Viaje a Cochabamba. Esta vez, para llegar al aeropuerto, el taxi sigue otro camino, el que pasa por la ciudad de El Alto. Sólo atraviesa unas cuantas calles de un lugar que ha crecido de manera espectacular y cuyas casas se prolongan sobre la planicie horizontal y desértica del Altiplano. Al fondo, imponentes, se alzan algunos picos de la cordillera de los Andes: el Illimani, el Huayna Potosí, Chacaltaya. Desde estas alturas, en octubre de 2003, la multitud indígena descendió hacia La Paz y derribó al gobierno de Sánchez de Losada. Así empezó una nueva etapa que, tras la caída de Carlos Mesa, llevó en diciembre de 2005 a Evo Morales al poder. Pero hoy, en La Paz, la gesta que se recuerda viene de mucho más lejos: el 16 de julio de 1809 se alzaron los rebeldes criollos contra las autoridades españolas.
El movimiento se desencadenó durante la procesión de Nuestra Señora del Carmen y el grito que unió a los patriotas que iniciaban uno más de los movimientos que conducirían a la Independencia de las colonias españolas fue el de “Viva Fernando Séptimo, muera el mal gobierno, mueran los chapetones”. El héroe que encarnó aquella revolución en La Paz fue Pedro Domingo Murillo.
Estos días, los periódicos bolivianos recuerdan aquellos confusos momentos en que empezaban a gestarse las que con el tiempo serían las nuevas naciones de Hispanoamérica. En el suplemento estudiantil de La Prensa aparecía hace unos días un cómic con la escueta narración de las peripecias del héroe. Murillo fue el hijo natural de Juan Ciriaco Murillo, que se hizo cura dos años después de ser padre, y de María Ascencia Carrasco, y durante la rebelión katarista (1781-1782) luchó del lado de los españoles contra los indios. Su participación fue notable, conquistó los grados de teniente, capitán y coronel, arrestó a algunos caudillos indígenas como Quispe y Mullapuraza y fue el carcelero de Tupac Katari.
Unos años más tarde, Murillo estaba entre los criollos que conspiraban contra los blancos nacidos en España. El 16 de julio fue el día elegido para desencadenar la revolución en La Paz, y los patriotas tomaron el cuartel de Tadeo Dávila y le quitaron el poder. Días después, el 27, y como presidente de una nueva Junta de gobierno, Murillo proclamó la Independencia. Cuando las tropas españolas al mando de Goyeneche avanzaron desde Lima para machacar a los levantiscos, Murillo fue traicionado. Lo colgaron el 29 de enero de 1810. En el cadalso, cuentan que dijo la sentencia célebre: “Compatriotas, la llama que dejo encendida no la apagarán jamás”. Anoche, La Paz se llenó de teas para recordar al patriota y hoy siguen las celebraciones. Pero los tiempos están cambiando y son muchos los que ahora también se acuerdan del otro, del precursor, del indio Tupac Katari.
Hay 2 Comentarios
" ¡ Qué alegría vivir sintiéndose vivido ! Rendirse a la gran certidumbre, oscuramente, de que otro ser, fuera de mí, muy lejos, me está viviendo ! ".
(Pedro Salinas, súmamente conmovedor ! ¡ Diosss !)
Publicado por: suspiro | 24/07/2007 0:27:14
La tea sigue encendida?? Vaya por Dios!! y se puede saber que es la tea??
Publicado por: Paz | 17/07/2007 9:51:20