Sobre el blog

El salto del ángel es un espacio de reflexión, de pensamiento sobre la dimensión social y política de los asuntos públicos, sobre la educación, la Universidad, la formación y la empleabilidad. Busca analizar los procesos de democratización, de internacionalización y de modernización como tarea permanente, con una actitud de convicción y de compromiso.

Sobre el autor

Angel Gabilondo

Ángel Gabilondo Pujol es Catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue Rector. Tras ser Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, ha sido Ministro de Educación.

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El salto del ángel

Niños aún más cerca

Por: | 24 de julio de 2012

JOAQUIN-SOROLLA-Y-BASTIDA-VERANO
Basta fijarse un poco, y no muy lejos hay niños. Son los de todo el año, pero en tiempos de mayor descanso reaparecen con una fuerza y con una contundencia sorprendentes, incluso para quienes habitualmente están con ellos. Los padres, los familiares, los profesores, todos nos encontramos en nuestros entornos con niños que siendo los de siempre son como nunca. Su curiosidad y su ternura, tan atractivas y no por ello menos exigentes o inquietantes, conviven con total naturalidad con un requerimiento, el de una presencia y una atención sin interrupciones. Basta mirarles para comprobar que a pesar de su transparencia son un misterio. Y resultan desconcertantes. A veces demasiado para nuestras mentes y vidas supuestamente organizadas.

Cada uno de sus interrogantes supone toda una puesta en cuestión o un desafío para nuestra escala de valores. Su interés pone en evidencia los límites de nuestro saber. Y de nuestro saber de ellos. Y uno no puede dejar de pensar en sus necesidades, que no siempre coinciden con las nuestras. Salvo que, deteniéndonos con atención, comprobemos no sólo cuánto hay de nosotros en ellos, sino también de ellos en nosotros. La delicadeza y la sensibilidad, tan denostadas en ciertos contextos, brillan en toda su pureza en quienes no conocen ni siguen las noticias, ni los avatares de un mundo empeñado en recrearse sin aclarar en qué sentido.

La mal llamada naturalidad, que siempre en nuestro caso es una forma atrapada y fijada, un resultado, se presenta en ellos como una mayor indiferencia para con lo inmediatamente eficaz y rentable. Y, aunque suele desconcertarnos que dicen sin demasiadas precauciones y miramientos, no deja de ser atractivo ese lenguaje sin los filtros de lo conveniente. Que sea necesario reconvenirles no impide que sintamos con simpatía la palabra dicha sin ambages. Lo que no significa mero asentimiento. Pero no dejan de sorprendernos.

Que pongan a prueba nuestra salud y nuestra paciencia, que desborden nuestra vitalidad es tan paradójico como el hecho de que la vida que parecen quitarnos nos la dan Y el tiempo supuestamente perdido no lo es de intensidad ni de existencia. Se dirá que se trata de toda una teoría del consuelo, una forma de sobrellevarla, pero no más que nuestras grandilocuentes lucubraciones o teorías para soportar los avatares de cada día. No es que seamos siempre y sólo niños, es que cada cual, a nuestro modo, no dejamos de serlo nunca del todo. Ello no impide que encontremos enormes dificultades para comprenderles. Y en gran medida se trata de no confundir el hacerlo con dejar de buscar incidir en su mejor crecimiento en todos los sentidos.

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