25 feb 2014

Cómo borrar el pasado

Por: Fernando Garea

¿Se puede poner el contador a cero después de dos años de legislatura?
Todo debate del estado de la nación en el ecuador de una legislatura tiene mucho de intento de borrar el pasado, de autoamnistía, de justificación y de anuncio de un futuro que terminará inevitablemente en las urnas y que, por tanto, debe ser percibido por los ciudadanos como positivo. Por eso, palabras como “esperanzador” o "confianza" han sido las más repetidas por el presidente del Gobierno en su larga intervención inicial. Es el momento del confeti y los globos, aunque sea de forma tan limitada como corresponde a la situación. Hay que retirar los restos del sacrificio y las pruebas del pasado. Los dos primeros años de legislatura se piensa en el pasado y el presente y los dos últimos en el futuro y en borrar el pasado.
A ello se ha puesto Mariano Rajoy, quien ha querido situarse en la casilla de salida para tomar impulso hacia esas elecciones con el augurio de mejores datos de crecimiento y empleo y la promesa de una reforma fiscal todavía imprecisa, una tarifa plana de cotizaciones sociales para nuevas contrataciones y estímulos para las empresas.
Intentando partir de cero, ha prometido que los que ganen menos de 12.000 euros no pagarán IRPF (ahora son casi 11.000 euros), dentro de una reforma fiscal que aún no se conoce y que entrará en vigor, precisamente, en vísperas de las elecciones autonómicas y municipales y luego generales de 2015. Es decir, solo ha adelantado la parte dirigida a los que en lo que en estos dos años más han sufrido los recortes, los copagos o los frenos a la Dependendencia. Nada sobre revertir la subida de impuestos que aprobó nada más legar a La Moncloa. Se buscan buenas noticias que borren el pasado y se anuncia "una nueva etapa".
Lo que hice, que ha costado muchos esfuerzos y sacrificios, está justificado porque ahora ya no estamos en el abismo, ha venido a decir. “Hemos cruzado el Cabo de Hornos”, ha dicho para dar a entender que empieza una legislatura distinta. Todo su esfuerzo está destinado a que los ciudadanos perciban que lo negro queda atrás. Y que el mérito es suyo, porque ni mencionó el contexto europeo de reactivación.
“Hay menos parados que hace un año”, ha asegurado, a falta del pequeño detalle de que los españoles perciban también esa impresión de futuro feliz.
La cuesta arriba termina y ahora vamos ya lanzados hacia el final del mandato, según su explicación. Y por mal que estemos ahora, estamos mucho mejor que antes, ha sido la línea argumental de todo su discurso, con la reiterada idea de que su gran mérito es haber evitado el rescate de la economía española.
¿Ha habido que recortar e incumplir promesas y expectativas? : Sí, pero “hablamos de resultados”, ha dicho.
“Nada ha ocurrido por casualidad”, ha repetido, agarrado al mensaje de la eficacia. Todo ha sido fruto de sus decisiones y eso justifica, según su argumentación, que se le permita partir de cero con promesas que han de ser creídas, olvidando los incumplimientos. El resultado es lo que cuenta, aunque sea medido por él con la evolución de la prima de riesgo y las grandes cifras macroeconómicas.
El presidente lo ha apoyado en una teatralidad inicial próxima a la técnica de Jordi Évole de crear una ficción que atraiga la atención y parta de lo peor para ir hacia lo mejor, con el arranque de una frase sacada de un titular de un periódico: “España cerca del abismo”.
El perdón de sí mismo con el olvido del pasado se extiende a otros asuntos. Especialmente al de la corrupción. Se olvida de lo que ha pasado, de Bárcenas, de los sobres, de los sms de ánimo al extesorero con cuenta opaca en Suiza y llegan las reformas legales para evitar nuevos casos. Hace un año en el mismo debate ya las anunció y aún no están en vigor, pero todas esas medidas legales le sirven para pulsar la techa de F-5 para actualizar la pantalla e intentar borrar el pasado.
La muerte de 15 personas en Ceuta la ha resuelto en un párrafo y por elevación: los flujos migratorios y la política europea. El contador se intenta pone a cero para prometer gestiones ante la UE y enterrar el pasado, como enterrados están ya los 15 muertos que ni ha mencionado expresamente. "Reformar la cooperación con los países de origen y tránsito y redoblar la lucha contra la trata", ha sido su promesa, sin propósito de enmienda sobre las devoluciones ilegales en caliente en Ceuta y el uso de material antidisturbios en el mar. Porque lo que le importa es el futuro....y borrar el pasado.
.........(RÉPLICA)..........
El pasado borrado por Rajoy es el que va de diciembre de 2011, cuando llegó a La Moncloa, a ayer mismo. En cambio, el de antes de las elecciones ha sido su asidero en la respuesta a Alfredo Pérez Rubalcaba. El presidente del Ejecutivo se siente más cómodo en el papel de líder de la oposición al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, aunque no exista desde hace más de dos años. El pasado de Rubalcaba sigue siendo el mejor arma de Rajoy, dos años y medio después de llegar a La Moncloa.
El líder del PSOE, que tampoco ha podido borrar su pasado, ha hablado de libertades y de la recuperación general en Europa. "No es Rajoy, es Draghi", ha sido su tesis en un discurso muy duro.
Rubalcaba ha sacado a relucir Ceuta, aborto y ley de seguridad ciudadana y Rajoy se ha ido al siglo pasado, cuando el ministro del Interior era José Luis Corcuera. Hace más de 20 años.
Y el presidente ha respondido a las acusaciones sobre los 15 muertos en Ceuta con los miles de intentos de saltar la valla cuando gobernaba el PSOE. Pero ni una explicación, ni una autocrítica, solo la oposición a gobiernos pasados.
"Usted se ha financiado ilegalmente durante 20 años" (por Gürtel) y "ustedes han utilizado la crisis para hacer lo que la derecha siempre ha querido hacer", le ha reprochado Rubalcaba.
Sus réplicas han sido muy ideológicas, de marcar diferencias continuas frente a la derecha, con referencias continuas a la desigaldad y hasta con una cita de Rajoy cuando escribió en 1983 cosas como que "los hijos de la buena estirpe ya se sabe que tienen mejores resultados".
Puede ser el último debate de este tipo de Rubalcaba como líder de la oposición y puede ser el que mejor le ha salido.
Irritado, el presidente le ha contestado con más críticas al Gobierno de Zapatero, pero sin mención alguna a las libertades y mucho menos a la reforma del aborto que para él, parece no existir.
Del aborto solo ha hablado Rajoy en la réplica a Cayo lara (IU), para decir que presentará la ley, pero sin mayor precisión y sin molestarse en defender su anteproyecto.


27 dic 2013

Lo que el triunfalismo esconde

Por: Fernando Garea

“Cambio de tendencia”, “claro cambio de situación”, “se empiezan a ver los resultados”, “el 2014 será el año del inicio de la recuperación”, “lo peor ha quedado atrás”…… Rajoy ha querido enterrar el 2013 en los buenos deseos para el 2014. Su optimismo próximo al triunfalismo le ha servido para intentar difuminar las sombras de los 12 meses de recortes, sacrificios y escándalos.
Ese era el mensaje que había preparado y le preguntaran lo que preguntaran esa era su respuesta. Para todo lo demás no hubo contestación, con la única salvedad de Cataluña, para la que tuvo una respuesta clara de reiteración de la negativa a la consulta y de restricción al diálogo sobre la política territorial.
El resto de asuntos los ha sacudido con indiferencia, molestia y desdén. Y con sus muletillas habituales, como la de “ya he hablado suficiente sobre ese tema”, como si hubiera un cupo de respuestas por asunto que no se pueda sobrepasar y que él fija a su antojo.
Pregunten lo que quieran que yo les contestaré sobre lo que me de la gana.
El presidente del Gobierno, en su única rueda de prensa sin restricciones de todo el año, ha pintado 2013 como “duro y difícil” con “miedos e incertidumbres”, para referirse a los datos económicos. En ese cuadro intenta camuflar el año del estallido de Gürtel, el encarcelamiento de su extesorero, los enfrentamientos en su partido y su Gobierno, el desgaste de sus expectativas electorales y, sobre todo, el empobrecimiento del conjunto de los ciudadanos, entre otros reveses.
Los duros sacrificios de los ciudadanos han sido vendidos por él como necesarios para llegar al 2014. Rajoy ha presentado su comparecencia en la Moncloa como la llegada del náufrago exhausto a la orilla de 2014. Algo así, como “ha habido que hacer todo esto que tanto le ha costado a los españoles y a mí mismo para poder llegar a 2014”.
Aunque lo diga el mismo día que congela el Salario Mínimo y los españoles no perciban ni de lejos que la economía remonta.
Todo escondido tras el triunfalismo de una tierra prometida en un año 2014 de mejoría. Su problema es que los ciudadanos no lo perciben y, además, la credibilidad del presidente ha quedado muy tocada en los años 2012 y 2013 que él quiere enterrar ahora.
Gürtel, que le ha perseguido durante el año desde el “ánimo Luis, sé fuerte” con el que dio aliento a su extesorero cuando ya se sabía que tenía cuentas en Suiza, hasta el registro de 14 horas en la sede del PP, lo ha despachado con indiferencia. Rajoy se ha limitado a sacudirse el hombro como si aún fuera una simple pelusa que no ha llegado a manchar. Si como dice “el PP colabora con la Justicia”, ¿para qué tiene que ir la policía a por papeles por la noche a la sede del partido?
Algo parecido ha hecho con la ley del aborto, de la que solo dijo que es “equilibrada”, pero eludiendo la explicación detallada en la que sí se ha detenido para sostener su triunfalismo económico. “Eso es del Parlamento”, ha dicho para sacudirse la reforma del aborto, ocultando que aún es un anteproyecto que ha de pasar por el Consejo de Ministros y allí se pueden introducir cambios y que, además, en el Congreso y el Senado él lidera al partido que tiene mayoría absoluta y que sacará la norma previsiblemente en solitario. En su mano está modificar la ley, pero ha hablado de ella como si hubiera caído del cielo o sea fruto de la decisión de otro. Ni ha pronunciado la palabra "aborto", para llamarlo "ese asunto". Será la ley “de ese asunto”.
Rajoy ha dado impresión de pretender llegar limpio a 2014, como si no hubiera dejado un minuto antes en la mesa del Consejo de Ministros a los autores de la ley Wert, la ley Fernández, la ley Gallardón, al ministro de Industria que ha improvisado distintas salida a las tarifas eléctricas y al ministro de Hacienda de los escándalos, entre otros. Porque todos ellos, bajo su presidencia, no parten de cero en 2014, sino con desgaste, polémica y rechazo social.
De hecho todas esas leyes las han asumido los ministros en forma de desgaste por incomparecencia pública del presidente, pero son todas suyas, porque tiene capacidad para añadir, quitar o matizar. Todas ellas y la reforma laboral son “leyes Rajoy”.
Si la ley de seguridad ciudadana o la ley del aborto son duras no es porque Jorge Fernández o Alberto Ruiz Gallardón sean del sector duro del PP, es porque el presidente lidera ese sector en el Gobierno.
Incluso, afronta 2014 con decisiones económicas que alejan a los ciudadanos de su optimismo como la bajada de pensiones o la congelación de salario mínimo decidido hoy mismo. En los españoles hay de todo menos triunfalismo.
Y el colmo del tancredismo: Tras alabar el discurso del Rey en el que con muchos eufemismos se defendía un cambio constitucional, Rajoy ha cerrado el paso a la posibilidad de tocar la Ley Fundamental. Es decir, una posición parecida a “me parece muy bien lo que dice el Rey, pero paso ampliamente”. Entonces, ¿por qué dice que le parece bien lo que dijo el jefe del Estado?

20 ago 2013

Catalunya t’estimo

Por: Fernando Garea

A cualquiera le pasa que se le mete un amigo jeta en casa, especialmente en agosto.
Tengo realquilado veraniego y ocasional en este blog a mi compañero Miguel González.
El pasado 15 de agosto, Miguel publicó en EL PAÍS un artículo con el título Catalunya t’estimo.
Arcadi Espada le respondió en EL MUNDO bajo el título Querido Miguel y como quiere contestarle y me pide que le realquile este blog para hacerlo, es un honor para mi, me limito a ceder la tribuna y allá va su réplica:

Estimado Arcadi:

Tienes razón, soy un malqueda. Cada vez que visito Barcelona quedo mal con un montón de antiguos amigos a los que no llamo y, en vez de pasar discretamente desapercibido, lo proclamo imprudente en un artículo. Tomo nota y prometo remediarlo la próxima vez. Por si alguien ajeno lee este texto recordaré que nos conocimos hace 30 años en “el Ciero” o “el Noti”, un mal o buen periódico que no duró 100 años. Un diario vespertino que se escribía de madrugada, tras ingerir grandes dosis de alcohol que no enturbiaban nuestro entendimiento sino que aguzaban nuestra lucidez. Redacciones envueltas en humo de tabaco y teclear de máquinas de escribir polacas que hace mucho dejaron de existir.
Me acuerdo de eso, pero no me acuerdo (y te pido anticipadamente disculpas, pues la memoria es una de mis facultades menos fiables) de haber dicho en aquella cena que me fuese a Madrid para que mis hijas no se educasen en catalán. Puede ser que me interpretases mal o yo no me expresara bien. Nos mudamos a Madrid por razones profesionales y laborales, dos años antes de que naciera nuestra hija mayor y en aquella época, discípulos del 68 como éramos, nuestro horizonte de planificación apenas alcanzaba al mes siguiente (ni planes de pensiones ni piso en propiedad).
Sí recuerdo, y de ahí podría surgir el equívoco, que siempre rechacé la afirmación aparentemente inocua de que el catalán era la “lengua propia” de Cataluña, porque eso era considerar, sensu contrario, que el castellano era impropio, ajeno o extraño. Es decir, que Eduardo Mendoza, Juan Marsé, Manuel Vázquez Montalbán o Juan Goytisolo eran extranjeros en su tierra. Como sabes (perdona la obviedad) las lenguas no nacen de los árboles, sino que las llevan consigo los hombres, y las mujeres, que tienen piernas y no han parado de emigrar desde que hace miles de años salieron, mientras no se determine otra cosa, de un rincón del África oriental en busca de una vida más placentera.
Siempre he creído que el catalán y el castellano eran dialectos del latín pero reconozco mi ignorancia en filología y estoy dispuesto a admitir cualquier otra cosa partiendo de la base de que los idiomas, si pudieran, se reirían de nuestro empeño en establecer jerarquías entre ellos cuando todos son fruto de la corrupción de una lengua anterior, porque solo lo que se corrompe engendra vida y lo seco y puro se amojama.
Lamento que el final de mi artículo te pareciera una soplapollez. Era una declaración de amor. Al que la hace puede parecerle sublime. Y al que la observa desde fuera cursi y hasta ridícula. Suele pasar con los sentimientos.
Si no te importa que te dé mi opinión, a mí el final de tu artículo me resulta un poco grosero. Y no es que me moleste. También yo puedo ser ordinario. Decirte que me importa una higa que tú tengas razón, que me la sopla que la tengan mis amigos catalanes que se han vuelto independentistas, que me cisco en mis propios argumentos. Porque lo único que de verdad me importa es que tomemos esa curva a 190 kilómetros por hora, que estemos en manos de un maquinista distraído, que nos dejemos conducir al desastre por los heraldos de las profecías autocumplidas que luego se complacen en reprocharnos el “ya lo decía yo”. Espero, por el bien de todos, que los que estamos en posesión de la verdad nos la traguemos. Y mientras más grande y compacta sea mejor nos aproveche.

Un abrazo.

01 ago 2013

El único error es el exceso de confianza

Por: Fernando Garea

Rajoy
Mariano Rajoy ha sorprendido en parte. Más en la forma de abordar el asunto, que en el fondo de su intervención. Ha cambiado radicalmente al mencionar 16 veces a Bárcenas, después de meses de imposibilidad material de pronunciar el nombre de su ex tesorero.
Ha cambiado y sorprendido al abordar el caso desde el inicio, sin circunloquios y con solo alguna incursión en los datos económicos. Su estrategia ha venido a ser la de no esperar a que los demás portavoces le acusen de eludir el asunto. Ha ido directo al grano.

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08 may 2013

¿Triunfalismo?

Por: Fernando Garea

“Lo digo sin ningún asomo de triunfalismo”. A los 13 días de conocerse que en España hay más de seis millones doscientos mil parados, el presidente del Gobierno ha comparecido en el Congreso con un discurso defensivo, de anuncio de continuidad y de tanta autojustificación como que en dos ocasiones ha tenido que aclarar que en sus palabras no hay “asomo de triunfalismo”.
Pero, ¿qué ofrece Mariano Rajoy? En 23 folios de discurso leído no había ni una sola medida, ni un anuncio de propuesta, ni un detalle de las últimas aprobadas o de las que se prevén y ni siquiera atisbo de iniciativa política.
¿Cómo explicar a los seis millones doscientos mil parados y a los que buscan trabajo fuera de España que el presidente del Gobierno diga que vamos por el buen camino?
¿Cómo devolver la esperanza a los españoles cuando el día 16 se aprobó un plan en el que se asume que no habrá creación de empleo en toda la legislatura?
Y, sobre todo, ¿cómo hacer compatibles esas cifras y esos dramas con el “triunfalismo” del que habla Rajoy?
Rajoy se ha dirigido a los españoles desde el Congreso, pero en realidad actuó como lo hizo el lunes a puerta cerrada ante los dirigentes del PP para dejar claro que no cambiará nada .
“Queda mucha tarea, pero llegará la cosecha, esto empieza a funcionar”, ha dicho el presidente.
“Hemos salido de lo peor”, ha proclamado para cerrar su intervención, pero no ha explicado cómo cuadra ese acto de fe con sus previsiones de no crear empleo neto en esta legislatura.
Como Aznar dijo el “creédme hay armas de destrucción masiva”, él ha dicho que “el próximo año se producirán ya cambios muy significativos porque, entre otros, saldremos de la recesión y empezaremos a crecer”.
La mayor parte de su discurso la ha dedicado a explicar el éxito de su gestión por el reflejo en la prima de riesgo, lo que ha supuesto haber alejado la posibilidad de rescate.
La prima de riesgo es para él la medida de todas las cosas y su éxito, ha dicho literalmente, es que nadie le pregunta ya por el rescate.
“Ya no hay dudas sobre España”, ha asegurado Rajoy. Lo que no ha disipado en su comparecencia son las dudas de los españoles, incluidos muchos votantes del PP que creen que sus 15 meses en La Moncloa no han respondido a las expectativas. Por no haber no hubo ni una palabra de aliento.
La satisfacción, según Rajoy, está en la reducción de la prima de riesgo y en la mejora de la imagen que de España tienen en el exterior.
“Sin triunfalismos”, ha aclarado, olvidando que la prima de riesgo es importante para la economía, pero no es percibida por la mayoría de los españoles (y menos los parados) como algo tangible que les haga saltar de satisfacción y hacerle la ola con "triunfalismo".
“Las calamidades que han quedado atrás”, les ha dicho a los españoles.
Las únicas medidas y propuestas concretas han sido las que han expuesto los distintos portavoces, asumiendo el papel que Rajoy ha dejado vacante en el hemiciclo.
Especialmente lo ha hecho Alfredo Pérez Rubalcaba, con un discurso muy constructivo. Crítico, pero constructivo y hasta complaciente con algunas decisiones del Gobierno.
El socialista ha hecho propuestas que tienen que ver con Europa y con la inyección de dinero por parte del Banco Central Europeo.
Rubalcaba ha hecho frente a las dudas que siempre genera su pasado y ha ofrecido al presidente del Gobierno “un gran acuerdo ante la crisis social, política e institucional”.
“Estoy abierto a toda sugerencia útil que nos ayude a ser más fuertes y más eficaces en beneficio de los españoles”. Esa es la única referencia del presidente al consenso en su texto inicial. Como si el PP se sintiera cómodo con su mayoría absoluta y no quiere ayuda de nadie.
Como el torero corneado, que se sacude y repite lo del “dejádme solo”. Tiene la legitimidad para dar los capotazos al toro en solitario, pero no acepta que le hagan quites que le aflojen la presión.
Está en la idea de los presidentes del Gobierno en España que, con distintos matices y grados, creen que buscar acuerdos debilita el liderazgo, cuando en realidad lo refuerza.
No se deja rescatar tampoco por los demás partidos, aunque se supone que alguna de las medidas que le han expuesto los portavoces le valdría. Alguna será aprovechable. “Déjese ayudar”, le han venido a decir todos. "Liderazgo" le ha pedido Rosa Díez.
En la réplica ha congelado la posibilidad de pacto Estado al establecer condiciones, al ir en romería con la cofradía del santo reproche (Sabina dixit) y al aceptar solo buscar un acuerdo sobre pensiones, corrupción, unidad de mercado, reforma local y de la admiistración y Europa. Es decir, no promoverá un pacto de Estado global y de emergencia con medidas de choque contra el paro y la petición unánime la ha troceado en pactos parciales sobre sus leyes.
Rajoy sentía que estaba hablando ante la dirección de su partido y quizás por eso se ha visto en la necesidad de justificar que suba impuestos en lugar de bajarlos como prometió en campaña: “Se me dirá que la subida de impuestos tenía efectos negativos para el crecimiento”.
Los suyos solo han arrancado a aplaudir cuando arremetía contra el "cadáver político" de Zapatero y su herencia. Los muertos ya no sangran, pero acuchillarlos desahoga, ayuda a cerrar filas y distrae.Por si acaso, Rubalcaba ha enterrado los restos de su predecesor al decir que su política económica no es la de Zapatero ni la de Rajoy.
Como los adultos de El Principito, Rajoy sigue viendo un sombrero donde todo el mundo sabe que hay una boa tragándose a un elefante enterito.
Pero todo sin “asomo de triunfalismo”.

Sobre el autor

Fernando Garea

lleva más de 10 años pisando diariamente el Congreso y escribiendo sobre política en distintos medios. Responsable de información parlamentaria en EL PAÍS, colabora en diversas tertulias en radio y televisión. En este momento en A Vivir que son Dos Días de la Cadena Ser y 24 Horas de Radio Nacional.

Sobre el blog

Contracrónica de la actualidad política. Lo que se mueve en los pasillos del Congreso, más allá del escenario del hemiciclo, y análisis de la vida política.

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