Sobre el blog

El salto del ángel es un espacio de reflexión, de pensamiento sobre la dimensión social y política de los asuntos públicos, sobre la educación, la Universidad, la formación y la empleabilidad. Busca analizar los procesos de democratización, de internacionalización y de modernización como tarea permanente, con una actitud de convicción y de compromiso.

Sobre el autor

Angel Gabilondo

Ángel Gabilondo Pujol es Catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue Rector. Tras ser Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, ha sido Ministro de Educación.

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El salto del ángel

Paternalismo infecundo

Por: | 03 de julio de 2012

Norman rockwell-

Tenemos alguna tendencia a hacer algo por alguien, a quien a su vez nos permitimos avisar que “es por su bien”. Sin dudar de las intenciones, convendría en todo caso tener en cuenta sus preferencias y sus decisiones. Y no hablar en su lugar, sino favorecer las condiciones para que diga su propia palabra. No solemos tardar en recordar que, por diversas razones, no se encuentra en disposición de saber lo que le conviene. No se descarta que en algún sentido u ocasión pudiera ser así, pero quien tiene tendencias al respecto no se anda con tantos miramientos. Además, lo llamativo es lo seguros que parecemos de que nosotros, sin embargo, sí lo estamos.

Antes de preconizar lo que es más adecuado, sobre todo para los demás, conviene adoptar ciertas cautelas y tomar algunas precauciones. Lo que en esta ocasión subrayamos es el hecho de que, puestos a “aconsejar”, o a adoptar una supuesta posición, la de “hacernos cargo”, es preciso cuestionarse el lugar desde el que nos vemos legitimados y capacitados para ello.

No faltan quienes tienen una manifiesta predisposición a valorar a los otros, con la convicción de que les conocen bien y entienden perfectamente lo que les pasa. Por supuesto, mejor que ellos mismos. Y esto se hace desde una presunta superioridad moral, una suerte de atalaya, que les permite mirar de una determinada forma, una vez alcanzada la debida posición y que, sobre todo, les permite juzgar. Resulta singularmente curioso cuando la valoración es de altanera comprensión. Como quien amorosa o aviesamente avista desde las alturas lo pertinente. Siempre, en cualquier caso, el otro como presa, siquiera para acogerla.

Especial atención merece el paternalismo, que adopta tan variadas y sofisticadas formas, aunque tampoco falten las más rudimentarias, que podría decirse que se embosca de ternura y de comprensión, cuando no pocas veces o adolece de contenido, o si lo tiene, resulta alarmante.

Efectivamente, es una declaración de comprensión, pero desde una preponderancia preestablecida. Con visos de autoridad y de protección, proyecta una visión tradicional de ciertos aires familiares a otro tipo de relaciones sociales, bien sean personales, laborales o políticas. Es una aproximación que marca y establece claramente una distancia insalvable. En su corazón late una determinada visión patriarcal que insta a adoptar la posición, fijarla, tomarla como propiedad y elaborar, desde ese puesto privilegiado, logocéntrico, el discurso de lo que los demás tienen, de lo que los demás merecen, de lo que los demás podrían…, en definitiva, el discurso de lo que es pertinente. Pero a su juicio con la debida justificación, dada la situación en la que se encuentran. Sus palabras tienen algo de descenso por las laderas hacia una toma de posesión, suponen una cierta invasión de parcelas y de vidas que, pareciendo una considerada atención, son un exceso inquietante de diligencia paralizante.

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