explicaba que era difícil porque era como estrenarse con un examen parcial de matemáticas y por sorpresa, pero su error ha sido crear una expectativa muy exagerada que no se cumple.
Ciudadanos demuestra sin apenas estructura que está en condiciones de ser determinante cuando haya que castigar al PP. Sus 9 escaños son un magnífico resultado y con algo que decir en el nuevo Parlamento.
La parte del bipartidismo que se ha hundido es la del PP.
A los populares el resultado le debería llevar a admitir que no han entendido lo que pasaba en la sociedad en los últimos tres años y a ser conscientes de que se desangran, que perderán poder municipal y autonómico y que corren el riesgo de pasar por segunda vez en su corta historia directamente de la mayoría absoluta a la oposición.
Desde hoy, Rajoy dirá en público que no se pueden extrapolar los datos, pero tendrá que recomponer su estrategia. Por supuesto, el PP puede olvidarse de gobernar en Andalucía, tras el espejismo de haber sido el más votado en 2012. Aquello fue solo un sueño.
IU pasa de ser determinante a ser irrelevante y UPyD confirma su negro panorama para el futuro.

15 may 2014

Argumentos precocinados

Por: Fernando Garea

Si Pedro Arriola, eterno superviviente, ha preparado estos días a Miguel Arias Cañete habrá que concluir que el asesor de Mariano Rajoy y antes de José María Aznar no ha estado fino esta vez o el candidato del PP no le ha hecho ni caso o el exministro no ha nacido para hacer debates electorales. Porque en los manuales está que no deben leerse las respuestas en este tipo de debates, ni deben cometerse errores de bulto como levantar ostensiblemente el papel de la mesa y mostrar a todos los españoles que los argumentos que se exponen están precocinados. Y mucho menos ceder la iniciativa y caer en las trampas que te tiende el oponente.
Basta haber visto solo un minuto del debate previo de los candidatos europeos en Bruselas para comprobar que en los cara a cara electorales no se debe leer, queda muy mal. Prepararse los debates es estudiar, pero no tomar nota de lo que te dicen. Y no poner tanto en evidencia que las cifras no salen de su memoria, sino de un papel escrito a mano al que se acude como el naúfrago al salvavidas.
Esa forma determina en gran medida el fondo, porque el activo que vende el PP de Cañete es, precisamente, el de la preparación y el conocimiento de los temas europeos y la lectura de folios no da idea de agilidad y soltura en el manejo de los asuntos. El candidato del PP gana por goleada a la del PSOE en curriculum (especialmente el europeo), pero su actuación en el debate no refuerza ese activo de Cañete, más bien lo debilita. Su fuerte no es debatir como candidato.
En este capítulo de la forma, a Elena Valenciano le ha fallado el nerviosismo inicial al arrancar el debate y el gesto y la actitud cuando su oponente leía sus argumentos. Los contraplanos son importantes porque muestran la actitud del que participa y en este caso mostraba la impaciencia de la candidata socialista, confirmada por la forma en que interrumpió en varias ocasiones. Daba impresión de actuar condicionada por la inquietud que provoca sentirse en la necesidad de ganar. "Vaya hombre" y "ahora voy", se la escuchaba decir impaciente mientras Cañete hablaba. Sus expresiones coloquiales se complementan con otras como "¿Qué me está diciendo?".
La actitud de la candidata socialista estaba más cerca de un político aguerrido de aparato, frente al técnico refugiado tras la catarata de datos.
En su caso la forma y actitud tiene que ver con el fondo y con la estrategia marcada del PSOE en la campaña: reforzar y movilizar a sus posibles votantes y, sobre todo, marcar diferencias en todo con su oponente.
Su debilidad es la credibilidad y la trayectoria de su partido y a eso se puso desde el primer minuto Cañete, en busca de la herida por la que el PSOE sangra en los últimos años. La herencia recibida sigue siendo el arma preferida del PP y el Gobierno y Cañete se hinchó a repetir la expresión "Gobierno socialista".
El arma de Valenciano ha sido la de los recortes y la de asuntos de política interior que llegan a los ciudadanos y, especialmente, a los posibles votantes del PSOE a los que se dirigió ayer su candidata. Mujeres, aborto, libertades, tasas....son argumentos que le sirven para apelar a señas de identidad de la izquierda que pretende recuperar el PSOE.
En estos debates, además, el que lleva la iniciativa tiene mucho ganado y el acierto de Valenciano ha sido lograr llevar a Cañete a su terreno. El candidato del PP ha caído en la trampa de jugar en el terreno que le marcaba la socialista, a pesar de que se veía de lejos y antes de empezar el debate qué pretendía Valenciano.
El perfil de Cañete que pretende explotar el PP, el del técnico europeo que negocia los intereses de España en Bruselas, se incomoda e imposta al hablar de aborto o violencia de género. Pero ha caído en esa trampa. Solo quien no domina el asunto puede defender la ley del aborto dando a entender que no hay reforma alguna en marcha y que todo es un invento. El anteproyecto de reforma del aborto que aprobó el Consejo de Ministros y que espera el 25-M para superar el bloqueo de los informes se habrá revuelto en algún cajón de algún edificio público si ha escuchado a Cañete decir que no existe.
El resultado es un debate blando en todos los sentidos posibles.
¿Y la corrupción? Ni una palabra. Sorprendentemente ni se mencionó en el debate. Ni Gürtel, ni ERE, ni nada. En esto ganan por goleada los que critican el bipartidismo y la identidad entre PP y PSOE.

25 feb 2014

Cómo borrar el pasado

Por: Fernando Garea

¿Se puede poner el contador a cero después de dos años de legislatura?
Todo debate del estado de la nación en el ecuador de una legislatura tiene mucho de intento de borrar el pasado, de autoamnistía, de justificación y de anuncio de un futuro que terminará inevitablemente en las urnas y que, por tanto, debe ser percibido por los ciudadanos como positivo. Por eso, palabras como “esperanzador” o "confianza" han sido las más repetidas por el presidente del Gobierno en su larga intervención inicial. Es el momento del confeti y los globos, aunque sea de forma tan limitada como corresponde a la situación. Hay que retirar los restos del sacrificio y las pruebas del pasado. Los dos primeros años de legislatura se piensa en el pasado y el presente y los dos últimos en el futuro y en borrar el pasado.
A ello se ha puesto Mariano Rajoy, quien ha querido situarse en la casilla de salida para tomar impulso hacia esas elecciones con el augurio de mejores datos de crecimiento y empleo y la promesa de una reforma fiscal todavía imprecisa, una tarifa plana de cotizaciones sociales para nuevas contrataciones y estímulos para las empresas.
Intentando partir de cero, ha prometido que los que ganen menos de 12.000 euros no pagarán IRPF (ahora son casi 11.000 euros), dentro de una reforma fiscal que aún no se conoce y que entrará en vigor, precisamente, en vísperas de las elecciones autonómicas y municipales y luego generales de 2015. Es decir, solo ha adelantado la parte dirigida a los que en lo que en estos dos años más han sufrido los recortes, los copagos o los frenos a la Dependendencia. Nada sobre revertir la subida de impuestos que aprobó nada más legar a La Moncloa. Se buscan buenas noticias que borren el pasado y se anuncia "una nueva etapa".
Lo que hice, que ha costado muchos esfuerzos y sacrificios, está justificado porque ahora ya no estamos en el abismo, ha venido a decir. “Hemos cruzado el Cabo de Hornos”, ha dicho para dar a entender que empieza una legislatura distinta. Todo su esfuerzo está destinado a que los ciudadanos perciban que lo negro queda atrás. Y que el mérito es suyo, porque ni mencionó el contexto europeo de reactivación.
“Hay menos parados que hace un año”, ha asegurado, a falta del pequeño detalle de que los españoles perciban también esa impresión de futuro feliz.
La cuesta arriba termina y ahora vamos ya lanzados hacia el final del mandato, según su explicación. Y por mal que estemos ahora, estamos mucho mejor que antes, ha sido la línea argumental de todo su discurso, con la reiterada idea de que su gran mérito es haber evitado el rescate de la economía española.
¿Ha habido que recortar e incumplir promesas y expectativas? : Sí, pero “hablamos de resultados”, ha dicho.
“Nada ha ocurrido por casualidad”, ha repetido, agarrado al mensaje de la eficacia. Todo ha sido fruto de sus decisiones y eso justifica, según su argumentación, que se le permita partir de cero con promesas que han de ser creídas, olvidando los incumplimientos. El resultado es lo que cuenta, aunque sea medido por él con la evolución de la prima de riesgo y las grandes cifras macroeconómicas.
El presidente lo ha apoyado en una teatralidad inicial próxima a la técnica de Jordi Évole de crear una ficción que atraiga la atención y parta de lo peor para ir hacia lo mejor, con el arranque de una frase sacada de un titular de un periódico: “España cerca del abismo”.
El perdón de sí mismo con el olvido del pasado se extiende a otros asuntos. Especialmente al de la corrupción. Se olvida de lo que ha pasado, de Bárcenas, de los sobres, de los sms de ánimo al extesorero con cuenta opaca en Suiza y llegan las reformas legales para evitar nuevos casos. Hace un año en el mismo debate ya las anunció y aún no están en vigor, pero todas esas medidas legales le sirven para pulsar la techa de F-5 para actualizar la pantalla e intentar borrar el pasado.
La muerte de 15 personas en Ceuta la ha resuelto en un párrafo y por elevación: los flujos migratorios y la política europea. El contador se intenta pone a cero para prometer gestiones ante la UE y enterrar el pasado, como enterrados están ya los 15 muertos que ni ha mencionado expresamente. "Reformar la cooperación con los países de origen y tránsito y redoblar la lucha contra la trata", ha sido su promesa, sin propósito de enmienda sobre las devoluciones ilegales en caliente en Ceuta y el uso de material antidisturbios en el mar. Porque lo que le importa es el futuro....y borrar el pasado.
.........(RÉPLICA)..........
El pasado borrado por Rajoy es el que va de diciembre de 2011, cuando llegó a La Moncloa, a ayer mismo. En cambio, el de antes de las elecciones ha sido su asidero en la respuesta a Alfredo Pérez Rubalcaba. El presidente del Ejecutivo se siente más cómodo en el papel de líder de la oposición al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, aunque no exista desde hace más de dos años. El pasado de Rubalcaba sigue siendo el mejor arma de Rajoy, dos años y medio después de llegar a La Moncloa.
El líder del PSOE, que tampoco ha podido borrar su pasado, ha hablado de libertades y de la recuperación general en Europa. "No es Rajoy, es Draghi", ha sido su tesis en un discurso muy duro.
Rubalcaba ha sacado a relucir Ceuta, aborto y ley de seguridad ciudadana y Rajoy se ha ido al siglo pasado, cuando el ministro del Interior era José Luis Corcuera. Hace más de 20 años.
Y el presidente ha respondido a las acusaciones sobre los 15 muertos en Ceuta con los miles de intentos de saltar la valla cuando gobernaba el PSOE. Pero ni una explicación, ni una autocrítica, solo la oposición a gobiernos pasados.
"Usted se ha financiado ilegalmente durante 20 años" (por Gürtel) y "ustedes han utilizado la crisis para hacer lo que la derecha siempre ha querido hacer", le ha reprochado Rubalcaba.
Sus réplicas han sido muy ideológicas, de marcar diferencias continuas frente a la derecha, con referencias continuas a la desigaldad y hasta con una cita de Rajoy cuando escribió en 1983 cosas como que "los hijos de la buena estirpe ya se sabe que tienen mejores resultados".
Puede ser el último debate de este tipo de Rubalcaba como líder de la oposición y puede ser el que mejor le ha salido.
Irritado, el presidente le ha contestado con más críticas al Gobierno de Zapatero, pero sin mención alguna a las libertades y mucho menos a la reforma del aborto que para él, parece no existir.
Del aborto solo ha hablado Rajoy en la réplica a Cayo lara (IU), para decir que presentará la ley, pero sin mayor precisión y sin molestarse en defender su anteproyecto.


Sobre el autor

Fernando Garea

lleva más de 10 años pisando diariamente el Congreso y escribiendo sobre política en distintos medios. Responsable de información parlamentaria en EL PAÍS, colabora en diversas tertulias en radio y televisión. En este momento en A Vivir que son Dos Días de la Cadena Ser y 24 Horas de Radio Nacional.

Sobre el blog

Contracrónica de la actualidad política. Lo que se mueve en los pasillos del Congreso, más allá del escenario del hemiciclo, y análisis de la vida política.

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