Sobre el blog

El salto del ángel es un espacio de reflexión, de pensamiento sobre la dimensión social y política de los asuntos públicos, sobre la educación, la Universidad, la formación y la empleabilidad. Busca analizar los procesos de democratización, de internacionalización y de modernización como tarea permanente, con una actitud de convicción y de compromiso.

Sobre el autor

Angel Gabilondo

Ángel Gabilondo Pujol es Catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue Rector. Tras ser Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, ha sido Ministro de Educación.

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El salto del ángel

Las oportunidades efectivas

Por: | 18 de junio de 2012

JAVITO+RUIZ+P%C3%89REZ

No siempre tenemos la oportunidad que requerimos. Ni siempre, ni todos. Y a veces en ello está la diferencia. Y, además, desde el principio. Para que hablemos de oportunidades perdidas, antes hace falta que haya oportunidades efectivas. Las dificultades pueden obedecer a distintos y complejos motivos, pero en ocasiones la máxima expresión de hallarnos en un tiempo complicado radica en que no hay modo de encontrar la oportunidad adecuada. En general, los tiempos no acostumbran a ser fáciles, al menos para algunos, pero es cierto que nos vemos en una encrucijada cuya expresión es simple y llanamente que muchos carecen de oportunidad. Considerar que el estado en el que cada cual nos encontramos obedece al mérito, al esfuerzo y a la capacidad, sin duda imprescindibles, supone ignorar que hay a quienes ni siquiera se les presta la ocasión para poder ejercitarlos y mostrarlos.

Esta situación resulta especialmente dolorosa e inquietante y, siquiera por eso, hemos de evitar los discursos eufóricos sobre la iniciativa personal o el entusiasmo emprendedor, sin duda estos asimismo muy recomendables. También en tal caso conviene no olvidar que no faltan quienes, teniéndolos, no encuentran cauces ni caminos para desarrollarlos, ni siquiera tienen una mínima ocasión. Por eso, no pocas veces se sienten molestos, incluso ofendidos, por quienes parecen atribuir su situación, sin perspectivas inmediatas ni horizontes razonables, a su falta de coraje y de decisión,  de nuevo sin duda asimismo convenientes. Todo para indicar que, con independencia de los múltiples valores y cualidades que han de alentar a quien pretende algo, lo que es determinante es que tenga oportunidad de ponerlos en práctica y de hacerlos valer. De hacerse valer.

El colmo consiste en culpabilizar a quienes se hallan en tal difícil situación. No se trata de propiciar discursos paternalistas ni de conmiseración, ni de alentar a la resignada parálisis de una quietud expectante, sino de trabajar intensa y activamente para generar oportunidad, para abrir posibilidades y para lograr que se ofrezcan. O para propiciar que sea en efecto viable que uno pueda procurárselas. Muchas oportunidades pueden quizá perderse, pero para ello es preciso que existan. La máxima expresión del desaliento social no obedece simplemente a que se deterioran o se pierden, sino también a que no se propician ni generan el impulso y el desafío de algunas perspectivas o posibilidades. Y para no pocos son reducidas. No es cuestión, sin embargo, solemos decir, de limitarnos a aguardar a que ocurra, hay que hacerlo suceder. Pero incluso esta actitud en numerosas ocasiones no resulta del todo factible.

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