No deja de resultar curioso y significativo que en tiempos personal o socialmente complicados, se produzca una cierta reactivación de la necesidad de cuidar el cuerpo. O de abandonarse. Algunos males nos conducen a tratar de aferrarnos a él para asegurarnos cierta salud. No se desprende de ello que precisamente hacerlo con regularidad deje de ser una muestra evidente del cuidado de uno mismo. Pero puestos a organizarnos el tiempo y la vida, puestos a cambiarla con la voluntad de mejorarla, con frecuencia nos planteamos planes que inciden directamente en nuestro cuerpo. Ejercicios, gimnasios, piscinas, dietas, playas, montañas y caminos despliegan un auténtico concierto para procurarnos las condiciones a fin de lograr que nos reconciliemos con él. Podría pensarse que es superficial dedicarse a tareas supuestamente de tan poco alcance, pero conviene no precipitarse en las valoraciones.
Hemos oido con frecuencia citar que, a decir de Platón, “el cuerpo es la cárcel del alma”, mientras a la par proliferan los discursos en los que, de una u otra manera, no cesa de entronizarse, como única garantía a la que asirse, en la que sujetarse. Pero cárcel (frourá) no es sólo prisión, es sobre todo vigilancia vigilada, es el servicio de guardia, la que montan los efebos en las fronteras del territorio de la ciudad, bajo la supervisión de los magistrados, una vigilancia sin huída. De ahí que más bien habríamos de decir que el cuerpo vela con tanto celo por el alma, con tanto mimo y cuidado, como se observa atentamente el latir de un hijo, su respirar. Hasta el punto de que los cuidados del cuerpo son un modo de velar por el alma.
Desde luego, tampoco se trata de proyectar nuestra representación del alma, tan mediada ya por otras influencias, sobre lo que el griego pensaba al respecto. Con él hablamos más bien de la corporeidad de sus movimientos, que muestra ese esfuerzo de reunión, de recogerse en sí misma desde todos los puntos del cuerpo, como señala en el Fedón. Aludimos entonces a esa tarea de concentrarse.
Así que, antes de lanzarnos a una descalificación de quienes cuidan con esmero su cuerpo, y sin necesidad de refugiarnos en los excesos y en los extremos de esta tarea, hemos de reconocer que su desconsideración no deja de ser un síntoma de la desatención con uno mismo, de abandono. Hasta el extremo de poder esgrimirse cierta indolencia al respecto como un modo de contestación ante el imperio dominante y la entronización de las exageraciones de ese cuidado.
Pero el cuerpo es a su vez cuerpo de enfermedad y de soledad, de urgencias y de prisas, y en él se inscriben dolores que no brotan de uno mismo. Todos somos conminados, no por una estilización de la existencia, un estilo singular de vida, sino por una estetización de la misma, que a veces poco tiene que ver con la buena estética, la que convive con la ética. Extraviado el concepto de belleza quedaría reducido al aspecto que uno tiene.
Parecería entonces como si hubiéramos de procurarnos un cuerpo. Su proximidad no pocas veces se habita como una distancia, como si nos hubiera brotado un cuerpo inhóspito. Incluso como una compañía, pero ¿de quién? Perdidos en nuestro propio cuerpo, se hace precisa toda una tarea de incorporación, de ir ganando un cuerpo apropiado. Ello no hace sino constatar que el cuerpo siempre está como yéndose, es un itinerario con aires de alguna despedida. De ahí que ciertos placeres, ciertos dolores y ciertos amores en los que uno puede llegar a ganarse y a perderse nos muestran la capacidad de afectar y de vernos afectados. Se confirma de este modo una vez más la posibilidad de hacer la experiencia del cuerpo herido, agredido y vulnerable.
Además conviene no dar demasiado por supuesto dónde concluyen los límites del propio cuerpo. Ni lo que incide en él. Hay asimismo un cuerpo social y una solidaridad con la salud del otro, que no nos es tan ajena. También ha de cuidarse y también nos duele. Y tampoco ha de desconsiderarse. La buena amistad y la comunicación, y la adecuada relación mejoran a su vez nuestro cuerpo y son alegría y gozo de vivir. Pero no cabe ignorar que el cuerpo ofrece su dicha, tan nuestra, y que en su cuidado velamos por cuanto nos es más propio. Es deseo y es placer. En este sentido, hay en el cuerpo algo que no se agota en su visibilidad. Ese cuerpo nuestro y sin embargo siempre por venir, que nos vamos labrando, mientras a la par uno se despide de él, no cesa de resultarnos enigmático. Analizado, observado, estudiado, clasificado, desplegado, puesto en evidencia, no deja de ser inaprensible, irreductible a una posesión.
Ya no somos quienes éramos. Ni hemos dejado de ser quienes fuimos. Ni una sola célula nos ha acompañado siempre y sin embargo no cesamos de ser incluso aquello hacia lo que vamos, de ser quienes consistimos en esa experiencia y en ese peligro. El de aprender a lograr que nuestro cuerpo se diga y diga, se exprese y exprese, cree y se recree.
Sin embargo, parecería que no hemos visto en verdad a alguien hasta que le hemos oído hablar. O mejor, decirse. A su modo. Su palabra es asimismo parte integrante y constitutiva de su permanente proceso de incorporación. De ahí que el Gymnasium no se limitara a ser un espacio para el ejercicio físico, o mejor, que no se entregara a una lectura reduccionista del cuerpo. La conversación, la meditación, la lectura, el estudio, la reflexión, no menos que el paseo, la natación, la higiene o la adecuada alimentación, labraban una corporalidad hasta hacerla singular cuerpo irrepetible, cultivado, culto.
Ser artesano y artífice del propio cuerpo conlleva unos cuidados que en estos difíciles tiempos conviene no ignorar. Compartir los espacios de esta incorporación hace de la educación la tarea asimismo del buen cuidado del cuerpo. Que es más que un mero despliegue más o menos atlético de ejercitaciones físicas. La cultura no es simple culturismo.
(Imágenes: Chadwick Gray & Laura Spector, Body Painting, Museum Anatomy)
Hay 15 Comentarios
Si habitamos dentro de nuestro cuerpo, como si fuera nuestra casa, entonces debería estar, al menos, limpio y ordenado, a nuestro gusto, que no tiene por qué ser el mismo gusto de los demás.
Cultivar el propio cuerpo sólo para otros, sea éste de tamaño grande, pequeño o mediano, resultaría un tanto estúpido, pero lo hacemos a menudo, desde los pies a la cara, diciéndose de ésta que es, nada más y nada menos, que el espejo del alma.
Otros espejos nos miran y nos hablan del supuesto deterioro del cuerpo que vamos asumiendo, cada mañana, con el paso de los años.
En estos tiempos que corren algunos se miran y quedan sorprendidos de tener aún la misma cara (dura).
Publicado por: Ktaplines | 23/07/2012 14:45:10
Quizás tenga algo de razón cuando dice que no es fácil cultivar el cuerpo. El mundo que nos rodea no es precisamente un lugar donde se pueda habitar dignamente. La cárcel del alma encerrada en el cuerpo impulsa a salir hacia otras instancias donde ser percibido, escuchado y dar lo mejor de si, siendo lo que es, impulsando el actual sentido de vida. Estimar sin miramientos la imposición, dominación de lo que es correcto no es una conducta del cuerpo que evalúa, reflexiona, acaricia un decir que es comprensión y entendimiento de lo que le falta. Lo justo es leer lo que no se conforma con lo dado.
Vivir dignamente ofreciendo afecto y sentimientos compartidos es lo que pretende el alma al despegar de su cuerpo. Sentirse digno de ser él en su ámbito. A veces nos faltan las palabras para pronunciarnos. Decir lo que siente y pretende transmitir. Que suele ser todo y nada. Pero el intento tiene que desplegar. Suele ser un propósito que adviene la palabra. Y no estamos solos. La palabra se comparte en un aire común ¿Llegaran ellas a su destino? ¿Sentirá su decir a tocar la soledad compartida? Ocurre que hablar es transmitir sentimientos profundos que alcancen al alma adecuado para compartir. Estas ideas deben de ser ajustadas para concebirlas. No existe clase social ni esclavos de nadie. Comprendiendo y practicando la palabra para ser digna, que acaricie, envuelva y deje decir que el decir teja. Se puede hacer de otros modos. Algo sucede. Y despliega el modo de decir la palabra ajustadamente. Es su llegada. Recibir así es traer la palabra a prestarse voz. Cada uno tiene un ritmo y el estar con alguien es ofrecer su acompañamiento. Una forma de percibir diferente. La complicidad se abre paso y se comparte de verdad las palabras, despliegan el hablar y pensar. Discurso que da razón de las cosas.
Encontramos así algo común, el abrigo de los otros. Aquellos de los que enseñaron a oír las primeras palabras en un determinado espacio releyendo a Hegel. Se aprendía a no avasallar y cumplir con lo que se decía y sentía. Comprobar la palabra dicha sería un objetivo. A veces los sentimientos del decir no encuentran la verdad. Es atreverse a dejar decir para que las palabras fluyan. Decir que el cuerpo encarcelado no es aconsejable, es decir que el alma no vive en él sino se libera. Hay modos y estos pueden ser un encuentro entre un aire común, el de la amistad de compartir aliento, alianzas o sensaciones sobre la vida del alma. No se puede sentir más allá de la naturaleza, todo es oscuro y no ofrece equilibrio ni conocimiento, ni razón ni logos. La fenomenología no ofrece concreción. El intento de perseguirlo es acabar bien. Se lo que creas debes ser pero las amenazas siempre han sido un estilo aunque hay muchos y el más apropiado es el que caracteriza tu ser. En el existe lo caballeroso y verdadero. Para que el alma funcione hemos de procurar decir, escribir y hablar con los demás. Crear un aire común respirable, compartido y solidario, exige un ritmo armonioso. Encamina la vida de los seres humanos hacia un nuevo modo de vivir.
Publicado por: Lidia Martín | 23/07/2012 11:14:46
"Nada se parece tanto al orgullo como el desánimo", me parece que dijo un desmayado profesor suizo, Jean-no sé- qué- Amiel. Un tipo gris que en tiempos fue famoso por un diario íntimo un poco escandaloso. Porque él, de sexo, nada de nada.
Publicado por: carlos | 23/07/2012 1:17:03
Es necesario cultivar el cuerpo y cuestionarse si la actividad requerida es la adecuada. Se habla de alma e infinito, temas complejos y extensos que cada uno valorara en función de lo que vemos, oímos, sentimos y leemos. Pero ¿Cuál es el límite que los define? Será quizás sentir lo que la naturaleza ofrece o la espera de una palabra que nos alcance. El orden de todo compone el universo, indefinible dada su magnitud, como la fuerza o actividad natural, contrapuesta a lo sobre natural y milagroso. Su alcance puede ser enigmático pues no garantiza el entimema del que se desprende la práctica necesaria basada en la verisimilitud. Las cosas pueden ser de otro modo el sentimiento, modo, la emoción, la pasión, la incertidumbre o la aventura en nuestro modo de lectura a alguien para alguien, que por su cercanía personal, afectiva ofrece incluso más de lo leído. Estamos cerca juntos sentimos la inspiración de la palabra que nos convoca, desafía, acompaña para encontrarnos y acompañarnos. Y no es igual contar un relato una narración desde el orden de una fuerza natural en el que las reflexiones nos desplazan de la mala fijación, la de una claudicación o resignación.
Publicado por: Lidia Martín | 21/07/2012 19:07:03
Pues el otro día me ocurió esto en mi trabajo. Como a la hora de haber tomado mi almuerzo, comencé a sentir que mi cuerpo estaba algo amodorrado y somnoliento, pero me encontraba, sin embargo, muy alerta y con deseos de trabajar. Noté que no podía avanzar al ritmo que quería porque, pese a que me encontraba muy consciente y motivado, mi cuerpo estaba aletargado y como pidiéndome una siesta. Había bajado las revoluciones. Entonces intuí algo de la famosa dicotomía entre cuerpo y alma. Mi alma (mente) estaba lista para seguir trabajando pero mi cuerpo no me acompañaba. Y me sentí cautivo de mi cuerpo, en mi cuerpo, por mi cuerpo. Soma y psique andaban cada uno por su lado; darme cuenta de ello me sumió en un malhumor desesperanzado. Solo me consoló pensar en la vieja tradición platónica según el cual el alma, independiente de su soporte material que es el cuerpo, es inmortal. Muchas veces he sentido que entre mi Yo y mi cuerpo hay apenas relación. ¿Quién soy yo, me pregunto, al mirarme en el espejo, pues no me reconozco en esa imagen que el espejo me devuelve. O, más bien, me cuesta concebir que la enormidad inefable de mi ser consciente se vea reducida a los límites de mi piel. Yo soy más que mi cuerpo. ¿Puede mi cuerpo abarcar a ese ser infinito que soy yo?
Publicado por: Hortensio | 21/07/2012 3:03:54
El cuerpo por un lado; el Yo por el otro. Uhmm. La sombra de Platón es alargada; y lo judeo-cristiano parece que tomó el relevo del platonismo; aunque algo "tuneado", claro. ¿La dicotomía cuerpo-alma no será un subproducto platónico engañoso, a falta de escuchar la vida en su conjunto como una orquesta? Toda orquesta tiene su director: el alma; ¿pero por qué diferenciar entre Director y músicos? Uno/a para todo y todo para uno/a. El Director también "es" la orquesta. Me temo que la respuesta, sí o no, a esta pregunta dice mucho de cómo pensemos…en cuerpo y alma.
El propio Descartes veía el alma localizada en todo el cuerpo y en ninguna parte de él. El invento de la glándula pineal, o punto de soldadura alma cuerpo, tal vez fuera sólo un ocurrencia pintoresca. En este punto me quedaría, con precauciones, con los vitalistas: Nietzsche y compañía. Cuerpo y mente, mente y cuerpo, ¡esas pulsiones musicales!; tanto monta, son todo uno.
La ciencia lo reafirma: lo psicosomático es una unidad, con todas las precauciones que haya que tomar respecto a la ciencia en cuestiones fronterizas entre la Física y la Metafísica. No obstante, lo de "mens sana in corpore sano" deberíamos tomarlo más en serio que los propios clásicos. Un ejemplo prosaico, un poco extremo: ¿por qué en ciertas unidades que tienen que estar psicológicamente preparadas para la acción inesperada no paran de hacer ejercicio físico? Tras un esfuerzo físico (según las circunstancias cada cual), la mente se encuentra más segura. No es ningún vicio el cuidar el cuerpo, más allá del colesterol .Bueno, me temo que hoy no hice ejercicio y por eso estoy algo pastoso. Otro día será. Gabilondo, magnífico y profundo como siempre; de cualquier astilla hace fuego.
Publicado por: Nomada Dig Y Tal | 21/07/2012 0:48:45
El cuerpo es muy dictador y hay que domarlo para que no te aprisione. Hacer ejercicio a diario es fundamental y alguien dijo..."Somos lo que comemos"... pero... con estos calores como no sea echándolo al agua fresca no hay quien lo maneje.... Gracias por su reflexión profesor. Ah! Bonitas imágenes
Publicado por: Leichegu | 20/07/2012 21:38:07
"Como en nuestra maquinaria todo está conectado, los dedos no pueden soltarse si el pecho no está también distendido; la flexibilidad, como la rigidez, lo invade todo; en un cuerpo bien gobernado no hay lugar para el miedo[....] Olvidamos a menudo que no es la mente quien nos libera de las pasiones, sino la acción"
Publicado por: Alain | 20/07/2012 19:47:42
Una visión tomista del cuerpo me parece ver en su artículo, sr. Gabilondo.
Publicado por: Juan Ignacio | 20/07/2012 19:28:46
"Ser artesano y artífice del propio cuerpo conlleva unos cuidados que en estos difíciles tiempos conviene no ignorar." Esto lleva a esto otro no menos importante con el que este escrito de hoy apenas cuenta: "Pero el cuerpo está también directamente inmerso en un campo político; las relaciones de poder operan sobre él una presa inmediata; lo cercan, lo marcan, lo doman, lo someten a suplicio, lo fuerzan a unos trabajos, lo obligan a unas ceremonias, exigen de él unos signos".(Foucault).Si usteden se quedan con lo de que "exigen de él unos signos" comprenderán que es una cosa que no cabe que ignoremos cuando es lo que más nos toca y al mismo tiempo desconocemos , y que si para eso hace falta ir al Gymnasium aunque en principio no sepamos bien para qué, conviene recordar que a los esclavos no se les miraba los dientes como a los caballos para ver su salud sino el trabajo que podían producir así fuera su "constitución".Hoy en día, excluida la esclavitud en nuestra "sana" sociedad, el Gobierno mismo, da un suplemento a los empresarios que contraten a gente con minusvalía leve.Esos lesionados en 20% o 30%.Cosa que puede parecerle muy bien a las cabezas new age, sobre todo a cierto tipo de socialismo, no quitando ello que siga siendo tan discriminatorio y delator como el cuerpo del antiguo esclavo.Bien sabía Foucault que el cuerpo crea peligro, eso de lo que otras veces Gabilondo también nos ha hablado y que es la creación de espacios que el cuerpo a cuenta de su riesgo fomenta.Foucault estuvo toda su vida preocupado sobre el tema.Es más, para entender "el cuidado de sí" hay que atender a lo que dice del cuerpo, sobre todo a lo que dicen los cuerpos( en plural).Donde quiera que miraba veía cuerpos.Un cuerpo es lo más equívoco de nuestra existencia, hermano vulnerable y a la vez de espanto, sustancia sin amo ( como recuerda la cita que el comentarista Zenon de pelea trae de Spinoza, no saberlo( lo que el cuerpo puede) es no darlo por sabido, esto es, lo más inmanente del ser).El cuerpo es lo primero que nos educa, y no al revés, aquello que nosotros deberíamos educar, forzar, mutilar, en definitiva, exigir de él "unos signos", unos resultados claros que no nos fuercen a tamparlo( piense usted en las culturas donde se impone un tapado integral).Lo que sea aceptable de él.Por eso abandonar el cuerpo es una manera más de exigirle que dé unos signos, unos resultados( ahí tienen ustedes el hedonismo rampante).Como al ir al gimnasio: lo primero que tendría que hacer uno cuando va al gimnasio es preguntarse, ¿por qué voy al gimnasio o por qué mando yo a este cuerpo a que me dé unos resultados?, en resumidas cuenta lo más fundamental sería preguntarse: ¿de quién es este cuerpo que yo mando al gimnasio?
Publicado por: Rantamplán Malaspina | 20/07/2012 17:08:47
"...Extraviado el concepto de belleza... ", ¿Se ha perdido un acertado concepto, una idea clara de lo que es Estética, en la actualidad?. Gracias profesor.
Publicado por: Sirius | 20/07/2012 16:08:24
"...Extraviado el concepto de belleza... ", ¿Se ha perdido un acertado concepto, una idea clara de lo que es Estética, en la actualidad?. Gracias profesor.
Publicado por: Sirius | 20/07/2012 16:08:22
Se puede intentar adivinar cómo es un alma analizando un cuerpo. Hay cuerpos esponjosos, mullidos, acogedores como sofás, otros fibrosos, atléticos, que parecen ocultar algún tipo de mecanismo bajo la piel, sea ésta áspera o cremosa. Hay cuerpos que parecen perfectamente coordinados con el alma, y otros que parecen ir arrastrándose tras ésta, cuerpos que cuelgan de la mente de su dueño. Hay cuerpos que responden instantáneamente a las órdenes del cerebro y cuerpos perezosos que retrasan realizar cualquier movimiento si no es absolutamente necesario. Cuerpos en los que uno se reconoce y cuerpos que resultan ajenos, extraños, como si lo tuviéramos de prestado mientras terminan de arreglar el nuestro.
Publicado por: Pulse y Espere | 20/07/2012 15:36:53
Quién sabe lo que puede un cuerpo, que decía Spinoza: no puede saberse sin ese cultivo integral.
Este texto nos deja buen cuerpo...
http://enjuaguesdesofia.blogspot.com
Publicado por: zenon de pelea | 20/07/2012 12:43:46
Qué maravillosa lectura griega del cuerpo. Debería sernos plenamente contemporánea.
Un placer (también para el cuerpo) leerte, Ángel Gabilondo.
Publicado por: afc | 20/07/2012 10:51:23