El salto del ángel

Seleccionar

Por: | 24 de agosto de 2012

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Vivimos rodeados, sobrecogidos por la proliferación de palabras, de mensajes, de noticias, que nos desbordan y que en no pocas ocasiones parecen más acecharnos que convocarnos o requerirnos, o que tratan de influirnos, de afectarnos, de llegarnos. Y lo más curioso es que es dificil sustraerse a la impresión de que nos faltan. Y es así. Porque no basta con que existan. Es más, en rigor sólo son tales si los hacemos nuestros. Pero no es fácil elegirlos antes de conocerlos, ni conocerlos lo suficiente como para saber que estamos eligiendo adecuadamente, o al menos lo que preferiríamos. Tampoco es cuestión de pretender establecer una comparación entre todas las posibilidades para quedarnos con la que nos resulte mejor. O bien decidimos antes de conocer, pretendiendo así poder saber, o bien optamos un tanto a ciegas esperando que la cosa nos venga dada, o bien buscamos abarcar lo máximo, esto es del menor modo posible, para tener una mínima idea, antes de ponernos en la cuestión. En definitiva, no parece haber manera de hacerlo si se trata de escoger con un criterio asentado o cuestionable.

Podemos asesorarnos, dejarnos ganar por juicios sensatos, inducir por los precedentes, por la información de que disponemos, por nuestra experiencia, por los indicios, por nuestra intuición o por nuestras preferencias. Pero eso es ya en cierto modo un leer antes de leer, un prever, una anticipación que forma parte del hecho mismo de la elección, una preselección, que también es una selección, no siempre sostenida en un completo y acabado conocimiento. Que seamos decididos, voluntariosos y firmes no significa que no podamos ser influidos. Incluso seducidos. La selección es ya el preludio de la persuasión. La persuasión comporta esta seducción.

Sin embargo, verse permanentemente llamados a dar respuesta no deja de procurarnos la sensación de ser invadidos o asaltados, conminados a aceptar o a rechazar y a tomar posición sobre innumerables asuntos y aspectos, acerca de los cuales por lo visto, y a ser posible en todo caso, hemos de tener criterio. Y si no, al menos, mostrar que estamos dispuestos a hablar sobre ello. Incluso se considera una descortesía no saber, o no conocer bien ciertos detalles de cuanto los demás consideran que forma parte de nuestra órbita. Eso conduce a un desaforado acopio de información, de documentos, de dosieres, de datos, de citas, de argumentos, de textos e de imágenes  que inundan lo que de una u otra forma componen el archivo que trataría de paliar nuestras insuficiencias, sean éstas razonables o no. De vez en cuando nos desprendemos de lo que no parece ser útil o requerido. Es la tarea de limpieza. Previamente ha de pasar por alguna papelera de reciclaje. Pero incluso esa labor comporta una selección. No digamos si se trata de desprenderse definitivamente de algo, ante la posibilidad de que podríamos necesitarlo alguna vez. Seleccionar conlleva el temor del abandono de lo que no ha sido elegido. O el rechazo efectivo de lo que ha sido elegido para ser abandonado. Nunca nos desenvolveremos con esa certeza que parece asegurarnos.

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Tal vez por ello tienen que ver concretamente la lectura, la lección y la selección. Y quizá por eso muy pocas veces se habla de la tragedia de la decisión, no sólo desde la convicción de que elegir es renunciar, sino de que elegir es siempre en gran medida convivir con la equivocación, incluso con el error. Es más, este carácter trágico se sostendría en el hecho de que únicamente tras la elección irrumpe con mayor claridad el alcance de lo certero o de lo insensato del camino emprendido. Y la tragedia lo es aún más si la elcción es inexorable.

Aprender a seleccionar es tanto como aprender a mirar, que por cierto es también un modo de elegir. Como lo es asimismo hablar. Permanentemente estamos optando por la palabra preferida, tratando de que sea la adecuada, la precisa, la justa. Y, al hablar, esa operación no suele dilatarse. No menos perseguimos el afecto requerido y la compañía deseada. Tampoco está claro que la situación mejoraría de contar con más espacio o con más tiempo. Al seleccionar, no sólo nosotros convocamos lo que ha de decirse, también se procede al modo de una cierta escucha. Pero de nuevo eso no se reduce a oír. Una y otra vez, a pesar de ser concernidos por algo, afectados por ello, también vamos escogiendo. No sólo leer es elegir, también elegir es leer. Y vivir, en el mejor de los casos. es poder elegir.

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Podría ocurrir que, dadas las dificultades de la cuestión y de la situación en la que seleccionar nos coloca, sintamos la tentación de refugiarnos en una parcela acotada, en un huerto, en un jardín cuidado y cultivado exclusivamente por nosotros. Ahí trataríamos de protegernos de la posible indigestión provocada por el contaminado sustento que podría procurársenos. Y menos al alcance de las relaciones. Entonces la elección se vería más cernida sobre un ámbito reducido. Del resto, no querríamos ni oír hablar. Así, supuestamente amparados, ocurriría algo peor. Por fin ya habríamos sido constreñidos a un reducto, que es tanto como reducidos. Por evitar seleccionar, habríamos sido seleccionados. Y nuestra posición consistiría en quedar al margen, paradójicamente bien centrados, eso sí en alguna modalidad de marginación. No ha de desconsiderarse esta posibilidad. Pero también en tal caso convendría que fuera una elección. Sin embargo no sería la efectuada por nosotros. Y, de ser así, para evitarlo, al hacerla nos encontraríamos en la misma tesitura, la de seleccionar.

Sólo la adecuada formación, el desarrollo de la libertad de pensamiento, que es también el pensamiento de la libertad, su vivirla y ejercerla, nos preparan para la permanente selección. La que hacemos y la que nos hacen. Y sin esa capacidad de seleccionar, de leer, de aprender a elegir, no eludiremos algún tipo de selección. Esperemos que sea para bien y que no se realice por un darwinismo social, que venga a ser un modo de exclusión.

(Imágenes: Imán Maleki, Dizziness; Studying; y End of Examinations)

Hay 9 Comentarios

La selección, es decir el acto de seleccionar, nos hace volver a nosotros mismos, a reencontrarnos. He seleccionado este blog y estoy contenta por ello. Parafraseando a Showbits, he hecho un acto estético. Un cordial saludo a todos.

Al seleccionar abrimos posibilidades. Y constaran desde diferentes posiciones. Elegimos constantemente para aprender. Aunque algunas posiciones son discutibles. Sobre todo cuando tratan de imponerse como un obstáculo para su realización. La tragedia solo sirve para restablecer patrones nuevos. Y a nadie le gustaría pasar por esos procedimientos de reconocimiento. Aun así decir las verdades bien dichas procuran establecer una acertada lección. La de reconocer que seleccionar a veces incomoda y eso abría que estudiarlo.
Si las preguntas incomodan se podría optar por no plantearlas. Si no se exponen cómo se evolucionaria entonces. Otra cosa seria incomodar y si eso sucede no se hasta que punto debería ser así. Elegir es preferir algo mejor para cada quien para cada uno. Y se ha de recordar que las ideas son ideas si se comparten. Los asuntos se hablan y se exponen de un modo prudente porque todos demandamos afecto.
Seleccionar es poner en ámbito el placer de elegir alguna resolución. Ambas restauran la decisión de las ideas. Y hay muchos métodos para abril el corazón a una decisión quizá la de distinguir la lección. Se conocen las maneras de proceder para un decir veraz. Seria necesario distinguir que para alcanzarla suele emerger en el ámbito de lo aparente para decir algo a lo que no se espera trascender porque “. El poseedor de las riquezas no le hace dichoso el tenerlas, sino el ganarlas, y no el gastarlas como quiera, sino el saberlas gastar”. Miguel de Cervantes Saavedra.

Lo que llamamos razón o razonar consiste en el desarrollo de una conversación, habitualmente con nosotros mismos, en la que se intenta seguir las reglas de la lógica; por ejemplo, cuando algo es verdadero su opuesto es falso, algo no puede ser verdadero y falso al mismo tiempo, etcétera. Es un tipo de pensamiento binario o dual en el que continuamente hay que elegir entre dos opciones, descartando una, hasta llegar a una conclusión.

Lo consideramos el rasgo distintivo de la especie humana y creemos que es lo que nos permite elegir y obrar de un modo inteligente. Pero es bien sabido que muchos de nuestros actos y de las decisiones que tomamos son inmediatos, están determinados por causas desconocidas y responden a motivos más poderosos que los que pueda dictar nuestro intelecto.
http://www.otraspoliticas.com/educacion/educar-para-la-belleza

Seleccionar y buscar... cuando haces eso vives momentos irrepetibles y sientes que eres una afortunada porque has conseguido tener capacidad de elegir ese instante y puedes saborear la vida...

Perfectamente descrito.
Hoy que nos deciden más que nunca, queda esa motivación del sabio Solón de quedarse para ver si por nuestra parte nos decidiremos, y cómo.
La tragedia política no es tanto una elección inexorable como el que cuaje en nosotros una selección única y apisonadora de ideas e interpretaciones que nos la pintan como inexorable quienes se tienen por lo más selecto, precisamente por apoyados en algún tipo de selectivo y excluyente neodarwinismo social. Ruiz-Mateos como paradigma conspicuo: si uno parte de antemano de sentirse sin discusión un elegido de Dios, un preseleccionado de arriba, entonces para qué tener que dar explicaciones mundanas de una estafa si la Justicia las requiere...
Y como metafóricamente trae a colación con mucho tino un comentario anterior, se trata de seleccionar bien qué se come, porque si algo sobra hoy por todas partes es el exceso de grasa saturada -esa saturación que tan bien retrata el comienzo de la entrada.
Aquí un amigo del picoteo, nunca tan selecto como querría, obligado por sus propias deficiencias digestivas.
Un saludo afectuoso como siempre.
http://enjuaguesdesofia.blogspot.com

Terminas haciendo de funambulista entre tus elecciones y aquellas que socialmente "debes" conocer trazando un camino de salida de tu vergel. Luego siempre puedes hacerte otro trasero y electrónico que conecta personas que pasean por los mismos jardines.

Decidir al final es siempre algo estético, decorar tu tiempo y cincelar la búsqueda de un momento o varios.

¡LA solución para lo que quieren un VIENTRE PLANO! http://sn.im/24j16mp

El silencio interior y el ruido en los contenidos que nos informan, nos atolondran a menudo.
El leer nos acerca en silencio a los diferentes puntos de vista de otras personas, emitidos en un tiempo y enlatados entre las hojas de un libro, y ahí quietos y parados nos sirven de referencia para cuando queramos refrescarlos.
Aquella información repentina, era imposible definir a qué olía.
Las noticias sin descanso ni sosiego son otro mundo.
No hay poso.
No descansan, nos atolondran la mente en un desgobierno del razonamiento dejando el ayer en un siglo. Sin dejarnos un respiro para mirarnos al espejo y saber quienes somos en realidad.
Un sin vivir.

Y una vez realizada la selección acabas empotrada frente a lo absurdo: http://t.co/zSc45BhP

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Sobre el blog

El salto del ángel es un espacio de reflexión, de pensamiento sobre la dimensión social y política de los asuntos públicos, sobre la educación, la Universidad, la formación y la empleabilidad. Busca analizar los procesos de democratización, de internacionalización y de modernización como tarea permanente, con una actitud de convicción y de compromiso.

Sobre el autor

Angel Gabilondo

Ángel Gabilondo Pujol es Catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue Rector. Tras ser Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, ha sido Ministro de Educación.

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