El salto del ángel

A ratos

Por: | 30 de noviembre de 2012

 

Damián Flores La-Isla
No siempre estamos bien. Y consistimos, en el mejor de los casos, en estarlo a ratos. Salvo que seamos capaces de comprenderlo hasta el extremo de considerar que basta con no encontrarnos mal, radicalmente mal, para que lo veamos como aceptable, como suficiente. De tener razón Hegel en su lectura de Aristóteles, eso nos pasa por no ser Dios. No sé si es suficiente consuelo, pero en el final de la Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas, al reconocer que “la especulación es lo más satisfactorio y mejor”, mientras semejante Dios se encuentra siempre en ello, señala que “nosotros a veces”. Que sea vida y actividad y que esa actividad se dirija a sí mismo es, por lo visto, la clave. No es cuestión ahora de dilucidar estas consideraciones que tan pertinentes resultan para concluir su texto, lo que  nos importa es lo decisivo que es el hecho de que permanentemente el Dios aristotélico goza y de que asimismo permanentemente se engendra Y nosotros, por lo dicho, a ratos. De ser así, tendremos que acostumbrarnos.

Para muchos, no es sin embargo imprescindible detenerse en estos textos y hacer referencias de tanto empaque para constatar que la vida no es goce permanente y que no asumirlo suele conducir más bien a la percepción de que no lo es en modo alguno. Gozar es comprender que no cabe residir en esa dicha. Lo doloroso es que ni siquiera a veces se produzca, lo que supondría que nunca ni nos sabríamos ni nos saborearíamos en la tarea de ir siendo lo que somos. Ni nos generaríamos ni nos engendraríamos cotidianamente, en modo alguno, ni habría propiamente movimiento y actividad en nuestro existir, sólo pasiva reincidencia. Pero buscarlo ocasionalmente es tanto como garantizar que no lo tendremos en absoluto.  En caso de tratar con insistencia de procurárnoslo, podría producirse a veces. De buscarse siempre, podría ocurrir a ratos, de buscarse a ratos, podría no ocurrir nunca. No es un propósito, es una forma de vivir.

Para nosotros los mortales, que consistimos en vérnoslas en vicisitudes, los avatares de la vida nos muestran que los pasos, los sorbos, las veces, son tragos y tienen en cada ocasión sus propias alternativas. Las circunstancias cambiantes, las coyunturas, son tan determinantes que resulta insensato dar por definitivo un estado de satisfacción. Pero ello no le resta ni energía, ni fuerza, ni verdad, al instante, ni a los momentos en los que parecemos coincidir con nosotros mismos y que por ser infrecuentes no por ello carecen de intensidad Al contrario.

Damian Flores cinebarcelo 2008

Pero reconocer que se trata de ratos habla de su carácter temporal y especialmente de su brevedad. La frecuencia no evitaría esa misma sensación, la de que son ocasiones que en cualquier caso no han de desatenderse. Que sean una oportunidad para lograr algo, incluso un buen motivo para hacerlo en condiciones tan efímeras como el paso del momento, no les resta ni importancia ni alcance. En cierto sentido, buscamos “espacializar” en el corazón mismo del tiempo esas ocasiones en las que, hasta inesperada y desconcertantemente, sabemos vivir dichosamente. Ni es fácil, ni probable, ni quizá frecuente, pero no resulta insensato, por más que haya buenas razones para no mostrarse del todo satisfecho. Para quienes no saben abrirse –y de sabiduría se trata- esos momentos resultan inquietantes. Ser siempre dichoso resulta un tanto inconsciente e incluso desatento, desconsiderado y, en cierto modo, frívolo. Al menos en las actuales circunstancias, parecería indiferencia. Y ellas no son tan solo coyunturales, que también, sino en buena medida constitutivas.

Los ratos para ser gozosos no precisan ser necesariamente convulsivos ni convulsos, pero sí han de preservar ese aire de vida y de actividad que retorna sobre sí, que recrea y regenera, y que los dos grandes filósofos atribuyen a lo que consideran las más altas instancias de dicha actividad. Pero ese movimiento no comporta una desaforada agitación. Lo buenos ratos no dejan de serlo por resultar apacibles. Al contrario, la calma, la serenidad, el equilibrio y la armonía, que ojalá nos alcancen siquiera ocasionalmente, hacen que nos sintamos con nosotros mismos. Y de este modo, quizás así, a ratos encontramos acomodo en la existencia y aliento para tantos momentos en los que es cuestión de sobrellevarse.

Damian Florescafenegresco 2008

El discurso de la felicidad constante y permanente, que se ofrece como si tal fuera el modo de concebir la vida habitual o naturalmente, sin fisuras, no hace sino inducir a una constante decepción, que incluso acostumbra a culpabilizar a los demás de nuestra propia suerte.

De ello no se deduce lo insustancial de esos momentos supuestamente incidentales, antes bien, se trata de reconocer que los ratos son ocasiones, oportunidades que no hemos de desconsiderar, y tan necesarios como la inspiración de un aire nuevo y fresco, que hace que lo que parece casual, coyuntural, accidental, lateral, venga a tener un protagonismo determinante en el quehacer cotidiano. El relato de los ratos teje asimismo un sustento para las dificultades permanentes en las que se labra la existencia. Por eso son tan decisivos y pueden considerarse un lujo que da sustento y consistencia, que ofrece fuerzas para proseguir.

Desconsiderar los ratos es ignorar que ellos soportan y nutren las tareas. Y no simplemente por resultar quizás agradables, o tal vez diferentes, sino más bien por dislocar y trastornar el tiempo e introducir una discontinuidad imprescindible, no sólo para darse un respiro sino para un buen respirar. También a su modo los ratos reorganizan la escala de valores y nos hacen apreciar otros aspectos y ofrecer otros sentidos que ponen en cuestión la insistencia con la que, no siempre con buenas razones, desfallecemos por perseguir o lograr algo. Su impase sostiene nuestro movimiento y motiva nuestra dedicación. A ratos parecemos vivir como si no fuéramos mortales y sin embargo confirmamos la intensidad de los instantes ratificando lo que somos.

Cabe en lo que sucede a ratos una singular concordia, la de lo que nos sucede a la vez con alguien, una suerte de cordialidad con lo diario. El privilegio de vivir a un tiempo, a la par, confirma que la palabra vez alude a turno, situación, destino, fortuna, estado, puesto y comporta las alternativas, los trances, las tesituras en las que nos encontramos, y supone esa cantidad que se da o se bebe de un golpe. No es una sucesión, es la simultaneidad de lo que dura, como la que se da cuando uno está con vida. Y los ratos forman parte constitutiva y decisiva de nuestra existencia. No son más pasajeros que ella. Ni menos necesarios. Respiran tiempo sereno y a su modo lo aquietan.

Damian Flores HipodromodelaZarzuela 2008

(Ilustraciones: Pinturas de Damián Flores Llanos, Piscinas La Isla, 2005; Cine Barceló, 2008; Café Negresco, 2008; e Hipódromo de la Zarzuela, 2008)

Hay 25 Comentarios

Llegados a este punto que centráis extendiendo diría que habría que hacer una pausa para replantear una pregunta a los acontecimientos que planteáis. ¿Porque la afección interior da cómo causa a otro estado y lo prefiere? Podría decirse que se da una política del oligopolio o en el mito pero verdaderamente que conducirá a un orden de privilegio privado, público y universal en el ámbito del ser ordenado y distribuido en la opinión. El mito no atribuye a una cualidad o excelencia que no se tiene en la realidad de la que se carece. Aunque para captar conocimiento se necesitan de varios elementos que se mezclan para comprenderlo todo. La afección interior da como causa a elegir un estado y preferirlo. Todos los males tienen su origen en la propiedad privada que separa al productor del producto de su trabajo. Dado que el trabajo es la vida genérica del ser humano, la enajenación del trabajo supone la alineación de la vida como propiedad esencial y genérica del ser humano.

Hola Pepe. Hace años que dejé de mirar y, si no fuera por el apoyo de mi familia y mi pareja así es exactamente como me sentiría: como Un E.T.

Aunque para captar pensamiento de la mitología se necesita tener sentido al describir su contenido. Esa información que atraviesa la vista y corrige el celebro da información al sentido que lo origina, al procesarla.
Mirar depende de nuestra retina y del instinto que supervive. Distinguir la forma y distancia es un tacto de 405 ¤ más posiciones que se corrigen en algunas imágenes. Acoge la síntesis de lo dicho y hace una comparación con la clave interpretativa.


Pero entonces de dónde captamos pensamiento.
Captamos ideas desde nuestra antigüedad que albergan proposiciones elocuentes para desplegar. Cierto es que los mitos alejan en su inmensidad al hombre actual de su desplegar en la actualidad. También acoge narraciones maravillosas que nos sitúan fuera de tiempo, bien por su contexto histórico o protagonizado despliegue de personajes que intervienen en el mundo divino o heroico. No muchas veces el origen del mundo son los grandes acontecimientos de la humanidad histórica o ficticia de algún personaje literario o artístico que condensa alguna realidad humana de significación universal. Personajes o cosas que rodean de extraordinaria estima que se atribuye a una cualidad o excelencia que no se tiene en la realidad o de la que se carece.

Las acciones y los efectos mitológicos se pueden convertir en cualquier hecho natural que rodea de extraordinaria estima, determinadas teorías, personajes o sucesos. Claro que para procesar la mitología hay que tener especial conocimiento de ellos porque si no se tendería a desfigurar engrandeciéndola por la realidad de lo que dice. Hay tendencias a mitificar o a admirar exageradamente a personas o cosas. Aunque actualmente toda la mitología parece que ha caído en desuso. Se puede proponer que para captar pensamiento se necesita de varios elementos que se mezclan para componer otro.

El encuentro con el Blog de Angel Gabilondo,me ha causado una gratisima impresión como la que me causó cuando lo vi fisicamente por primera vez en Pontevedra ,en la Semana de Filosofia,hace unos tres años aproximadamente.
Me produce sosiego,relax,motivación de buena inquietud leer tus articulo,Angel.
por aqui andaré
Unha aperta agarimosa

Mientras que ordenar, desajustar, centrar para luego extender es el objetivo del vínculo que asume la espacialidad recibida del acuerdo vigente en el sector industrial. Al atender su eficacia se extiende la premura

A vuestras sugerencias se ha de considerar que el mal del oligopolio en el sector de las ofertas esta constituido por un mal físico y moral. El mal físico se constituye por un mal mayor que no deja desarrollar al menor. Cuando se coordina el colosal moral con lo físico este deja de padecer al mal mayor. Crea moralidad físico recreativa que se expande en los mercados. El mal como privación emergente de la gratitud constituida por la inspiración con perspectiva a una salud, físico- moral. Así no se amenaza a la competencia.
La esencia del ser se desarrolla por el origen que rige o abdica el lenguaje de la existencia de la competencia. Con ello el mal de la privación adjudica la construcción del ser de la perfección que vincula… en el lugar que le corresponde. Mientras que el origen no vuelva a retornar a su principio del que le negaron porque no constituirá al ser de la cosa competente. Así el oligopolio le conduce a un orden de privilegio privado, público y universal en el ámbito de ser ordenado y distribuido en la opinión amenazante.
Para distinguir el lenguaje de la existencia que lo vincula, acorde con la dignidad imperante el ser ha de reconocer su vínculo afable y conquistador por autonomasia que le distingue. Ha de tener coherencia y existencia en la medida que se precede. Acumular su naturaleza inviable intrasferible e inagotada en la existencia común desajusta la intencionalidad de los influyentes. Mientras que orden, desajustar, centrar para luego extender es el objetivo del vínculo que asume la espacialidad recibida del acuerdo vigente en el sector industrial. Al atender su eficacia se extiende la premura.

|★★★★Este VIDEO me cambió la vida. Mira como he logrado PERDER 15 KG EN 40 DIAS (Caso Real!): http://su.pr/1xuU15

Unete, NO NOS MIRES.

Buena pregunta.

¿Qué se puede hacer para frenar el fraude de un oligopolio y la amenaza a la competencia? ¿A qué tribunal podemos recurrir los ciudadanos y las compañías afectadas?

Acabo de descubrir este blog. Nunca es tarde, si la dicha es buena, aunque me costará un poco, o a veces, o a ratos, entender los giros filosóficos.

Me alegró sobremanera verle en la presentación del libro de "Economistas frente a la crisis", supongo que un buen rato para todos -aquí han logrado un comprador del libro de próxima aparición- junto a Jorge Fabra (el honesto de los Fabra públicos en este país) a quien tuvimos el placer de escuchar en el polémico programa "Salvados" acerca del astronómico timo de las Eléctricas y sus facturas, uno de los mayores lastres para la economía española y su ciudadanía (recomendable el capítulo al respecto de "Lo que España Necesita"), y por el cual están amenazando con cerrarle el programa a Evole.
Gracias a todos ustedes por seguir iluminándonos...

Las exigencias de esos ratos son las que carga el espíritu maligno( “Supondré, pues, no que Dios, que es la bondad suma y la fuente suprema de la verdad, me engaña, sino que cierto genio o espíritu maligno, no menos astuto y burlador que poderoso, ha puesto su industria toda en engañarme” (Descartes).Nuestra vida se compone más bien de un "ratazo" largo que hasta tiene que vigilar las buenas intenciones como son estas: "Ser siempre dichoso resulta un tanto inconsciente e incluso desatento, desconsiderado y, en cierto modo, frívolo. Al menos en las actuales circunstancias, parecería indiferencia. Y ellas no son tan solo coyunturales, que también, sino en buena medida constitutivas."(Gabilondo). Buena prueba de ello es que cuesta saber si uno es dichoso o más bien desgraciado.Desatento, desconsiderado, parecer de indiferencia... Vamos, que los amargados( entiéndase los niños amargados) tiran de uno hagas lo que hagas siempre para reprocharte tanta falta de atención.¿Y por qué? Ay...No lo dije el otro día, pero la sociedad, cualquier colectivo( incluido el maligno), siempre invita a claudicar...O se es dichoso o no se es, o se es frívolo...Sea lo que sea uno no dejará de estar quien te pida cuentas por ello.Ahí está el detalle, que diría Cantinflas.

¡¡¡Muy bien; gratificante!!!
Ánimo, prof. Gabilondo; le seguimos.

Pasar el rato es distinguir lo que somos.

El espejo lo tenemos delante desde el nacimiento, a poco que meditemos sobre el camino que pisamos.
En la naturaleza todo tiene un ciclo.
Una primavera, un verano, un otoño y un invierno.
Los seres vivos sujetos al mando del sol y de la tierra, un baile infinito siempre interpretando la misma música.
Creemos que para que en sintonía con ese ritmo, podamos por resonancia vibrar nosotros.
Como hacen las plantas, los animales, y el planeta entero.
En los seres humanos sin embargo la cosa está por un a ver que sale.
De cada uno de los instrumentos que cada cual lleva puestos sin darnos cuenta.
A ver que sale.
La semilla, el brillo alegre de la primavera, la reproducción natural, la caída de la hoja y el viento gélido que barre los restos de la cosecha.
Haciendo abono en la tierra.
Y vuelta a empezar, preparando la siguiente hornada.
Las personas pensamos y actuamos la mayoría de veces situándonos al margen del ciclo natural en el que estamos inmersos.
Se nos viciado el talento natural puesto en el ser humano como culminación de la obra de la naturaleza.
Y la estamos pifiando.
Y por eso nuestro mundo racional e inteligente es un valle de lágrimas.
Lo estamos haciendo nosotros así cada día.
Nos pisamos los cordones de los zapatos a cada paso que damos.
Hemos sacado los pies del tiesto y por eso no damos una a derechas.
Es penoso vernos sujetos a los mercados que hemos creado para asfixiarnos nosotros mismos.
No entendemos el ciclo de la vida, no miramos a nuestro alrededor.
Porque no vemos, ni queremos ver.
Y porque aun viendo, no queremos entender.
Nosotros cerramos la puerta.
Pero no importa, si a granel no funciona la cosa como debiera, y la maquinaria y el resultado sea mediocre.
Hay muchas plantas hermosas, solas en medio del mismísimo desierto.
Bajo las olas del mar.
O perdidas en las paredes inaccesibles de las montañas.
Y aunque nadie las vea, están ahí.
Un más a más que se nos escapa a nuestra irracional manera de entender el lugar en que vivimos.
Como una isla en medio del cosmos.



No veo claro que Dios sí y nosotros no, si estamos hechos a su imagen. Quizás Dios sí y no, simultáneamente, en permanente equilibrio como corresponde a la eternidad, algo que nosotros no podemos entender desde la perspectiva del presente, pero que sí entenderíamos si lo analizásemos desde el punto de vista de la eternidad. Al menos tenemos memoria e imaginación para ensartar los ratos.

Construir el quinto elemento es definitorio para pasar el rato.

Pasar el rato es una suerte de energía renovadora al estilo Americano.

Discernir con contenido algo estructural en el ámbito político es controversia. Altera la hipotesis inicial, no dejando claro el origen que le constituye.

Los planteamientos aleatorios a rato confunden pero determinan una integridad.

Siempre es un placer leerle S. Gabilondo.
Comentar a Trinidad que claro que la disponibilidad de ambos planteamientos son correctos porque en ellos se plantea el problema de la maldición biblica y estima oportuno la capacidad pueril de discernir con claridad nuestro ser en el mundo. Pues ambos clanteamientos corrigen el origen.

Es un auténtico placer leerle.

http://areaestudiantis.com

Vivimos en un continuo escaparate publicitario, que pone ante nuestros ojos una promesa de felicidad permanente. Esa promesa nos arroja al vacío de la acumulación, de la frustración pueril y de la búsqueda airada de culpables una vez que descubrimos las inevitables discontinuidades de la felicidad. Nada tan engañoso como esa promesa, salvo probablemente la maldición bíblica que pinta la vida como un valle de lágrimas, ante el cual sólo cabe la resignación. Ambos planteamientos conducen a la inhibición, a la irresponsabilidad, al desentendimiento respecto de nuestra propia vida.
Frente a ellos, el disfrute consciente de los ratos, de los pequeños y grandes goces, nos hace más dueños de nuestra existencia. Más responsables también. Y más capaces de discernir con claridad nuestro ser en el mundo.

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Sobre el blog

El salto del ángel es un espacio de reflexión, de pensamiento sobre la dimensión social y política de los asuntos públicos, sobre la educación, la Universidad, la formación y la empleabilidad. Busca analizar los procesos de democratización, de internacionalización y de modernización como tarea permanente, con una actitud de convicción y de compromiso.

Sobre el autor

Angel Gabilondo

Ángel Gabilondo Pujol es Catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue Rector. Tras ser Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, ha sido Ministro de Educación.

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