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Fernando Garea

lleva más de 15 años pisando diariamente el Congreso y escribiendo sobre política en distintos medios. Responsable de información parlamentaria en EL PAÍS, colabora en diversas tertulias en radio y televisión.

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Contracrónica de la actualidad política. Lo que se mueve en los pasillos del Congreso, más allá del escenario del hemiciclo, y análisis de la vida política.

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15 may 2014

Argumentos precocinados

Por: Fernando Garea

Si Pedro Arriola, eterno superviviente, ha preparado estos días a Miguel Arias Cañete habrá que concluir que el asesor de Mariano Rajoy y antes de José María Aznar no ha estado fino esta vez o el candidato del PP no le ha hecho ni caso o el exministro no ha nacido para hacer debates electorales. Porque en los manuales está que no deben leerse las respuestas en este tipo de debates, ni deben cometerse errores de bulto como levantar ostensiblemente el papel de la mesa y mostrar a todos los españoles que los argumentos que se exponen están precocinados. Y mucho menos ceder la iniciativa y caer en las trampas que te tiende el oponente.
Basta haber visto solo un minuto del debate previo de los candidatos europeos en Bruselas para comprobar que en los cara a cara electorales no se debe leer, queda muy mal. Prepararse los debates es estudiar, pero no tomar nota de lo que te dicen. Y no poner tanto en evidencia que las cifras no salen de su memoria, sino de un papel escrito a mano al que se acude como el naúfrago al salvavidas.
Esa forma determina en gran medida el fondo, porque el activo que vende el PP de Cañete es, precisamente, el de la preparación y el conocimiento de los temas europeos y la lectura de folios no da idea de agilidad y soltura en el manejo de los asuntos. El candidato del PP gana por goleada a la del PSOE en curriculum (especialmente el europeo), pero su actuación en el debate no refuerza ese activo de Cañete, más bien lo debilita. Su fuerte no es debatir como candidato.
En este capítulo de la forma, a Elena Valenciano le ha fallado el nerviosismo inicial al arrancar el debate y el gesto y la actitud cuando su oponente leía sus argumentos. Los contraplanos son importantes porque muestran la actitud del que participa y en este caso mostraba la impaciencia de la candidata socialista, confirmada por la forma en que interrumpió en varias ocasiones. Daba impresión de actuar condicionada por la inquietud que provoca sentirse en la necesidad de ganar. "Vaya hombre" y "ahora voy", se la escuchaba decir impaciente mientras Cañete hablaba. Sus expresiones coloquiales se complementan con otras como "¿Qué me está diciendo?".
La actitud de la candidata socialista estaba más cerca de un político aguerrido de aparato, frente al técnico refugiado tras la catarata de datos.
En su caso la forma y actitud tiene que ver con el fondo y con la estrategia marcada del PSOE en la campaña: reforzar y movilizar a sus posibles votantes y, sobre todo, marcar diferencias en todo con su oponente.
Su debilidad es la credibilidad y la trayectoria de su partido y a eso se puso desde el primer minuto Cañete, en busca de la herida por la que el PSOE sangra en los últimos años. La herencia recibida sigue siendo el arma preferida del PP y el Gobierno y Cañete se hinchó a repetir la expresión "Gobierno socialista".
El arma de Valenciano ha sido la de los recortes y la de asuntos de política interior que llegan a los ciudadanos y, especialmente, a los posibles votantes del PSOE a los que se dirigió ayer su candidata. Mujeres, aborto, libertades, tasas....son argumentos que le sirven para apelar a señas de identidad de la izquierda que pretende recuperar el PSOE.
En estos debates, además, el que lleva la iniciativa tiene mucho ganado y el acierto de Valenciano ha sido lograr llevar a Cañete a su terreno. El candidato del PP ha caído en la trampa de jugar en el terreno que le marcaba la socialista, a pesar de que se veía de lejos y antes de empezar el debate qué pretendía Valenciano.
El perfil de Cañete que pretende explotar el PP, el del técnico europeo que negocia los intereses de España en Bruselas, se incomoda e imposta al hablar de aborto o violencia de género. Pero ha caído en esa trampa. Solo quien no domina el asunto puede defender la ley del aborto dando a entender que no hay reforma alguna en marcha y que todo es un invento. El anteproyecto de reforma del aborto que aprobó el Consejo de Ministros y que espera el 25-M para superar el bloqueo de los informes se habrá revuelto en algún cajón de algún edificio público si ha escuchado a Cañete decir que no existe.
El resultado es un debate blando en todos los sentidos posibles.
¿Y la corrupción? Ni una palabra. Sorprendentemente ni se mencionó en el debate. Ni Gürtel, ni ERE, ni nada. En esto ganan por goleada los que critican el bipartidismo y la identidad entre PP y PSOE.

El País

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