08 julio, 2009 - José Andrés Rojo
Aire fresco
Kool and the Gang estuvieron anoche en la Casa de Campo. Desde las butacas del graderío se podían ver unos cuantos árboles, soplaba una agradable brisa y, ya con el concierto bastante adelantado, una luna redonda fue subiendo a las alturas (espectacular). La ciudad de Madrid vista desde ahí, con el impecable swing que ponía de fondo la legendaria banda de los setenta, tiene cosas admirables y otras nauseabundas. El Palacio Real es magnífico, por ejemplo, y eso genera unas incontenibles ganas de bombardear el edificio de al lado, la Almudena. Volar ese pegote y fulminarlo hasta que desaparezca del todo: ¡qué tentación! Hay también unos cuantos edificios de una fealdad irreparable, qué se le va a hacer. Pues casi concentrarse de lleno en los diez caballeros que estuvieron sobre el escenario. Diez tipos vestidos de blanco. Moviéndose incansables. Y consiguiendo el prodigio: que todos trajinaran el esqueleto como quien se desliza empujado por un incontenible derroche de puro regocijo. Aire fresco en pleno verano madrileño.
La banda se formó en New Jersey (la imagen es de hace unos cuantos años) y su primer disco se publicó en 1969, así que reinaron en los setenta. Anoche lo preguntaban desde el escenario, que si había ganas de volver a aquellos años de bailoteo y frivolidad y simples ganas de pasarlo bien. El público contestó que sí. Y Kool and the Gang, con toda su larga historia a cuestas, se comportaron como unos adolescentes con ganas de divertirse. Hay que dejarse penetrar por esa guitarra rítmica, o por los golpeteos del bajista, que marcan el orden con que mover los zapatos, y luego balancearse con los metales —el trombón, el saxo, la trompeta— cuando entran a interrumpir la marcha incesante de los estribillos. “Romantic lady / Single baby / Sophisticated mama”, eso dicen en una canción. No, con Kool and the Gang no hay ninguna complejidad.
Hubo homenajes a Michael Jackson y a James Brown, tocaron el tema suyo que se incluyó en Saturday Night Fever, se acordaron de Miles Davis para hacer algo de jazz a la manera de Kool and the Gang. Conviene, en cualquier caso, subrayar dos momentos (aunque en esto, como en todo, cada cual tendrá sus gustos): cuando irrumpió en el escenario de la Puerta del Ángel de la Casa de Campo la imponente e irresistible Get down on it, y el final, con Celebration desatando lo que quedaba por desatar.
Había en Madrid ayer otra opción, el concierto de Antony & the Johnsons. Entre quebrarse el alma con los melancólicos gemidos de Antony Hegarty o precitarse en la liviana ebriedad de los ritmos de Kool and the Gang (la foto es de Reuters), como que da más felicidad la segunda de las alternativas. Así que encantado de haber estado colgado de la luna en los Veranos de la Villa de la Casa de Campo. Y, por cierto, ¿qué hacía yo en los setenta? Pues estaría distraído con cualquier otra cosa porque a Kool and the Gang los conocí recién anoche. Nunca es tarde.
