Sobre el blog

El salto del ángel es un espacio de reflexión, de pensamiento sobre la dimensión social y política de los asuntos públicos, sobre la educación, la Universidad, la formación y la empleabilidad. Busca analizar los procesos de democratización, de internacionalización y de modernización como tarea permanente, con una actitud de convicción y de compromiso.

Sobre el autor

Angel Gabilondo

Ángel Gabilondo Pujol es Catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue Rector. Tras ser Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, ha sido Ministro de Educación.

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El salto del ángel

A las aulas

Por: | 11 de septiembre de 2012

 

Norman-rockwell
Una gran ocasión, una gran oportunidad, una gran necesidad
: las escuelas, los institutos, las universidades se ofrecen una y otra vez como resultado del trabajo, del esfuerzo y de las conquistas de tantos, durante tantos años, para lograr que sean espacios abiertos, sin exclusiones, para la educación, para el conocimiento. Pero hoy, a pesar de los decisivos logros, la tarea de impulsar su quehacer de inclusión y de saber continúa siendo imprescindible. En ellos, las aulas son un lugar singular y privilegiado de aprender.

Desde luego, no viene al caso entronizar estos espacios con voluntad de que se apropien o de que se arroguen el monopolio del acceso al conocimiento. Con la convicción de que aprender es algo más que adquirirlo, lo que por otra parte no es nada desdeñable, el aula merece otra consideración. Que no siempre sea un ámbito amable y que en no pocas ocasiones requiera y exija incluso más de lo que uno puede o es, no elude la declaración. Esta nueva vía de posibilidades lo es asimismo de dificultades. Pero merece nuestro respeto, nuestra admiración, nuestro reconocimiento y continuamos estimando que ha de velarse y cuidarse, apreciarse y valorarse, como un espacio decisivo para la enseñanza, para la formación, para la educación. También de libertad y de convivencia.

No pocas veces este lugar tan común incuba algunas soledades, o las recibe. Tras la puerta, aguardan tareas y desafíos que pueden hacer dudar. Y en ocasiones parecería que uno está en la tesitura de afrontar una labor que le desborda. A ello ha de añadirse también la soledad que encuentran quienes se ven agrupados en ese espacio, sin duda peculiar, desafiante y privilegiado. Pero también exigente y complejo. Espacio de tiempo vivido, de esfuerzo, de aprendizaje, de evaluación es sobre todo un espacio vivo para la convivencia. Cada quién es singular e irrepetible, precisa una consideración personal y, siendo comunes sus necesidades, ni son idénticas ni se despachan con la homogeneización o uniformización que trata de unificar situaciones diferentes. Tenerlas en cuenta no es ignorar que hay tareas y conocimientos que a todos conciernen. Ni que es preciso generar un terreno compartido y de reconocimiento.

El aula ha de ser primordialmente un espacio de relación, de comunicación, de implicación, de participación, de responsabilidad. Incluso en circunstancias difíciles, a su modo, lo es. Pero es imprescindible que para ello cuente con los recursos precisos. La soledad no pocas veces va acompañada de la indiferencia de los otros. Desde luego, no es nada simple la tarea del buen profesor, o la cercanía y la contagiosa forma de considerar el saber y la vida que ha de procurar. Las materias, también desde su perspectiva, vienen a ser modos de concebir esta vida, de interpretarla y de propiciarla.

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