El estilo del tesorero. Radiografía estética a los políticos del PP

Por: | 08 de febrero de 2013

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Fotografía de Álvaro García.

Durante la campaña electoral a la Presidencia de Estados Unidos del otoño de 1992, hicimos un interesante (y entonces avanzado) experimento periodístico: comparar el atuendo de los dos grandes candidatos, el republicano y presidente saliente, el patricio de la Costa Este acaudalado con el oro negro árabe y texano, George H. W. Bush, que acababa de ganar la Primera Guerra del Golfo, y el paleto de Little Rock, el gobernador de la rural Arkansas, William J. Clinton, como aspirante por el Partido Demócrata. La cuestión era definir a qué electorado intentaba enganchar y qué posibilidades de triunfo tenía cada uno. Bush apostaba claramente por el oscuro y estricto aire indumentario de los Padres Fundadores, muy estilo Philadelphia, de banquero de la Guerra Fría, apenas animado por algunos complementos de aroma tejano, como las botas de cowboy, los cinturones charros, el sombrero Stetson en el rancho y un gusto inveterado por las armas largas. Su rival, Bill Clinton, con 46 años, vestía como un granjero americano en día de fiesta y era a diario perseguido por su asesor de prensa de turno para que conjuntara la camisa y la corbata. Bill tenía mucha más gracia. Ambos compartían el amor por las botas vaqueras, las mujeres guapas y habían estudiado en la misma factoría de prohombres: Yale. Al margen eran polos opuestos de la sociedad americana. Dos mundos diferentes. Ganó el guapo y desastrado con una frase lapidaria: “Es la economía, estúpido”.

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Fotografía de Álvaro García.

Describiendo un triple salto mortal en el espacio y el tiempo, hoy se podría hacer un análisis estilístico similar del hombre de moda: Luis Bárcenas. El ex tesorero del Partido Popular muestra en cada centímetro de su estilo de vida los ingredientes del arribista de dudoso gusto que nunca ha cogido el lento ascensor social del estado de bienestar, ha preferido subir las escaleras desde Huelva a Zurich de cuatro en cuatro. Para empezar este análisis, ya es sospechoso donde vive el tesorero: en la milla de oro del barrio de Salamanca, el viejo territorio de la superoligarquía madrileña, entre los palacios de los March y los Fierro y junto al viejo templo del desarrollismo franquista, el INI, hoy reconvertido en un ministerio de Asuntos Exteriores que no le gusta a nadie. Ya nadie vive en esa zona de Madrid. Los ricos de siempre se fueron hace tiempo a las afueras y el distrito es hoy pasto de las oficinas de las multinacionales, los fondos de inversión de dudoso pedigrí y los advenedizos (como él) de chequera rápida. Bárcenas vive en el rincón más caro de la capital, con entrada de servicio, escalinata afrancesada y ascensor de caoba y terciopelo; en la vieja calle del General Mola donde nunca se pone el sol y la estatua del marqués de Salamanca le tranquiliza todos los días confirmándole que aquí nada malo le puede pasar. Además, a Bárcenas le viene como anillo al dedo su domicilio para saltar hasta Hermès, Chanel o Armani para darse algún capricho. Su patrimonio inmobiliario se complementa con otras dos viviendas del más puro estilo arribista: la casita en Guadalmina (auténtica pata negra de Marbella; nada que ver con el ático de Ignacio González, en una zona más humilde) y el chalecito de Baqueira, destino obligado de los madrileños con estrella (o, en vías de estarlo), desde que lo puso de moda la élite convergente, luego, el Rey, y más tarde el trío Aznar-Rato-Durán i Lleida. En cuanto a sus gustos automovilísticos, sin tener pistas fehacientes, ahora que se ha quedado sin el Audi A6 de luto del Partido, le adivinamos unos gustos similares a los de su amigo Jesús Sepúlveda: Jaguar y Range Rover; madera y vaca de Hereforshire; ciudad y campo con lujoso acento imperial. Esos vehículo que la ministra Mato nunca vio en el garaje de casa por problemas de vista.

 

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El Rey con el gobierno socialista, en 1982. Fotografía de Marisa Flórez.

Cuentan que cuando los socialistas alcanzaron el poder en 1982, tuvieron que salir corriendo a unos grandes almacenes para hacerse con un traje antes de jurar ante el Rey, porque lo máximo que tenían en su fondo de armario era una chaqueta de pana baqueteada desde el Congreso de Suresnes (1974). El PSOE, tenía, sin embargo, algunas excepciones indumentarias, sobre todo algunos de más sus distinguidos militantes madrileños vestidos a medida como Miguel Boyer, los hermanos Solana y, sobre todo, el que más tarde sería presidente del Senado, José Federico de Carvajal, que aportaba el punto alta sastrería, alfiler de corbata de oro, sortija con escudo, pañuelo de bolsillo y zapatos como espejos. A esa línea se apuntaría con entusiasmo el alcalde de A Coruña, Paco Vázquez, más tarde embajador en la Santa Sede.

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Francisco Vázquez, ex embajador en la Santa Sede. Fotografía de Marcel.li Sáenz

Vázquez es el eslabón indumentario que une a la derecha y la izquierda. Ese estilo de centro izquierda ilustrada y norteña engarza con el sector notarial de la derecha española, al que pertenece Bárcenas. Hay otros muchos sectores estilísticos en el PP, un partido que siempre ha cuidado, desde el colegio, mucho más su presencia física que la izquierda.

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De izquierda a derecha,Bárcenas, Ricardo Costa, Ángel Acebes y Francisco Camps.

Fotografía de Carles Francesc.

Entre las pandillas indumentarias del PP se encontraría en primer lugar (por antigüedad) el sector democristiano: gris de sacristía, formal y poco dado a las alegrías. Con cierto aroma a naftalina. Sus máximos exponentes, Jaime Mayor Oreja, Javier Arenas, Luis de Grandes e Iñigo Méndez de Vigo. A continuación, estaría el sector de los toda la vida, muy unido a la primitiva Alianza Popular, que son los que nacieron ya con traje. Destacan en este grupo, Rajoy, Ruiz Gallardón, Morenés, Arias Cañete y los hermanos Guindos.

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Rodrigo Rato y Cristóbal Montoro en la boda de la hija de Aznar en El Escorial.

Fotografía de Uly Martín.

El tercer grupo es el de la alta sastrería, clásicos pero con un toquecito guay, ideado por la regla y la tiza del sastre valenciano Antonio puebla, limítrofe con el atuendo de los amos del universo de la banca de inversiones (vecinos de Bárcenas); aquí estarían Rato, los Costa, Zaplana, José Manuel Soria, Álvaro Pérez (el Bigotes) y Paco Correa. En sus filas, curiosamente, nunca estuvo Camps (quizá por su animadversión por Zaplana) que se quedó solo con sus modelitos de Forever Young. El cuarto es el sector taurino, trajes ahormados, estrechos y resultones, cuellos mínimos de camisa y zapatos livianos ideales para contemplar la fiesta desde la barrera, aquí quedarían encuadrados Nacho González, Paco Granados y Gómez Ángulo.

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El Bigotes y Martín Marín en la boda de Ana Aznar y Alejandro Agag.

Fotografía de Uly Martín. 

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 Francisco Correa y su mujer en la boda de El Escorial.

Fotografía de Uly Martín.

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Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid.

Fotografía de Bernardo Pérez.

El quinto clan es el del barrio de Salamanca, un poquito demodé, siempre largo de mangas y ancho de hombros y complementado con mocasines castellanos y bufandas sin anudar, en el que militan Aznar, Acebes y Trillo. El sexto sería el sector british, al que se apuntan Guillermo Cortázar, Sepúlveda y Nasarre, con chaquetas de tweed, viseras country y zapatos de ante. Al sector informal quedarían adscritos Moragas, Basagoiti  y Agag. Y ya sólo nos queda el estilo Bárcenas: el sector notarial.

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 Jorge Moragas, director del Gabinete del presidente Rajoy.

Fotografía de Luis Sevillano.

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Bárcenas junto al viejo líder popular, Manuel Fraga. 

Fotografía de Álvaro García.

¿Por qué notarial? No hay que olvidar que Bárcenas llegó a las filas de la derecha española en 1982, cuando la formación política conservadora era la albacea del régimen pasado. Mandaba Fraga y compartían su liderazgo algunos viejos santones, notarios o abogados del Estado o registradores, vestidos de gris en tejidos brillantes de alpaca que con Franco eran sinónimo de buena posición. El atuendo perfecto para triunfar en aquella era de la derecha consistía en traje gris a medida de tres botones y amplias solapas y pantalón con vueltas y bien encajado al paquete, el cinturón siempre sobre el bien torneado vientre de escalador de Bárcenas, zapatos negros de hebilla, camisa con iniciales, corbatas con motivos cinegéticos o heráldicos y nudo windsor, pañuelo blanco bien almidonado en el bolsillo, alfiler de corbata y gemelos de oro y llavero con una moneda antigua de plata.

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 Los líderes del partido que conoció Bárcenas: Fraga, De la Mora y López Rodó,

 

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Bárcenas, que llegó a AP con un traje sobado y los zapatos rotos (según relatan en el Partido), enseguida se sumó a esa corriente indumentaria. Era la imperante. El símbolo del poder. La convirtió en su uniforme de trabajo. Ideal para dar sablazos.Para imponer respeto. A medía que subía escalones entre Génova y Suiza, añadiría el Rolex de oro y acero, el cinturón de Hermès, los blazers de botones dorados, los zapatos de borlas en fino cordobán, las trincheras de Burberry’s, el abrigo de estilo Savile row en tejido de espiga, con cuello de terciopelo y bolsillito para el reloj y el portafolios de Loewe. Con esa imagen notarial sube y baja la calle Príncipe de Vergara a diario como un pincel desfilando ante las cámaras como hace también Urdangarín en el barrio de Sarriá en dirección al Monte Calvario. A ambos no se les mueve un cabello de su sitio. Tiene mérito.

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Fotografía deLuis Sevillano.

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Fotografía de Uly Martín.

 

 

Hay 11 Comentarios

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Tiene su que el artículo...sobre todo teniendo en cuenta que siempre aparecían en este tipo de artículos las ministras y políticas...a las que se diseccionaba su indumentaria. Mención aparte merece la indumentaria batasuna...a esos si que habría que dedicarles un escrito de estilo

Felicidades muy bueno ,,,urdangarin siempre va vestido de comunión ,,supongo para dar pena

Encuentro la tipología algo forzada -parece obvio que su autor se estaba divirtiendo. A la vista de las imágenes que complementan este trabajo antropológico, observo que basta una sola división entre estos esforzados hombres de la derecha española: una primera clase correspondería a quienes han venido al mundo en familias donde el dinero ya manaba dos, tres o más generaciones atrás, dan asco pero no llegan a ser ridículos, simplemente son de derechas; después están quienes desean imitar a los originales, esto es, a los que han sido niños ricos de siempre, pero por alguna razón fracasan, o bien confunden al modelo o lo interpretan erróneamente, y aquí encontramos a gran parte de la batería del PP, son ridículos y dan asco. Para una nueva tipología, atiéndase al peinado -Moragas frente a Bárcenas: el verdadero pijo del PP lo es con su pija naturalidad; a Bárcenas, sin embargo, le complace más la ostentación de un estilo, quiere parecerse a algo o a alguien, tiene todo el dinero que necesita para resolver esa imitación, y sin embargo no puede librarse de esa vulgaridad imposible en Moragas.


Muy buen artículo y bien escrito, incluso se agradecería una segunda parte abarcando a los otros palos de la política, no solo a los socialistas de los 80, sino también poniendo la lupa, v. gr. en las camisas blancas de Cayo Lara, los hasta ahora mejores sastres que ha dado el panorama político español, los de Moratinos, o el gusto por las camisas oscuras sin corbata de algunos políticos catalanes -por lo general, mal desarreglados- .
Con respecto al PP actual, llama la atención el gusto ya no tan reciente por la corbata lisa verde. Y una pequeña observación: el catálogo de chaquetas beige a lo Carlos Pumares de Javier Arenas, merece capítulo aparte.

bajo mi modesta opinion, creo que desde hace mucho tiempo los periodistas, ya sean de un tinte politico u otro, se estan cargando el arte del periodismo e informacion, con sus ya nada elocuentes puntos de vista en sus informaciones, que dan el paso de la sensacion de una informacion que podriamos hasta creernos contrastada a una mera opinion como pudiera ser la mia.
el articulo es interesante para alguien que le guste lo que tradicionalmente se ha consideradl el buen vestir, pero por los continuos puntos de vista que se dan y opiniones, a mi parecer, encajaria mejor en una revista de moda que en una fuente periodistica.

Al sector british habría que añadir a Lassalle, chaquetas de cuadros, a veces chalecos de lana entre chaqueta y camisa; el ministro Wert, en cambio, está más cerca del sector taurino, chaquetas entalladas, camisas ceñidas al torso y corbatas de colores restallantes que casi deforman los cuellos y marcan el cervigillo. Bonito artículo!

Excepto a los que crearon el estado del bienestar, a los que se lo estan cargando da grima verlos.

Pues vaya

A mí me ha entretenido. No está mal un poco de humor, Juan, aunque los tiempos sean grises.

Es un artículo absurdo, basado en tópicos.

si eres periodista por este artículo, la facultad de Periodismo, ya puede replantearse su quehacer.

La gente discute de porque no llega a fin de mes, de porque le quitan la casa....

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El Reportero Impertinente

Sobre el blog

25 años escribiendo en El País y alguno más en la prensa económica son mi único bagaje. Apasionado del periodismo y adicto al reportaje, revuelvo el fondo de mi chistera para recordar lo que ha sido y analizar lo que es hoy el reporterismo. No soy impertinente por mal educado, sino, como decían los latinos, porque no pertenezco a nadie.

Sobre el autor

Jesús Rodríquez

. Licenciado en Ciencias de la Información por la Complutense. Un par de libros y media docena de premios. He oteado la guerra en Bosnia, Kosovo, Afganistán y Líbano y pisado las mullidas alfombras del lujo y el poder. Siempre al servicio de los lectores.

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