El salto del ángel

A escena

Por: | 13 de julio de 2012

Pep duran sin escenario
Es tiempo de presentarse. Siempre lo es. De manifestar lo que cada quien piensa y considera. Es tiempo de decir. Siempre lo es. Hay muchas formas de presentarse en público. Una de ellas,  muy propia de la comedia latina, es irrumpir al escenario enmascarado (larvatus prodeo). Ello no significa necesariamente oculto, sino que se trata de otra forma de hacerse presente que no conviene desatender. El propio Michel Foucault, en conversación con Christian Delacampagne, solicitó en 1980 que la entrevista para Le Monde fuera anónima y que se borraran los indicios que posibilitan una identificación. Con ello pretendía “denunciar un protagonismo excesivo de las figuras frente a las ideas, devaluadas por los medios de comunicación”. Su afán era asimismo “denunciar la desconsideración por el pensar en unos medios que rebatían más a quien hablaba que lo que decía”. El secreto se desveló sólo tras su muerte y mientras tanto se sintió escuchado en las sobras de su anonimato. “Jamás se me hará creer que un libro es malo porque apareció su autor en televisión. Pero nunca, tampoco, que es bueno por esa sola razón”. El asunto tiene demasiadas aristas como para pretender aquí algo más que una sugerencia, pero esa entrevista se tituló precisamente así: “El filósofo enmascarado”.

Lo curioso es que lo que se nos está proponiendo con ello es toda una modificación de la mirada, que se produce no mediante la ocultación sino a través de la presencia sin afán de otro protagonismo que la acción de la escena. Esa mirada no se limita a la apariencia de un permanente vaivén y no se agota en deslindar o delimitar lo real de la ilusión o la verdad de la mentira. Diagnosticar el presente requiere casi hacer aparecer lo que siendo cercano está tan inmediatamente, tan íntimamente, ligado a nosotros que, precisamente por eso no lo vemos. Y no es fácil. No se trata de decir verdades proféticas con relación al futuro. La labor es otra, es la de saber, la de hacer saber, la de reconocer que no sabemos lo que creemos saber, que malentendemos lo que sucede y nos sucede, que no sabemos cuáles son los efectos de ese saber. Y hemos de ir a por ello.

Pep duran suite de Marburg 7M. Watanabe habla con Foucault en otra entrevista, bajo el rótulo “La escena en la filosofía”. Eso nos recuerda lo que precisamente nos trae la palabra “teatro”, una manera de ver y una manera de ser que se interesa por el acontecimiento: “¿Quiénes somos?”, “¿Qué es lo que ocurre?”. El teatro capta el acontecimiento y lo pone en escena: lo da a ver y procura otro mirar.

Parecería por lo dicho que la realidad es consistente, que lo que sucede es evidente y que simplemente la desviación se produciría como un efecto de la mirada. Pero la modificación propuesta no es ni un engaño ni un desvarío. No es sólo que hayamos de ver el mundo de tal o cual manera, es que el mundo es ya una determinada visión, una interpretación, una articulación que resultan de un modo de ver y de hacer.

No deja de ser sugerente que Descartes, padre de la modernidad, de nuestra modernidad, retratado por Weenix en 1647, encontrara adecuado mostrarse sobre un rótulo que dice: “Mundus est fabula”. Efectivamente el mundo es lo que la palabra del hombre lo hace ser, la palabra que es más que lo hablado. Parlare es fabulare: un mismo sentido las vincula. El mundo es tal como la palabra lo exhibe. Por eso es tan decisivo lo que decimos, lo que fabulamos.

F_Pep_Duran,_Suite_de_Marburg_n__3,_2007Convocados a la escena, dejando de lado las bambalinas, ya no se trata sólo de representar la realidad, sino de hacerla ser, y de hacerla ser de un modo determinado. Pero el mundo no es sólo representación, el mundo es también voluntad. Y el hecho de que salgamos o no al escenario, y quién lo haga, y cómo y cuándo, son determinantes para que se digan esas palabras que hacen mundo. No es cuestión de querer atribuirse protagonismos, ni de reducir la acción a los personajes, sino de que se presente y se manifieste claramente la posición, la decisión. Preguntado Magritte por qué es lo que significaban sus retratos en los que alguien parecía ocultarse tras una manzana, insistió en que ese era su verdadero rostro. Bajo la superficie del lienzo no hay nada. Resulta paradójico si recordamos que Foucault afirmaba escribir “para perder el rostro”, que es tanto como para señalar que no lo hacía simplemente con el fin de ratificar o de confirmar lo que ya era o pensaba.

Por eso, tal vez en la necesaria tarea de ponernos en escena, hoy tan imprescindible, no se trata de hacerlo para ocupar el espacio, para arrogantemente presentarse a uno mismo, sino para procurar con nuestra palabra, que es gesto, rostro y acción, un cambio de mirada, y un cambio radical en este mundo, sin duda necesitado de transformación. Ponernos en escena es correr el riesgo necesario de que se acaba el protagonismo de lo que presumimos poder ser para pasar a ser uno con los demás. No es simplemente aparecer para asemejar ser un personaje, se trata de serlo de verdad, es decir un miembro más, constitutivo de la acción. Interpretar nuestro papel de ciudadanos exige que cada quién a su modo, no pocas veces muy discretamente, irrumpa en escena.

En última instancia, hemos de evitar que nos suceda con este telón que nos separa de la más cruda realidad lo que Hegel insiste que ocurre con el que vela lo interior, que "se muestra que detrás de eso llamado telón, que debía tapar lo interior, no hay nada que ver, si nosotros mismos no pasamos ahí detrás, tanto para que haya visión como para que ahí detrás haya algo que pueda ser visto." Pero esto no se produce sin más inmediatamente, sino que "es sólo el resultado de un circunstanciado movimiento". Efectivamente, ese saber exige hacer el movimiento. Por tanto, "a escena".

(Imágenes: Collages de Pep Durán, de la serie Sin escenarios)

Hay 7 Comentarios

Quizás lo que ella quiso decir con ¡que se j...! fue: Make love (not war)! Si crea tendencia es posible que en unos años todos nos felicitemos las fiestas con un sincero ¡que se j....!, pero hasta entonces -hay que dar tiempo a los nuevos usos del lenguaje- queda feo. Con las fotos igual.

Magritte dotó al surrealismo de una carga conceptual basada en el juego de imágenes ambiguas y su significado denotado a través de palabras poniendo en cuestión la relación entre un objeto pintado y el real.
EL PP, ANDREA FABRA Y SUS DISCULPAS: Podrían verse las explicaciones a posteriori de la escena de los aplausos y el exabrupto de la señora Fabra como la fusión tramposa de dos cuadros de Magritte La perfidia de las imágenes y las vacaciones de Hegel. Yo no creo que estemos ante una paradoja si no que mienten. Pero otros podrían pensar que están ante la paradoja de Epimenides o del mentiroso. Del mismo modo que en el cuadro titulado la perfidia de las imágenes debajo de un objeto que claramente es una pipa esta escrito en francés: esto no es una pipa Y es que cuando las palabras y las imágenes hacen referencia a si mismas aparece el potencial para lo que Magritte denomino “traición” de esta forma surgen las paradojas y las contradicciones. Pretenden hacernos creer que aquella escena de los aplausos debería llevar debajo algo escrito ¨No, nos alegramos de los recortes. Apoyamos a nuestro líder¨ Y es aquí cuando podríamos encontrarnos supuestamente con el otro cuadro: las vacaciones de Hegel. Pero no hay tal pues o bien no hay vaso o no hay paraguas, a si que, no se cumple la contradicción entre un objeto que repele y otro que recibe el agua. Cuando aplaudieron y gritó ¡que se jodan! No hay lugar a la contradicción. Porqué el parlamento sobre todo cuando se televisan los plenos esta dirigido al publico, televidentes, radioyentes y no a los diputados Saben que los únicos que actúan ante ellos (los diputados) son los corifeos (los jefes de grupo) que son los que determinan lo que hay que votar. Y por otra parte no resulta creíble la adhesión al líder cuando todo los fines de semana hay algún acto de partido. Y además hasta ahora las comparecencias del señor Rajoy han sido en lugares partidarios donde se ha podido demostrar adhesión. Por tanto, ni Hegel esta de vacaciones, ni en la pérfida escena de los aplausos hay nada escrito debajo.

Parece que el verano hace que todo se pare pero no... este tiempo también es de mucho decir y de salir a escena porque no se paran las decisiones que a todos nos afectan y tanto nos cambian las vidas....
Efectivamente durante los próximos días hay mucho que decir y hacer y a muchos escenarios a los que salir, cada cual según su responsabilidad y cada uno según su capacidad...

Darse en escena es un valiente reto. Que equivale a haber pasado por un proceso largo de apredizaje. Para poner una obra en acción hay que ensayar más de lo debido y sobre todo disfrutar en los ensayos. No cosiste en la llegada del estreno que también pero no tanto. El camino para llegar a actuar ante el público es el conveniente. Estar en casa. Si se aprende medianamente bien el papel a desempeñar, el artista se sentirá comodo en el escenario.
Cuando se abre el telon el actor hace su personaje, ya es otro interprete y percibe al espectador. Si el actor esta comodo transmite al público y si se equivoca puede improvisar porque él no se dara cuenta de que falta o sobra del guion. Entonces es fundamental el camino del ensayo para ponerse en escena y no equivocarse

La anécdota de "El filósofo enmascarado" tiene sentido pero, una idea expresada por alguien que no es fiel a ella parece menos auténtica que si su autor es alguien ejemplar. No sé si esto es coherente, si la idea debería ser aceptada o no por sí misma, independientemente de quien la emita, o si por el contrario, la coherencia de su autor con dicha idea la hace más cierta. No lo sé, pero una idea emitida por una persona incoherente a mí me recuerda a un cuadro de Escher.

Creo que mi inmediato vecino en este escenario da en el clavo. Y eso sin pensar ostensiblemente en el hegeliano fin de la historia.
Antes que el comprador del aforo completo de la sala, "los mercados", riera solitario, hace unos treinta años, el escritor alemán Heinrich Böll, entrevistado por otro Heinrrich, periodista, Vormweg, se asomaba al escenario explicando:
" Los políticos no dominan nada, y una contradicción de este calibre -Recuerdo todavía los debates de los años cincuenta, cuando intentaban hacernos creer que no podría haber más crisis económicas porque todo podía ser dirigido, manipulado- destruye toda la confianza. Además de esto hemos abandonado (y digo hemos deliberadamente para incluirme a mi también) la juventud al mercado, por decirlo de manera rotunda. (............................) Y se trata de una industria imponente, y los hemos dejado indefensos en sus manos. En el fondo los hemos vendido."
No resultará dificil, para quien lo intente con ganas y regular conocimiento, transitar en esta vía, en este foro de valores de mercado, desde aquel mercado referido por Böll, a nuestros mercados financieros, aquellos que ocupan la sala del aforo vendido.
Fin de la historia. Volvamos a Hegel. Hay que tomar los valores de derribo, todos nuestros escombros, y ver qué se puede hacer con ellos y el futuro sin historia.
Tomará un tiempo.

De acuerdo. Se levanta el telón y ¿qué vemos en el escenario?. Una muchedumbre gigantesca de protagonistas. Somos todos nosotros. Es la sociedad civil en pleno. El escenario es enorme para dar cabida a esas gentes que están disconformes con la manera actual de hacer política, con tantos desmanes y abusos.

El director de la obra quiere que griten todos a la vez, que escupan sus quejas, pero también que pasen a la acción. Las entradas están agotadas y han puesto el cartel de no hay localidades a la venta. Las ha comprado una sola persona: le llaman los mercados. Está sentado en el centro del patio de butacas y se ríe, se ríe mucho.
Parece estar disfrutando de lo lindo de la obra. Su obra.

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Sobre el blog

El salto del ángel es un espacio de reflexión, de pensamiento sobre la dimensión social y política de los asuntos públicos, sobre la educación, la Universidad, la formación y la empleabilidad. Busca analizar los procesos de democratización, de internacionalización y de modernización como tarea permanente, con una actitud de convicción y de compromiso.

Sobre el autor

Angel Gabilondo

Ángel Gabilondo Pujol es Catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue Rector. Tras ser Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, ha sido Ministro de Educación.

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