12 ago 2015

Parlamento sin enmienda

Por: Fernando Garea

En el Congreso se sienta en este momento un diputado que recibía pagos de una constructora sin que se haya querido actuar contra él; otro que ocultó a la Cámara que trabajaba para una entidad financiera, lo que está expresamente prohibido por la ley; otra que dimitió como ministra y que será juzgada como beneficiaria en un caso de corrupción; otra que dijo desde su escaño “que se jodan” mientras se debatían en el pleno recortes para los parados; otros dos que fueron condenados por conducir bajo los efectos del alcohol; uno de ellos, además, ocultó al juez que era diputado y hubo que anular la condena y repetir su procedimiento en el Tribunal Supremo; otro que fue expulsado de su grupo parlamentario y está pendiente del suplicatorio para que pueda actuarse contra él por un caso de fraude millonario a los parados; una vicepresidenta de la Cámara que fue sorprendida jugando al Candy Crush mientras presidía un pleno importante; un ministro del Interior que recibió en su despacho oficial a un imputado en varios procedimientos económicos con gran repercusión social y contra el que se manifiestan pensionistas que perdieron sus ahorros, y solo se ve obligado a comparecer cuando presionan los de su propio partido y no de forma automática cuando lo piden varios grupos; un presidente del Gobierno que envió mensajes de apoyo a un extesorero cuando ya se sabía que tenía cuentas en Suiza y que ha eludido 30 peticiones de comparecencia de la oposición… Y han pasado casi cuatro años de legislatura sin que se modifique el funcionamiento del Congreso y el Senado, eternizando comisiones que, en teoría, estudiaban su reforma.

Como dejó escrito Carlos Fuentes en La silla del Águila: “El Congreso tiene tres misiones. Una, pasar leyes. Otra, impedir que pasen. Pero la más importante consiste en asegurar que los asuntos se alarguen indefinidamente, que nada se resuelva por completo, que la agenda esté llena de pendientes”.

¿Tiene sentido utilizar el mensaje electoral del miedo a lo que puede venir? ¿Es eficaz el mensaje político del miedo a las coaliciones o los acuerdos entre diferentes partidos? ¿Se arrepentirá el PP de no haber reformado algunas instituciones cuando tuvo mayoría para hacerlo a su manera?

08 ago 2015

¡Peligro, encuestas!

Por: Fernando Garea

Para disfrutar de Eurodisney uno debe creer que tiene delante a Mickey y no a un tipo vestido de Mickey. O te lo crees o mejor no vas porque todo resulta absurdo sin creerlo. Lo mismo ocurre con las encuestas: para analizarlas hay que creerse que los ciudadanos a los que se pregunta se levantan cada mañana escrutando la actualidad para decidir a qué partido les apetece votar ese día. Se construye el estado de ánimo de los partidos, se diseñan estrategias y se toma la temperatura del patio político sin tener en cuenta a veces el momento. Es decir, todo es colorido en Eurodisney, pero a la salida del parque hay que saber renunciar a encontrarse con Donald por la calle y saber que el mundo no es como lo que acabas de ver, porque luego llegan las urnas. Por eso, las encuestas pueden crear una ilusión óptica inmediata que distorsiona la percepción de la realidad si no se asimilan con tiempo. Se trata de no interpretar cada pequeña variación en escaso plazo, sino esperar a que se consoliden las tendencias. Y tener claro que el día de las elecciones influyen factores como el emocional o el del miedo que no se tienen en cuenta al responder al encuestador. Esa ilusión óptica provoca un efecto colateral que se asemeja al juego del cíclope que describe Cortázar en Rayuela,según el cual cuanto más te acerques, más se distorsiona la percepción visual. Si te acercas demasiado al dato, distorsionas la conclusión. Por ejemplo, los líderes del PP siempre están peor valorados porque tienen rechazo de los votantes del resto y por eso Rajoy arrasó en 2011 con la peor imagen. No es tan cierto el tópico de la foto fija, sino que más bien se trata de detectar tendencias sociales sostenidas en el tiempo. Algo así como lo que Joseph Plateau llamó persistencia retiniana del ojo que permite que no veamos pasar la realidad como una rápida sucesión de imágenes independientes y estáticas, sino que todo tenga un movimiento continuo, como en el cine. La secuencia sostenida en el tiempo en este caso es la de unas Cortes fragmentadas y con un partido ganador por debajo del 30%, y entrar en muchos más detalles es hacer oposiciones al error. Las encuestas son como las medicinas que, pese a ser útiles y necesarias, las autoridades sanitarias advierten de su uso. Y ya se sabe que la diferencia entre el veneno y la vacuna es solo la dosis. Precaución.

08 ago 2015

Ganar pero perder

Por: Fernando Garea

Mariano Rajoy está en condiciones de ser el primer presidente constitucional del Gobierno elegido solo para una legislatura y también puede ser el primero que después de ganar unas elecciones generales no gobierna. Todo es tan diferente y volátil ahora en la política española, que las circunstancias pueden hacer que el presidente más previsible en la forma de tomar sus decisiones, según su propia definición, se convierta en el más innovador en el escenario del tránsito de un mandato a otro. Aunque, obviamente, sería muy a su pesar. Si no es el más votado no será presidente, porque es seguro que de ninguna manera podrá sumar con nadie escaños suficientes como para ser reelegido presidente y será otro el que deberá buscar apoyos y someterse a la investidura.

Pero su drama es que, además, después de la larga y dura carrera que ha emprendido con el PP colgado de sus espaldas para dar la vuelta a las negras expectativas puede no serle tampoco suficiente llegar el primero a la meta para ser reelegido. Puede que su partido sea el más votado, pero que no sea capaz de formar una mayoría suficiente, es decir, no tener diputados como para pactar, fundamentalmente, con Ciudadanos. Los responsables del PP repiten el mantra de los 140 escaños como cifra mágica que estiman necesaria para dicho pacto. Si no los sumara se produciría una situación también inédita desde 1978: que el partido más votado no gobernara. Por supuesto, eso solo ocurriría si la izquierda fuera capaz de formar una mayoría alternativa a la del PP.

Pero hay otro escenario más que se sopesa en el PP y que sería tan novedoso como cruel para Rajoy: que el partido que pueda pactar con los populares ponga como condición que sea otro el candidato del PP a presidente en la investidura. Albert Rivera ha jugado ya en público con la hipótesis de apartar a Rajoy, anticipando la posibilidad de incluir esa condición en las posibles negociaciones. Si eso ocurriera, sería un escenario aún más inédito con un presidente (o presidenta) que no ha encabezado la lista y un exjefe del Ejecutivo obligado a retirarse tras ganar unas elecciones, pese a que, como ocurre en este caso, afronta la campaña como algo personal. Hasta el protocolo de las consultas del Rey con los líderes políticos dejaría de ser ya un mero trámite.

31 jul 2015

La estabilidad soy yo y el resto es el caos

Por: Fernando Garea

Para que la gestión económica sea un activo electoral que resucite en las urnas a un partido hundido deben darse tres circunstancias: que haya recuperación económica, que los ciudadanos la perciban directamente y que se lo agradezcan al Gobierno. A eso se ha puesto Mariano Rajoy en los últimos meses, especialmente para intentar elaborar un relato de su legislatura que parta de una sucesión de datos como los que ha derrochado en la rueda de prensa.
Ya dijo una vez que habíamos cruzado el Cabo de Hornos de la crisis y cada día que interviene en público se esfuerza en explicar que la recuperación ha llegado y que atrás quedó la herencia recurrente que recibió y a la que tres años y medio después sigue refiriéndose y la etapa de los sacrificios. No hubo más remedio que hacer lo que hicimos, ha venido a repetir en su rueda de prensa de fin de curso.
La segunda parte de su discurso es la necesidad de hacer que los ciudadanos lo noten en sus bolsillos: "Queremos revertir poco a poco los esfuerzos que pedimos a los ciudadanos”. Para eso está el anuncio reciente de bajada del IRPF y ahora la subida de un punto a los funcionarios.
“Al final de la legislatura, los españoles pagarán menos IRPF que al inicio de la misma. Si se mantiene la recuperación, habrá nuevas rebajas”, ha resumido.
A la tercera condición, la del reconocimiento del Gobierno como responsable de esa mejora, llega Rajoy por otro camino menos directo: Sin el PP llegará el caos y la posibilidad de que “se pongan en riesgo los pilares de la recuperación”. A esa posición llega el presidente del Gobierno descalificando a “quienes prometen cosas imposibles”, a quienes se parecen al Gobierno de Grecia, a quienes dejaron altas cifras de paro y también a quienes con un proceso soberanista en Cataluña lanzan pésimos mensajes al exterior. Es decir, el PSOE, Podemos y Artur Mas, todos ellos peligrosos para la recuperación lograda.
“Que no se malogre la enorme tarea que hemos hecho todos los españoles y cuyos frutos se empiezan a recoger”, ha dicho como resumen de esa idea.
A falta de agradecimiento y de reconocimiento a nuestra labor, sean ustedes conscientes de que lo demás es mucho peor nporque yo soy fiable, previsible y doy estabilidad, ha venido a decir Rajoy.
Para eso, ha creado un contexto de apariencia de normalidad, de valorar la estabilidad y de búsqueda de fiabilidad, subrayada por el mensaje de continuidad de dejar aprobados los Presupuestos para que los gestione el próximo Gobierno, a costa de llevarlos al Parlamento en verano por primera vez en la historia democrática. “De puro sentido común” para subrayar esa condición de normalidad y de dirigente previsible, frente a los oponentes aventureros.
El siguiente asunto en el que se ha centrado es el de Cataluña, en el que no se ha salido tampoco de su apariencia de firmeza: “Daremos la batalla”. Ni en este asunto ni en el resto hay anuncio, propuesta o mensaje novedoso más allá de la descalificación de Mas y de quienes le acompañan en la lista única. No se mueve de la estrategia judicial y no contempla siquiera acordar algo con el líder del PSOE y, por supuesto, cualquier reforma de la Constitución la trata como una locura imposible. Todo lo demás es arriesgado y, desde su óptica previsible, es muy peligroso.
En ese relato los escándalos de corrupción no están en su balance de legislatura y solo en el momento de las preguntas, con cierta desgana, Rajoy los ha tratado casi como un mal inevitable y, en todo caso, ajeno y pasado: “Lo importante es que vamos a hacer cuanto esté en nuestras manos para que esto no vuelva a ocurrir en el futuro” y "miremos hacia adelante". Se ve que todavía cree que la corrupción no le afecta.

07 may 2015

Voto volátil e imprevisible

Por: Fernando Garea

Si todas las encuestas son por definición solo indicativas, la del CIS sobre elecciones autonómicas, municipales y generales lo es aún más. Del análisis de los datos más ocultos se deduce que la fragmentación del espectro político, que ahora es mayor que nunca en España, lleva a un voto extremadamente volátil.
Es decir, las posibilidades de cambio en el corto plazo en cada encuesta y, sobre todo, en las urnas es mayor que nunca. Es imprevisible.
La media de indecisos, es decir, los que tienen decidido votar pero aún no saben a quién está en un 35% como media en ayuntamientos y comunidades. Hay casos extremos como Barcelona, donde un 47% de los que tienen decidido votar aseguran que aún no saben a qué opción política apoyarán. Dado que la fragmentación reduce a escasos márgenes las distancias entre partidos, el resultado es muy incierto o, al menos, es imposible establecer pronósticos ciertos.
Siguendo con el ejemplo de Barcelona, la diferencia entre la opción más votada (la de Ada Colau) y la segunda es de solo 1,2 puntos. Si se tienen en cuenta ese porcentaje de indecisos y el 2% de margen de error, la conclusión es que es muy difícil de pronosticar qué partido será el más votado. Bastaría que un 10% de esos indecisos fueran a votar para poder modificar el resultado final.
En voto directo, la opción con mayor porcentaje en Barcelona es la de los que no han decidido, que llega al 29%, más del doble del 13% de voto directo al ganador.
La conclusión lógica es que cuantas más opciones hay para elegir y más formaciones nuevas se presentan el porcentaje de indecisos es mayor y, por tanto, es más complicada la predicción. Además de que la metodología demoscópica que se usaba para dos partidos hegemónicos es ahora incierta en su eficacia.
Esta situación es apreciable en otras comunidades y ayuntamientos donde las diferencias entre partidos y con respecto a los datos de mayoría absoluta son mínimos. Es decir, hay partidos que están a un paso en la línea entre éxito y el fracaso y si logran movilizar a un porcentaje mínimo de indecisos sacarán buen resultado. Es el caso del PP en algunas comunidades y ayuntamientos en las que su mayoría absoluta, es decir, el éxito depende de muy pocos votos, según el sondeo.
Los escaños y concejales dependen de muy pocos votos y, por tanto, es imposible calcular las sumas de pactos y alianzas.
En la parte referida a las elecciones generales, en el apartado de voto directo, la opción con mayor porcentaje es la de los que no tienen aún decidido el voto. Nada menos que un 19.8% está en este caso, frente al PSOE que tiene el 15,4%. También en generales, por tanto, el porcentaje de indecisos es determinante.
La conclusión política es que hay votantes del PP que no saben si castigar a este partido; votantes que dudan si lanzarse a las opciones emergentes o electores del PSOE que dudan si volver a la opción tradicional. En esa duda está la extrema volatilidad.Eso sin mencionar acontecimientos futuros que son por definición imprevisibles.
La prueba de esa volatilidad es que en poco espacio de tiempo los porcentajes de voto de generales según el CIS han cambiado tanto como que antes era Podemos el más votado y ahora sería el PSOE. El voto cambia cada mes.
La diferencia entre PSOE, PP y Podemos se absorbe con el margen de error y se desborda con el porcentaje de indecisos que, además, tienen seis meses para decidirse.
Otro factor de distorsión es el de reparto de escaños. Cuando el voto se fragmenta en hasta cuatro opciones con posibilidades de lograr escaño el primero y el segundo resultan beneficiados con respecto al tercero y cuarto. Por eso hay comunidades como castilla-La Mancha donde un partido gana en votos y no en escaño.
Y hay posibilidades de que en generales los dos partidos que queden tercero y cuarto (en este caso Podemos y Ciudadanos) obtengan un número de escaños no proporcional a la diferencia de votos que les saquen PSOE y PP. La Ley D´Hont penaliza la fragmentación y favorece a los dos primeros.
Un ejemplo: en Castilla-La Mancha el PP tiene 3,5 veces el porcentaje de voto de Podemos y, sin embargo, multiplica por siete su número de escaños.En esta comunidad, además, se aprecia el efecto favorable para el PP del cambio de ley electoral y reparto de escaños aprobado por Dolores de Cospedal.
Y para acabar de completar la volatilidad hay que tener en cuenta que Podemos y algo menos Ciudadanos arrastran a nuevos votantes, que antes estaban en la abstención y que, por tanto, no tienen recuerdo de voto.

Sobre el autor

Fernando Garea

lleva más de 10 años pisando diariamente el Congreso y escribiendo sobre política en distintos medios. Responsable de información parlamentaria en EL PAÍS, colabora en diversas tertulias en radio y televisión. En este momento en A Vivir que son Dos Días de la Cadena Ser y 24 Horas de Radio Nacional.

Sobre el blog

Contracrónica de la actualidad política. Lo que se mueve en los pasillos del Congreso, más allá del escenario del hemiciclo, y análisis de la vida política.

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