El salto del ángel

Signos de puntuación

Por: | 30 de abril de 2012

 

Michaux sin titulo

No es fácil saber puntuar bien. Uno no deja de aprenderlo. Ni de errar. Ni de necesitar mejorarlo. No lo es ni en la escritura ni en nuestra vida, ni en las relaciones personales, ni en las sociales o en las políticas. La cuestión es si podemos prescindir de hacerlo y hasta qué punto lo valoramos o lo necesitamos. Descuidar los signos de puntuación puede ser significativo, porque puntuar es más que poner puntos y comas, entre las frases y entre nosotros.

Puntuar es distinguir el valor de las palabras y de las relaciones y es imprescindible para velar por el sentido de las oraciones y sus miembros. Es también acotar y en algún sentido expresa una mirada, una lectura, una decisión y un cuidado. Y un amor, no sólo prosódico. Y una convicción: no da lo mismo hacerlo bien que mal. Ni en esto ni en casi nada. Ni sólo es bueno para expresarse, también lo es para no abandonarse, para no dejar de dar importancia o relevancia a cuanto lo merece y a aquello que incide más de lo que suponemos en cuanto decimos y somos.

Que los signos de puntuación definan terrenos, estructuren u ordenen, exige precisión y favorece la comunicación. Son decisivos para facilitar la comprensión. Ponen de manifiesto las relaciones entre los diversos constituyentes del discurso, y no hemos de olvidar que, como Ricoeur nos recuerda, la vida no deja de ser “un relato en búsqueda de narrador”. Por eso las relaciones no son sólo sintácticas y lógicas. Puntuar adecuadamente evita posibles ambigüedades y si es preciso las sustenta, pero siempre lo hace con claridad, mostrando el carácter especial de determinados fragmentos. Estos signos delimitan y demarcan el mensaje y facilitan de modo sencillo la organización de la información. Bien se sabe que también expresan la actitud en relación con lo que deseamos decir, marcan la modalidad para subrayar si se trata de una situación de emoción, de una pregunta, del deseo de influir, esto es, son decisivos para los matices determinantes. Cuando los ignoramos en cierto modo nos ignoramos.

Michaux Mouvements
Que el punto pueda llegar a tener un aire final, cerrando de modo siquiera provisional algo, o poniéndolo aparte, deja claro que alguna relación se zanja o se clausura, un cierto mundo se finiquita. Que una buena coma suponga una necesaria pausa o separación, que no signifique inexorablemente el cierre definitivo o la exclusión, o que los dos puntos, con su seria mirada, detengan el discurso para separar sin escindir, sin ser término, nos da nueva oportunidad. Que el punto y coma una y yuxtaponga y su pausa suponga un determinado descenso, y no sólo en la entonación, muestra la incertidumbre de requerir en algún sentido casi un nuevo comienzo para proseguir. Esta cuidada labor de la gramática de la vida, como las comillas, los paréntesis tan elocuentes, los signos de interrogación, tan inquietantes, o de exclamación, tan vibrantes, es expresión de emociones, de sentimientos, de afectos, de posiciones y de decisiones que no se agotan en su escritura.

Quizá los puntos suspensivos son tan problemáticos, enigmáticos y sugerentes que en cierto modo vivimos en ellos. No sería lo peor. Preludian lo que quizá nunca llegue. O no lo haga por ahora. El sentido queda incompleto, sin agotarse cabalmente, en un ámbito que no es sólo tal vez de temor, también de duda ante lo inesperado o lo extraño. Nos invitan más bien a no ir demasiado lejos. Por eso son tan inadecuados para rematar informaciones o para encajar textos y vidas en un continente cerrado.

Ello confirma que la puntuación es un signo, una señal, una indicación, un gesto que forma parte de la arquitectura misma del pensamiento, no sólo escrito. Que estos signos no sean visibles al hablar no significa que no puedan decirse, que no deban escucharse y, con frecuencia, echarse de menos. Tanto que no es inusual encontrarse con quienes cometen “faltas de ortografía” al dirigirse a los demás. Así es difícil comprender y hacerse comprender.

Si puntuamos bien, puntualizamos. Si no puntuamos adecuadamente, no hay modo de puntualizar. Parecería que basta un discurso prolongado, extendido, distendido, sin delimitación ni modalidad, para correr menos riesgos. Pero puntuar no es sin más calificar, también es zanjar o no, o parcelar, acotar, o establecer unos márgenes, unos límites. No sólo separaciones, también enlaces, vínculos, prolongaciones, suspensiones. En última instancia, puntuar es un juego entre las continuidades y las discontinuidades.

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Ya insistimos en que los romanos escribían su latín sin interrupciones, en un texto lineal, sin cortes, sin separaciones, sin escindir lo que llamamos palabras, en una supuesta única frase. Saber leer requería tanto como saber cortar en el lugar adecuado, establecer  las frases, componer en atención a dinámicas internas, proponer los ritmos, las respiraciones. No todo aquel que escribía era capaz de leer adecuadamente. Este desafío de ser capaces de construir la conformación del sonido, del sentido en el caso de un verso, poniendo uno mismo la modulación, el ritmo y el fraseo, confirmaría para Gadamer que quien no es capaz de hacerlo no lo comprende. Que el fraseo musical no aparezca en la partitura pero está en la música, o que “la puntuación en la poesía es sólo para los débiles” es  discutible, pero además no es lo mismo hablando de Georg. La mayoría lo requerimos.

Los signos de puntuación son un modo de vinculación con el espacio y con el tiempo, una propuesta para vivirlos. Ignorarlos hace de la escritura de la vida algo aséptico, plano, reiterativo, sin aliento. Considerarlos, facilita nuestra relación, nuestra comunicación. Son gestos de entrega y de hospitalidad. Perdida la puntuación, todo resulta sin tregua, sin pausa, más indiferente y más impositivo. El descuido de la puntuación es un descuido de la mirada electiva y es un triunfo de la obsesión por lo que pretendemos imponer, olvidando la comunicación, que es concordancia.

Nuestras relaciones también tienen mucho de relato buscado, más o menos bien puntuado. No cuidarse de ello supone el trastorno de los días y de las horas, de los momentos precisos, de los cambios de ritmo, de las pausas y de las escisiones e incisiones de nuestra existencia. No todo se reduce a nuestra intención de hacernos oír, ni a un mensaje de contenido esterilizado intencional o emocionalmente. Sin puntuar, todo queda gris y apagado, al servicio de una supuesta eficacia, de un supuesto entendernos más que comprendernos, de unos efectos que desconsideran el tiempo y el sentir del propio vivir.

(Imágenes: Henri Michaux, Sin título; de la serie Movimientos; y Sin título)

Signo de interrogacion
Evolución del signo de interrogación. Del latín Quaestio, pregunta.

 

Signo de exclamacion
Evolución del signo de exclamación. Del latín IO, grito de alegría.




Hay 18 Comentarios

La puntuación marca el ritmo de un discurso escrito. No separa, relaciona, y suele hacerlo con elegancia pero también de forma tartamudeante. Es la diferencia entre saber puntuar y no saber. Tengo para mí que es la parte más prolongada de la gramática, porque pulir un texto en su ritmo es un propósito infinito.Todo texto es siempre perfectible.

Recomiendo este interesante artículo: "A favor del punto y coma" en "Lo que esconden las palabras" http://laspalabras-mendo.blogspot.com/2012/03/favor-del-punto-y-coma.html?m=1

Bienvenido al club


Eres uno de los pocos que podían aspirar a esto, en realidad
te estábamos esperando sólo a ti.
Hemos sabido siempre que eras diferente,
ahora ya has llegado: relájate y disfruta.

Nota cómo te crecen los músculos viriles
y pliegues cerebrales bajo las yemas de los dedos.
Nosotros vamos a volverlos rabiosos.
Tu piel adquiere un bronceado envidiable,
se te esponja la próstata, tus esfínteres conversan en inglés.
Ahora te tensaremos hasta la excelencia.
Nota cómo te crece una memoria mejor.
Eres otro, ya no eres quien eras,
nunca fuiste quien eras
pero tenías que llegar tan alto con nosotros
para saberlo.

Ahora ya has llegado.
Te lo mereces todo y nos lo debes todo:
te lo cobraremos hasta la última gota.
Bienvenido al club.


Jorge Riechmann

Muchas gracias por este post tan elegante.

Una puntualización: en gramática las reglas son fijas, pero en las relaciones...

La puntuación es además la que, en la prosa, da ritmo a la secuencia y aporta cohesión al discurso que incide, con otras marcas, en la comprensión del mismo. Observo que, sin embargo, usted no pone puntos y comas, ¿quizá porque este signo está en desuso?

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21/02/2012

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Sr. Gabilondo: No siendo erudita en profundidades de lecturas ni en interpretaciones de frases he de transmitirle mi satisfacción personal. A la par de mi lectura descubría que detrás de cada signo hay mucho más para leer. Después de una coma hay una sugerencia, después de un punto una seguridad, despues de una admiración un orgullo, después de una interrogación una duda y después de un punto hay un final.

Interesante evolución del signo de interrogación¿:? De la "Q" o "quaestio" sobre el círculo "o" pasamos a la dualidad "2" sobre el punto "." para concluir con una oreja y su "pendiente" : todo oídos.

Estoy absolutamente persuadida, conociéndole como le conozco, Sr. Gabilondo, que usted ha querido decir algo más que darnos una lección sobre los signos de puntuación. En todo caso, me brinda la ocasión para evocar a William Faulkner, que prácticamente escribía sin signos de puntuación. Gracias al genio del malogrado Miguel Martínez-Lage lleger a apreciar la maravilla de ¡Absalón, Absalón!
¡Ánimo, Sr. Gabilondo; le seguimos!

Recuerdo un profesor que tenía en conocimento de texto para ingresar en la universidad que nos decia. "Ahora quereis aprender los signos de puntuación".."Si no habeis aprendido de pequeños tendréis ahora que leer mucho para fijaros en los signos de puntuación y acentos, y así corregir los errores". Y eso hicimos porque la verdad que siempre careciamos de algún acento o alguna puntuación.
Así que para poder aprender mejor debiamos de escribir. Y me decia yo, no será mejor aprender con otros que para uno sólo. Eso anima más a aprender a escribir si es por alguien y para alguien.

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Yo sigo alucinado con usted, Don Ángel. No me explico cómo podía hacerse entender dentro del consejo de ministros en el que estuvo. No sé cómo podía no caer en el desasosiego tratando de establecer vínculos con aquella oposición que le tocó. No sé cómo lo hacía, y cada vez me lo explico con más dificultad según le voy 'conociendo' a través de sus escritos aquí.

En cualquier caso, celebro su dedicación a este blog.

Un saludo.

Leo el artículo con atención. Nada más empezar, en el primer párrafo, hay una frase que yo no hubiera puntuado así. Me faltan dos puntos.

No lo es (,) ni en la escritura (,) ni en nuestra vida, ni en las relaciones personales, ni en las sociales o en las políticas.

Peor todavía: no empezaría así. Queda mejor de esta manera:

No lo es en la escritura (,) ni en nuestra vida, ni en las relaciones personales, sociales o políticas.

Aquí me despisté; presento mis disculpas.

Muchísimas gracias por este estupendo y didáctico post, si bien no me dirijo a usted para reconocer y admirar, únicamente. Quisiera, además, hacerle un ruego. Tras leerme “Darse a la lectura” y ver el video de presentación del mismo, en la librería +Bernat (a través de Internet), y quedar encantada con ambos, me ha surgido la necesidad de leer poesía. Y he aquí mi ruego: Por favor, ¿podría recomendarme varios libros de poesía? Me siento en este aspecto, como en muchos otros, un poco perdida, y tras leerle y escucharle… prestando a tención a lo que dice y cómo lo dice… me gustaría además de seguir leyéndole a usted, por supuesto, “beber” de las mismas fuentes de las que usted lo ha hecho, o al menos de algunas. Ya he tomado nota para futuras lecturas: “Cartas a Lucilio” de Séneca, “Enquiridión” de Epicteto y “Meditaciones” de Marco Aurelio.
Gracias por dedicar su tiempo al estudio del poder de la palabra y por compartir con nosotros su saber.
Gracias por su atención, un saludo.

Qué estupendo post. El jueves tengo un grupo de refuerzo. Paso la semana buscando un texto para leerles en voz alta, un texto para conversar. No se me ocurre mejor manera de hacerles ver lo relevante que es puntuar bien un texto. @lourdesdomenech compartió unos estupendos tuits. Ahora este texto... Maravilloso. Y hablaremos de 'la arquitectura del pensamiento", y de por qué los ':' separan sin escindir, ¿Por qué inquietan los signos de interrogación? Mis chavales tienen dificultades, Pero no les gusta el gris ni lo apagado. Les gusta pensar y sentirse competentes. Como a ti y como a mi. Por eso, este texto, me va a dar juego. ¡Gracias!

El punto y coma es la herramienta más difícil de utilizar, y donde más fallos veo normalmente.

Todos los secretos para seducir mujeres clickando sobre mi nombre.

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Sobre el blog

El salto del ángel es un espacio de reflexión, de pensamiento sobre la dimensión social y política de los asuntos públicos, sobre la educación, la Universidad, la formación y la empleabilidad. Busca analizar los procesos de democratización, de internacionalización y de modernización como tarea permanente, con una actitud de convicción y de compromiso.

Sobre el autor

Angel Gabilondo

Ángel Gabilondo Pujol es Catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue Rector. Tras ser Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, ha sido Ministro de Educación.

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